Che Guevara, la máquina de matar
Álvaro Vargas Llosa
Fragmentos del artículo de Álvaro Vargas Llosa publicado en El
País de España el 31 de julio de 2005
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Ché Guevara
Alberto Korda |
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Che Guevara, quien tanto hizo por destruir el capitalismo, es
hoy una marca quintaesencial del capitalismo. Su imagen es
adorno de tazas, mecheros, llaveros, carteras, gorras,
pantalones vaqueros, sobres de infusiones y, por supuesto, esas
omnipresentes camisetas con la fotografía tomada por Alberto
Korda: el galán del socialismo, con gorra, en los primeros años
de la revolución, pasando casualmente por delante del visor del
fotógrafo y quedando fijado en la imagen que, treinta años
después de su muerte, sigue siendo el logo del chic
revolucionario.
En cada etapa de su vida adulta, su megalomanía se manifestó en
una urgencia depredadora por arrebatar a otras personas sus
vidas y sus posesiones, y por abolir su libre albedrío
La disposición de Guevara cuando viajó a Cuba a bordo del 'Granma'
queda reflejada en la carta que escribió a su mujer: "Aquí, en
la selva cubana, vivo y sediento de sangre"
Su sinceridad le condujo a dejar testimonio escrito de sus
crueldades, incluyendo cosas verdaderamente horrendas, aunque no
las más horrendas
No hay hombre que no tenga alguna cualidad que le redima. En el
caso del Che, esas cualidades pueden ayudarnos a medir el abismo
que separa la realidad del mito. Su sinceridad le condujo a
dejar testimonio escrito de sus crueldades, incluyendo cosas
verdaderamente horrendas, aunque no las más horrendas. Su coraje
le llevó a que no viviera para asumir la responsabilidad por el
infierno cubano. Un mito puede comunicar tanto acerca de una
época como la verdad. Y así, gracias a los propios testimonios
del
Che acerca de sus pensamientos y acciones, y gracias también a
su prematura desaparición, podemos saber exactamente el grado de
engaño que muchos de nuestros contemporáneos tienen acerca de
tantas cosas.
Puede que Guevara estuviera enamorado de su propia muerte, pero
estaba mucho más enamorado de la muerte de los demás. En abril
de 1967, hablando desde la experiencia, resumía su idea homicida
de la justicia en su Mensaje a la tricontinental: "El odio como
factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa
más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo
convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de
matar".
En otras ocasiones, el joven bohemio parecía incapaz de
distinguir entre la ligereza de la muerte como espectáculo y la
tragedia de las víctimas de la revolución. En una carta a su
madre de 1954, escrita en Guatemala, donde fue testigo del
derrocamiento del Gobierno revolucionario de Jacobo Arbenz,
escribió: "Fue muy divertido, con todas aquellas bombas,
discursos y otras distracciones que rompían la monotonía en la
que estaba viviendo".
La disposición de Guevara cuando viajó con Castro de México a
Cuba a bordo del Granma queda reflejada en una frase de una
carta a su mujer redactada el 28 de enero de 1957, poco después
de desembarcar, y publicada en su libro Ernesto: Memorias del
Che Guevara en Sierra Maestra: "Aquí, en la selva cubana, vivo y
sediento de sangre".
En enero de 1957, como indica su diario de Sierra Maestra,
Guevara mató de un disparo a Eutimio Guerra porque sospechaba
que estaba pasando información al enemigo: "Acabé con el
problema con una pistola del calibre 32, en el lado derecho de
su cerebro... Sus pertenencias ahora son mías". Luego dispararía
a Aristidio, un campesino que expresó su deseo de abandonar la
lucha cuando los rebeldes se trasladaran a otro lugar. Mientras
se preguntaba si esta víctima en concreto "realmente era lo
suficientemente culpable como para merecer la muerte", no le
tembló el pulso a la hora de ordenar el asesinato de Echevarría,
hermano de uno de sus camaradas, por crímenes no especificados:
"Tenía que pagar el precio". En otras ocasiones simulaba
ejecuciones, aunque no las llevara a cabo, como método de
tortura psicológica.
