Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, octubre de
2005
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Materiales para la Semana de oración por la unidad de los
cristianos para el año 2006
CONSEJO PONTIFICIO PARA LA PROMOCIÓN DE LA UNIDAD DE LOS
CRISTIANOS
Donde dos o tres se reúnen en mi nombre,
allí estoy yo en medio de ellos.
(Mt 18,20)
Textos preparados y publicados conjuntamente por el Consejo
Pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos y la
Comisión “Fe y Constitución” del Consejo Ecuménico de las
Iglesias.
Traducción preparada por la Comisión para las relaciones
interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española.
Presentación
Buscar la unidad durante todo el año.
Tradicionalmente, la Semana de oración por la unidad de los
cristianos se celebra del 18 al 25 de enero. Estas fechas
fueron propuestas en 1908 por Paul Watson para cubrir el periodo
entre la fiesta de san Pedro y la de san Pablo. Esta elección
tiene un significado simbólico. En el hemisferio Sur, donde el
mes de enero es tiempo de vacaciones de verano, se prefiere
adoptar igualmente en otra fecha, por ejemplo en torno a
Pentecostés (sugerido por el movimiento Fe y Constitución en
1926) que representa también otra fecha simbólica para la unidad
de la Iglesia.
Guardando esta flexibilidad de espíritu, os animamos a
considerar estos textos como una invitación para encontrar otras
ocasiones, a lo largo del año, y expresar el grado de comunión
que las Iglesias ya han alcanzado, y orar juntas para llegar a
la plena unidad querida por Cristo.
Adaptar los textos
Estos textos que han sido propuestos, cada vez que sea posible,
se procurará adaptarles a las realidades de los diferentes
lugares y países. Al hacerlo, se deberá tener en cuenta las
prácticas litúrgicas y devocionales locales así como el contexto
social-cultural. Tal adaptación deberá comportar normalmente una
colaboración ecuménica.
En muchos países, las estructuras ecuménicas existen y permiten
este género de colaboración. Esperamos que la necesidad de
adaptar la «Oración» a la realidad local pueda animar la
creación de esas mismas estructuras allí donde éstas no existen
todavía.
Utilizar los textos de la Oración por la unidad de los
cristianos
Para las Iglesias y las Comunidades cristianas que celebran
juntas la «Oración» durante una sola ceremonia, este folleto
propone un modelo de Celebración ecuménica de la Palabra de
Dios.
Las Iglesias y las Comunidades cristianas pueden igualmente
servirse para sus celebraciones de las oraciones y de otros
textos de la Celebración ecuménica de la Palabra de Dios,
de los textos propuestos por el Octavario y de las
oraciones presentes en el apéndice de este folleto.
Las Iglesias y Comunidades cristianas que celebran la «Oración
por la unidad de los cristianos» cada día de la semana, pueden
encontrar sugerencias en los textos propuestos para el
Octavario.
Si se desea realizar estudios bíblicos sobre el tema del año
2005, pueden servir de apoyo igualmente los textos y las
reflexiones bíblicas propuestas para el Octavario. Los
comentarios de cada día pueden concluir con una oración de
intercesión.
Para las personas que desean orar en privado, los textos de este
folleto pueden animar sus oraciones y su llamada a la comunión
con todos aquellos que oran en todo el mundo por una mayor
unidad visible de la Iglesia de Cristo.
Texto bíblico
Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en
el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado
en el cielo.
Otra cosa os digo también: si dos de vosotros, estéis donde
estéis, os ponéis de acuerdo para pedir algo en oración, mi
Padre celestial os lo concederá. Pues donde dos o tres se reúnen
en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
(Mt 18, 18-20)
(Traducción ecuménica del Nuevo Testamento)
Introducción
Donde dos o tres se reúnen en mi nombre,
allí estoy yo en medio de ellos
(Mt 18, 20)
Lo que nos une es mucho más fuerte que lo que nos separa: éste
es el gran hallazgo que está en el origen del movimiento
ecuménico. El elemento más importante de nuestra unidad está en
la presencia de Cristo resucitado, que prometió a sus discípulos
que él estará con ellos hasta el fin de los tiempos. Al final
del Evangelio de san Mateo, Jesús hizo esta promesa
inmediatamente después de haber dicho a sus discípulos de que se
vayan a hacer nuevos discípulos en todas las naciones,
bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo (cf Mt 28,19-20). Era consciente de las dificultades de
todo tipo que ellos deberían afrontar y no quiso dejarlos
huérfanos en su misión (cf. Jn 14). Les prometió que él
estará con ellos. Él es el “Emmanuel”, es decir, el “Dios con
nosotros”.
Los Evangelios nos hablan de diversos modos en los que Jesús,
nuestro Señor resucitado, está presente entre nosotros: cuando
su Palabra es proclamada y vivida, y cuando el pan y el vino
eucarísticos son ofrecidos en su memoria; está igualmente
presente en el niño pequeño, en el hambriento, en el encarcelado,
en el despreciado; está presente en cada uno de nuestro prójimo;
está presente en los que prosiguen su misión y su ministerio por
el mundo. En este contexto se expresa la promesa de Jesús, que
sirve de tema para la Semana de oración por la unidad de este
año: “Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en
medio de ellos” (Mt 18,20).
Esta promesa la va situando Mateo en el contexto de una
enseñanza de Jesús: cómo organizar la comunidad eclesial con la
preocupación por los más despreciados, cómo puede la Iglesia
estar al servicio de sus miembros que se han extraviado, qué
límites hay que poner al perdón. En Mt 18 se encuentran textos
importantes que nos juzgan. Son textos orientadores destinados a
la comunidad de los cristianos, que muestran dónde está la
responsabilidad de sus discípulos. Otros textos vienen a ayudar
en otra dirección, subrayando la preocupación de Dios hacia cada
persona y haciendo a cada comunidad una llamada al perdón
ilimitado, a imagen de la capacidad infinita de reconciliación
que hay en Dios. Este capítulo proporciona instrucciones dejadas
por Jesús a los primeros cristianos: la manera de construir la
comunidad no puede dejarles indiferentes. La comunidad que se
reúne en torno a la persona y a la palabra de Jesús debe hacer
todo lo posible para estar en armonía. En este contexto el Señor
invita a sus discípulos a tener confianza en el poder de la
oración comunitaria así como en su presencia permanente en medio
de la comunidad que se reúne en su nombre.
Durante la Semana de oración por la unidad de los cristianos y
en nuestra oración por la unidad durante todo el año, estamos
invitados a tomar conciencia profundamente de que la unidad es
una gracia y de que debemos invocar sin cesar este don. Los que
nos esforzamos en promover la unidad de nuestras propias
comunidades y la unidad de todos los cristianos, sabemos que es
importante reunirnos de forma ecuménica en el nombre de Jesús.
Cada vez que nos reunimos así en oración, estamos invitados a
tener confianza en el poder de la oración ofrecida en la
presencia de Jesús que ha prometido a sus discípulos “Os digo
también: si dos de vosotros, estéis donde estéis, os ponéis de
acuerdo para pedir algo en oración, mi Padre celestial os lo
concederá” (Mt 18,19). Lo que verdaderamente cuenta no es una
pluralidad de voces sino el hecho de que esas voces estén unidas
en la oración. La voz silenciosa que habla en el corazón de cada
uno es ampliada cuando nos reunimos en el nombre de Cristo.
Recordemos en nuestra oración y demos gracias al Señor por los
avances realizados a lo largo de los últimos decenios en el
camino de la unidad; Jesucristo ha estado presente entre
nosotros mediante el poder de su Espíritu y con nosotros ora al
Padre.
La promesa de la presencia de Jesús entre nosotros no se limita
sólo a la comunidad reunida en la celebración litúrgica. Puesto
que el amor de Dios Trinidad se ha encarnado en Jesucristo, nos
es posible vivir en Cristo una vida de comunión enraizada en la
misma Trinidad. Por la presencia de su Espíritu Santo, el Señor
resucitado desea estar con nosotros en todo tiempo y lugar,
compartiendo nuestras preocupaciones, dándonos consejos,
caminando a nuestro lado, visitando nuestras casas y lugares de
trabajo, reavivando nuestra alegría por su presencia que nos
conduce directamente al corazón del Padre. Quiere que sintamos
la proximidad de Dios, su fuerza y su amor. Quiere estar entre
nosotros para testimoniar él mismo su amor y su presencia en
nuestras vidas, en el trabajo, en la escuela y en los ámbitos en
que vivimos.
Está bien recordar que muchas cosas se han cumplido a lo largo
de la historia cristiana “en nombre de Jesús”, cosas que no
tienen nada que ver con la enseñanza de Cristo, con el ejemplo
que nos ha dado en su vida y en su muerte. Nuestras historias
individuales o comunitarias nos ofrecen razones para
arrepentirnos. Justamente leemos Mt 18,20 a la luz de la
primacía dada al mandamiento del amor en el Evangelio de Juan:
“Mi mandamiento es éste: amaos los unos a los otros como yo os
he amado” (Jn 15,12) y “Vuestro amor mutuo será el
distintivo por el que todo el mundo os reconocerá como
discípulos míos” (Jn 13,35). La presencia de Jesús allí
donde dos o tres se reúnen en su nombre está estrechamente
vinculada al amor que estos dos o tres tienen los unos para los
otros.
Reunirse en el nombre de Jesús significa participar en el amor
que él nos ha traído a la tierra. Este amor no puede ser
reducido a la simple filantropía, solidaridad o benevolencia; va
más allá de la amistad o del deseo. Es un amor que se da
totalmente, que acepta el sufrimiento, que “todo lo excusa...
todo lo cree... todo lo espera... todo lo tolera” (1 Cor 13,7).
Es un amor que necesita prudencia y paciencia cuando discernimos
la presencia del Señor y la dirección que nos indica.
