Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, julio de
2007
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El diálogo teológico entre católicos y ortodoxos
Artículo
escrito por monseñor Eleuterio F. Fortino, subsecretario del
Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los
Cristianos, con motivo de la Semana de Oración por la Unidad de
los Cristianos 2007 con el título «El diálogo teológico entre
católicos y ortodoxos».
"Estamos decididos a apoyar incesantemente, como en el pasado,
el trabajo encomendado a esta Comisión (para el diálogo
teológico) y acompañamos a sus miembros con nuestras oraciones".
Esto lo afirmaron el Papa Benedicto XVI y el Patriarca de
Constantinopla Bartolomé I en la Declaración común firmada al
final de la visita del Santo Padre al Patriarcado ecuménico (30
de noviembre de 2006: «L'Osservatore Romano», edición en lengua
española, 8 de diciembre de 2006, p. 6).
Inmediatamente antes habían expresado "profunda alegría por la
reanudación del diálogo teológico, después de una interrupción
de varios años" y por el hecho de que la Comisión mixta
internacional para el diálogo teológico entre católicos y
ortodoxos, en la IX sesión plenaria (Belgrado 13-18 de octubre
de 2006) "ha podido trabajar nuevamente con espíritu de amistad
y de cooperación".
Así, el diálogo católico-ortodoxo, a nivel internacional, ha
vuelto a reanudarse y, como se afirma en la citada Declaración
en El Fanar, "ha emprendido una fase de estudio sobre las
consecuencias eclesiológicas y canónicas de la naturaleza
sacramental de la Iglesia. Eso permitirá afrontar algunas de las
principales cuestiones todavía controvertidas" (ib.).
Sesión plenaria en Belgrado
El encuentro de la Comisión mixta para el diálogo teológico fue
el acontecimiento principal de las relaciones entre católicos y
ortodoxos del año pasado, tanto porque el diálogo, interrumpido
después de la sesión de Baltimore (año 2000), se ha reanudado,
como por el espíritu positivo con que se han mantenido las
conversaciones teológicas, a pesar de las dificultades antiguas
y nuevas, y por la temática que se comenzó a abordar.
En Belgrado estuvieron presentes todas las Iglesias ortodoxas,
excepto el Patriarcado de Bulgaria, por imposibilidad práctica
surgida en el último momento. La plena participación de los
miembros constituyó el primer elemento positivo de la apertura
de la nueva fase.
Esta reanudación se preparó durante largo tiempo, tanto por la
parte católica como por la ortodoxa.
Del 11 al 13 de septiembre de 2005, en El Fanar (Estambul), tuvo
lugar un encuentro de los representantes ortodoxos en la
Comisión mixta, por invitación del Patriarca Bartolomé I. El
comunicado divulgado al final del encuentro informaba: "Todos
los representantes de las Iglesias ortodoxas han concordado en
que la necesidad de proseguir el diálogo teológico surge del
deber de todos de cumplir el mandato del Señor de promover la
unidad".
A continuación, el Comité mixto de la Comisión internacional,
recogiendo el nuevo espíritu que se estaba creando, fue
convocado a Roma (13-15 de diciembre de 2005) para organizar la
sesión plenaria, sobre todo con el fin de concordar la temática
y el planteamiento del estudio que convenía realizar. El Comité
estableció que la nueva fase debía llevarse a cabo "en
continuidad con los documentos ya concordados por la Comisión".
Además, recordó que "el contexto general de su trabajo es la
teología de la «koinonía», o comunión, y que ese contexto
necesita ser reforzado con un estudio ulterior para que se pueda
profundizar en el debate".
La Comisión está compuesta por treinta miembros de cada parte y
comprende cardenales, metropolitas, obispos, teólogos clérigos y
laicos, hombres y mujeres. Está presidida por dos
co-presidentes: el cardenal Walter Kasper y el metropolita de
Pérgamo S.E. Ioannis Zizioulas, y tiene dos co-secretarios.
Como documento de base para el debate retomó un proyecto
preparado en Moscú, en el año 1990, por el Comité mixto de
coordinación. Ese texto se debía haber debatido ese mismo año en
la sesión plenaria de Freising (Alemania). El comunicado recordó
que el texto "no se debatió entonces, ni después, porque algunos
acontecimientos que sucedieron en Europa del este obligaron a la
Comisión a afrontar la cuestión del así llamado "uniatismo" en
relación con el diálogo ecuménico".
