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China y las Olimpiadas: La otra cara de las
medallas
Antonio Gaspari
ZENIT
MILAN – "Quizás ninguna Olimpiada haya suscitado
tantas esperanzas, desilusiones y
enfrentamientos como Pekín 2008", afirmó el
padre Bernardo Cervellera, director de la
agencia informativa AsiaNews, durante la
presentación en Italia de su libro "La otra cara
de las medallas. China y las Olimpiadas".
Sacerdote del Pontificio Instituto para las
Misiones Extranjeras (PIME), misionero y
periodista durante años en China, narra en su
libro los enormes costes que la celebración de
las Olimpiadas de este año están suponiendo para
la población.
El autor explicó durante la presentación en
Milán, cómo muchos habitantes de Pekín han visto
demolidas sus casas para hacer sitio a
estructuras deportivas, hoteles, edificios y
carreteras.
"Las insignificantes compensaciones recibidas no
permiten a los afectados comprarse una casa
siquiera a 10 kilómetros del centro", constató.
Según Cervellera, los cambios urbanísticos a los
que se ha sometido la capital y las ciudades
implicadas en la celebración de los Juegos
"están fuera de cualquier imaginación: se han
destruido barrios históricos. Se han levantado
altísimos y larguísimos muros blancos para
esconder los barrios chinos aún no agredidos por
la especulación, donde la pobreza y el abandono
son evidentes".
"El Gobierno y el partido comunista chino
consideran las Olimpiadas como una ocasión
irrepetible para mostrar sus éxitos y para dar a
conocer al mundo la nueva China emergente
surgida, según su visión, de la pobreza, de la
necesidad y protagonista de la historia, que se
ha convertido en la cuarta potencia económica
del mundo, glorificada por los Juegos".
El padre Cervellera afirma que los verdaderos
héroes de las Olimpiadas son "los millones de
inmigrantes campesinos pobres que huyen de los
campos, en una situación de degradación, hambre
y pobreza, para buscar fortuna en las grandes
ciudades y en las aglomeraciones industriales de
la costa".
Con obras urbanas que trabajan las 24 horas del
día, han construido con inusual rapidez
rascacielos, estrcucturas deportivas y
carreteras, pero estos campesinos convertidos en
obreros reciben sueldos irrisorios, explotados y
a menudo ni siquiera pagados, sin asistencia
sanitaria, alojados en barracas ruinosas.
Cada vez es más evidente el desequilibrio
social: frente a 200 millones de ricos cada vez
más ricos se oponen a 350 millones de pobres
cada vez más pobres.
Los órganos oficiales del Partido Comunista
Chino refieren más de 200 revueltas al día
debido a la clara separación de estas clases
sociales, a la vez que a la corrupción de
políticos y funcionarios unida a la expropiación
en los campos.
"A los nuevos ricos no les interesa nada de las
clases sociales débiles -explica Cervellera-. La
cultura, derivada del confucianismo en primer
lugar, y luego del marxismo y del capitalismo,
han producido una aridez espiritual en la
sociedad china, en la que el individuo no
cuenta".
"El valor lo establece el papel que uno tiene,
la persona no tiene relevancia; lo importante es
la pertenencia o la protección del clan o del
Partido, y el Estado con su estructura vertical
ante la que hay que responder siempre y en
cualquier caso".
En el debate posterior, el padre Cervellera
refirió el papel de la Iglesia, y de los
católicos y protestantes chinos.
Todas las religiones han sido sometidas a un
rígido control estatal. Recientemente se
prohibió a muchas diócesis la participación en
la peregrinación al santuario de la Virgen de
Sheshan, situado en los alrededores de Shanghai.
Durante las olimpiadas las prohibiciones y el
control de la policía serán todavía más fuertes,
a pesar de lo cual, ha revelado el director de
AsiaNews, "en la sociedad china y
particularmente en la clase media formada por
estudiantes, licenciados y en el mundo
académico, crece la búsqueda de un sentido de la
vida, del deseo de Dios; una búsqueda que se
aleja cada vez más de los mitos y de las
tradiciones basadas en el confucianismo.
"En el cristianismo -continúa Cervellera- buscan
una respuesta capaz de unir la fe y la razón, en
el encuentro con la persona histórica de Jesús,
una nueva idea de Dios que podría contribuir a
relajar las tensiones sociales".
Es significativa, a propósito de esto, la unidad
de hecho a la que se ha llegado entre la Iglesia
católica y la subterránea, desde siempre fiel al
Papa; esto podrá producir mejores relaciones
entre China y el Vaticano de cara a la
consecución de la libertad religiosa, verdadera
base para una China moderna y abierta a mundo-.
El Padre Cervellera afirma que "las libertades y
los derechos humanos no se respetan casi nada en
China", y ha contado que, de cara a las
Olimpiadas, se ha distribuido a la prensa local
un decálogo de temas que no deben ser tratadas
en absoluto; y tampoco se abrirá todo el país a
periodistas extranjeros y turistas.
El director de AsiaNews denuncia que "quien
intenta oponerse a las expropiaciones
defendiendo a los campesinos o a las personas
menos pudientes, apoyando las causas legales
para obtener compensaciones justas, o quien se
opone a los abortos forzados, o quien defiende a
los obreros explotados, es arrestado y castigado
con años de prisión", como "sucede con algunos
obispos católicos".
Además, añade, "la injusta ley del hijo único
niega el derecho a la vida a millones de niños",
mientras que a las parejas que han perdido a sus
hijos en la región de Sichuan, gravemente
afectada por el terremoto, el Gobierno les ha
dado permiso especial para tener otro hijo.
La dramática situación de esta región preocupa
mucho al Gobierno: 7.000 escuelas construidas
recientemente se han derrumbado y la gente se
pregunta sobre las exigencias para edificar y
sobre la corrupción tan difundida que ha llevado
a no tenerlas en cuenta. |