Para poder ser también receptivos de la presencia de Jesús entre
los cristianos, debemos aprender a vivir juntos un “ecumenismo
cotidiano” que acompaña la búsqueda de la unidad teológica. Esto
significa estar abiertos y dejarse enriquecer por las
tradiciones espirituales, las riquezas y las costumbres del otro
en nuestro común empeño, concretamente, de edificar el Reino de
Dios sobre la tierra. Esto significa también promover una
cultura de interdependencia aprendiendo juntos a ver lo que hay
de positivo en las características de toda comunidad eclesial y
étnica, de toda historia y mentalidad, características que
fácilmente pueden dividir a los cristianos. Ser conscientes de
que todo lo que compartimos nos permite afrontar más eficazmente
lo que todavía nos separa. Un ecumenismo de vida implica, cada
vez que es posible, la oración común, la misión común y el
testimonio común cuando tomamos parte juntos y cada vez más en
la vida según el Espíritu. Eso significa también compartir con
los otros los aspectos ordinarios de nuestra vida, de tal forma
que podamos reconocernos siempre como más hermanas y hermanos en
Cristo, y que podemos ver en el otro la presencia misma del
Señor.
Nada es pequeño si se hace con amor. Ningún gesto de amor, de
testimonio, de colaboración en nombre de Jesús, ninguna oración
común está desprovista de sentido y de valor si responde a la
voluntad de Cristo, que todos sus discípulos sean una misma
cosa. Cada una de estas acciones, aunque modestamente, expresa
nuestra determinación de amarnos unos a otros como Cristo nos ha
amado; esto puede ser igualmente un signo elocuente ante un
mundo frecuentemente incapaz de reconocer la presencia de Dios o
indiferente ante sus designios.
El grupo ecuménico que se reunió en Irlanda para preparar los
textos de la Semana de oración por la unidad de los cristianos
era consciente de la riqueza del patrimonio espiritual de este
país que se remonta a la antigüedad cristiana y que comparten
así todas las tradiciones cristianas presentes en Irlanda. Los
miembros del grupo eran igualmente conscientes de que las
Iglesias cristianas estaban implicadas y decididas a terminar
con los conflictos y tensiones que han marcado fuertemente la
vida de Irlanda durante los últimos siglos. Las divisiones entre
los cristianos han provocado profundas heridas o las han
agravado.
Es la tercera vez que durante los últimos veinticinco años el
grupo de preparación de la Semana de oración por la unidad se
reúne en Irlanda, cuando la violencia disminuye y la esperanza
aumenta al ver realizarse la paz de Cristo. La rica historia
pero compleja de Irlanda ha dado al grupo buenas razones para
escoger este año Mt 18,20 como texto bíblico central y
tema de la Semana de oración por la unidad de los cristianos
2006.
La intención del grupo ha sido, en primer lugar, llamar la
atención sobre Jesús como fuente de nuestra unidad, subrayando
que él ya nos indicó cómo podemos ser instrumentos de la unidad
que Dios desea para nosotros.
En segundo lugar, además de que la esperanza puede nacer y
crecer rápidamente en gestiones e iniciativas a gran escala, los
miembros del grupo preparatorio han resaltado que el simple
encuentro de dos o tres reunidos en el amor mutuo de Cristo es
un medio esencial para construir relaciones entre pueblos y
comunidades divididas. Los encuentros en grupos restringidos,
las relaciones y amistades a nivel local pueden dar un fuerte
impulso a la difusión de un espíritu de paz y de reconciliación.
Muchas experiencias de la historia reciente de Irlanda lo
atestiguan.
En tercer lugar, el grupo subrayó que para poder tener esperanza
en el futuro y construir hoy la paz y la reconciliación, era
necesario tomar en consideración los remedios dolorosos y los
sufrimientos del pasado. Como discípulos de Cristo, debemos
comprometernos a poner los medios constructivos para curar las
heridas del pasado y ofrecer un testimonio común, buscando y
eligiendo los caminos que conducen a la reconciliación. En este
espíritu, todos los cristianos que utilizan los textos de la
Semana de oración están invitados a reunirse en la plegaria y en
el amor recíproco para aprender a comprenderse los unos a los
otros en sus diferencias. De este modo podemos llegar a ser
signos siempre más poderosos de reconciliación y testimoniar la
presencia del amor de Cristo que nos sana.
Los textos bíblicos propuestos y los comentarios para el
octavario tienen como propósito estimular una reflexión
prolongada sobre la invitación a reunirnos en su nombre, que
Jesús ha dirigido a sus discípulos. El primer día desarrolla la
idea de que todos los cristianos, por pertenecer a Cristo,
pertenecemos los unos a los otros y estamos reunidos en una
comunión que ya se manifiesta en nuestro reconocimiento común
del bautismo. El segundo día ofrece una meditación sobre la
importancia de la humildad en el servicio (el ejemplo que se nos
ha dado aquí es el de la invitación hecha a los discípulos de
Cristo a lavarse los pies mutuamente) como medio de construir la
unidad de la Iglesia. El tercer día se concentra en la
importancia de la oración común, sugiriendo que cuando Jesús
oraba por la unidad de sus discípulos, puede ser posible que
ellos no estaban todavía reunidos en su nombre; la presencia de
Jesús entre nosotros nos une a él y nos une a unos y otros. El
tema del cuarto día es el de la purificación de la memoria y del
perdón ofrecido y recibido, elemento esencial del
redescubrimiento y de la reafirmación de nuestra unidad en
Cristo.
El quinto día describe la presencia de Dios como fuente de paz y
de estabilidad, de valentía y de fuerza, que nos anima a buscar
los medios para realizar la paz. El tema del sexto día nos
permite reflexionar sobre el doble movimiento de la misión:
reunión y envío. Estas dos acciones tienen cada una como fin
realizar la voluntad del Padre, que es la de animar al débil y
proclamar que el Reino de Dios está cerca. El séptimo día nos
invita a acoger al prójimo y al extranjero con todas sus
diferencias, a reconocer que la presencia de Cristo en ellos
determina nuestro compromiso y el seguimiento de nuestra tarea
ecuménica. El día octavo se vuelve en la esperanza hacia el fin
de nuestra peregrinación que nos conduce a la plenitud de la
presencia de Cristo. A lo largo del camino estamos animados a
descubrir que los otros cristianos no son más extranjeros, sino
compañeros de viaje, y a anticipar juntos el día en que
tenderemos las manos los unos a los otros en la presencia de
Cristo.
Preparación de los textos para el Octavario 2006
El proyecto inicial a partir del cual este folleto se ha
preparado, ha sido preparado por un grupo ecuménico de Dublín.
Dirigimos nuestros sinceros agradecimientos a todos los miembros
del grupo preparatorio irlandés:
P. Irineu Ioan Craciun (Iglesia ortodoxa griega de la
Anunciación de Dublín)
P. Athanasius George (Iglesia copta ortodoxa de Irlanda)
Rev. Elizabeth Hewitt (iglesia metodista de Irlanda)
Rev. Mary Hunter (Iglesia presbiteriana de Irlanda)
P. Hung Kennedy (Iglesia católica)
P. Brendan Leahy (Iglesia católica)
Pastor Fritz-Gert Mayer (Iglesia luterana de Irlanda)
P. John McCann (Iglesia católica)
Rev. Alan McCormack (Iglesia de Irlanda)
P. Godfrey O´Donnell (Iglesia ortodoxa rumana de Irlanda)
La versión definitiva de estos textos fue llevada a cabo con
ocasión de la reunión del grupo preparatorio internacional
nombrado por la Comisión Fe y Constitución del Consejo Ecuménico
de las Iglesias y el Consejo Pontificio para la promoción de la
unidad de los cristianos de la Iglesia católica. Este grupo
internacional se reunió en el Centro de los Focolares, cercano a
Prosperous en el County Kildare (Irlanda) gracias al generoso
apoyo de la Conferencia Episcopal Irlandesa. Tenemos que
agradecer al Arzobispo Séan Brady, al Obispo Anthony Farquhar y
al Padre Brendan Leahy, así como a todo el equipo del Centro de
los Focolares por su amable hospitalidad y por todo lo que ellos
llevaron a cabo para facilitar el trabajo del grupo preparatorio
internacional.
Celebración ecuménica
Introducción
Presentación
La celebración se basa en dos temas:
Tema A
“Donde dos o tres se reúnen en mi nombre”. La idea subyacente es
animar y fortalecer la comunión fraterna del pueblo de Dios en
las pequeñas comunidades, tanto en las grandes asambleas, en la
vida cotidiana, como en las celebraciones litúrgicas oficiales.
La respuesta fiel a la llamada de Dios no está limitada a las
asambleas masivas, sino que implica el encuentro en el amor, la
oración y el estudio de la Biblia donde “dos o tres” están
reunidos en el nombre de Jesús. En efecto, este es el camino de
las personas unidas en el amor mutuo que realiza el Reino de
Dios sobre la tierra.
Tema B
“Acercándose Pedro, le preguntó: Señor, ¿cuántas veces he de
perdonar a mi hermano si me ofende? ¿Hasta siete? Jesús le
contestó: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces
siete”. Nosotros hablamos de perdón, pero raramente buscamos el
perdón los unos y los otros. Una fuerte corriente de
arrepentimiento subyace en toda esta celebración. Ello resalta
en la oración conclusiva del acto penitencial, que
específicamente pide: “perdona nuestras ofensas como también
nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.
Lecturas bíblicas
Los textos han sido escogidos de manera que reflejen un modelo
coherente de la presencia de Dios cercano a su pueblo, que se
encuentra desde el principio al fin de la Escritura.
En el Antiguo Testamento, Dios ha liberado a su pueblo de la
esclavitud de Egipto y lo ha guiado de día con una columna de
nube, y de noche con una columna de fuego. Jamás abandonó a su
pueblo.
El Salmo recuerda las maravillas que Dios ha hecho: invita a su
pueblo a recordar sus hazañas y a trasmitirlas a sus
descendientes.
En el texto del Apocalipsis, el autor hace una llamada al Reino
de Dios donde el pueblo de Dios “reinará para siempre”.
El Evangelio tiene su lugar al fin de las lecturas, ya que este
reino eterno de Dios anunciado en el Apocalipsis se basa sobre
la presencia de Dios en su pueblo que vive en la carne y en la
sangre de Jesús su Hijo. Jesús anuncia el Reino de Dios. En él
se cumple esta presencia de Dios.
Acción de gracias e intercesión
Estas oraciones se proponen para coordinar la acción de gracias
porque el poder misericordioso de Dios obrado en su pueblo ya se
hizo realidad, reconocimiento que todavía queda mucho por
cumplirse, si nosotros queremos realmente hacer la voluntad de
Dios en el mundo.
