Periódico ecuménico cubano - Miami, Florida, diciembre de 2005

Características del ecumenismo en Cuba

Equipo de Cuba de la Unión Lationamericana de Juventudes Ecuménicas en su V Congreso celebrado en La Habana en octubre de 1985.

Jacobo J. Guiribitey

El ecumenismo cubano nació junto a las primeras prédicas evangélicas en Cuba. Colportores [personas que distribuían biblias] y misioneros cubanos se mezclaban entre las diferentes denominaciones, y en su mayoría se iniciaron en la doctrina protestante en las iglesias episcopales, bautistas, metodistas, presbiterianos, etc. Todo esto acontecía en las dos últimas décadas del siglo XIX y al amparo de la tolerancia religiosa que había decretado la monarquía española a sus colonias en América. La proclamación del Evangelio y el conocimiento de la Biblia fue la razón que animó a estos hombres y mujeres.

En los inicios del siglo XX, junto a la entrada de los norteamericanos en Cuba, las medidas “liberales” (formación de una sociedad liberaI o civil) también entraron y condicionaron jurídica y socialmente el terreno para el trabajo de las Juntas de Misiones de las Iglesias de los Estados Unidos y la invasión de predicadores norteamericanos desplazaron a los primeros predicadores cubanos, dada la escasa preparación que ellos tenían en materia religiosa.

La implantación de una nueva Constitución de la República de Cuba en 1940, determinó un nuevo comienzo con la vida del pueblo cubano y en las iglesias protestantes. Las primeras generaciones de misioneros habían desaparecido hacía ya algún tiempo, y las nuevas generaciones de cubanos estaban asumiendo algún liderazgo y algunas responsabilidades en las iglesias cubanas. Los protestantes cubanos habían comprendido que los católicos no serían tan fácilmente desplazados y el triunfalismo protestante se transformó en un lento, arduo y profundo trabajo para alcanzar algún reconocimiento en la sociedad civil. La institucionalización ecuménica del protestantismo fue un frente único ante la opinión pública y mancomunaron el esfuerzo interdenominacional para su presencia en la sociedad.

El 28 de mayo de 1941, en la Primera Iglesia Presbiteriana de La Habana se constituye el Concilio de Iglesias Evangélicas de Cuba (CIEC). La mayoría de las principales iglesias protestantes se convertían en miembros del mismo, con excepción de la Convención Bautista de Occidente de Cuba. Se crearon las estructuras básicas del ecumenismo latinoamericano de su época, que fueron las comisiones de Fe y Orden, Iglesia y Sociedad, Misión y Testimonio.

El ecumenismo cubano estuvo marcado, en la República, por las mismas características del protestantismo histórico. Ellas fueron: a) la fuerte rivalidad que provocaban las “Misiones de Fe” norteamericanas, que representaban los sectores más conservadores y el comienzo del pentecostalismo; b) las lucha anticlerical contra la Iglesia Católica a los cuales denominaban falsos cristianos, y c) los esfuerzos de asistencia a los sectores pobres, tales como la educación y la salud pública.

El ecumenismo fue institucional y no con arraigo popular; se lograron algunas otras instituciones que han ofrecido buenos frutos a la Iglesia cubana, como el Seminario Evangélico de Teología fundado en 1947. Se lograron algunos líderes ecuménicos presentes en los eventos latinoamericanos más importante y la presencia cubana representó una fuerte influencia en el desarrollo del ecumenismo latinoamericano.

A partir de 1960, el ecumenismo cubano no aceptó la orientación marxista de Cuba socialista, que empezó a emerger después de la toma del poder en 1959. Los años de la década del 60 se caracterizaron por el enfrentamiento abierto de las jerarquías ec1esiásticas y en especial el clero católico con el poder instaurado. Hubo crisis en las instituciones ecuménicas y el ecumenismo más connotado es el que nació en los momentos en que se efectuaba Vaticano II: católicos y protestantes compartieron juntos esta nueva etapa de la Iglesia cubana.

El verdadero ecumenismo de estos años fue el que se efectuó entre iglesias locales. Los tiempos difíciles para las iglesias propiciaron un nuevo despertar ecuménico, nacido de las relaciones de amistad y respeto mutuo entre católicos y protestantes. El protestantismo cubano permaneció en un estado de dependencia de las iglesias madres hasta que se produjo la ruptura económica y de relaciones diplomáticas de Cuba y Estados Unidos.

Las necesidades económicas y eclesiásticas presionaron a la mayoría de las iglesias protestantes y se convirtieron en iglesias nacionales, creando su propio cuerpo eclesiástico y buscando su sustento propio. A partir de este momento los trabajos teológicos de Mauricio López, Juan A. Mackay, Karl Barth, Brunner, Hromadka, Lehman, Berdoyorff, Dietrich Bonhonffer, etc. sirvieron a los protestantes cubanos para el comienzo y desarrollo de una reflexión contextual sobre principios cristianos. El espíritu liberal del protestantismo cubano que provenía de la lucha contra el excesivo centralismo del catolicismo, se hacía flexible y abierto a las nuevas tendencias que provenían de diferentes lugares.

Durante la década del 70 y el 80 aparecen una serie de movimientos ecuménicos nutridos de los miembros de las iglesias, pero sin sujeción jerárquica a ellas. Esto permitía mayor libertad de acción y expresión con una reflexión contextual, sin vincular las estructuras de la iglesia institucional. Después de los años duros de la década del 60, cuando la Iglesia se quedó sin agencias sociales como escuelas, dispensarios, centros de salud, etc., siguieron 20 años de adaptación a la nueva sociedad. La Iglesia tuvo que predicar exclusivamente dentro de sus propios templos y que evangelizar en forma personal. La Constitución de la República fue proclamada el 24 de febrero de 1976 y como una de las consecuencias de las directrices de trabajo emanadas del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, la Revolución incorporaba a la Carta Magna el ateísmo como ideología oficial. Se reafirmaba el conflicto de tipo clasista existente en el país. En 1977 el Concilio de Iglesias Evangélica de Cuba cambia su nombre por Consejo Ecuménico de Cuba.