Seguidamente, sobre esa problemática se concordó un documento
común titulado "El uniatismo, método de unidad del pasado y la
actual búsqueda de la unidad" (Balamand 1993). La continuación
de este tema sobre el aspecto específico de las "consecuencias
teológicas y canónicas" no llevó a ningún resultado en la sesión
de Baltimore (2000). Eso implicaba una situación de
estancamiento, que por fin se resolvió de modo positivo en
Belgrado.
El comunicado informaba que "en este encuentro el documento
preparado en Moscú ha sido examinado atentamente con un mismo
espíritu de genuino compromiso en la búsqueda de la unidad". Ese
examen requirió una atención particular, entre otras razones, a
causa de la distancia de tiempo y de los acontecimientos que se
produjeron, impidiendo su redacción.
El texto estudiado en Belgrado constituye una premisa a la
cuestión más importante del contencioso entre católicos y
ortodoxos: el papel del Obispo de Roma en la Iglesia de Dios y
en la comunión entre las Iglesias locales. El tema estudiado se
formuló así: "Consecuencias eclesiológicas y canónicas de la
naturaleza sacramental de la Iglesia: conciliaridad y autoridad
en la Iglesia". Los dos aspectos —conciliaridad y autoridad— se
consideran entrelazados en tres niveles: local (diócesis),
regional (metrópolis, patriarcado) e Iglesia universal.
En la comunión de la Iglesia local —diócesis— todos los
miembros, en la unidad de la fe y de los sacramentos, están al
servicio unos de otros. Esta comunión exige, según el Evangelio
y la Tradición, el vínculo espiritual y canónico con el obispo,
que es el «protos» (primero) y «kephale» (cabeza) de la Iglesia
local. El obispo es el garante de la unidad en la Iglesia local
y vínculo con las demás Iglesias locales. La comunión entre las
Iglesias se indica en la ordenación misma de los obispos, que,
según las disposiciones canónicas, normalmente es conferida por
tres obispos, o al menos por dos.
La Iglesia local no es una isla. Está abierta a todas las demás
Iglesias locales y en comunión con ellas, ante todo con las
cercanas por territorio, cultura, tradiciones y organización
común. Está en la Iglesia universal. Más aún, en la Iglesia
local está interiormente presente y operante la Iglesia una,
santa, católica y apostólica.
En un nivel más amplio, la tradición conoce agrupaciones de
Iglesias locales como metropolías y patriarcados con sus
sínodos; y, en Occidente, con estructuras diversas y
particulares, los concilios plenarios regionales y las
Conferencias episcopales regionales y nacionales. No sólo
existen estas realidades diferentes entre católicos y ortodoxos,
sino también dentro de la misma Iglesia católica, como se puede
apreciar en sus dos Códigos: El Código de derecho canónico y el
Código de cánones de las Iglesias orientales.
En Belgrado la Comisión sólo logró realizar un estudio sobre
estos primeros dos niveles. En una próxima sesión se comenzará a
estudiar el tema de la Iglesia universal y sus estructuras de
comunión. Así se planteará también la cuestión del «protos» en
la Iglesia. La cuestión del primado petrino sigue abierta entre
católicos y ortodoxos. En la actual fase del diálogo se deberá
profundizar esta cuestión buscando un acuerdo sobre la base de
las sagradas Escrituras y de la Tradición, también a la luz de
los desarrollos registrados a lo largo de los siglos.
En concomitancia, durante la sesión de Belgrado surgió una
dificultad entre los ortodoxos, suscitada por la delegación
rusa, relativa al modo de entender la «taxis», el orden
tradicional entre las Iglesias ortodoxas, según el cual la sede
de Constantinopla goza de un primado de honor. Esa cuestión
afecta sólo a la Iglesia ortodoxa y, aunque los católicos no
puedan intervenir en ella, causa dificultad en el diálogo mismo.
A esta situación aludió el arzobispo de Atenas y de toda Grecia
en una entrevista concedida al concluir su visita a Roma,
refiriéndose a la Comisión mixta de diálogo entre la Iglesia
católica y la Iglesia ortodoxa en su conjunto: "La Comisión
(...) actúa con seriedad, paciencia y coherencia en su difícil
trabajo. Este trabajo se realiza bajo la coordinación de la
santa Iglesia primada del Patriarcado ecuménico de
Constantinopla, que nosotros —como Iglesia de Grecia— sostenemos
con gran sentido de responsabilidad ante la historia" («30
Giorni», noviembre de 2006, pp. 38-39).