Símbolos
El uso de diferentes símbolos y representaciones es posible:
particularmente la cruz celta llevada ante la asamblea, el
símbolo de los clavos de la cruz utilizados eventualmente en el
momento del acto penitencial. Los cirios, en número de siete,
podrían significar las siete iglesias y los siete candelabros de
oro del primer capítulo del Apocalipsis.
Sin embargo, aunque el simbolismo está estrictamente vinculado a
la cultura, a las circunstancias y a la sensibilidad de las
comunidades, hemos preferido omitir toda referencia específica
al uso de símbolos en el desarrollo de la celebración. Los
grupos nacionales están invitados a encontrar los símbolos que
mejor expresan los temas en su contexto social como particular.
Para los textos de la Palabra de Dios recomendamos utilizar la
traducción ecuménica de la Biblia. También utilizar
preferentemente las versiones ecuménicas existentes del texto
original del Símbolo Niceno-Constantinopolitano y del Padre
Nuestro.
Desarrollo
Saludo
Lector:
Que la gracia y la paz estén con vosotros.
Asamblea:
Que la gracia y la paz estén con vosotros.
L y A:
En el nombre de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
Apertura
El saludo litúrgico es seguido por la presentación de las
comunidades y de sus responsables que participan en la
celebración. Es la ocasión para las personas reunidas, cuando se
comienza a dar gracias a Dios, de presentarse y de comprometerse
en un espíritu de comunión fraterna y de bienvenida recíproca.
Introducción
(Se puede inspirar en estas líneas)
Como en muchos países, se ha desarrollado en Irlanda una fuerte
cultura espiritual y misionera, pero también una larga y
dolorosa historia. Objetivos y aspiraciones políticas y
religiosas han desgarrado a las comunidades y causaron
auténticas heridas en todas partes. Dios estaba presente en el
dolor y ha aliviado un gran número de heridas psíquicas y
psicológicas que fueron causadas. En pequeños grupos de dos o
tres personas, y en grandes asambleas de cientos de
participantes, se siente la presencia reconfortante y
misericordiosa de Dios. Por todas estas razones, los cristianos
de Irlanda han podido colocar en el centro de su experiencia de
creyentes estas palabras de Jesús: “donde dos o tres se reúnen
en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt
18,20).
Dios llama a su pueblo a unirse y le muestra que el amor y el
perdón van juntos. La experiencia de Cristo en la cruz llama a
los cristianos a darse la mano y perdonar. En pueblos y
ciudades, en aldeas y grandes villas, el pueblo de Dios es
llamado a buscar un camino para progresar, confesando y
reconociendo las ofensas y los sufrimientos causados a las
personas y, en esta óptica, a encontrar el perdón y la plenitud
del nuevo camino de Cristo.
Acción de gracias/Himno/Música
Letanía de la presencia de Cristo
L 1:
Jesús, Señor resucitado,
A:
Estamos reunidos en tu nombre.
L 1:
Jesús, Buen Pastor,
A:
Estamos reunidos en tu nombre.
L 1:
Jesús, Palabra de vida,
A:
Estamos reunidos en tu nombre.
L 1:
Jesús, amigo de los pobres,
A:
Estamos reunidos en tu nombre.
L 1:
Jesús, fuente de todo perdón,
A:
Estamos reunidos en tu nombre.
L 1:
Jesús, Príncipe de la paz,
A:
Estamos reunidos en tu nombre.
A:
Señor Jesucristo:
Tú nos llamas a reunirnos en la fe y en el amor.
Infunde en nosotros la nueva vida de tu Espíritu Santo,
para que podamos comprender tu Palabra santa,
orar en tu nombre,
buscar la unidad entre los cristianos
y vivir más plenamente la fe que profesamos.
A ti toda gloria y todo honor
con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.
Amén.
Acción de gracias/Himno/Música
Proclamación de la Palabra
Éxodo
40,1-4 y 34-38
(Reflexión sobre la presencia de Dios durante la travesía de su
pueblo por el desierto)
Salmo
78 (77), 1-8 (leer en dos coros alternando)
(Reflexión sobre la memoria de las hazañas de Dios y llamada a
la fidelidad)
Apocalipsis
22, 1-5
(Reflexión sobre la gloria suprema de la presencia de Dios en
medio de su pueblo que espera su Reino)
Evangelio según san Mateo
18, 15-22
(Reflexión sobre las tensiones que existen en la realidad para
reconocer la presencia de Dios en medio de su pueblo, por
modesta que sea la asamblea)
Homilía/Meditación
Profesión de fe
Símbolo Niceno-Constantinopolitano o Símbolo Apostólico
(Utilizar una versión ecuménica del texto original del Símbolo
Niceno-Constantinopolitano, si se usa en el contexto de esta
celebración ecuménica)
Acción de gracias/Himno/Música
Acto de arrepentimiento
(La asamblea se vuelve hacia el altar/la mesa eucarística)
L:
Hay muchas maneras de ser infieles por no vivir el bautismo y
faltar a nuestro compromiso y a nuestra obediencia a Dios; ahora
le ofrecemos nuestras oraciones de arrepentimiento.
A:
Dios vivo,
confesamos nuestra incapacidad de vivir como hermanos y hermanas,
como hijos tuyos.
Dios amoroso,
confesamos que no te hemos amado como tú nos has amado.
Kyrie eleison
Dios misericordioso,
confesamos tener dudas de tu palabra y fallar en la obediencia
de tu enseñanza.
Dios clemente,
confesamos nuestro deseo de poseerte y de encerrarte en nuestras
doctrinas y teologías.
Kyrie eleison
Dios poderoso,
confesamos fallar en reconocerte como Señor de toda la tierra.
Perdónanos y sálvanos,
porque no hemos permitido que tu presencia brille en medio de
nosotros.
Kyrie eleison
L:
De estas maneras, hemos fallado en nuestro compromiso y en
nuestra obediencia hacia nuestros semejantes. Nos volvemos hacia
nuestro prójimo y hacia nuestros amigos y les ofrecemos nuestras
oraciones de arrepentimiento.
(En el marco de ciertas asambleas, aunque numerosas, es posible
alternar este acto de arrepentimiento colocándose cara a cara.
Esta disposición expresa que nos reconocemos pecadores ante Dios
y los unos ante los otros. Conviene formular las expresiones de
arrepentimiento según las situaciones locales)
A:
Hermanas y hermanos en Cristo,
confesamos no haber comprendido vuestro modo de vida.
Hermanas y hermanos en Cristo,
confesamos nuestro frívolo orgullo y nuestro egocentrismo.
Kyrie eleison
Hermanas y hermanos en Cristo,
confesamos no habernos vuelto hacia los que estaban en la
necesidad.
Hermanas y hermanos en Cristo,
confesamos no haber visto a Cristo resucitado en el extranjero
que está en medio de nosotros.
Kyrie eleison
Hermanas y hermanos en Cristo,
confesamos desear una vida fácil, una vida cómoda, una vida que
no nos exige nada.
Perdonad nuestra incapacidad de mostrar el amor de Cristo y todo
lo que hemos omitido.
Kyrie eleison
(La asamblea se vuelve nuevamente hacia el altar/la mesa
eucarística)
L:
Que cada uno de nosotros comprenda las palabras de Jesús para
que retornemos del camino desviado y sigamos el camino de la
reconciliación, de la amistad, del amor y de la unidad querida
por el Salvador. En armonía y paz, decimos la oración que enseñó
a sus discípulos:
A:
Padre nuestro...
L:
Cumplamos en nuestras vidas lo que hemos confesado con los
labios. Intercambiando el signo de paz, renovamos nuestro
compromiso por un nuevo modo de vida que hace de nuestra
confesión a Dios y de unos a otros una etapa decisiva en la vida
de cada uno de nosotros.
Signo de paz
(Ciertas asambleas pueden en este momento de la celebración
dirigirse hacia otra parte de la iglesia, sea en torno al libro
de la Palabra de Dios, sea en torno al altar/la mesa eucarística.
Este desplazamiento expresa el paso interior y comunitario en
nombre de Jesús, en su presencia. Una sugerencia: llevar una
reproducción de la cruz celta, en el momento de este
desplazamiento, después de la entrada hasta delante de la
asamblea. Otros gestos pueden ser aquí propuestos: intercambio
entre los miembros de la asamblea de un versículo de la
Escritura, de una palabra de paz o de misericordia...)
Oraciones de acción de gracias e intercesión
(dos lectores y asamblea)
Recordando los beneficios de Dios, oramos juntos:
L 1:
Señor del cielo y de la tierra, hemos comenzado a escuchar a tu
Espíritu Santo que nos llama a la unidad en Cristo.
A:
Te damos gracias, Señor.
L 2:
Podemos estar más atentos a tu inspiración y mejor dispuestos a
escucharnos unos a otros.
A:
Te lo pedimos, Señor.
L 1:
Hemos comenzado a dialogar unos con otros, celebrando nuestra fe
común y buscando comprender nuestras diferencias.
A:
Te damos gracias, Señor.
L 2:
Que el trabajo paciente de los pastores, de los teólogos y de
los cristianos pueda continuar progresando y dando frutos
duraderos.
A:
Te lo pedimos, Señor.
L 1:
Por los acuerdos alcanzados que afectan a la teología y a la
vida pastoral.
A:
Te damos gracias, Señor.
L 2.
Que podamos afrontar y solucionar las cuestiones difíciles que
todavía nos separan.
A:
Te lo pedimos, Señor.
L 1:
Por nuestros encuentros anuales de oración por la unidad de los
cristianos.
A:
Te damos gracias, Señor.
L 2:
Que la oración común pueda llegar a ser un elemento natural de
nuestras comunidades locales.
A:
Te lo pedimos, Señor.
L 1:
Por el testimonio común en Cristo que hemos dado en tiempos de
crisis sobre la justicia, la paz y la ayuda humanitaria.
A:
Te damos gracias, Señor.
L 2:
Que nuestra unidad pueda llegar a ser un día de tal manera que
el mundo entero crea en Cristo tu enviado.
A:
Te lo pedimos, Señor.
L 1:
Por el progreso del diálogo interreligioso en el mundo.