Pero la "fría máquina de matar" no demostró todo el alcance de
su rigor hasta que, inmediatamente después de la caída del
régimen de Batista, Castro lo puso al frente de la prisión de La
Cabaña. San Carlos de la Cabaña era una fortaleza de piedra
utilizada para defender La Habana de los piratas ingleses en el
siglo XVIII; más tarde se convirtió en un barracón militar.
Guevara presidió, durante la primera mitad de 1959, uno de los
momentos más oscuros de la revolución. José Vilasuso, abogado y
profesor de la Universidad Interamericana de Bayamón, en Puerto
Rico, que perteneció al organismo a cargo de los procesos
judiciales sumarios en La Cabaña, me contó hace poco que el Che
dirigía la Comisión Depuradora. "Se regía por la ley de La
Sierra, tribunal militar, de hecho y no jurídico, y el Che nos
recomendaba guiarnos por la convicción. Esto es, sabemos que: 'Todos
son unos asesinos, luego proceder radicalmente es lo
revolucionario'. Mi función era de instructor. Es decir,
legalizar profesionalmente la causa y pasarla al ministerio
fiscal. Se fusilaba de lunes a viernes. Las ejecuciones se
llevaban a cabo de madrugada, poco después de dictar sentencia y
declarar sin lugar (de oficio) la apelación. La noche más
siniestra que recuerdo se ejecutó a siete hombres".
Javier Arzuaga, el capellán vasco que consolaba a los condenados
a muerte, habló conmigo recientemente desde su casa de Puerto
Rico. Este ex cura católico que ahora tiene 75 años y que se
define como "más cercano a Leonardo Boff y a la Teología de la
Liberación que al antiguo cardenal Ratzinger", recuerda que
había alrededor de 800 prisioneros en un espacio donde no cabían
más de 300: antiguos militares y policías de Batista, algunos
periodistas, unos pocos hombres de negocios y comerciantes. El
tribunal revolucionario estaba compuesto por milicianos. Guevara
presidía el tribunal de apelaciones. "Nunca anuló ninguna
condena. Después de que yo me fuera, en mayo, ejecutaron a
muchos más, pero yo personalmente fui testigo de 55 ejecuciones".
¿Cuántas personas fueron asesinadas en La Cabaña? Pedro Corzo da
una cifra de unos 200, similar a la ofrecida por Armando Lago,
un catedrático de economía jubilado que ha elaborado una lista
con 179 nombres como parte de un estudio sobre las ejecuciones
en Cuba que le ha llevado ocho años. En cables secretos enviados
por la Embajada estadounidense en La Habana al Departamento de
Estado en Washington se hablaba de "más de 500" ejecuciones.
Félix Rodríguez, un agente de la CIA que formó parte del equipo
encargado de dar caza al Che en Bolivia, me contó que se
enfrentó al Che tras su captura recriminándole las "más o menos
2.000" ejecuciones de las que fue responsable a lo largo de su
vida. "Me dijo que eran todos agentes de la CIA y no discutió la
cifra", recuerda Rodríguez. Las cifras más altas podrían incluir
ejecuciones llevadas a cabo en los meses después de que el Che
dejara de estar al mando de la prisión.
Lo que nos devuelve a Carlos Santana y su chic vestimenta Che.
En una carta abierta publicada en El Nuevo Herald el 31 de marzo
de este año, el gran músico de jazz Paquito D'Rivera criticaba a
Santana por su atuendo en los Oscar. Y añadió: " Uno de estos
cubanos fue mi primo Bebo, preso allí precisamente por ser
cristiano. Él me cuenta siempre con amargura cómo escuchaba
desde su celda en la madrugada los fusilamientos sin juicio de
muchos que morían gritando '¡Viva Cristo Rey!".
El ansia de poder del Che tenía otras formas de expresión,
además del asesinato. Escribiendo sobre Pedro de Valdivia, el
conquistador de Chile, Guevara reflexionaba: "Pertenecía a esa
clase especial de hombres que la especie produce de vez en
cuando, en quienes el anhelo de poder ilimitado es tan extremo
que cualquier sufrimiento padecido para lograrlo parece
natural". Podría haber estado describiéndose a sí mismo. En cada
etapa de su vida adulta, su megalomanía se manifestó en una
urgencia depredadora por arrebatar a otras personas sus vidas y
sus posesiones, y por abolir su libre albedrío.