La Comisión decidió tener un nuevo encuentro dentro de este año
2007. Será la Iglesia católica la que acogerá este encuentro
según el método de la alternancia. Se han analizado todas las
posibilidades concretas y se ha elegido como sede la histórica
ciudad de Rávena, rica en tradiciones eclesiales y en
espléndidos monumentos bizantinos. La sesión tendrá lugar del 8
al 15 de octubre.
Relaciones eclesiales
También en el ámbito de las relaciones entre la Iglesia católica
y las Iglesias ortodoxas se han producido durante el año
importantes acontecimientos en varios niveles. Algunos hechos
pasan casi desapercibidos, pero son decisivos para el incremento
de la comunión afectiva, como la carta pascual que el Santo
Padre envía desde hace años, de forma regular, a los jefes de
las Iglesias ortodoxas; el envío de los documentos principales
de la Iglesia católica; y encuentros del Santo Padre con
delegaciones ortodoxas.
Asimismo, hay otros acontecimientos aún menos notorios, pero que
son importantes. Por ejemplo: el Comité católico para la
colaboración cultural del Consejo pontificio para la promoción
de la unidad de los cristianos garantiza cada año más de
cincuenta becas a jóvenes ortodoxos para realizar estudios
post-universitarios en facultades teológicas católicas. La
Iglesia de Grecia ofrece treinta becas de verano a estudiantes
católicos de teología para aprender la lengua griega y para un
contacto directo con las estructuras culturales y pastorales de
la Iglesia ortodoxa. También se realizan encuentros eclesiales,
teológicos, culturales y pastorales que afianzan la comunión
entre las Iglesias.
El Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los
cristianos durante el último año ha tenido muchos contactos con
las diversas Iglesias ortodoxas. Se ha mantenido regularmente el
intercambio de visitas entre Roma y Constantinopla con ocasión
de la fiesta de San Pedro y San Pablo en Roma (29 de junio) y de
San Andrés en el Patriarcado ecuménico (30 de noviembre); una
delegación ortodoxa búlgara vino a Roma para recibir una
reliquia de san Jorge; también vino a Roma una delegación del
Patriarcado de Georgia.
El cardenal Walter Kasper, presidente del Consejo pontificio
para la promoción de la unidad de los cristianos, realizó una
visita a Georgia (en febrero) y encabezó la delegación católica
que participó en la cumbre de jefes religiosos convocada por el
Patriarca Alexis II en Moscú (en julio). El Consejo pontificio
para la cultura organizó en Viena un encuentro con el
Patriarcado de Moscú. Y no hay que olvidar las crecientes
relaciones entre Iglesias locales católicas e Iglesias
ortodoxas.
El conjunto de estas relaciones y otras formas de contactos
contribuyen a consolidar el clima de fraternidad y caridad que
afianzan y fortalecen el diálogo teológico.
Naturalmente, impresionan más los grandes acontecimientos, que
tienen de por sí un valor objetivo, como la visita del Santo
Padre al Patriarca ecuménico, Su Santidad Bartolomé I (29-30 de
noviembre), la visita al Santo Padre y a la Iglesia de Roma de
S.B. Cristódulos, arzobispo de Atenas y de toda Grecia (13-16 de
diciembre).
Se puede decir que ha sido un año de acontecimientos
significativos para las relaciones entre católicos y ortodoxos.
Las dos visitas se concluyeron, respectivamente, con una
Declaración común. Ambas constatan el camino recorrido y
renuevan el compromiso de intensificar las relaciones en el
futuro. Metodológicamente, la práctica de las declaraciones
comunes es el camino real hacia la unidad: es preciso
encontrarse, debatir, confrontar, concordar, profesar juntos.
La Declaración firmada por el Papa y el Patriarca Bartolomé I
está abierta al futuro. Se trazan varias líneas de compromiso
para promover la comunión plena, como la promoción de la paz, la
defensa de los derechos de la persona humana creada a imagen de
Dios, la salvaguardia de la creación, el testimonio cristiano
común en la Unión europea en formación "valorada positivamente",
pero que compromete a católicos y ortodoxos "a unir nuestros
esfuerzos para preservar las raíces, las tradiciones y los
valores cristianos, con el fin de garantizar el respeto de la
historia".