A:
Te damos gracias, Señor.
L 2:
Comprometidos de ahora en adelante, que podamos comprender más
la urgencia de nuestra plena comunión entre cristianos como
testimonio ante otros creyentes.
A:
Te lo pedimos, Señor.
L 1:
Por todas las familias interconfesionales, testimonios vivos de
comunión de personas en el amor del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo.
A:
Te damos gracias, Señor.
L 2.
Fortalece su vida familiar como miembros de sus Iglesias
participando del gozo en Cristo.
A:
Te lo pedimos, Señor.
L 1:
Por los grandes progresos de nuestras Iglesias en la comprensión
común de la Palabra de Dios como fuente de la Revelación, y por
el camino ya recorrido de cara a la celebración común de la
Eucaristía.
A:
Te damos gracias, Señor.
L 2:
Que esta esperanza de compartir un día la misma mesa y beber del
mismo cáliz refuerce nuestro deseo de cumplir tu voluntad para
recibir de ti este don.
A:
Te lo pedimos, Señor.
(Otras intenciones según la situación local de la asamblea)
Acción de gracias/Himno/Música
Despedida
A:
Abre nuestros ojos a tu presencia.
Abre nuestros oídos a tu llamada.
Abre nuestros corazones a tu amor.
Que nuestros brazos se abran a los otros.
Que nuestros corazones se abran a los extranjeros.
Que nuestras puertas se abran a los que llaman.
Que estemos abiertos hacia ti, Señor.
Abre este día hoy y siempre.
Flame in my heart – St Aidan for Today
(David Adams, Triangle Press SPCK)
La gracia de nuestro Señor Jesucristo,
el amor de Dios
y la comunión del Espíritu Santo
esté siempre con nosotros, hoy y por los siglos de los siglos.
Amén.
Textos bíblicos, meditaciones y oraciones
para el Octavario
Día primero
Unidos por la presencia de Cristo
Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo (Ef 4,5-6)
Ez
37,15-28 Mi morada estará junto a ellos
Sal
67 (66) Oh Dios, que todos los pueblos te den gracias
Ef
4,1-6 Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo
Jn
14,23-27 Vendremos a él y haremos morada en él
Meditación
Las Escrituras subrayan que Dios quiere la unidad de su pueblo.
Por el profeta Ezequiel, Dios afirma que Judá e Israel —dos
reinos separados, a menudo en desacuerdo— no serán más que uno
nuevamente. Por su presencia purificadora, los fortalecerá y los
bendecirá en una alianza de paz.
Nosotros respondemos naturalmente por la gratitud y la alabanza
al donde la unidad que nos ofrece Dios. El salmista invita a
todas las naciones a unirse en la alabanza a Dios, cuya
presencia salvífica será reconocida en todas las naciones y a
través del mundo entero.
Jesús enseña a sus primeros discípulos que, junto con el Padre,
estará presente entre ellos, que “morará” en todos los que le
aman. Les promete igualmente que su presencia no terminará con
su muerte: él continuará estando con cada uno de sus discípulos
—y hoy con nosotros— a través del Espíritu Santo.
Pero la promesa de la presencia de Jesús no se limita a los
creyentes de forma individual: cuando afirma el evangelista san
Mateo que donde dos o tres se reúnen en nombre de Jesús, ellos
forman una comunidad, una comunidad en cuyo seno Jesús ha
prometido estar presente para fortalecer y acompañar a los
miembros a lo largo de todo su camino.
Nuestro reconocimiento mutuo del bautismo muestra poderosamente
esta pertenencia común. Por el bautismo, Jesús llama a cada uno
de nosotros y lo incorpora a su cuerpo, la Iglesia.
Perteneciendo a Cristo, todos nos pertenecemos los unos a los
otros. Esta pertenencia común, a Cristo y a cada uno de
nosotros, hace de nosotros una sola cosa, dejando nuestro
pasado, nuestra cultura y nuestras convicciones teológicas
diferentes, porque “donde dos o tres se reúnen en mi nombre,
allí estoy yo en medio de ellos”.
Oración
Señor, te damos gracias por tu presencia entre nosotros, que nos
fortalece y nos anima en nuestro camino. Haznos conscientes de
tu presencia en nosotros y haz que seamos sensibles a lo que tú
nos sugieres en todas nuestras acciones. Concédenos sabiduría y
humildad para que podamos reconocer tu presencia en nuestros
hermanos y hermanas. Señor, haz que seamos verdaderamente uno.
Amén.
Día segundo
Edificar la unidad de los cristianos con Jesús entre nosotros.
Ecumenismo diario
También vosotros debéis lavaros los pies unos a otros
(Jn 13,14)
Dt
30,15-20 Entonces vivirás y te multiplicarás
Sal
133 (132) Qué felicidad encontrarse entre hermanos
1 Cor
12,12-31 Dios dispuso según su voluntad a cada miembro en el
cuerpo
Jn
13,1-15 También vosotros debéis lavaros los pies unos a otros
Meditación
Como indica el Salmista, la unidad es atrayente. En razón de la
presencia de Cristo entre nosotros, todos los cristianos tienen
la tarea de edificar día a día sus comunidades según el espíritu
del Evangelio.
En la tarde antes de morir, lavando los pies de sus discípulos,
Jesús nos ha dejado un modelo muy concreto de comportamiento
cristiano hacia el prójimo. En 1 Cor 12, san Pablo anima
la necesidad de tener en cuenta al otro, el hecho de que en el
Espíritu Santo cada uno es diferente aunque pertenezca al mismo
cuerpo. La Palabra de Dios nos invita a practicar un servicio
muy concreto de hermano y hermana en la Iglesia, que nosotros
tenemos como misión para aumentar el servicio en el mundo.
La participación en la vida de la Trinidad Santa no es la simple
afirmación de un artículo de la fe. Ello nos empuja a
comprometernos cada día en una tarea ecuménica para que la
Iglesia refleje todavía más la comunión trinitaria. En el único
Dios, que confesamos junto con nuestros hermanos monoteístas,
¿no tenemos los cristianos un modelo de amor a imitar que se
obra entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo? Avanzar con
Cristo implica, así, la solicitud entre los miembros de la
Iglesia, ya que lo que se cumple positivamente de manera aislada
no tiene el valor de lo que, modestamente, se realiza en común.
Lavar los pies de los hermanos, más que un simple gesto, también
es una apertura de corazón, en fidelidad a Jesús que nos invita
a servir a la Iglesia una, en la que queremos ser piedras vivas
y fundamentales.
Oración
Padre eterno, unidos en el nombre de tu Hijo Jesucristo y en la
presencia de tu Espíritu consolador, nos comprometemos a
construir la comunidad cristiana con un corazón y un entusiasmo
renovados por el fuego de tu amor.
Ayúdanos a vivir un ecumenismo diario con los que nos rodean, a
imagen de tu Hijo, que lavó los pies de sus discípulos para
hacerles entrar juntos en la nueva vida de su presencia. Amén.
Día tercero
Orar juntos en el nombre de Jesús
El Señor espera el momento para apiadarse de vosotros (Is 30,18)
Is
30,18-26 Él se apiadará de vosotros
Sal
136 (135) Es eterna su misericordia
Act
1,122-14 Reunidos en oración
Mt
18,18-20 Orar en nombre de Jesús
Meditación
Reunirse para la oración en una sola y única comunidad, dejando
las diferencias que persisten en el plano humano, es un tema
recurrente en la Biblia. Las comunidades se reúnen para celebrar
y alabar al Señor, implorar su perdón e interceder ante él para
alcanzar su misericordia y su ayuda. La bondad de Dios se nos
muestra más claramente por el hecho de que el Señor es un Dios
de justicia. Por la oración damos respuesta a la justicia de
Dios, a lo que Dios en primer lugar ha cumplido por nosotros, ya
que “Cristo murió por nosotros siendo nosotros todavía
pecadores”. A través de toda la Biblia se nos ha manifestado la
identidad de Dios: su amor misericordioso nos salva.
Los Salmos han sido conservados como himnos y oraciones que eran
recitados por el pueblo de Dios cuando se reunía para celebrar
el culto divino. Estas palabras recitadas conjuntamente creaban
un vínculo de unidad entre los fieles como también un
sentimiento de pertenencia común que, de vuelta, inspiraban
confianza y serenidad.
Era natural que esta tradición prosiguiera en la Iglesia
primitiva. ¿Jesús mismo no ha sido el que enseñó a sus
discípulos a orar? En el Evangelio de hoy Jesús habla de que se
nos concederá cualquier cosa que pidamos si nos ponemos de
acuerdo. Cuando nosotros, los cristianos, nos reunimos en el
amor para orar los unos con los otros, podemos estar seguros de
que Cristo está presente entre nosotros. Juntos, cuando rezamos
en nombre de Jesucristo, estamos unidos los unos a los otros
como objeto de nuestra oración. He aquí por qué la oración común
es una oración eficaz.
Los discípulos de Cristo se dedican a la oración y alcanzan la
unidad. Es muy probable que si Jesús ha orado en la víspera de
su muerte para que sus discípulos sean uno, es porque no estaban
todavía unidos en su nombre. Veinte siglos más tarde tenemos el
deber de preguntarnos: ¿estamos hoy más cerca de la unidad por
la oración, la vida y la acción común? Efectivamente, nuestra
unidad es un don que nos viene de Dios. Aún más, somos
conscientes de que este don debemos buscarlo incesantemente en
la humildad. El apóstol nos exhorta a orar sin descanso para que
el Espíritu Santo se derrame nuevamente sobre nosotros y, por
encima de todas nuestras divergencias, nos una con su soplo.
Oración
Señor, enséñanos a orar como Jesús ha enseñado a sus discípulos.
Que podamos ser uno en la fe, en el amor y en el servicio como
ellos mismos no tenían más que un solo corazón. Concédenos
celebrar nuestra diferencia, alegrarnos en la diversidad y
compartir de todo corazón las riquezas de nuestras respectivas
oraciones. Haz que nuestra reunión en nombre de Jesús nos
transforme, a fin de que seamos verdaderamente uno y el mundo
crea en su presencia fiel. Amén.
