Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, noviembre de
2007
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La ancianidad, una etapa valiosa y frágil que reclama protección
Un congreso internacional del Consejo vaticano para la Salud
afrontará el tema
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 14 noviembre 2007 (ZENIT.org).-
Consciente de que el anciano vive una situación de fragilidad
física y espiritual, el Pontificio Consejo para la Pastoral de
la Salud estudia una pastoral adecuada que responda también a
las nuevas circunstancias y retos que se viven al final de la
vida.
Así se puso de manifiesto este miércoles en la presentación de
la XXII Conferencia Internacional sobre «La pastoral en la
atención de los enfermos ancianos», que reunirá en el Vaticano
–del 15 al 17 de noviembre— a expertos de los ámbitos
geriátrico, biomédico, histórico, filosófico, teológico y
pastoral.
Junto al presidente del dicasterio organizador, el cardenal
Javier Lozano Barragán, se contó el secretario de organismo
vaticano, el obispo José Luis Redrado OH, y el profesor Roberto
Bernabei, quien advirtió del hecho nuevo del envejecimiento en
el mundo –dada la prolongación de la expectativa de vida--: «la
cronicidad».
Esta circunstancia plantea desafíos «a 360 grados tanto en la
vertiente médica como pastoral», alertó el director del
Departamento de Ciencias Gerontológicas, Geriátricas y Físicas
de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Roma, y
presidente de la Sociedad Italiana de Gerontología y Geriatría.
Ejemplificó con el hecho de un envejecimiento de la población
caracterizado por buenas prestaciones hasta los 70 años; pero
después de esa edad, especialmente a partir de los 75 años, se
viven aún muchos años marcados por muchas patologías, por el
consumo de distintos fármacos a la vez, y toda una serie de
disfunciones físicas, cognitivas, del tono del humor
--frecuentemente afectado por esta cronicidad--, y
socioeconómicas.
De esta realidad surgen «nuevas necesidades médicas y pastorales
para seguir a estas personas, que además afrontan la muerte del
cónyuge recordó el especialista--, la pérdida del papel social,
la pérdida de los amigos, que están en una situación de
fragilidad tanto física como espiritual».
Esta fragilidad es la
que el dicasterio buscan afrontar con el próximo congreso, que
el profesor Bernabei no dudó en calificar de «inusual». Y es que
normalmente se habla de problemas médicos y sanitarios; pero en
este caso --apuntó-- «se afrontan inmediatamente con una
intervención a todo campo en la que se aborda el aspecto
espiritual de estas personas».
Y lanzó una alarma sobre la ancianidad: «Obviamente este enfermo
frágil es el que puede estar más afectado, en alguna manera, por
tentaciones de diverso tipo», como las de la eutanasia, «y si no
se afronta adecuadamente la salud de estas personas
evidentemente habrá quien intente "arreglar" en cuatro minutos
un problema que evidentemente va más allá».
En la presentación, en el Vaticano, de la Conferencia
Internacional, por su parte el profesor Massimo Petrini
--director del Centro de Promoción y Desarrollo de la Asistencia
Geriátrica, también de la Universidad Católica del Sagrado
Corazón— subrayó que hablar de «atención pastoral» aborda «un
concepto de salud muy amplio».
En absoluto es verdad que se esté bien si ello se circunscribe
al tema físico y mental; el bienestar abarca «estar en paz con
uno mismo, con los demás, con el entorno, con Dios; no es sólo
un tema clínico, sino también espiritual», puntualizó.
Advirtió de la importancia de profundizar en el valor de la
persona anciana, porque la asistencia que recibirá, desde todos
los puntos de vista, dependerá del valor que se le reconozca.
Y el profesor Petrini aludió en particular al enfermo anciano
discapacitado, y al gran papel que juega la pastoral respecto a
él. Y es que una persona en esas condiciones también «puede
alcanzar una curación verdadera»: «es cuando la persona logra
gestionar su situación sin verse aplastada por los
acontecimientos» como «el dolor, el sufrimiento o la propia
discapacidad», confirmó.
Por su parte el subsecretario del Pontificio Consejo para la
Pastoral de la Salud amplió más aún los horizontes de la
Conferencia Internacional dirigiendo la mirada al sacerdote
diocesano.
Es clave el afecto y la familia, y en el ámbito religioso el
anciano puede recibir esta experiencia, pero el padre Felice
Ruffini señaló la necesidad de dar mayor relevancia a este punto
en el caso de los sacerdotes diocesanos.
«Es necesario realizar una gran labor de pastoral en las
comunidades parroquiales a las que un sacerdote ha dedicado toda
su vida» --dijo--, porque existen casas para sacerdotes ancianos
enfermos, pero es muy importante suscitar en la comunidad
cristiana la atención por los propios sacerdotes.
«Lo que cuenta es que la comunidad sienta, respecto a esa
persona que ha gastado su vida por la evangelización --y por lo
tanto por la salud verdadera, global-- de esa comunidad, la
necesidad de hacerle experimentar la cercanía y el amor, porque
esto también es la pastoral», recalcó.
Más información de la Conferencia Internacional en:
http://www.healthpastoral.org/text.php?cid=443&sec=3&docid=134〈=sp
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