En particular, los dos signatarios recuerdan el acto eclesial de
1965 que, con dos celebraciones paralelas en Roma y en El Fanar,
"relegó al olvido los antiguos anatemas, que durante siglos han
influido negativamente en las relaciones entre nuestras
Iglesias". Ese acto contiene también positivamente un compromiso
de comunión: pasar de la psicología de la división a la de la
comunión. El Papa y el Patriarca constatan que "no hemos sacado
aún de este acto todas las consecuencias positivas que se pueden
derivar para nuestro camino hacia la unidad plena".
Por tanto, se estimula el diálogo y la Comisión mixta, la cual
"está llamada a dar una importante aportación".
Fue significativa también la primera visita oficial que el
arzobispo de Atenas y de toda Grecia, S.B. Cristódulos realizó
al Santo Padre y a la Iglesia de Roma, cumpliendo así un deseo
que había expresado muchas veces, para devolver la visita que el
Papa Juan Pablo II había hecho a Atenas en su peregrinación tras
las huellas de san Pablo (año 2001).
La visita se desarrolló en un clima afectuoso y cordial. El
Arzobispo se encontró con el Papa en una audiencia privada y
visitó los santos lugares de Roma: basílicas, iglesias
históricas y catacumbas. En nombre del Santo Padre se le entregó
una parte de las cadenas que llevó san Pablo en la cárcel y que
se conservan en la basílica de San Pablo extramuros. En la
ceremonia se cantó una «Deesis» con plegarias y troparios
compuestos para esa ocasión por el Arzobispo mismo.
La Pontificia Universidad Lateranense le confirió un doctorado «honoris
causa» en ciencias jurídicas. El arzobispo Cristódulos mantuvo
conversaciones con el Consejo pontificio para la promoción de la
unidad de los cristianos. La visita es signo del cambio positivo
que el Arzobispo ha logrado imprimir a las relaciones entre la
Iglesia ortodoxa de Grecia y la Iglesia católica.
La visita se concluyó con una Declaración común con el Papa
Benedicto XVI, en la que se renueva el compromiso de proseguir
el diálogo y la colaboración cultural y pastoral.
En particular, los dos signatarios declararon: "Afirmamos
unánimemente la necesidad de perseverar en el camino de un
diálogo teológico constructivo. En efecto, a pesar de las
dificultades que se han constatado, este es uno de los caminos
fundamentales de que disponemos para restablecer la unidad tan
anhelada del cuerpo eclesial en torno al altar del Señor, así
como para reforzar la credibilidad del mensaje cristiano en una
época de cambios en las sociedades en que vivimos, pero también
de grandes búsquedas espirituales por parte de un gran número de
nuestros contemporáneos, que también están preocupados ante la
creciente globalización, que a veces amenaza al hombre incluso
en su existencia y en su relación con Dios y con el mundo" (n.
4: «L'Osservatore Romano», edición en lengua española, 22 de
diciembre de 2006, p. 7).
Observación conclusiva
El diálogo teológico es el instrumento indispensable para
debatir las cuestiones controvertidas entre las Iglesias a fin
de encontrar un acuerdo de fe. Sin embargo, el diálogo no se
realiza «in vitro». Está naturalmente insertado y sostenido —o
dificultado— por el conjunto de las relaciones entre las
Iglesias. Estas están experimentando recientemente, de forma
positiva, momentos más intensos de contacto y de compromiso,
superando las tensiones y las incertidumbres de la década de
1990 y del inicio del siglo XXI.
Por otra parte, la fase actual de diálogo, como ha destacado el
Comité mixto de coordinación, se inserta en el contexto de los
resultados alcanzados y expresados en los primeros cuatro
documentos comunes publicados por la Comisión mixta del diálogo
católico-ortodoxo y enmarcados en la perspectiva de la teología
de la «koinonía», es decir, de la comunión eclesial en la unidad
de fe, de vida sacramental y de ministerio.
Mons. Eleuterio F. FORTINO
Subsecretario del Consejo pontificio para la promoción de la
unidad de los cristianos
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