Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, octubre de
2005
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En el 10 de Octubre, éxodo hacia Cuba, nuestra tierra prometida
Consejo Coordinador del Movimiento Cristiano Liberación
La Habana, 10 de Octubre de 2005
El pueblo hebreo fue liberado por la intervención del Dios de la
historia y salió, guiado por Moisés, en busca de la tierra
prometida. El pueblo cubano lleva años de peregrinaje
experimentando separaciones, exilios, desencuentros,
sufrimientos, muertes, opresiones, olvidos, pero también,
renacimientos, esperanzas y amaneceres. El camino del éxodo, del
paso hacia una vida nueva para el pueblo cubano, está ahora a
fin de cuentas lleno de esperanza, como lo estuvo nuestro primer
10 de Octubre.
“Salgo al campo: muertos a espada; entro en la ciudad:
desfallecidos de hambre; profetas y sacerdotes recorren el país
a la ventura … Se espera mejoría y no hay bienestar, al tiempo
de curarse sobreviene el delirio” (Jer 14 18-19). “Ya no
vemos estandartes nuestros, no nos queda ni un profeta, ni uno
que sepa hasta cuándo” (Sal 74 9). ¿Es este el panorama
del 10 de Octubre de 2005?
Los huesos calcinados del relato de Ezequiel fueron la simiente
de la vida porque “esto dice el Señor: Yo voy a abrir sus
sepulcros, los voy a sacar de sus sepulcros … Infundiré mi
espíritu en ustedes … y sabrán que Yo, el Señor, lo digo y lo
hago” (Ez 37 12-14). “… y conocerán la verdad y la verdad
los hará libres” (Jn 8 32).
En estos últimos presupuestos, no en otros, se fundamenta
nuestra esperanza y es ése el camino que libera al victimario de
continuar siendo verdugo y a las víctimas de seguir siendo
esclavos del miedo y el rencor. Sólo desde la fe inquebrantable
en el mejoramiento humano puede dejarse a un lado la violencia,
la injusticia y la mentira. Gandhi nos enseñó que la verdad no
puede sacrificarse por razón alguna. Todos pueden reconocer las
verdades que, humildemente y pagando altos costos, hemos venido
proclamando los opositores pacíficos de Cuba y pueden
difundirlas y hacerlas suyas, porque esas verdades son
liberadoras: todos los cubanos somos hermanos y los cubanos
tenemos derecho a los derechos.
Nos anima la convicción de que ningún hombre es tan malo que no
pueda ser salvado. Consideramos hermanos aun a los que nos
persiguen; el corazón que ama sigue también a quien anda
errante, y ama aún a costa de ser herido. Pero también llamamos
a todos a no someterse al poder del odio y la mentira por miedo
o por intereses, enajenando o entregando la libertad y la
dignidad que Dios nos da como sus hijos que somos. No podemos,
entonces, ser esclavos y sí podemos conciliar el más grande amor
al prójimo con la más radical oposición pacifica a la
injusticia.
Seguiremos haciendo el camino de la no violencia, el camino del
reclamo de que los derechos sean reconocidos y respetados, de
que no sean hostigados ni aplastados los ciudadanos que se
atreven a decir lo que piensan y actúan por su fe y con libertad
de conciencia. Reclamaremos todos los derechos, también aquellos
que enuncia la Constitución vigente incluyendo el de proponer
cambios en las leyes, como pide el Proyecto Varela.
Seguiremos convocando a todo cubano, sin excepción, esté donde
esté y piense o sienta como juzgue su conciencia, a participar
en el Diálogo Nacional, porque el programa para el cambio
y el camino hacia el futuro los construiremos entre cubanos,
entre todos los cubanos sin exclusiones. Nadie más puede hacer
un programa de transición para Cuba sino el propio pueblo
cubano. Nadie puede tomar el papel del pueblo cubano en el
diseño de los cambios y el protagonismo de su historia, y
nadie puede negar al pueblo cubano el cambio hacia la sociedad
mejor, más libre y más justa que el propio pueblo quiere y
necesita ahora. También continuaremos llamando a que todos
aporten sus consideraciones en la Base Común; seguiremos
pidiendo a nuestros compatriotas integrados o no en
instituciones fraternas, confesiones religiosas, en cualquiera
de las instancias de autoridad civil o militar, a los miembros
de partidos políticos, periodistas independientes, a las
organizaciones sindicales, a toda la oposición política cubana,
a los trabajadores afiliados a la Central de Trabajadores de
Cuba, a los estudiantes de todos los niveles, a los jóvenes, los
ancianos y jubilados, los trabajadores por cuenta propia, a los
artistas e intelectuales, a los militantes del PCC, a las
organizaciones de masa reconocidas oficialmente y a las
organizaciones cívicas independientes, a trabajar juntos por esa
sociedad mejor.
Pedimos a todas las organizaciones no gubernamentales del mundo,
a la ONU, a todos los estados y a todos los pueblos hermanos de
nuestro mundo globalizado, que escuchen el clamor de este pueblo
por el cual Martí dijo en un momento crucial de nuestro devenir
histórico y nos repite ahora: “Para Cuba, que sufre, la primera
palabra. De altar se ha de tomar a Cuba, para ofrendarle nuestra
vida, y no de pedestal, para levantarnos sobre ella … En la
mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba
cualquier mejilla de hombre: envilece a los pueblos desde la
cuna el hábito de recurrir a camarillas personales, fomentadas
por un interés notorio o encubierto, para la defensa de las
libertades: sáquese a lucir, y a incendiar las almas, y a vibrar
como el rayo, a la verdad, y síganla, libres, los hombres
honrados … ¡Unámonos, ante todo, en esta fe; juntemos las manos,
en prenda de esa decisión, donde todos las vean, y donde no se
olvida sin castigo; cerrémosle el paso a la república que no
venga preparada por medios dignos del decoro del hombre, para el
bien y la prosperidad de todos los cubanos!” (Tampa, 26 de
noviembre de 1891).
Cuba, nuestra Patria, es nuestra tierra prometida. Por eso este
llamado a todos los cubanos no es a un éxodo hacia otras tierras
vecinas, sino a dar el paso por la solidaridad hacia la
liberación, hacia la conquista de toda la justicia y los
derechos para todos, hacia la libertad, la reconciliación y la
paz entre todos los cubanos. Es un llamado a construir todos
juntos como hombres y mujeres libres y que, además, somos
hermanos, la nueva sociedad para nuestros hijos que vivirán,
también, un tiempo nuevo.