En la década del 80 se vislumbra un mejoramiento de las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Las condiciones históricas eran diferentes en esta época y la realidad nacional e internacional mostraban cambios ocurridos en Cuba y en América Latina; se agudizaba la crisis económica y algunos de los sectores más pobres tenían un espacio en las Comunidades de Bases de las iglesias (Brasil es la más representativa). En América Latina se produjeron teologías contextuales que no influyeron en el panorama de la Iglesia cubana. En esta década se incrementan los estudios sistemáticos sobre religión y se efectúan eventos nacionales de reflexión de algunas denominaciones y grupos ecuménicos, así como internacionales bajo los auspicios de instituciones culturales. Personalidades de la Conferencia de Obispos de Estados Unidos, de la Conferencia Episcopal de Francia, del Consejo Latinoamericano de Iglesias con sede en Ecuador, la visita del pastor aspirante a la presidencia de los EVA, Rev. Jesse Jackson, directivo del sandinismo pero con filiación cristiana, propician una comprensión entre el Estado y los sectores ecuménicos.

A partir de 1990 se comienza una nueva etapa en el ecumenismo cubano. El 12 de abril de 1990, Fidel Castro se reúne con líderes y dirigentes religiosos evangélicos y admitió la discriminación que hacia ellos se ejercía en el país. En 1991 el Partido Comunista de Cuba declara la posibilidad de admitir creyentes en sus filas.

En América Latina y el Caribe, incluyendo Cuba, un nuevo fenómeno social aparece, marcado por tres factores: el cambiante rostro religioso, el avivamiento político de los evangélicos y el retroceso del ecumenismo institucional. Ya no éramos un continente católico, y fueron notables los crecimientos de los sectores no católicos, la pluralidad del mundo religioso, que no se limita a católicos y protestantes, sino también existen influencias de religiones orientales (en Cuba, los Baha’i) y las prácticas sincréticas proliferan, como la santería y el budú.

En Cuba está presente además las casas cultos, en su mayoría del sector evangélico, el ecumenismo institucional que nuclea en el Consejo de Iglesias de Cuba. La participación de la Iglesia Católica en la crítica al programa de gobierno y la amplia presencia de todos los diferentes sectores sociales de las religiones populares dan un nuevo rostro al contexto religioso cubano y un avivamiento “religioso político”.

Del 21 al 25 de enero del 1998 el Papa Juan Pablo II llevó a cabo la tan esperada visita pastoral a Cuba. Fueron jornadas de fe, esperanza y amor como apuntara el papa. Por primera vez en su historia un papa visitaba a Cuba. Se producía este hecho a los 20 años del pontificado de Juan Pablo II en el único país socialista del continente americano.

La visita del papa fue importante e histórica, pero no condujo a cambios definitivos en la política gobierno a no ser las relacionadas con aperturas religiosas en general. Mucha gente que temía perder trabajos, no poder estudiar en la universidad y ser marginado si hacía pública su creencia religiosa, dejó de tener miedo y manifestó su fe. A partir de ahí comienza la explosion en las iglesias.

La visita del papa significó “unidad nacional”, porque viejas reminiscencias discriminatorias hacia los cristianos quedaron sin razón. La ética religiosa en la sociedad aporta formas de convivencia y la práctica ecuménica para sacerdotes, pastores y pueblo, alcanzan entonces un ambiente de mayor cordialidad que antes.

En 1999 otro evento religioso marca la sociedad cubana al producirse durante los meses de mayo y junio las concentraciones evangélicas en 19 ciudades de Cuba, culminando en la ciudad de La Hababa el 20 de junio, con más de 150,000 personas en la Plaza José Martí.

Un avivamiento espiritual ha estado presente en toda la Isla. La fe religiosa adquiere una connotación rutilante en la vida de la sociedad cubana. En las concentraciones protestantes participaron oficialmente todas las denominaciones protestantes con excepción de la Convención Baustista de Cuba Occidental, aunque dejó la libertad a sus miembros y simpatizadores para que aquellos que quisieran participar, pudieran hacerlo. Se estimó en unos 300,000 los participantes de todas las concentraciones. Anteriormente en Semana Santa se habían efectuado algunos conciertos alegóricos a la fecha y habían tenido la característica de ser públicos e interdenominacionales.

El ecumenismo cubano se desenvuelve en este momento dentro de un espacio político polarizado en dos extremos, de un lado la Iglesia Católica con una posición crítica a la Revolución y demandando el acceso a los medios de comunicación, a la educación y a las agencias sociales, y por otro lado el Consejo de Iglesias de Cuba que busca posiciones reconciliadoras dentro de los diferentes sectores de la población, en especial dentro del ámbito religioso protestante, pero expresando su respaldo a la política social del gobierno.

Queda mucho por hacer en la Iglesia cubana. Se abre un amplio diálogo entre la Iglesia y el pueblo cubano y es momento propicio para la cooperación y la comprensión mutua, no sólo sin el sector estatal, sino con todas las esferas de la sociedad cubana y como dice el bíblico poeta Elías: “largo camino resta”.

Pastor presbiteriano, Iglesia Nueva Vida (EVA). En Cuba fue Director de la revista Heraldo Cristiano, órgano oficial de la Iglesia Presbiteriana cubana. Fue también director del Departamento de Comunicaciones del Consejo de Iglesias de Cuba.