La obsesión del Che por el control colectivista le llevó a
colaborar en la formación del aparato de seguridad que se montó
con objeto de subyugar a seis millones y medio de cubanos. A
principios de 1959 tuvieron lugar una serie de reuniones
secretas en Tarará, cerca de La Habana, en la mansión a la que
el Che se retiró temporalmente para recuperarse de una
enfermedad. Ahí fue donde los líderes más importantes,
incluyendo a Castro, diseñaron el Estado policial cubano. Ramiro
Valdés, subordinado del Che en la guerrilla, fue puesto al
frente del G-2, un organismo creado a partir del modelo de la
Checa. El propio Guevara asumió el poder del G-6, el organismo
encargado de adoctrinar ideológicamente a las fuerzas armadas.
La invasión de Bahía de Cochinos, llevada a cabo con apoyo
estadounidense en abril de 1961, se convirtió en la ocasión
perfecta para consolidar el nuevo Estado policial, con la
captura de cientos de miles de cubanos y una nueva oleada de
ejecuciones. Como el propio Guevara le contó al embajador
soviético Sergei Kudriavtsev, los contrarrevolucionarios "no
volverían a levantar cabeza".
"Contrarrevolucionario" es el término que se aplicaba a
cualquiera que se desviara del dogma. Era el sinónimo comunista
de "hereje". Los campos de concentración eran una de las formas
que el poder dogmático adoptaba para aplastar la disidencia. La
historia atribuye al general español Valeriano Weyler, capitán
general de Cuba a finales del siglo XIX, la primera utilización
de la palabra concentración para describir la política de rodear
a multitudes de adversarios potenciales -en este caso,
partidarios del movimiento de independencia cubano- con alambre
de espino y vallas. Qué apropiado, que los revolucionarios
cubanos, más de medio siglo después, adoptaran esta tradición.
Al principio, la revolución movilizó a los voluntarios para que
construyeran escuelas y trabajaran en los muelles, las
plantaciones y las fábricas -proporcionando exquisitas
oportunidades para que el Che se fotografiara en versión Che
estibador, Che cortador de caña, Che trabajador textil-. No
pasaría mucho tiempo antes de que el trabajo voluntario se
hiciera algo menos voluntario: el primer campo de trabajos
forzados, Guanahacabibes, se puso en marcha a finales de 1960 en
el oeste de Cuba.
Este campo fue el precursor del confinamiento sistemático, que
finalmente comenzaría a producirse a partir de 1965 en la
provincia de Camagüey, de disidentes, homosexuales, víctimas del
sida, católicos, testigos de Jehová, curas afrocubanos y demás
ralea, bajo la bandera de las Unidades Militares de Ayuda a la
Producción. Hacinados en autobuses y camiones, los no aptos eran
transportados a punta de pistola a campos de concentración
organizados a partir del modelo de Guanahacabibes. Algunos jamás
regresarían; otros serían violados, apaleados o mutilados, y la
mayoría acabarían traumatizados de por vida.
Quizá la revista Time estuviera poco acertada en agosto de 1960,
al describir el reparto de tareas de la revolución con un
reportaje de portada en el que Che Guevara aparecía como el
"cerebro", Fidel Castro como el "corazón", y Raúl Castro como el
"puño". Pero esta visión reflejaba el papel crucial de Guevara
en la transformación de Cuba en un bastión del totalitarismo.
Che era un candidato bastante dudoso como ejemplo de pureza
ideológica, dado su espíritu bohemio, pero durante sus años de
entrenamiento en México y, en el periodo siguiente de lucha
armada en Cuba, se reveló como un ideólogo comunista enamorado
de la Unión Soviética, para gran incomodidad de Castro y los
demás, que eran básicamente oportunistas dispuestos a utilizar
cualquier medio necesario para hacerse con el poder. Cuando los
revolucionarios en ciernes fueron arrestados en México en 1956,
Guevara fue el único que admitió ser comunista y estar
estudiando ruso. Durante la lucha armada en Cuba, estableció una
alianza férrea con el Partido Socialista Popular (el partido
comunista de la isla) y con Carlos Rafael Rodríguez, un
personaje fundamental en la conversión del régimen de Castro al
comunismo.
