
|
El
Señor te bendiga
y te guarde;
te muestre su rostro
y tenga misericordia
de ti.
Vuelva a ti su mirada
y te conceda la paz.
El Señor te bendiga.
|
|
|
El Cántico de las Criaturas
Francisco de Asís
Dibujos de Giustina De Toni
Antes de mirar estas pinturas , es bueno tener
en mente varios elementos que han inspirado el
ciclo pictórico:
• El significado del Cántico yace en la
vinculación íntima del universo cósmico con
nuestro universo interior.
• La imagen de Francisco toma a veces la forma
del elemento representado.
• El viaje de Francisco hacia el Altísimo es,
paradójicamente, un viaje en el que desciende
del cielo a la tierra. Este movimiento está
expresado en las pinturas por la flexibilidad
progresiva de la figura de Francisco y la
dimensión disminuyente de las pinturas.
• A los elementos cósmicos celebrados en el
Cántico se le da un género, con la alteración
que forman parejas (sol-luna; viento-agua;
fuego-tierra); cada pareja es reconocible por el
tamaño idéntico de las pinturas vinculadas.
Este trabajo está inspirado en el libro de Eloi
Lecrec El Cántico de las Criaturas: Símbolos de
Unión.
EL CÁNTICO DE LAS
CRIATURAS |
| |
|
 |
Altísimo
y omnipotente buen Señor,
tuyas son las alabanzas,
la gloria y el honor y toda bendición.|A
ti solo, Altísimo, te pertenecen
y ningún hombre es digno de nombrarte.
Francisco es una flecha dirigida al
cielo; está totalmente elevado hacia el
Altísimo, dirigido por entero hacia un
punto; su existencia no es otra sino un
ascenso hacia la primacía de Dios por
medio de la renuncia absoluta a
apropiarse de lo que es de Dios y sólo
de Dios. El deseo de llegar al Altísimo
lo ha liberado de toda ambigüedad y toda
voluntad de poseer.
|
| |
|
|
 |
Alabado
seas, mi Señor,
en todas tus criaturas,
especialmente en el Señor Hermano Sol,
por quien nos das el día y nos iluminas.
Y es bello y radiante con gran
esplendor,
de ti, Altísimo, refleja su luz.
Francisco
es el Sol: su alma es el centro de
radiación de la divina luz que vive en
él. Es un hombre que ha encontrado la
raíz de su identidad en la comunión
íntima con Dios. Su alma llena de luz es
una fuerza transfiguradora y profética
de lo que está destinado a ser.
|
| |
|
 |
Alabado
seas, mi Señor,
por la Hermana Luna y las estrellas,
en el cielo las formaste claras y
preciosas y bellas.
Francisco
es la Luna, que acepta las fases de
disminución y oscuridad sin ninguna
pretensión de poseer la luz. En sus
noches Francisco sabía cómo regocijarse
en la contemplación de la luz reflejada
en los rostros de otras criaturas y
aceptar su mediación con humildad.
|
| |
|
 |
Alabado
seas, mi Señor,
por
el
Hermano
Viento
y por el aire y las nubes y el cielo
sereno y toda clase de tiempo, a través
de los cuales a todas tus criaturas das
sustento.
Francisco
es
el Viento: su vida es una danza entre el
cielo y la tierra en libertad
absoluta de aquél que ha sido relevado
del peso de toda posesión. Está
incondicionalmente abierto a lo
impredecible de la vida y sus contínuos
cambios.
|
| |
|
 |
Alabado
seas, mi Señor, por la Hermana Agua
que es muy útil y humilde y preciosa y
casta.
Francisco
es el Agua: su corazón es un lago
abundante del amor precioso y casto que
él mismo ha acogido desde las Alturas,
transformándolo en un torrente de agua
capaz de irrigar el mundo.
|
| |
|
 |
Alabado
seas, mi Señor, por el Hermano Fuego,
por el cual iluminas la noche,
y es hermoso y juguetón y robusto y
fuerte.
Francisco
es el Fuego: se enciende de pasión por
todo lo que vive, una pasión que
calienta, ilumina y da vida sin destruir,
consumir avariciosamente. Francisco
permanece en equilibrio con el poder
íntimo y misterioso de Eros, acogiendo
su fuerza creativa, purificada y
espiritualizada.
|
| |
|
 |
Alabado
seas, mi Señor,
por la Hermana Madre Tierra,
que nos sostiene y gobierna
y produce frutos variados con coloridas
flores y hierbas.
Francisco
desciende hacia el útero de la Madre
Tierra, que guarda los secretos de su
fecundidad. Como la semilla, Francisco
se entrega por entero a la tierra y a su
rudo contacto sin protección ni defensa,
en obediencia a la necesidad que lo
desnuda de toda voluntad para así
ofrecerse él mismo a la fecundidad del
Espíritu.
|
| |
|
 |
Alabado
seas, mi Señor,
por aquellos que perdonan por tu amor,
y sufren enfermedad y tribulación;
bienaventurados los que lo soportan todo
en paz,
porque de Ti, Altísimo, coronados serán.
Francisco
es perdón, libre de cualquier reacción
defensiva, se ofrece a sí mismo y abraza
a todos los seres. A través del misterio
de la cruz, ve en cada prueba,
sufrimiento y laceración la posibilidad
de extender sus brazos sin contar sus
heridas para reestablecer la comunión y
ofrecer regeneración.
|
| |
|
 |
Alabado
seas, mi Señor, por nuestra Hermana
Muerte Corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede
escapar.
Ay de aquellos que mueren en pecado
mortal.
Bienaventurados a los que la muerte
encontrará en tu santísima voluntad,
porque la segunda muerte no les hará
mal.
Francisco,
en la Muerte, es como el sol al ponerse:
completa su descenso en el horizonte en
total abandono. Porque para el hombre
que está en paz y despojado de toda
ilusión de posesión, el sueño de la
muerte se convierte en una espera serena
por el nuevo día que no morirá. |
| |
|
 |
Alaben
y bendigan a mi Señor
y denle gracias y sírvanle con gran
humildad.
Francisco
es una flecha dirigida hacia la tierra,
que nos exhorta a reconsiderar los
últimos lugares –tanto dentro como fuera
de nosotros– como puntos de partida
privilegiados desde los cuales comienza
nuestro viaje de integración.
|
| |
|
| |
|
|
|
|