Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, junio de
2007
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¿Qué es ética?
Una enciclopedia define ética del siguiente modo: “Ética (del
griego ethika, de ethos, ‘comportamiento’, ‘costumbre’),
principios o pautas de la conducta humana, a menudo y de forma
impropia llamada moral (del latín mores, ‘costumbre’) y
por extensión, el estudio de esos principios a veces son
llamados filosofía moral.” [1]. Seguidamente añade:
La ética, como una rama de la filosofía, está considerada como
una ciencia normativa, porque se ocupa de las normas de la
conducta humana, y para distinguirse de las ciencias formales,
como las matemáticas y la lógica, y de las ciencias empíricas,
como la química y la física. Las ciencias empíricas sociales,
sin embargo, incluyendo la psicología, chocan en algunos puntos
con los intereses de la ética ya que ambas estudian la conducta
social. Por ejemplo, las ciencias sociales a menudo procuran
determinar la relación entre principios éticos particulares y la
conducta social, e investigar las condiciones culturales que
contribuyen a la formación de esos principios. [2]
De este modo podemos comprender que el Nuevo Testamento incluye
normas éticas bastas y profundas. De hecho, el advenimiento del
cristianismo en el mundo grecorromano implicó una revolución en
las normativas éticas que por entonces gobernaban el pensamiento
de los hombres. Cuando Pablo visitó Atenas fue atentamente
escuchado por representantes de dos escuelas enfrentadas: los
epicúreos y los estoicos. Consideremos entonces someramente los
postulados de estas corrientes de pensamiento para apreciar el
gran aporte que el cristianismo significó:
a) Los epicúreos: escuela filosófica griega fundada por Epicuro
(341-271 a.C.) cuyo principal interés fue la ética. Defendían
los principios hedonistas (creencia filosófica que enseña que el
placer es el bien supremo). El objetivo de la vida humana era
alcanzar la felicidad mediante el goce del placer y el prudente
dominio de si mismo. Sin ser ateos consideraban las creencias
religiosas como perniciosas porque distraían al hombre de la
búsqueda del placer al preocuparlo por cuestiones inherentes a
la muerte. Negaban la inmortalidad del alma y por ello, cuando
Pablo hizo mención a la resurrección de Cristo, los epicúreos
interrumpieron su discurso y se burlaron de él. Los dioses
estaban según ellos muy poco interesados por el hombre. El
resultado de estas creencias fue un exagerado individualismo.
b) Los estoicos: creencia filosófica desarrollada
aproximadamente en el 300 a.C. que aunque se originó en Grecia
gozo de mayor popularidad en Roma. Sus principales filósofos en
Grecia fueron: Zenón de Citio, Cleantes y Crisipio de Soles. En
Roma se destacó Ciseron y el emperador y pensador Marco Aurelio.
Sus maestros enfatizaban en los aspectos éticos. Más que
principios sistematizados, el estoicismo, era una disciplina de
vida. Consideraban que, así como había un orden en la
naturaleza, también el hombre debía observar una conducta
ordenada. La máxima virtud es el bien. El hombre sabio era aquel
que vivía de acuerdo a la naturaleza, dominando sus emociones y
soportando con serenidad el sufrimiento. De allí que el término
castellano “estoico” haya llegado a significar “fortaleza en la
adversidad”. En lo religioso eran panteístas. Los filósofos
citados por Pablo en el famoso discurso que pronunciara en el
Areopago de Atenas, respondían a esta escuela de pensamiento.
La ética no estaba relacionada con la religión. Por ejemplo, en
el mundo grecorromano el matrimonio era tenido en muy baja
estima y las relaciones extramatrimoniales no estaban
sancionadas. William Barclay cita las siguientes palabras de
Demóstenes: "Tenemos cortesanas para el placer; tenemos
concubinas para la cohabitación diaria; tenemos esposas para
tener hijos legítimos y para que sean celosas guardianas de
nuestros intereses domésticos"[3]. Los moralistas paganos ponían
en alto el valor de la esposa y a la vez la recluían al hogar
permitiéndole al hombre vivir libertinamente. En Grecia,
inclusive, en el templo dedicado a Afrodita, se ejercía la
prostitución en nombre del culto a la diosa. Además para obtener
el divorcio no se exigía ningún tramite legal. Bastaba, afirma
Barclay, que el hombre despidiese a la mujer en presencia de dos
testigos. El matrimonio llegó a ser, según el criterio de
ciertos escritores romanos, un mal necesario. Por esta razón, el
judaísmo primeramente, ganó adeptos entre os paganos. Ofrecía
claras normas de conducta a aquellos que estaban cansados tanta
inmoralidad. El advenimiento del cristianismo y la difusión de
sus principios transformó las costumbres de la época. Los
cristianos no sólo propagaban una nueva fe sino que vivían de un
modo saludable. Algunos de los principios innovadores que el
cristianismo aportó fueron los siguientes: a) el valor de la
misericordia y el amor en el trato reciproco, b) la grandeza del
perdón, c) el principio de igualdad entre los hombres
(incluyendo a los esclavos), d) el valor del matrimonio, e) la
dignidad de la mujer y los niños.
A partir del libro de los Hechos observamos que la lucha
constante de los apóstoles fue que los principios éticos
establecidos por el Señor y las Escrituras fueran respetados en
las Iglesias de Cristo. Con cuanta vergüenza e indignación el
apóstol Pablo reprochó a los hermanos de Corinto por permitir en
su seno un caso de inmoralidad tal que hasta entre los paganos
hubiera sido mal visto (1 Co.5:1). Otro ejemplo de los elevados
principios difundidos por el Nuevo Testamento consta en los
requisitos impuestos a los ancianos de la congregación. El
énfasis era puesto en la conducta irreprochable que les debía
caracterizar. Sólo hombres intachables podrían enseñar a guardar
los mandatos de Dios. En las cartas apostólicas encontramos
numerosas normas de conducta que todo creyente debe respetar
aclarándose muy bien que dichas normas sólo pueden ser vividas
por aquel que ha nacido de nuevo. La conducta ejemplar del
creyente sería un medio para atraer a los gentiles a la fe (1
P.2:12, 1 P.3:1). Desde un punto d vista negativo se advierte
que la conducta de los incrédulos obedece a la maligna corriente
de este mundo y a los designios del príncipe de la potestad del
aire (Ef.2:2). Asimismo se señala reiteradas veces que una de
las características de los falsos maestros sería su inmoralidad.
En síntesis debe decirse que uno de los pilares que favoreció el
rápido desarrollo del cristianismo en los primeros siglos fueron
los grandiosos principios éticos que este propugnaba. Una
conducta que sólo podía ser alcanzaba mediante la fe en aquel
que puede transformar los corazones mediante su propio
sacrificio.