Día cuarto
Del pasado al futuro: perdón y purificación de la memoria
No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete
(Mt 18,22)
Jon
3 Arrepentimiento de Nínive, la gran ciudad
Sal
51 (50) Una invitación a la misericordia
Col
3,12-17 Por encima de todo, revestíos del amor
Jn
8,1-11 Tampoco yo te condeno
Meditación
Reconocer los pecados del pasado, la gracia del perdón y el
restablecimiento de la comunión son los temas presentes en estos
textos. En sus relaciones mutuas, nuestras comunidades
cristianas llevan todavía las huellas de un pasado marcado por
la debilidad humana y el pecado. Ciertas heridas están en vías
de curación, otras son todavía fuente de dolor y de división. La
confrontación con el pasado puede ser difícil y exige un sincero
examen de conciencia, como también de las personas y de las
comunidades. Por ello, el camino que Dios quiso cumplir con
nosotros fue para que seamos su pueblo elegido, y para que la
paz de Cristo reine en nuestros corazones y entre nosotros.
Jonás exhorta a los habitantes de Nínive a conducirse
honestamente, confesando su egocentrismo, su menosprecio del
bien y sus actos de violencia. Dirige esta llamada a toda la
ciudad y a todos sus habitantes. Cada uno debe convertirse de
sus malos pensamientos y de la violencia que todavía hay en sus
manos.
El Salmista implora el perdón de Dios, estando él mismo
profundamente turbado por su pasado. Reconoce sus culpas y pide
a Dios que no le abandone. Se siente también responsable de los
otros y les indica el camino de la verdad y de una vida recta
para que puedan, ellos también, reconciliarse con Dios.
Los escribas y los fariseos no ven en la mujer adúltera más que
la caída y el pecado. La identifican con su pasado. Al mismo
tiempo, rechazan reconocer su propio pasado y sus propios
pecados. Jesús nos invita a no tirar más la primera piedra, a no
condenar más y, finalmente, a no pecar más. Nuestra búsqueda de
la unidad se fundamenta sobre esta llamada.
El perdón ya no se mide, es inagotable como el amor de Dios:
hasta setenta veces siete. En su caminar ecuménico, nuestras
comunidades están llamadas a dar testimonio de la misericordia
de Dios en lo que ella tiene de infinito.
Oración
Dios de reconciliación, ayúdanos a superar las decepciones y la
amargura que se han acumulado en nuestros fracasos y los pecados
del pasado. Enséñanos tu perdón para que podamos con toda
humildad buscar la reconciliación contigo y con nuestro prójimo.
Fortalece en nosotros el amor de Cristo, fuente y garantía de la
unidad de tu Iglesia. Amén.
Día quinto
La presencia de Dios entre nosotros: una llamada a la paz
El Señor está con nosotros
(Sal 46)
1 Re
19,1-13a En un ligero susurro
Sal
46 (45) El Señor está con nosotros
Act
10, 9-48 Dios no hace acepción de personas
Lc
10,25-37 ¿Y quién es mi prójimo?
Meditación
Meditando los textos bíblicos que hablan de la presencia de Dios
entre nosotros, encontramos las interpretaciones fuertes para
nuestro camino ecuménico.
Como en tiempos de Elías, Dios no está en el huracán o en el
temblor de tierra. Está en la discreción de una brisa ligera que
se manifiesta en la presencia apacible y reconfortante.
La convicción del salmista debe animarnos: Dios es nuestra única
fuerza. A ejemplo de un Dios que rompe los arcos y quiebra las
lanzas, estamos invitados a poner fin a todo conflicto.
El episodio relatado en los Hechos de los Apóstoles nos invita a
contemplar el Espíritu de Cristo resucitado actuando en el
mundo. A imagen de un Dios que no hace acepción de personas,
debemos aprender a superar las fronteras muy humanas.
La parábola del buen samaritano nos recuerda que no podemos
ocultar la mirada cuando nos cruzamos con un hermano o una
hermana despojados al borde del camino. ¿Cómo podríamos no
sentirnos solidarios cuando una comunidad eclesial está en
dificultad?
Oración
Reunidos en el nombre de Cristo Jesús, te rogamos, Padre: haznos
descubrir tu presencia en este mundo y ayúdanos a discernir los
caminos sobre los cuales tú nos quieres guiar en nuestra
peregrinación ecuménica. A ti todo honor y toda gloria por los
siglos de los siglos. Amén.
Día sexto
Ser misioneros en el nombre de Jesús
Vuestro Padre celestial no quiere que se pierda ni uno solo de
estos pequeños
(Mt 18,14)
Dn
3,19-30 Testimoniar la fe
Sal
146 (145) Alabar a Dios, nuestro Salvador
Act
8,26-40 Felipe anuncia la buena noticia al eunuco etíope
Lc
10,1-12 Jesús envía a sus discípulos
Meditación
Encontramos hoy personas llamadas por Dios a testimoniar su fe.
Sidrac, Misac y Abdénago creyeron fuertemente y de manera firme
en Aquél que les salva. Su fervor, su ánimo y su testimonio
común, en presencia de un grave peligro, convencieron al rey y a
sus consejeros que su Dios es el único Dios verdadero. Su
testimonio de fe permitió también reunir a los más temerosos de
Israel. El pueblo de Dios se ve fortalecido y unido nuevamente
en torno a su Dios.
El salmista canta alabanzas a Dios que viene en ayuda de su
pueblo en numerosas circunstancias para que encuentre la
seguridad y la salvación. El hecho de que Dios nos haya enviado
a su Hijo confirma sumamente la preocupación constante que tiene
de su pueblo: Jesús no reúne solamente a los que están débiles o
extraviados; también atiende a sus discípulos que se comprometen
apasionadamente, como misioneros en su nombre, a difundir la
buena noticia del Reino de Dios.
En Felipe se refleja el entusiasmo de la Iglesia primitiva. El
apóstol se aprovecha de todas las ocasiones que se le ofrecen
para desempeñar la misión de Jesús.
Hoy, como discípulos de Cristo, estamos llamados a ser un pueblo
misionero. El mensaje del Evangelio es siempre eficaz cuando los
cristianos dan juntos testimonio de su fe. Ahora es nuestro
turno llevar la buena noticia con todos nuestros semejantes.
Estamos llamados a:
tener coraje ante la increencia;
quitar la comodidad que ofrece nuestra propia cultura y nuestra
tradición religiosa;
encontrar nuevos métodos, innovadores, para proclamar la buena
noticia de Jesucristo;
estar entusiasmados y apasionados por nuestra fe común;
estar motivados por la compasión de Jesús para trabajar juntos
aliviando los sufrimientos de nuestro mundo;
desafiar la injusticia en el mundo y ponerse al lado de los
pobres.
De cara a un mundo en rápida evolución, los cristianos dan
testimonio común del Evangelio abriéndose al mundo, pero también
reuniendo a todos aquellos que están desunidos, para que ninguno
de los más humildes esté abandonado a su suerte. ¡Tenemos, pues,
una doble misión que cumplir!
Oración
Dios vivo, despierta en nosotros el deseo de ser un pueblo
misionero. Ayúdanos a escuchar tu llamada y concédenos el coraje
de dejarnos guiar por tu Espíritu. Que podamos congregar
mediante nuestro testimonio común a los más necesitados, para
que sean fuertes y en el mundo proclamen la buena noticia de tu
reino. Amén.
Día séptimo
Reconocer la presencia de Dios en el otro: aceptar al otro en
nombre de Jesús
El que acepta en mi nombre a un niño como éste, a mí me acepta
(Mt 18,5)
Ex
3,1-17 La zarza ardiente
Sal
34 El Señor salva a los abatidos
Act
9,1-6 Yo soy Jesús, a quien tú persigues
Mt
25,31-46 Jesús está presente en nuestro prójimo
Meditación
Cuando Dios anuncia que librará al pueblo de Israel de la
esclavitud guiándole fuera de Egipto hacia un país que mana
leche y miel, manifiesta su presencia a Moisés en medio de la
zarza que el fuego no puede consumir. De este modo, el pueblo
estaba seguro de la presencia del Dios de sus padres: “Yo soy el
que soy”. Éste no era un Dios distante, indiferente, sino una
Presencia y una Persona a quien le importaba la suerte del
pueblo que había elegido.
Más tarde, Dios tenía que confirmar la naturaleza de su ser en
la persona de su Hijo, Jesucristo, que nos recuerda que debemos
ser como niños pequeños si deseamos llegar al Reino de Dios. En
el seno de la Iglesia o en la sociedad esto no puede ser en los
que son arrogantes u orgullosos, que debemos buscar a Cristo en
la inocencia de los niños pequeños (y de los que han llegado a
ser como ellos en la inocencia y la humildad). Acogiéndolos
entre nosotros, es a Cristo a quien acogemos. Jesús nos asegura
una vez más la presencia de Dios entre nosotros. Cuando
guardamos su palabra, cuando dos o tres se reúnen en su nombre y
cuando los hombres y mujeres son perseguidos por su causa
Como cristianos obedientes al mandamiento dado por Cristo en la
última Cena (“haced esto en conmemoración mía”) podemos no estar
de acuerdo sobre la naturaleza de la presencia de Jesús en su
mesa, pero sobre todo estamos seguros de que está presente en
nuestro corazón y en nuestro espíritu.
Cuando damos de comer a los hambrientos, asistimos a los
enfermos, visitamos a los presos, vestimos a los desnudos y
abrimos nuestras puertas al extranjero, es también a Jesús a
quien se lo hacemos y es, igualmente, a quien recibimos. El
Consejo Ecuménico de las Iglesias fue fundado en 1948, en parte
para responder a la necesidad urgente que experimentaban los
cristianos de participar en la tarea de reconciliación y ayudar
a los que sus vidas estaban destrozadas por la segunda guerra
mundial. Este servicio ecuménico sigue siendo hoy día una gran
urgencia.
Paralelamente, los teólogos se esfuerzan por encontrar el camino
capaz de llevarnos a una mayor unidad en la Iglesia. Además, la
palabra “extranjero” es una palabra clave. Jesús nos dijo que
deberíamos amar a nuestro prójimo en todas sus diferencias. Esta
indicación muy clara que nos ha sido dada para reconocer al
extranjero, el otro pertenece a Cristo mismo, representa un
elemento fundamental del modo por el cual podemos animar y hacer
avanzar la causa ecuménica. Si reconocemos la presencia de
Cristo en el extranjero de otra tradición eclesial, no tenemos
ninguna necesidad de tenerle miedo o de sus intenciones. Al
contrario, podemos aprender de él y él de nosotros. De esta
manera, es posible que progresemos en el camino de la unidad.
