El llamado franciscano a peregrinar a Tierra Santa
Dora Amador
Noviembre de 2005
Los católicos, ortodoxos y protestantes del mundo han unidos sus
voces para hacer un llamado ecuménico a los cristianos para que
vayan a Tierra Santa.
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EL
FRAILE SERGIO OLMEDO FLORES, de la Custodia Franciscana de
Tierra Santa le habla a los peregrinos en el Jardín de los
Olivos, detrás de él, la Ciudad Santa. Fue aquí que Jesús se
paró y, mirando a Jerusalén, se lamentó amargamente.
Ver Lucas, 19, 36-44. |
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El conflicto entre palestinos e
israelíes y la marginación que sufren los cristianos en la
tierra de Jesús ha hecho que, de un 25% de cristianos que vivían
allí hasta hace apenas unos años, sólo quede un 1.5 por ciento.
El éxodo va en aumento y las peregrinaciones de los fieles han
disminuido tanto que los Santos Lugares corren el peligro de
convertirse en museos. Y si hay un lugar donde las piedras
hablan es en Tierra Santa. Los Santos Lugares están vivos, pero
necesitan nuestra presencia, el testimonio vivo de nuestra fe
allí, ahora.
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SAN
FRANCISCO DE ASÍS sale del puerto de Ancona, en Italia, rumbo a
Tierra Santa en 1219. Desde el siglo XIII los franciscanos han
estado a cargo del cuidado y la protección de los
Santos Lugares. |
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A finales de octubre hice una
peregrinación allá, era la primera vez que iba, aunque lo había
deseado por años. Es una experiencia transformadora, fuerte y de
una profundidad imposible de transmitir. El corazón arde de
alegría y es palpable la necesidad de dar gracias al Señor y
alabarlo por tanta gracia dada.
El evangelio de San Juan me indicó,
releyéndolo en Jerusalén precisamente, la mejor forma de
explicar qué se siente al seguir literalmente las huellas de
Jesús en Israel y Palestina:
“Al día siguiente, Juan se
encontraba de nuevo con dos de sus discípulos. Fijándose en
Jesús que pasaba, dice: ‘He ahí el Cordero de Dios’. Los dos
discípulos lo oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se
volvió y, al ver que lo seguían, les dice: ‘¿Qué buscan?’ Ellos
le respondieron ‘Rabí –que quiere decir Maestro– ¿dónde vives?’
Les respondió: ‘Vengan y lo verán’. Fueron, pues, vieron dónde
vivía y se quedaron con él aquel día. Eran más o menos las
cuatro de la tarde”. (Juan 1, 35-39).
Es lo único que les quiero decir a
los cristianos: vayan y vean.
Yo fui con un grupo de 30
peregrinos organizado en Miami por el Centro Católico
Internacional de Peregrinaciones. Uno de los regalos inmensos
que recibimos en este inolvidable viaje fue tener de guía y
acompañante espiritual al padre Sergio Olmedo Flores, fraile
franciscano chileno de 35 años miembro de la Custodia
Franciscana de Tierra Santa. Como soy laica asociada a una
congregación franciscana para mí el regalo fue aún mayor. Es
impresionante ver y escuchar a esos hombres de hábitos
carmelitas con cuerda blanca atada a la cintura y sandalias
moverse de un lado a otro guiando grupos de peregrinos,
ejerciendo la más aguda diplomacia, hablando en árabe o en
hebreo, siendo todo servicio y amorosa disponibilidad.
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LA
IGLESIA DE MENSA CHRISTI, construida por los franciscanos
alrededor de la piedra que según la tradición milenaria fue la
mesa que Jesús resucitado utilizó para servirle la cena a sus
discípulos. El padre Olmedo coloca la mano sobre la piedra santa,
donde Pedro habría recibido de Jesús el encargo de guiar a su
futura Iglesia. (Ver Juan, 21,14-17) |
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San Francisco de Asís peregrinó a
Tierra Santa en 1219 y con su viaje abrió las puertas para que
sus hijos, los frailes, protegieran los Santos Lugares con todo
su corazón, y si fuera necesario, con su vida. Como en efecto lo
han hecho.
La Santa Sede le ha confiado los
santuarios cristianos a la Custodia Franciscana desde el siglo
XIII. En el XXI la siguen llevando a cabo con amor y entrega
tales que es sólo es comprensible por el llamado de Dios a esa
vocación.
Así es el padre Sergio, misionero
de corazón, enamorado de su vocación. Todo disponibilidad como
es, me concedió esta entrevista una noche en Jerusalén.
