Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, noviembre de
2005
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¿Hay espacio para la ética en el mercado?
La responsabilidad social corporativa bajo el
microscopio
BERKELEY, California, sábado, 26 noviembre 2005 (ZENIT.org).-
La ética y la conducta empresarial siguen siendo temas candentes.
Un libro publicado hace unos meses da un sucinto vistazo a los
principales temas implicados en el concepto de responsabilidad
social corporativa.
Escrito por el profesor de la Universidad de California, David
Vogel, «The Market for Virtue» (Brookings Institution Press)
comienza preguntando qué significa, de hecho, ser una empresa
virtuosa. Hay una gran cantidad de literatura sobre el tema y
miles de políticas diversas entre las empresas con respecto a la
conducta ética.
Bajo el encabezado de la responsabilidad social corporativa caen
multitud de materias: condiciones laborales en las fábricas de
los países en desarrollo; trabajo infantil; garantizar precios
justos para los productores agrícolas; preocupación
medioambiental; y derechos humanos.
Vogel observa que las empresas pueden tener diferentes
motivaciones a la hora de seguir políticas virtuosas. Algunas
pueden ser defensivas, para evitar publicidad hostil, mientras
que otras pueden provenir de un compromiso genuino por las metas
sociales. En cualquier caso, añade: «El mercado es la fuente de
virtud corporativa que la ha hecho posible y la que obliga a
ello».
Hay un mercado para la virtud, observa, pero es limitado. Desde
una perspectiva de mercado, los negocios pueden justificar
políticas de responsabilidad social, bajo ciertas
circunstancias. Pero hay límites para esto, y también hay un
gran espacio para los competidores menos responsables.
Esto se debe a las ventajas, y a los límites, del capitalismo de
mercado. En el lado positivo, las empresas son libres para
innovar y los ciudadanos tienen la posibilidad de influir en las
prácticas empresariales a través de sus decisiones sobre qué
comprar y dónde invertir. En el lado negativo, puesto que las
políticas éticas son voluntarias y las empresas están sujetas a
la disciplina de mercado, las compañías las seguirán cuando
tengan una orientación buena para los negocios. Así, la
responsabilidad social corporativa puede remediar algunos
problemas, pero no es una solución plena.
Aumenta la preocupación
La preocupación sobre las cuestiones éticas ha aumentado
considerablemente en los últimos años debido al aumento de la
globalización y a la desregulación económica. Estos desarrollos
han producido muchos beneficios, pero también han generado
insatisfacción con algunas de sus consecuencias negativas,
afirma Vogel.
Parte de este descontento se ha enfocado por organizaciones no
gubernamentales en campañas contra las empresas a las que acusan
de prácticas poco éticas. Y el crecimiento de las marcas
globales –y las nuevas tecnologías de la comunicación – han
hecho a las empresas más vulnerables a los boicots y a la
publicidad negativa.
Los consumidores, observa Vogel, prestan más atención en sus
compras a los factores relacionados con la responsabilidad
social. Pero advierte que las encuestas que pretenden demostrar
que grandes porcentajes de población quieren cambiar sus hábitos
de compra deberían aceptarse con precaución. La lealtad a la
marca sigue siendo fuerte y los compradores son reacios, por lo
general, a cambiar sus hábitos.
También se están implicando los gobiernos. Según Vogel, desde el
año 2000, Gran Bretaña tiene un ministro para la responsabilidad
social corporativa y seis gobiernos europeos exigen que los
fondos de pensiones consideren las prácticas sociales al tomar
decisiones de inversión.
Los negocios, por su parte, están cooperando. El Consejo
Comercial Mundial para el Desarrollo Sostenible fue fundado por
170 empresas después de la cumbre de 1992 de Naciones Unidas
sobre el medioambiente. Y el Global Compact de Naciones Unidas
ha atraído a más de 1.300 empresas. Asimismo, cerca de 2.000
empresas publican actualmente informes sobre su funcionamiento a
nivel social o medioambiental, por encima de las cerca de 500
que lo hacían en 1999.
¿Un buen negocio?