Teniendo conciencia de la presencia constante de Jesús,
reconocemos que Él es parte de nuestra vida. Él no es un
personaje histórico que nos ha enseñado cómo debemos vivir sino
que, gracias al Espíritu Santo, está presente y obra en el mundo
de hoy.
Oración
Padre eterno, concédenos reconocer que tú estás presente entre
nosotros de diferentes maneras, para que aumente nuestro deseo
de llegar a una auténtica comunión en nuestras propias Iglesias
y en la sociedad donde vivimos, y que nuestra oración por la
unidad del cuerpo de Cristo, tu Iglesia, llegue a ser siempre
más ferviente. En el nombre de Cristo te lo pedimos. Amén.
Día octavo
Unidos en la esperanza
Cuando llegue aquél día, comprenderéis que yo estoy en mi Padre;
vosotros en mi y yo en vosotros
(Jn 14,20)
Ex
40,34-38 En cada etapa del camino, la nube del Señor estaba
sobre el tabernáculo
Sal
42 (41) Espera en Dios. Sí, yo lo alabaré
Ap
21,1-6 Dios estará con ellos
Jn
14,15-31 No os dejaré huérfanos
Meditación
Moisés condujo al pueblo de Israel por el desierto. Mientras lo
atravesaban, Dios estaba bajo la forma de una nube durante el
día, y durante la noche, y en ella había luz.
El tema del salmo es el deseo vital y la esperanza de la
comunidad de Dios realizada, que nos hará desaparecer todas las
dudas y penas.
El nuevo pueblo nacido del Evangelio es un pueblo peregrino, en
camino hacia la plenitud de la vida, en la nueva creación donde
Dios morará entre nosotros, secando todas nuestras lágrimas. La
muerte no existirá más. El dolor y las divisiones serán
superadas. No habrá más que una sola humanidad renovada y
reunida en Dios.
Hoy, nosotros recorremos juntos el mismo camino. Vivimos en la
misma esperanza y pertenecemos al mismo Dios. En nuestra
peregrinación no estamos huérfanos. Jesús no nos ha abandonado
porque hemos recibido el Espíritu: el Espíritu de esperanza y de
amor. Cristo nos ha dado la paz que nos anima y nos guía para
que vivamos en el amor. Si amamos a Cristo, seremos fieles a su
palabra.
El tema de esta semana nos recuerda la promesa de Jesús: “Donde
dos tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.
Con Jesús, Palabra eterna y viva de Dios entre nosotros,
caminamos juntos en la esperanza. Nos podemos ayudar mutuamente
para ser fieles a este compromiso. Por el poder del Espíritu,
Jesucristo nos hará conocer cada vez más profundamente la nueva
voluntad del Padre. En el seno del movimiento ecuménico,
aspiramos a ser una comunidad reconciliada y reconciliadora;
ella constituye un signo y una anticipación de la nueva creación
futura. Con la gracia de Dios, hemos realizado esta
peregrinación para vivir lo más posible desde hoy “en la tierra
como en el cielo”.
Oración
Padre eterno, reunidos en nombre de Jesús, concédenos la certeza
de que a pesar de todo la muerte no predominará, que nuestras
divisiones cesarán, que no nos dejaremos vencer por el desánimo
y que, en la esperanza, llegaremos a la plenitud de vida, de
amor y de luz que tú has prometido a los que te aman y son
fieles a tu palabra. Amén.
Oraciones suplementarias de la tradición irlandesa[1]
Oh Rey del viernes
(Antigua oración irlandesa)
Oh Señor, cuyos miembros fueron extendidos sobre la Cruz,
Tú, que sufriste contusiones, heridas, sufrimientos,
nos ponemos bajo el escudo de tu poder
que en esta noche podamos recoger los frutos del árbol de la
Pascua!
Oración de San Patricio
Yo me levanto hoy
con una fuerza poderosa.
La invocación de la Trinidad,
la fe en la Trinidad,
la confesión de la unidad del Creador del mundo.
Yo me levanto hoy
por la fuerza del nacimiento de Cristo y de su bautismo.
La fuerza de su crucifixión y de su sepultura,
la fuerza de su resurrección y de su ascensión,
la fuerza de su venida el día del juicio.
Yo me levanto hoy
por la fuerza de Dios que me guía.
El poder de Dios que me ampara,
la inteligencia de Dios que me guía,
el ojo de Dios para ver delante de mí
el oído de Dios para entenderme,
la palabra de Dios para hablar por mí,
la mano de Dios para cuidarme.
Cristo conmigo,
Cristo delante de mí,
Cristo detrás de mí,
Cristo en mí,
Cristo encima de mí,
Cristo debajo de mí,
Cristo a mi derecha,
Cristo a mi izquierda,
Cristo en lo ancho,
Cristo en lo largo,
Cristo en lo alto,
Cristo en el corazón de todo hombre que piensa en mí,
Cristo en todo ojo que me ve,
Cristo en todo oído que me escucha.
Yo me levanto hoy
con una fuerza poderosa.
La invocación de la Trinidad,
la fe en la Trinidad,
la confesión de la unidad del Creador del mundo.
Del Señor es la salvación,
de Cristo es la salvación,
que tu salvación Señor esté siempre con nosotros.
Amor divino, que superas todos los amores
Amor divino, que superas todos los amores,
alegría del cielo, ven abajo a la tierra,
fija en nosotros tu humilde morada,
corona con tus fieles bendiciones.
Jesús, Tú eres todo compasión,
amor puro eres sin medida;
ven a visitarnos con tu salvación,
entra en todo corazón tembloroso.
Infunde, infunde tu Santo Espíritu,
n todo corazón turbado;
que entremos todos en tu heredad,
que encontremos tu descanso prometido.
Quita el apego al pecado,
sé alfa y omega,
comienzo y culmen de la fe,
ven a liberar nuestros corazones.
Ven, todopoderoso a librar,
que todos acojamos tu vida;
date prisa en tu retorno, y nunca,
nunca más abandones tus templos.
Desearíamos siempre alabarte,
como tus hospederos servirte en las alturas,
orar, y alabarte sin cesar,
gozar de tu pleno amor.
Culmina, pues, tu nueva creación;
haz que seamos puros e intachables,
que veamos tu gran obra de salvación
plenamente restaurada en Ti:
transformados de gloria en gloria,
hasta que lleguemos a nuestro lugar en el cielo
hasta que seamos coronados ante Ti,
perdidos en admiración, amor y alabanza.
(Charles Wesley, 1747)
Bendición gálica del siglo XV
Que Dios esté en mi cabeza y en mi razón;
que Dios esté en mis ojos y en mi mirada;
que Dios esté en mi boca y en mis palabras;
que Dios esté en mi corazón y en mi pensamiento;
que Dios esté en mí cuando llegue mi fin y el momento de mi
partida.
Antigua bendición irlandesa
Que el camino vaya a tu encuentro,
que el viento esté siempre a tus espaldas,
que la luz del sol brille en tu rostro,
que la lluvia caiga suavemente en tus campos,
y, hasta que nos volvamos a ver, Dios te lleve en la palma de su
mano.
Amén.
Tradicional himno espiritual celta
(Canto irlandés del siglo VIII)
Eres mi visión, oh Señor de mi corazón,
tú sólo existes, el resto no es nada,
día y noche tú eres mi mejor pensamiento,
despierto o dormido tu presencia es mi luz.
Eres mi sabiduría, mi verdadera palabra,
Señor, yo contigo y tú conmigo,
tú, mi Padre supremo y yo tu verdadero hijo,
tú, morando en mí y yo en ti.
Yo no necesito de riquezas ni de vanos elogios humanos,
tú eres mi patrimonio a lo largo de mis días,
tú, y sólo tú, el primero en mi corazón,
tú eres mi tesoro, gran Rey de los cielos!
Gran Rey de los cielos, Sol brillante del cielo,
recuérdame sus gozos después de la victoria;
Cristo de mi corazón, el que va a venir,
seas siempre mi visión, oh Soberano del universo.
El ecumenismo en Irlanda*
St Patrick´s Breastplate
es una célebre oración que resonó a lo largo de muchos siglos de
la historia irlandesa. Expresa la esperanza de que Cristo esté
“en el corazón de cada hombre que piensa en mí, en cada boca que
me habla, en cada ojo que me ve, en cada oído que me escucha”. A
partir del siglo VI, gracias a los misioneros irlandeses, Jesús
volvió a estar presente en la boca, ojos, oídos y pensamiento de
innumerables personas de todo el continente europeo. Hoy día los
misioneros y los colaboradores irlandeses de todas las
confesiones continúan ofreciendo un testimonio elocuente de
espíritu cristiano de caridad para con el prójimo.
Sin embargo, el origen de los problemas que afectan a Irlanda
son más de naturaleza política, cultural, histórica y social que
religiosa, que también a lo largo de los últimos años, en el
relato de los trágicos acontecimientos de Irlanda difundidos por
los medios de comunicación del mundo entero, todo es cuestión de
una lucha entre católicos y protestantes. Es verdad que muchos
de los que perpetraron actos de violencia se definen como
“cristianos”. Igualmente es desconsolador constatar que estos
conflictos atestiguan en parte las trágicas divisiones entre
cristianos.
Afortunadamente, después de una década de años, el proceso de
paz en Irlanda del Norte ha seguido regularmente su curso,
aunque los progresos siempre son frágiles. Cada día hay nuevos
esfuerzos que hacen vivir la tolerancia y la armonía, el perdón,
la reconciliación y el respeto mutuo.
A pesar de estos terribles sufrimientos aguantados en Irlanda
del Norte, pero también puede ser por ellos, las relaciones
entre cristianos se han transformado en estos últimos años. El
número actual de encuentros y el grado de colaboración y de
interacción entre los miembros responsables de las diferentes
Iglesias hubieran sido absolutamente impensables hace cuarenta
años. Sería imposible denominar los numerosos granos de paz que
han sido sembrados a nivel individual y comunitario.