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El
CENÁCULO, lugar donde Jesús celebró la Última Cena, instaurando
así la Eucaristía. El Vaticano ha pedido a Israel que devuelva
el uso del Cenáculo a la Iglesia Católica que tomó en la guerra
de 1948 y para ello ha enviado a Jerusalén a principios de
noviembre al cardenal y teólogo Walter Kasper. Los franciscanos,
Custodios de Tierra Santa, fueron expulsados en 1523 del
Cenáculo por los otomanos, que lo convirtieron en mezquita, y
desde entonces luchan por recuperarlo. El culto cristiano está
prohobido en el Santo Lugar. Se hizo una sola excepción en el
año 2000, cuando el papa Juan Pablo II celebró misa allí. |
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¿Qué se siente al saberse
guardián de los Lugares Santos cristianos en una tierra
musulmana y judía?
Como franciscanos de la Custodia
de Tierra Santa tenemos una inmensa responsabilidad sobre
nuestras espaldas, porque está el planeta enhtero observando
cómo tú cuidas este SagradoLugar. Es nuestra responsabilidad y
es tremendamente fuerte.
Cuando lo empiezo a mediar me da miedo, porque digo, Señor,
hasta qué punto soy yo capaz de soportar este peso que me has
dado de ser uno de los guardianes de estos lugares, protegiendo
la presencia cristiana de nuestra gente, que se mantengan
cristianos, que se mantengan en esta tierra, que no pierdan la
fe. Que estas piedras nos evangelicen.
El amor de San Francisco por el
Señor era tan grande, tan inmenso, que el Señor lo había
destinado desde su nacimiento para que fuera el que estuviera
presente aquí como su guardaespaldas. Somos los guardaespaldas
de Jesús, pero no con prepotencia, sino como era Francisco, con
sencillez, con humildad. Yo te diría que se aprende a ser
franciscano en esta tierra, porque es como una escuela. Hay
muchas cosas que te incitan a ser quizás avasallador, prepotente,
porque sean los árabes, sean los israelíes, tienen un carácter
muy fuerte, entonces uno no puede perder su identidad
franciscana porque podrías ser tentado a mostrarte más potente
que ellos, hacer valer tus derechos con fuerza, o puedes tener
una tendencia a olvidarte de que eres un fraile franciscano. A
mí lo que me enamora de Francisco es la simplicidad; mientras
más simple me siento o se me presentan las cosas, mientras más
desapegado a las cosas materiales me siento, soy más feliz. El
franciscano en Tierra Santa tiene derecho a proteger los lugares
cristianos y el cristianismo, pero con amor, con simplicidad.
Ustedes están haciendo un
llamado internacional para atraer a los peregrinos cristianos,
háblame un poco de eso, porque llega a tan poca gente este
pedido que no es sólo católico, es ecuménico.
Como bautizados y confirmados
tenemos una misión: la de proclamar el Evangelio y ser testigos
de Jesús. Y una manera de ser testigos es justamente
peregrinando y de esa forma ayudando a conservar, a mantener
vivos los Santos Lugares en los cuales el Señor se manifestó,
Jesucristo se mostró como hijo de Dios y hermano nuestro, los
lugares en los cuales él dio su sudor, su sangre. Jesús
contemplaba estos paisajes y los admiraba y adoraba a su Padre
por las maravillas creadas, de las cuales él también ciertamente
participaba por ser su Hijo. Así también nosotros admiramos
estos lugares y tenemos que mantenerlos vivos. Como sus testigos
actuales tenemos el deber de continuar esa obra mostrándole al
mundo entero que en esta tierra, donde se dice que corre leche y
miel, también chorrea el amor de Dios. Por donde quiera se ve,
el amor de Dios.
Todo aquello que es negativo y que
nos asusta, todas esas cosas que nos aterran porque por
problemas de estructuras no se llegan a comprender, quedan
absolutamente en la nada cuando haces un balance de lo que has
vivido aquí.
Que la gente nos siga viniendo a
ver pero no por vernos a nosotros, los frailes franciscanos,
sino para adorar al Señor, alabarlo y agradecerle esto. Venir
como cumpliendo una misión, que sería la de hacer vivo el
Evangelio, hacer viva la Palabra de Dios.
Hay personas que tienen dudas
acerca de la autenticidad de algunos Lugares Santos, dado el
paso del tiempo, las guerras, etc. ¿Qué le responde usted a un
peregrino que duda?
El acompañador espiritual, si es
religioso franciscano y Custodio de Tierra Santa, protectores de
los Lugares Santos, los soldados de Cristo, que es como algunos
nos llaman, o simplemente los frailes de la cuerda, explica cada
lugar que visita con una base histórica, la tradición que no
podemos olvidar, la fe y el amor a Dios. Yo te doy una
información y trato de ser lo mas objetivo posible utilizando
los datos arqueológicos, los científicos, porque si hay alguien
que quiere datos científicos, pues tenemos que darle la mayor
información. Ahora, siendo peregrinos, damos énfasis a lo que es
la fe. En algunos santuarios encontramos que es memoria, que es
un memorial, es un lugar que no estamos seguros de que ahí
aconteció lo que nos narra la Sagrada Escritura, pero está la
memoria, está el recuerdo. La base sería esa: arqueológica,
histórica y la tradición.
