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¿Es el diálogo interreligioso un riesgo o una
oportunidad?
El cardenal Jean-Louis Tauran, presidente del
Consejo Pontificio para el Diálogo
Interreligioso, habló en el Heythrop College de
la Universidad de Londres sobre las muchas
facetas del diálogo.
Su conferencia empezó con una mirada histórica
al papel de la religión en la sociedad,
señalando la tendencia del siglo XVIII de
separar razón y fe.
Afirmó que Dios -dejado de lado en siglos
recientes- "está reapareciendo en el discurso
público hoy. Hay nuevos stands llenos de libros
y revistas sobre materias religiosas, esoterismo
y las nuevas religiones. ‘El desquite de Dios',
se ha dicho".
El cardenal sugirió que "hombres y mujeres de
esta generación están otra vez haciéndose las
preguntas esenciales sobre el significado de la
vida y la muerte, sobre el significado de la
historia y las consecuencias que los
descubrimientos científicos asombrosos pueden
aportar a su despertar".
Y entonces, "estamos condenados al diálogo",
dijo el cardenal Tauran.
Y explicó: "¿Qué es el diálogo?" Es la búsqueda
de un entendimiento mutuo entre dos individuos
con vistas a una común interpretación de su
acuerdo o desacuerdo. Implica un lenguaje común,
honestidad en la propia presentación y el deseo
de hacer lo posible para comprender el punto de
vista del otro".
"En el diálogo interreligioso es cuestión de
correr un riesgo, no de aceptar ceder en mis
propias convicciones religiosas sino permitir
ser puesto en cuestión por las convicciones de
otro, aceptando tomar en consideración
argumentos diferentes de los míos o los de mi
comunidad".
En este contexto, el cardenal Tauran explicó lo
objetivos del Consejo Pontificio que él dirige:
"Mayor conocimiento mutuo, respeto y
colaboración entre los católicos y los miembros
de religiones no cristianas, animar y coordinar
el estudio de estas religiones; promover la
capacitación de las personas destinadas al
diálogo interreligioso".
El responsable vaticano explicó que "el interés
de los líderes de las sociedades es siempre
animar el diálogo interreligioso y servirse de
la herencia espiritual y moral de las religiones
para un número de valores que pueden contribuir
a la armonía mental, el encuentro entre culturas
y la consolidación del bien común".
"Además -añadió--, todas las religiones, de
modos diferentes, urgen a sus seguidores a
colaborar con todos aquellos que se empeñan en
asegurar el respeto a la dignidad de la persona
humana y sus derechos fundamentales; el
desarrollo de un sentido de fraternidad y
asistencia mutua [...], ayuda a los hombres y
mujeres de hoy para evitar que sean esclavizados
por la moda, el consumismo y el beneficio
solamente".
Entonces, el diálogo interreligioso es a la vez
un riesgo y una oportunidad, dijo el cardenal.
El cardenal Tauran reconoció que muchos están
asustados por el diálogo.
"Yo respondo que no deberíamos temer a las
religiones: ¡ellas generalmente predican la
fraternidad! Es de sus seguidores de los que
deberíamos tener miedo. De aquellos que pueden
pervertir la religión poniéndola al servicio de
malos propósitos", dijo.
El presidente del Consejo Pontificio propuso una
receta para el diálogo: "Es necesario tener una
identidad espiritual bien definida: saber en
quién y en qué se cree; considerar al otro no
como un rival sino como un buscador de Dios;
acordar hablar de lo que nos separa y de los
valores que nos unen".
Propuso el caso del Islam: "Lo que nos separa no
puede ser camuflado: la relación con nuestras
respectivas Escrituras: para un musulmán el
Corán es un ‘dictado sobrenatural' recordado por
el profeta del Islam, mientras que para un
cristiano, la revelación no es un libro sino una
persona; la persona de Jesús, al que los
musulmanes consideran como un profeta
excepcional; el dogma de la Trinidad que lleva a
los musulmanes a decir que nosotros somos
politeístas".
"Pero hay también realidades que nos pueden ver
unidos y a veces incluso colaborando en la
extensión de la misma causa: fe en la unicidad
de Dios, el autor de la vida y del mundo
material; el carácter sagrado de la persona
humana que ha permitido, por ejemplo,
colaboración de la Santa Sede y de los países
musulmanes en la Organización de Naciones Unidas
para evitar resoluciones que dañen a las
familias; vigilancia para evitar que símbolos
considerados ‘sagrados' sean objeto de escarnio
público".
El cardenal Tauran indicó áreas en las que
musulmanes y cristianos pueden colaborar
promocionando el bien común. Mencionó como
ejemplo la defensa de la sacralidad de la vida
humana ante Naciones Unidas.
Para concluir su conferencia, el purpurado dijo:
"Si lo puedo decir así, los creyentes son
profetas de esperanza. No creen en el destino.
Saben que -dotados por Dios con un corazón e
inteligencia- pueden, con su ayuda, cambiar el
curso de la historia en orden a orientar su vida
de acuerdo al proyecto del Creador: que es decir
hacer de la humanidad una auténtica familia de
la que cada uno es miembro". |