Miércoles 9 de marzo de 2011

El heroico Caballero de Malta

Dora Amador

Carlos Saladrigas

Si me preguntaran qué persona del exilio podría ayudar en la edificación ética personal y empresarial de los cubanos, y en la creación de nuevos rumbos, más justos, más humanos, de la economía de mercado en Cuba, digo que Carlos Saladrigas. Si me preguntaran además, en quién confío del exilio para que forme parte de una junta asesora del proceso de transición a la democracia y de la Constitución de la nueva República diria que, entre otros buenos cubanos, incluyeran a Carlos Saladrigas.

Es un hombre que lleva el cristianismo en sus venas, lo vive, lo practica en su vida diaria de oración y trabajo, alegrías, afectos y sufrimientos, de los cuales no está exento, más cuando elabora proyectos que sin dudar lleva a efecto después que su conciencia le da el visto bueno, aunque sepa que será criticado por los suyos, incluso calumniado. Como puede sucederle en estos turbulentos días en que acaba de llegar de Cuba.

Saladrigas posee un conocimiento ético de la administración pública y de las empresas que garantizan sus decisiones. ¡Ah! Y como todo empresario de enorme éxtio, es muy audaz. Su vida lo demuestra.

"Esa formación jesuita”, me dijo hace tiempo riéndose, “¡es una tortura! Porque siempre vives con un sentido de misión, de que queda mucho por hacer por Dios, por la Iglesia. Ése es el sentido del ‘más’ de San Ignacio de Loyola”.

Leer su vida a retazos, cogiendo de aquí y de allá hasta recrearla me maravilla. Espero que algún día escriba sus memorias o alguien talentoso su biografía. Está uno ante un caso excepcional de superación de duros obstáculos en la vida personal, de tesón y crecimiento humano admirables. En el exilio ha habido casos del self-made man, del cubano que llega a ser rico, prestigioso y poderoso. Y sin duda eso tiene Carlos Saladrigas: poder, prestigio y dinero. Pero tiene mucho más que eso: tiene fe, tiene a Cristo en su corazón limpio, tiene amor y el deseo poderoso de hacer la voluntad de Dios.

Recuerdo cuando me dijo con la expresión de un niño ilusionado: "Me voy a hacer Caballero de Malta", creo que fue en el 2004. Han pasado 7 años. Carlos Saladrigas, que ya para entonces estaba retirado, ha trabajado en este tiempo por la libertad de Cuba y el apoyo a la sociedad civil cubana tanto como lo hizo antes en su vida de negocios. Me refiero a intensidad, a entrega, a correr riesgos con tal de alcanzar un sueño. Y en él siempre se renuevan los retos, los sueños, los proyectos.

Uno de esos proyectos –y con qué inteligencia y amor a Cuba lo ideó– es el Cuba Study Group. Y hay otro que acaba de cumplirse en grande: su regreso a la patria en febrero de este año. Saladrigas fue con la Asociación Cubana de la Soberana y Militar Orden de Malta en peregrinación al Santuario de la Virgen de la Caridad en el Cobre.

Varios de los Caballeros de Malta que fueron a Cuba pertenecen también al Cuba Study Group. Frutos espirituales y materiales muy necesarios brotarán de este viaje a la semilla.

Estoy segura de que una de las experiencias vitales que ha tenido Carlos en su vida ha sido este viaje. Yo he estado en Cuba, sé lo que se siente al regresar después de muchos años de ausencia.

Le pido a Dios que lo acompañe y guíe en esta, su nueva empresa, la más grande, la más humana, la más ambiciosa, la que más le duele y le anima, lo desangra y le da vida. Pero, Carlos, ¿qué digo? ¿Cómo no me doy cuenta de que no eres tú, sino Dios el que te ha enviado a esta misión?

Cómo no lo vi antes, así se cierra la epopeya de un pueblo que se alejó de Dios para adorar a un falso mesías que le enseñó a odiar, a temer, a mentir, y entre los odiados debían de estar los mismos cubanos, "la gusanera", "la escoria" que se iba de la isla. (La revelación cristiana en Cuba, un artículo mío publicado en El Nuevo Herald hace días, explica parte de este misterio).

Después de mucha aflicción ese pueblo volvió su mirada a la Virgen –lo corroboramos a diario en la asombrosa acogida que tiene en su recorrido por todo el país como parte de la celebración de los 400 años del hallazgo y presencia entre nosotros de la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre– y ese pueblo comprendió que sólo la caridad une y libera.

Más que un lema es ya una experiencia: A Jesús por María, la Caridad nos une.



La Asociación Cubana de la Soberana y Militar Orden de Malta mantiene económicamente 60 comedores populares en parroquias a través de toda Cuba que sirven comida a ancianos. También cubren todos los gastos alimenticios en cuatro hospitales de cuatro provincias que son atendidos por las religiosas Siervas de María. Sostienen la residencia para personas que necesitan asistencia diaria San Francisco de Paula, en La Habana y subsidian con el 20 por ciento de los gastos al Seminario San Carlos y San Ambrosio. Además de esto ayudan económicamente a un centro para niños con el síndrome de Down en Palma Soriano. Para conocer otras obras de caridad que realizan los Caballeros de Malta en Miami y República Dominicana, por favor visite su página web.

Cuba Study Group

 

 

Palabr