Muchos negocios sostienen que «una buena ciudadanía corporativa
es también un buen negocio», explica Vogel. Pero hay también
críticos que mantienen que crear riqueza para los accionistas es
la única función de una compañía. Vogel rechaza este argumento,
sosteniendo que se pueden combinar las metas de beneficios y las
no financieras.
De hecho, hace notar, el libro típico de negocios sobre
responsabilidad social corporativa pone de relieve sus lazos con
los beneficios y se concentra en firmas que sean exitosas
financieramente. Además, si una empresa toma la iniciativa a
través de la autorregulación, puede estar mejor colocada en el
momento en que aparezcan nuevas regulaciones del gobierno. Y una
firma más responsable hace frente a menos riesgos de boicots de
los consumidores o accionistas descontentos con sus prácticas.
Esto no significa, aclara Vogel, que las firmas más responsables
socialmente cosechen beneficios más altos. Pero no serán
necesariamente menos valiosas por haber añadido objetivos éticos
a sus metas. Más de 120 estudios académicos han analizado la
relación entre ética y beneficios, observa. Los resultados
varían. Algunas encuentran una relación positiva, otros
negativa, y otros que hay una cara y una cruz.
Vogel comenta que es difícil sacar conclusiones firmes de los
estudios, debido en parte a la diversidad de métodos analíticos.
Por ejemplo, un resumen de 95 estudios encontró que la actividad
económica se media de 70 formas diferentes, con 49 tipos de
medidas contables. Igualmente importante, las correlaciones
presentadas de las encuestas sobre comportamiento de las
empresas y beneficios no pueden establecer la dirección de la
causalidad, observa Vogel. No queda claro si las firmas más
responsables tienen más éxito, o si las compañías de más éxito
simplemente tienen más dinero disponible para gastar en buenas
prácticas de negocios.
Una cuestión incluso más problemática es si ser responsable
realza la reputación de una empresa. La responsabilidad social
corporativa es sólo un componente de la reputación, observa
Vogel, junto con otros factores, como la satisfacción del
consumidor y el funcionamiento financiero. Además, las firmas
tienen como objetivo un blanco móvil, puesto que los activistas
presionan continuamente para lograr más progresos.
Al final, tanto las firmas más responsables como las menos
responsables tienen que sobrevivir en mercados altamente
competitivos. Ambas están sujetas a las preferencias del
consumidor y una mala gestión. Y las compañías que caen en
problemas financieros pueden encontrar difícil el mantener
muchas de sus prácticas éticas.
Mercado para la virtud
Vogel sostiene que la asistencia social suele estar mejor
atendida si los estándares voluntariamente aceptados por algunas
empresas son el contenido de leyes nacionales o internacionales.
Pero, consciente de que esto no va a suceder con frecuencia,
cree que las políticas éticas de una empresa, incluso cuando son
una segunda opción, son mejores que no tener nada.
Vogel señala algunas áreas donde mejores prácticas corporativas
han traído consigo resultados concretos. Éstas incluyen la
reducción de la utilización de mano de obra infantil y una
mejora en las condiciones de seguridad en muchas fábricas que
proveen de ropa y juguetes; un aumento en los precios que
reciben algunos productores agrícolas en países en desarrollo,
especialmente para el café; y una disminución de los impactos
negativos medioambientales.
Incluso así, el adherirse a códigos voluntarios varía
ampliamente y es difícil de verificar. Pero no sólo son las
compañías las que tienen una responsabilidad, apunta Vogel. Si
los consumidores están dispuestos a pagar más por los productos,
entonces se podrá pagar más a los trabajadores en los países en
desarrollo. Y si los gobiernos en algunos países siguen
exigiendo sobornos, entonces los compromisos corporativos de
evitar fomentar la corrupción se verán minados.
El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia trata el
combinar los negocios con la ética. La economía tiene una
dimensión moral, explica el número332, que significa que el
aumento de riqueza debería acompañarse de una preocupación por
la solidaridad y de un espíritu de justicia y caridad.
El esfuerzo de crear proyectos capaces de animar a una sociedad
más equitativa y un mundo más humano es difícil, reconocen los
números siguientes. Pero tal esfuerzo es necesario para
preservar la calidad y el significado moral de la actividad
económica.
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