¿Cuáles son algunos de los
problemas que confrontan los cristianos aquí?
Hemos presenciado el problema del éxodo, desgraciadamente
también la discriminación. Por ambas partes, es un problema
grave de no aceptación del otro. No hay tolerancia. Es como que
se han cerrado los oídos y no quieren escuchar lo que está
diciendo el otro.
Esta discriminación hacia los
cristianos, ¿ponen en peligro a los Lugares Santos?
Hay peligro de que se transformen
en verdaderos museos. Es peligroso de que si continúa un éxodo
de cristianos, nos quedaremos aquí solamente los cristianos que
somos religiosos, los peregrinos que vengan, porque cristianos
locales son poquísimos.
¿Dependen de las
peregrinaciones cristianas?
Dependemos muchísimo. Las
peregrinaciones son prácticamente las que nos mantienen en todo,
que podamos pagar el agua, la luz, el teléfono. Esa es una cosa,
lo importante es que la gente local vea que hay un motivo de
vida. Los cristianos de aquí cuando ven cristianos se sienten
felices, porque es un motivo para trabajar, tienen el trabajo y
se quedan, pero si no vienen a visitarlos a Tierra Santa, ellos
no tienen qué ofrecer, son artesanos la mayoría, y hacen objetos
religiosos con madera, su único trabajo es en el mundo del
turismo.
Ustedes han de ser un gran
ejemplo para ellos. Sin duda lo son para mí. Me impresiona mucho
verlos con su hábito por todas partes guiando grupos y
moviéndose de un lado para otro con tanta entrega. Un signo de
tremendo seguimiento de Cristo y de San Francisco.
La gente ve este hábito y piensa
enseguida en San Francisco de Asís. Inmediatamente piensan en
Jesús, Francisco fue el Alter Christus. El hábito es un símbolo
maravilloso.
Y peligroso, lo escucho hablar
en árabe y en hebreo, dirigiéndose con mucho tacto a unos y a
otros guiándonos en español por esta tierra y sé que no es fácil,
y que confrontará a veces situaciones delicadas.
Sí hay peligros. Pero siempre hay
que ser como antes, como era San Francisco. Los problemas entre
los musulmanes y los cruzados y San Francisco en su época. Ahora
el problema es con los islamistas fundamentalistas, pero no
hablo mal de los musulmanes en general, porque conozco
familiares muy buenas, son buenos. Por otro lado tienes a los
judíos israelíes. Y nosotros estamos en el medio.
En este momento, en 2005, encontrarás a muchos guías que cuando
muestran nuestros Santuarios no dicen: esto es una Iglesia, un
monasterio, etc. Ellos dicen: esto es un museo. Y nuestros
santuarios están vivos!
Pertenezco a una comunidad
franciscana laica y amo y estudio la obra de San Francisco, esta
obra tan importante que realizan ustedes aquí es una dimensión
nueva que me impulsa a darla a conocer. ¿Qué les diría a los
laicos y religiosos franciscanos y franciscanas acerca de esta
obra?
San Francisco llegó a Tierra Santa
como sabes en 1219. Los franciscanos estamos a cargo de los
Lugares Santos desde hace 700 años. Quiero decirles a ustedes,
mis hermanos y hermanas de San Francisco, no tengan miedo,
vengan a ayudarnos, a continuar nuestra misión. No tengan miedo,
porque siempre debemos ser un ejemplo para los otros y porque si
ustedes son religiosos, si están consagrados o viven como laicos
la espiritualidad franciscana es porque Dios los eligió y Dios
los ama. Ustedes tienen una misión, y no es para que la guarden,
es para que la den. Deben mostrarle a todos su fe y su amor a
Dios y en esta tierra hay muchas oportunidades para hacerlo. Por
ejemplo hay muchos que quieren ir de misioneros a África, a
América Latina, y eso está bien, pero es muy importante que
sepan que aquí hay muchas necesidades también.
Entonces, Tierra Santa necesita
misioneros.
Necesitamos misioneros, pero sobre
todo peregrinos que vengan a visitar los Lugares Santos. En
Tierra Santa, ser peregrino es ser ya misionero, aunque sea por
una semana. Es dar un ejemplo de vida, y eso es lo que
necesitamos ser: ejemplos vivos del Evangelio, y Dios nos está
llamando a serlo también aquí.
Gracias, padre Sergio, regreso a
Miami con un inmenso deseo de ayudar en lo que pueda en esta
msión tan hermosa, tan necesaria, tan urgente.
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