El Señor te bendiga
y te guarde;
te muestre su rostro
y tenga misericordia
de ti.
Vuelva a ti su mirada
y te conceda la paz.
El Señor te bendiga.

 

¿Qué celebramos?

Dora Amador

La Navidad es la fiesta más celebrada del mundo. Dura 12 días, del 25 de diciembre al 6 de enero y abarca tres grandes fiestas: natividad de Jesús, año nuevo y epifanía. Pero por motivos comerciales la ``época navideña'' se ha adelantado considerablemente para que los consumidores, objeto de un constante bombardeo publicitario, tengan tiempo suficiente para comprar lo más posible. Para gran parte de la sociedad estadounidense, los malls son como templos que se visitan para rendir culto por medio de las compras. No que comprar sea malo, una de las tradiciones más antiguas de esta entrañable época es regalar y recibir regalos, símbolos de cariño. Pero el verdadero sentido de la Navidad, que es el nacimiento de Jesús, se prefiere ignorar para adorar otros dioses del nuevo paganismo: el dinero, el materialismo, el prestigio, el poder.

Los primeros cristianos conmemoraban únicamente la Pascua de resurrección. La fe cristiana es fe en la resurrección de Jesús y de los muertos. El día que nació Jesús era para ellos secundario.

En realidad Jesús no nació el 25 de diciembre ni fue tampoco en el año 1, aunque nuestra era empiece a contar a partir de ese acontecimiento. El Jesús histórico nació en tiempos del emperador Augusto, poco antes de morir Herodes I (37-4 a.C.), entre cuatro y siete años de adelanto al calendario que marca la era cristiana. En cuanto a la fijación de la fecha 25 de diciembre, la eligió el emperador Constantino (312-337) cuando se convirtió al cristianismo y decretó como días festivos el primero de la semana, el domingo, como día del Señor (eso es lo que quiere decir domingo en latín) y el 25 de diciembre como nacimiento de Jesús.

La Navidad cristiana, que no se empezó a celebrar entonces sino hasta el siglo IV, fue la cristianización de la fiesta pagana del nacimiento del dios ``sol invencible'', que se celebraba el 25 de diciembre en Roma. Los festejos paganos del solsticio de invierno, cuando comenzaba a crecer la luz después de la noche más larga del año (que hoy conocemos como Nochebuena) simboliza que el poder de las tinieblas había sido vencido. Al fijar la fecha se logró que en un mismo día coincidieran dos natalicios: el del sol y el de Jesucristo. Pero dos cosas llaman la atención: que en efecto, Jesús es la luz del mundo, y que el imperio romano, con sus incontables redes de comunicación con el mundo hizo posible la rápida difusión del cristianismo. Acaso Roma fue Roma sólo para que llegaran a ella Pedro y Pablo con la buena nueva del evangelio, y desde allí se propagara como un fuego la palabra de Dios.

¿Qué importa si el Jesús histórico nació en diciembre o en marzo, tres o cuatro años antes del 1? Lo importante es que nació, que Dios entró en la historia y se hizo visible en Cristo para mostrarnos su amor incondicional e infinito a cada uno de nosotros. Lo que celebramos es la encarnación, que es el fin de la creación.

"En el principio existía la Palabra
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios
Todo se hizo por ella
y sin ella no se hizo nada
Y la Palabra se hizo carne,
y puso su Morada entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria'' (Jn 1; 1-15).

Lo que celebramos es que Dios se hizo humano para compartir su amor y su vida con nosotros, y al enseñarnos el camino, la verdad y la vida que es él mismo, nos hace divinos. Dios nace, muere y resucita para mostrarnos el camino de la resurrección.

``Queridos: amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor. En esto se manifestó entre nosotros el amor de Dios: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de Él.

``En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó primero.

``Si Dios nos ha amado de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. Si uno confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios mora en él y él en Dios. Y nosotros hemos creído en el amor que Dios nos tiene. Dios es Amor: y el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él'' (1 Jn 4; 1-3, 7-16).

Esto es lo que celebramos: el nacimiento del Amor. Incondicional, del perdón incondicional, del nacimiento de Emmanuel, que quiere decir Dios con nosotros, como nos profetizó Isaías ocho siglos antes de Cristo. Celebramos la humanidad de Dios y la divinización del hombre. Del fin de la muerte, vencida para siempre, porque resucitaremos, Jesús vino a eso, y lo creemos.

Lo que importa entonces no es cuántos regalos hicimos o nos hicieron, cuán decorada esté la casa, cuánta comida y bebida pase por nuestra garganta. Lo importante es que Jesús vino para dejarnos su mensaje liberador. Eso es lo que celebramos: cuán amados somos.

Por eso lo que importa es cuánto amamos y perdonamos.

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