Este temperamento fanático convirtió al Che en un eje de la
sovietización de una revolución que en repetidas ocasiones se
había jactado de su carácter independiente. Poco después de que
los barbudos tomaran el poder, Guevara participó en
negociaciones con Anastas Mikoyan, viceprimer ministro
soviético, de visita en Cuba. El viaje de Guevara a Rusia en
agosto de 1962 fue significativo, porque selló el acuerdo que
convertiría Cuba en una cabeza de playa nuclear. Se reunió con
Jruschov en Yalta para cerrar los detalles de una operación que
ya estaba empezada y que tenía que ver con la introducción de 42
misiles soviéticos, la mitad de los cuales estaban provistos de
cabezas nucleares, además de lanzaderas y unos 42.000 soldados.
Después de presionar a sus aliados soviéticos amenazándoles con
el peligro que supondría que Estados Unidos descubriera lo que
estaba sucediendo, Guevara obtuvo garantías de que la marina
soviética intervendría -en otras palabras, que Moscú estaba
dispuesto a ir a la guerra.
Guevara se distanció de la Unión Soviética en los últimos años
de su vida. Lo hizo por razones equivocadas, reprochando a Moscú
su blandura ideológica y diplomática, y que estuviera haciendo
demasiadas concesiones -no como la China maoísta, que llegaría a
ver como el refugio de la ortodoxia-. A Guevara le molestaba el
hecho de que Moscú estuviera pidiendo a otros miembros del
bloque comunista, incluida Cuba, algo a cambio de su colosal
ayuda económica y apoyo político. Su ataque final contra Moscú
llegaría en Argelia, en febrero de 1965, en una conferencia
internacional en la que acusó a los soviéticos de adoptar la
"ley del valor", es decir, el capitalismo. Su ruptura con los
soviéticos, por tanto, no fue un grito por la libertad, sino un
aullido en pos de la subordinación total de la realidad a la
ciega ortodoxia ideológica.
El gran revolucionario tuvo la oportunidad de poner en práctica
su visión económica -su idea de la justicia social- al frente
del Banco Nacional de Cuba y del Instituto Nacional de Reforma
Agraria del Ministerio de Industria a finales de 1959, y, a
partir de principios de 1961, como ministro de Industria. La
etapa en la que Guevara estuvo a cargo de la mayor parte de la
economía cubana coincidió con el desplome casi total de la
producción azucarera, el fracaso de la industrialización y la
introducción del racionamiento -y todo esto en lo que había sido
uno de los cuatro países de mayor éxito económico de
Latinoamérica desde antes de la dictadura de Batista.
Su período al frente del Banco Nacional, durante el cual acuñó
billetes firmados por "Che", ha sido resumido por su segundo de
a bordo, Ernesto Betancourt: "Ignoraba los principios económicos
más elementales". Los poderes de percepción de Guevara en
relación con la economía mundial fueron expresados en una famosa
frase de 1961, en una conferencia hemisférica en Uruguay, donde
predijo para 1980 una renta per cápita mayor que la de "Estados
Unidos hoy". De hecho, en 1997, cuando se cumplía el trigésimo
aniversario de su muerte, los cubanos estaban restringidos por
el racionamiento a una dieta de dos kilos de arroz y medio kilo
de alubias al mes, 100 gramos de carne dos veces al año, 100
gramos de pasta de soja a la semana y cuatro huevos al mes.
La reforma agraria arrebató la tierra a los ricos, pero se la
entregó a los burócratas, no a los campesinos (el decreto fue
escrito en casa del Che). En aras de la diversificación, se
redujeron las zonas cultivables y la mano de obra se distrajo
hacia otras actividades. El resultado fue que entre 1961 y 1963,
las cosechas se redujeron a la mitad. (...)
Si quiere leer el artículo completo vaya a:
El País, España
http://www.elpais.com/articulo/elpdomrpj/20050731elpdmgrep_6/Tes/