Por supuesto, el ecumenismo en Irlanda no se limita a los
acontecimientos de Irlanda del Norte. De hecho, la isla
irlandesa está dividida en dos jurisdicciones, lo que tiene
igualmente consecuencias para el diálogo ecuménico. Y aunque las
Iglesias trabajan a nivel de toda Irlanda, en los “universos”
diferentes de estas dos jurisdicciones las expectativas, las
prácticas y las experiencias ecuménicas son diversas.
En la República de Irlanda los católicos gozan de una amplia
mayoría comparativamente con los protestantes minoritarios. Por
consiguiente, protestantes y católicos pueden simplemente no
tener ocasión de encontrarse! En Irlanda del Norte la diferencia
entre el número de católicos y de protestantes no es muy
importante, pero las tensiones de las últimas décadas han hecho
nacer una atmósfera ecuménica diferente.
Numerosas iniciativas interconfesionales tienen lugar en Irlanda
y son fuente de ánimo. Las celebraciones durante la Semana de
oración por la unidad de los cristianos son actualmente muy
frecuentes. La Jornada anual internacional de oración de las
mujeres reúne cada vez más mujeres de diferentes confesiones. Se
forman grupos para estudiar la Biblia y comentar los documentos
eclesiales. Los proyectos concretos son igualmente ocasiones de
colaboración y de amistad, como por ejemplo las iniciativas
educativas orientan a una mejor comprensión, el estudio en común
de la historia local, la organización de coloquios y de
iniciativas sociales concretas. Los grupos que interpretan los
villancicos de Navidad son constituidos ocasionalmente, y otros
acontecimientos anuales son igualmente organizados
conjuntamente. Los grupos ecuménicos, los foros religiosos, los
encuentros del clero, los proyectos de educación para la paz y
las comidas de amistad son cada vez más frecuentes,
particularmente en Irlanda del Norte.
Uno de los acontecimientos más notables en Irlanda ha sido la
inauguración de la Irish School of Ecumenics (Instituto
irlandés de ecumenismo) en 1970. Entre otras iniciativas
ecuménicas irlandesas merecen ser señaladas el coloquio anual de
Glenstal que tiene lugar después de 1964, y el de Greenhills (en
los alrededores de Drogheda) después de 1966. Por otra parte, la
Comunidad de Corymeela es mundialmente reconocida como un signo
de reconciliación.
La violencia y el sectarismo han generado prejuicios bien
profundos, dejando heridas y tristes recuerdos fácilmente
capaces de bloquear el compromiso en toda búsqueda de diálogo
con los miembros de otra confesión. El sectarismo ha sido
definido como “un conjunto de actitudes, de creencias, de
comportamientos y de estructuras en las cuales la religión jugó
un papel importante y que directamente, o indirectamente, llevan
a afectar los derechos de los individuos o de los grupos, y/o
influir en el origen de situaciones de conflictos destructivos”[2].
La cuestión del sectarismo es objeto de una atención particular
en Irlanda, particularmente después de la firma del Acuerdo de
Paz del Viernes Santo de 1998. Mientras nosotros nos esforzamos
en promocionar una cultura que vaya más allá del sectarismo,
tenemos la necesidad de reconocer lo que todos los cristianos
comparten en la presencia de Cristo resucitado. Un cierto número
de proyectos existen actualmente, que intentan poner al día las
actitudes negativas ancladas en nosotros de cara al otro, y de
ayudar a las personas a superar el pasado de manera eficaz y
concreta.
Las difíciles circunstancias, como por ejemplo ciertas
manifestaciones sectarias en Irlanda del Norte, se manifiestan a
veces como útiles ocasiones para aumentar nuestros esfuerzos
ecuménicos. Tal fue el caso, entre otros, cuando el Sínodo de la
Iglesia presbiteriana redactó una declaración oficial de apoyo a
favor de una parroquia católica, víctima de un incidente
sectario destructor, y esta declaración fue leída, a petición de
los firmantes, durante las misas celebradas en la parroquia
católica.
La principal instancia ecuménica de Irlanda es el Irish
Inter-Church Meeting, que se reúne por primera vez en
Ballymascanlon en septiembre de 1973. Este Comité
interconfesional, formado por responsables y representantes de
los miembros del Consejo irlandés de Iglesias y de la
Conferencia Episcopal de la Iglesia católica, se reúne varias
veces al año. Está constituido por dos departamentos, uno
encargado de las cuestiones teológicas, y otro tratando los
temas sociales. Estos encuentros entre responsables y
representantes de las diversas Iglesias han contribuido
ampliamente a tratar juntos ciertas cuestiones importantes,
tales como el de los matrimonios mixtos.
La lista de los miembros del Consejo irlandés de Iglesias nos da
una idea de la gran variedad de Iglesias presentes en la isla:
la Cherubim and Seraphim Church de Irlanda, la Iglesia
anglicana de Irlanda, la Iglesia copta ortodoxa de Irlanda, la
Iglesia ortodoxa griega en Gran Bretaña e Irlanda, la Life
Link Network of Churches, la Iglesia luterana en Irlanda, la
Iglesia metodista en Irlanda, el Distrito irlandés de la Iglesia
morava, la Non-Subscribing Presbyterian Church[3],la
Iglesia presbiteriana en Irlanda, el Ejército de la Salvación
(División irlandesa), la Sociedad religiosa de amigos de
Irlanda, la Iglesia ortodoxa rusa en Irlanda, la Iglesia
ortodoxa rumana en Irlanda.
Todavía hay todos los años actividades ecuménicas concernientes
sobre todo a las cuatro “principales” Iglesias como son
llamadas: la Iglesia católica, la Iglesia anglicana de Irlanda,
la Iglesia presbiteriana y la Iglesia metodista. Un importante
cambio tiene lugar actualmente en el campo ecuménico, y es
debido al aumento del número de fieles de las Iglesias
ortodoxas, de ciertas Iglesias étnicas minoritarias y de otras
nuevas comunidades en Irlanda. Esta evolución no dejará de tener
considerables consecuencias en el paisaje ecuménico.
Después de 1996, cerca de 200.000 inmigrantes han llegado a la
República de Irlanda y actualmente representan el 5% de la
población, que cuenta un total de cuatro millones de habitantes.
La presencia ortodoxa ha pasado de 358 personas en 1991 a 10.437
en 2002 y sigue aumentando rápidamente. Igualmente, numerosas
Iglesias mayoritariamente de negros se han establecido y se
desarrollan rápidamente en todo el país.
Las religiones no cristianas están igualmente en un periodo de
crecimiento, lo que tiene forzosamente repercusiones sobre las
relaciones ecuménicas, puesto que los cristianos son llamados de
este modo a reflexionar sobre su testimonio común y su apertura
hacia otras comunidades de creyentes. El censo de 2002 ha
mostrado que en la República de Irlanda viven 19.100 musulmanes
contra los 3.900 censados en 1991. La comunidad budista
igualmente aumentó, pasando de 986 a 3.894 fieles durante el
mismo periodo, mientras que la comunidad hindú pasó de 953 a
3.099 miembros. Esta tendencia al aumento de otros grupos
religiosos continúa.
Sin embargo, no se puede definir el horizonte de la situación
ecuménica en Irlanda sin recordar con gratitud a innumerables
personas, comunidades y movimientos que sembraron multitud de
granos de reconciliación y de diálogo entre muchas lágrimas y
sufrimientos que han afectado a nuestro país durante los últimos
cuarenta años. Está claro que el número de proyectos
intercomunitarios que han visto el día en Irlanda del Norte son
de inspiración cristiana.
En un descubrimiento renovado de la presencia de Cristo entre
nosotros —cuando estamos reunidos en su nombre— los cristianos
de Irlanda reencuentran hoy sus profundas raíces cristianas y su
contribución particular a la evangelización del mundo de hoy.
Después de haber transcurrido un periodo sombrío marcado por
enfrentamientos de cultura y de mentalidad como por los
conflictos sobre la interpretación de la historia y las
perspectivas futuras, los cristianos de Irlanda han emprendido
una tarea de reconciliación difícil pero saludable.
Esperamos que en testimonio de esta experiencia de fe
extraordinaria que ellos vivieron en ese proceso de
reconciliación, los cristianos de Irlanda puedan comunicar como
creyentes sus numerosas vivencias positivas a un mundo que se
pregunta por la manera de vivir las situaciones multi-culturales,
multi-étnicas y multi-religiosas en las que se encuentran
confrontados.
En las palabras que figuran en la medalla pectoral de san
Patricio y que expresan la fe que nos es común, resuena
claramente la más intensa oración de los cristianos de Irlanda:
Cristo conmigo, Cristo delante de mí,
Cristo detrás de mí, Cristo en mí,
Cristo encima de mí, Cristo debajo de mí,
Cristo a mi derecha, Cristo a mi izquierda...
Cristo en el corazón de todo hombre que piensa en mí,
Cristo en todo ojo que me ve,
Cristo en todo oído que me escucha.
Yo me levanto hoy con una fuerza poderosa.
La invocación de la Trinidad,
la fe en la Trinidad,
la confesión de la unidad del Creador del mundo.
Semana de oración por la unidad de los cristianos:
Temas (1968-2005)
Elaborados desde 1968 por la Comisión "Fe y Constitución" del
Consejo Ecuménico de las Iglesias y por el Pontificio Consejo
para la Unidad de los Cristianos.
