Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, junio de
2007
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Ética cristiana ante la crisis ambiental
Buenos Aires, Argentina - Adital/ALC - Con la intención de
presentar, desde la fe cristiana, algunos valores que deberían
adoptar las sociedades para vivir en armonía entre sus miembros
y con el mundo natural del que forman parte, el profesor de la
Universidad Nacional de Luján, Argentina, Alfredo Salibián,
presentó un estudio titulado "Valores Espirituales para una Vida
Sustentable".
Salibián, que también integró la Comisión de Medio Ambiente del
Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI) y el grupo de
expertos en Cambio Climático del Consejo Mundial de Iglesias (CMI),
es miembro de la Iglesia Bautista de Flores, en Buenos Aires.
Podemos analizar la actual crisis ambiental considerando
elementos de la economía, la política o la ciencia biológica,
pero, como miembros de una comunidad de fe, debemos abordar el
análisis colocándonos en una perspectiva que vaya más allá de
conclusiones que pueden agotarse de significado y contenido en
plazos cortos, escribe. En ese sentido, debemos reemplazar el
concepto de desarrollo sostenido por el de desarrollo
sustentable. El desarrollo sostenido pretende un crecimiento
infinito de la economía, postergando la atención de los
problemas sociales, culturales y ambientales, sin tomar en
cuenta que los recursos materiales y energéticos para ese
sistema productivo no son infinitos. El desarrollo sustentable
requiere la satisfacción de las necesidades básicas de todos y
de sus aspiraciones de una vida mejor. Como desarrollo no puede
separarse del ecosistema, no pone en peligro los sistemas
naturales que sostienen la vida sobre la Tierra. Es decir, deja
la Tierra tan rica en recursos y oportunidades como cuando la
recibió de los antepasados, sostiene. Una ética ecológica
implica el abandono de la moral utilitarista e individualista y
la promoción de la justicia y la solidaridad como valores
indispensables. Nadie tiene el derecho de quitar a otro siquiera
una pizca de lo que el Creador ha proporcionado para todos,
dice. Esto será posible si somos capaces de incorporar a
nuestra vida una alternativa diferente, dejando el consumismo y
la globalización económica y adoptando una ética basada en la
gratitud a Dios, la humildad de entender que no tenemos una
autoridad ilimitada sobre la Creación. Las instituciones
opresoras y explotadoras de los pobres y de la naturaleza
mantienen el control a través de varias formas de poder. La
lógica convencional nos indica que para superar sus efectos,
sería necesario diseñar un poder mayor. Pero, sería una grave
equivocación usar los mismos métodos que criticamos y
combatimos, para alcanzar la justicia social y ambiental,
anota. Por el contrario, somos convocados a reconocer nuestra
dependencia de Dios, seguir con humildad el ejemplo de vida y
las enseñanzas de Jesús y así modelar un nuevo estilo de vida en
comunidad con todas las otras formas de vida. Esto, que parece
tan sencillo, requiere una enorme dosis de coraje,
discernimiento y perseverancia, advierte Salibian. Hay muchos
ejemplos que muestran el poder del Espíritu a través de la
acción de los creyentes actuando en iniciativas a favor de la
justicia. En nuestro continente hay espacios aptos para la
acción de los cristianos a favor de relaciones con la naturaleza
basadas en la justicia. Serán, según el caso, escenarios de
resistencia o de lucha, indica. Tal es el caso, por ejemplo, de
las campañas contra la Asociación de Libre Comercio de las
Américas (ALCA), contra la guerra, contra las invasiones
militares con el pretexto de combatir el narcotráfico. Pero
también disponemos de espacios solidarios que podemos ocupar en
el marco de movimientos como el Foro Social Mundial, señala. El
análisis termina subrayando que los cristianos disponen de tres
valores permanentes e indispensables para poder vivir en forma
sustentable en el siglo que se inicia: la fe, la esperanza y el
amor. Cuando reconocemos nuestra total dependencia de Dios, la
fe crece en forma explosiva.
La esperanza es la contribución que pueden hacer las comunidades
de fe para hacer más efectivos los movimientos tendientes a los
cambios sociales y la protección ecológica. El amor es lo que
construye una comunidad sustentable para la familia humana y la
Creación.