Dios nos habla a través de su Palabra, no tengo que comprobarlo, lo sé, pero eso no impide que cada vez que lo compruebo me asombre extasiada ante tanto amor y tanta gracia derramada sobre los que tenemos fe. Alguien que no recuerdo lo dijo esta forma: "Para los que creen ninguna prueba es necesaria, y para los que no creen ninguna prueba les vale".
No sabía cuál era la lectura del Evangelio de mañana 13 de noviembre cuando, al leer que el cardenal Jaime Ortega le dijo esta tarde a Laura Pollán y a Berta Soler, voceras de las Damas de Blanco, que los 13 presos serían liberados porque "Esto es algo muy serio, y está de por medio la Iglesia", como en una velada advertencia a Raúl Castro de que cumpliese su palabra; y sobre todo les dijo: "Continuemos pidiéndole a nuestro Señor Jesucristo para que todo sea lo más breve posible", sentí que era momento de en lugar de denunciar, anunciar el Evangelio, orar, pedirle a nuestro Señor Jesucirsto, como nos pidió el Cardenal.
Y qué mejor forma de rezar y acercarse a Dios que a través de su Palabra. Por eso busqué primero que nada la lectura del Evangelio correspondiente a mañana y providencialmente es este:
Evangelio según San Lucas 18,1-8.
Después Jesús les enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse:
"En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres; y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: 'Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario'.
Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: 'Yo no temo a Dios ni me importan los hombres, pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme'".
Y el Señor dijo: "Oigan lo que dijo este juez injusto.
Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar?
Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?".
El "juez injusto" de Cuba no le teme a Dios y no le importan los hombres. Mucho menos responde a los ruegos de una o mil mujeres que tienen a sus esposos, hijos o padres encarcelados injustamente por él mismo. Pero, leamos más de una vez este texto de Lucas, nos lo dice claramente. Todo conspira para el bien de los que aman a Dios. El juez cedió, le hizo justicia el juez injusto a la mujer que imploraba, lo hizo por conveniencia propia por supuesto, pero ella tocaba a esa puerta y se le abrió, pedía, y se le dio.

"Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar?", nos dice Jesús animándonos a orar sin cesar, a confiar, a tener esperanza. Ay, pero seguidamente nos alerta e imaginamos que con tristeza: "Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?".
Nos dice San Agustín acerca de este pasaje del Evangelio lucano: "Si desaparece la fe, se extingue la oración. ¿Quién podría orar para pedir lo que no cree? Mirad lo que dice el apóstol Pablo para exhortar a la oración: «Todos los que invocarán el nombre del Señor serán salvados». Después para hacernos ver que la fe es la fuente de la oración y que el riachuelo no puede correr si la fuente esta seca, añade: «¿Cómo van a invocar al Señor si no creen en él?» (Rm 10,13-14).
Y yo pregunto: ¿Cuántos de los cubanos que luchamos sin tregua, con los medios que tengamos a mano por la libertad de Cuba y el fin del totalitarismo rezamos pidiéndole eso por lo que luchamos a Jesucristo? ¿Consideramos la oración eficaz? ¿Tenemos fe?
Casi todas las veces que Jesús hace un milagro le dice a la persona: "Tu fe te ha salvado". Por eso vale la pena meditar en la pregunta que el Señor nos hace hoy: "Pero cuando vuelva el Hijo del Hombre, encontrará fe sobre la tierra?"
Sí, la encontrará, y cuánto diera yo porque volviera Cristo ya para contarme entre las que lo esperan confiada y contenta. Por eso, mientras dure este día, estas circunstancias que nos atan a esta tierra, vamos a rezar con las Damas de Blanco, con Oscar Elías Biscet, porque tenemos la esperanza, la certeza que nos da la fe. Serán libres, seremos un pueblo libre.