1968
"Para alabanza de su gloria" (Ef 1,14)
1969
"Llamados a la libertad" (Gal 5,13)
Reunión preparatoria en Roma, Italia)
1970
"Somos colaboradores de Dios" (1 Cor 3,9)
(Reunión preparatoria en el Monasterio de Niederaltaich,
República Federal de Alemania)
1971
"... y la comunión del Espíritu Santo" (2 Cor 13,13)
(Reunión preparatoria en Bari, Italia)
1972
"Os doy un mandamiento nuevo" (Jn 13,34)
(Reunión preparatoria en Ginebra, Suiza)
1973
"Señor, enséñanos a orar" (Lc 11,1)
(Reunión preparatoria en la Abadía de Montserrat, España)
1974
"Que todos confiesen: Jesucristo es el Señor" (Flp
2,1-13)
(Reunión preparatoria en Ginebra, Suiza. En abril de 1974 se
dirigió una carta a las Iglesias miembros, así como a otras
partes que estuvieran interesadas en crear grupos locales que
pudiesen participar en la preparación del folleto de la Semana
de Oración. El primero en comprometerse fue el grupo australiano,
que en concreto preparó en 1975 el proyecto inicial del folleto
de la Semana de Oración)
1975
"La voluntad del Padre: constituir a Cristo en cabeza de todas
las cosas" (Ef 1,3-0)
(Proyecto de texto elaborado por un grupo australiano. Reunión
preparatoria en Ginebra, Suiza)
1976
"Ahora somos hijos de Dios" (1 Jn 3,2)
(Proyecto de texto elaborado por la Conferencia de Iglesias del
Caribe. Reunión preparatoria en Roma, Italia)
1977
"La esperanza no defrauda" (Rom 5,1-5)
(Proyecto de testo elaborado en el Líbano, en plena guerra
civil. Reunión preparatoria en Ginebra, Suiza)
1978
"Ya no sois extranjeros" (Ef 2,13-22)
(Proyecto de texto elaborado por un grupo ecuménico de
Manchester, Inglaterra)
1979
"Poneos unos al servicio de los otros para gloria de Dios" (1
Pe 4,7-11)
(Proyecto de texto elaborado en Argentina. Reunión preparatoria
en Ginebra, Suiza)
1980
"Venga a nosotros tu reino" (Mt 6,10)
(Proyecto de texto elaborado por un grupo ecuménico de Berlín,
República Democrática de Alemania. Reunión preparatoria en
Milán, Italia)
1981
"Un solo Espíritu, distintos carismas, un solo cuerpo" (1 Cor
12, 3b-13)
(Proyecto de texto elaborado por los Padres de Graymoor, USA.
Reunión preparatoria en Ginebra, Suiza)
1982
"¡Qué amables son tus moradas, Señor!" (Sal 84)
(Proyecto de texto elaborado en Kenia. Reunión preparatoria en
Milán, Italia)
1983
"Jesucristo, vida del mundo" (1 Jn 1,1-4)
(Proyecto de texto elaborado por un grupo ecuménico de Irlanda.
Reunión preparatoria en Celigny-Bossey, Suiza)
1984
"Llamados a la unidad por la cruz de nuestro Señor" (1 Cor
2,2 y Col 1,20)
(Reunión preparatoria en Venecia, Italia)
1985
"De la muerte a la vida con Cristo" (Ef 2,4-7)
(Proyecto de texto elaborado en Jamaica. Reunión preparatoria en
Grandchamp, Suiza)
1986
"Seréis mis testigos" (Hch 1,6-8)
(Textos propuestos en Yugoslavia (Eslovenia). Reunión
preparatoria en Yugoslavia)
1987
"Unidos en Cristo, una nueva creación" (2 Cor 5,17-6,4a)
(Proyecto de texto elaborado en Inglaterra. Reunión preparatoria
en Taizé, Francia)
1988
"El amor de Dios elimina el temor" (1 Jn 4,18)
(Proyecto de texto elaborado en Italia. Reunión preparatoria en
Pinerolo, Italia)
1989
"Edificar la comunidad: un solo cuerpo en Cristo" (Rom
12,5-6a)
(Proyecto de texto elaborado en Canadá. Reunión preparatoria en
Whaley, Bridge, Inglaterra)
1990
"Que todos sean uno, para que el mundo crea" (Jn 17)
(Proyecto de texto elaborado en España. Reunión preparatoria en
Madrid, España)
1991
"Alabad al Señor todas las naciones" (Sal 117; Rom
15,5-13)
(Proyecto de texto elaborado en Alemania. Reunión preparatoria
en Rotenburg an der Fulda, República Federal de Alemania)
1992
"Yo estoy con vosotros... por tanto, id" (Mt 28,16-20)
(Proyecto de texto elaborado en Bélgica. Reunión preparatoria en
Brujas, Bélgica)
1993
"Llevad los frutos del Espíritu para la unidad de los cristianos
(Gal 2,22-23)
(Proyecto de texto elaborado en Zaire. Reunión preparatoria
cerca de Zurich, Suiza)
1994
"La casa de Dios: llamados a tener un solo corazón y una sola
alma" (Hch 4,32)
(Proyecto de texto elaborado en Irlanda. Reunión preparatoria en
Dublín, Irlanda)
1995
"Koinonía: comunión en Dios y entre nosotros" (Jn
15,1-17)
(Reunión preparatoria en Bristol, Inglaterra)
1996
"Mira que estoy a la puerta y llamo" (Ap 3,14-22)
(Proyecto de texto elaborado en Portugal. Reunión preparatoria
en Lisboa, Portugal)
1997
"En nombre de Cristo... dejaos reconciliar con Dios" (2 Cor
5,20)
(Proyecto de texto elaborado en Escandinavia. Reunión
preparatoria en Estocolmo, Suecia)
1998
"El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad" (Rom
8,14-27)
(Proyecto de texto elaborado en Francia. Reunión preparatoria en
París, Francia)
1999
"Él habitará con ellos. Ellos serán su pueblo y el mismo Dios
estará con ellos" (Ap 21,1-7)
(Proyecto de texto elaborado en Malasia. Reunión preparatoria en
el Monasterio de Bose, Italia)
2000
"Bendito sea Dios que nos ha bendecido en Cristo" (Ef
1,3-14)
(Proyecto de texto elaborado por el Consejo de Iglesias del
Medio Oriente. Reunión preparatoria en el Monasterio de La
Verna, Italia)
2001
"Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Jn 14,1-6)
(Proyecto de texto elaborado en Rumania. Reunión preparatoria en
la "Casa de Odihna", Rumania)
2002
"En ti está la fuente de la vida" (Sal 36 [35], 10)
(Proyecto de texto elaborado por el Consejo de Conferencias
Episcopales de Europa (CCEE) y la Conferencia de Iglesias de
Europa (CEC). Reunión preparatoria en el Centro ecuménico de
Ottmaring (Augsburgo, República Federal de Alemania)
2003
"Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro" (2 Cor 4,
3-18)
(Proyecto de texto elaborado en Argentina. Reunión preparatoria
en el Centro ecuménico "Los Rubios" cerca de Málaga (España)
2004
“Mi paz os doy” (Jn 14,27)
(Proyecto de texto elaborado en Alepo, Siria. Reunión
preparatoria en Palermo, Sicilia, Italia).
2005
“Cristo, fundamento único de la Iglesia” (1 Cor 3, 1-23)
Proyecto de texto elaborado en Eslovaquia. Reunión preparatoria
en Piestany, Eslovaquia.
2006
“Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio
de ellos” (Mt 18,20)
Proyecto de texto elaborado en Irlanda. Reunión preparatoria en
Prosperous, County Kildare (Irlanda)
Algunas fechas importantes en la historia
de la Semana de oración por la unidad de los cristianos
1740 Escocia (aproximadamente)
Nacimiento en Escocia del movimiento pentecostal con
vinculaciones en América del Norte, cuyo mensaje por la
renovación de la fe llamaba a la oración por todas las Iglesias
y con ellas.
1820 James Haldane Stewart
El Rvdo.
James Haldane Stewart publica "Consejos para la unión general de
los cristianos con vistas a una efusión del Espíritu" (Hins
for the outpouring of the Spirit).
1840 Ignatius Spencer
El Rvdo. Ignatius Spencer, un convertido al catolicismo, sugiere
una "Unión de oración por la unidad".
1867 Lambeth
La primera asamblea de obispos anglicanos en Lambeth insiste en
la oración por la unidad, en la introducción a sus resoluciones.
1894 León XIII
El Papa León XIII anima a la práctica del Octavario de oración
por la unidad en el contexto de Pentecostés.
1908 Paul Wattson
Celebración del "Octavario por la unidad de la Iglesia" bajo la
iniciativa del Rvdo. Paul Wattson.
1926 Fe y Constitución
El Movimiento "Fe y Constitución" inicia la publicación de
"Sugerencias para un Octavario de oración por la unidad de los
cristianos".
1935 Paul Couturier
En Francia, el abad Paul Couturier se convierte en el abogado de
la "Semana universal para un Octavario de oración por la unidad
de los cristianos sobre la base de una oración concebida por la
unidad que Cristo quiere, por los medios que El quiera".
1958 "Unidad cristiana"
El Centro "Unidad cristiana" de Lyon (Francia) comienza a
preparar el tema para la semana de oración en colaboración con
la Comisión "Fe y Constitución" del Consejo Ecuménico de las
Iglesias.
Pablo VI y Atenágoras I
En Jerusalén el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras I
recitan juntos la oración de Cristo "que todos sean uno" (Jn
17).
1964 El Concilio Vaticano II
El Decreto sobre el ecumenismo del Concilio Vaticano II subraya
que la oración es el alma del movimiento ecuménico, y anima a la
práctica de la semana de oración.
“Fe y Constitución" y el Secretariado para la Unidad
La Comisión "Fe y Constitución" y el Secretariado para la Unidad
de los Cristianos (actualmente Pontificio Consejo para la
Promoción de la Unidad de los Cristianos) de la Iglesia católica
deciden preparar un texto para la Semana de oración de cada año.
1966 Elaboración conjunta de los textos
Por primera vez, la “Oración por la unidad” se celebra con los
textos elaborados en colaboración entre “Fe y Constitución” y el
Secretariado para la unidad de los cristianos.
1994 Texto preparado en colaboración con YMCA y YWCA.
2004 Presentación conjunta de los textos
“Fe
y Constitución” (Consejo Ecuménico de las Iglesias) y el Consejo
Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos (Iglesia
Católica) deciden que en lo sucesivo los textos en francés y en
inglés de la Semana de oración por la unidad de los cristianos
sean publicados conjuntamente y presentados en un mismo formato.
-----------------------------
[1]
Esta selección de oraciones ha sido realizada y presentada por
el grupo local.
[2]
Departamento para los asuntos sociales del Consejo Irlandés de
Iglesias, Sectarianism A: Discussion Document (Belfast,
1993), p. 8.
[3]
La Iglesia presbiteriana no se ha adherido a la confesión de fe
de Westminster (nota de la redacción).