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Testimonio personal sobre la carta que me
entregó el jesuita Tomás Macho, que hago pública
en honor a la valentía de un sacerdote cubano
ejemplar condenado a prisión por el régimen
castrista.
P. Santiago
Matheu
Tomás Macho, sacerdote jesuita supo cumplir
su misión patriótica y cristiana a pesar de la
época terrible que le tocó vivir en Cuba. Cuando
sufrió prisión por ser consecuente con su
acción: ser capellán de los que trataban de
alcanzar la libertad de Cuba.
El padre Macho
le escribió al Nuncio apostólico en La Habana
una carta en la cual pedía que la Iglesia no
hiciera ninguna gestión, mucho menos económica
para salvarlo de la prisión.
Hace algunos años tuve el honor y el gusto de
recibir de sus manos una copia de aquella carta,
que reproduzco aquí como homenaje a la valentía
de ese sacerdote.
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Carta del padre Tomas Macho S.J. al Nuncio en
Cuba.
Castillo del Príncipe 14 de abril de 1962.
Excmo. Sr. Dr. Luis Centoz
Ciudad
Excelentísimo Señor Nuncio:
Le escribe el capellán jesuita, uno de los tres
capellanes de la brigada 2506 que guarda prisión
en el Castillo del Príncipe.
Primeramente deseo manifestarle mi gratitud por
su visita el pasado mes. Por mucho tiempo la
había deseado. Educado en el espíritu ignaciano
de fidelidad a Nuestra Santa Madre Iglesia
Católica fue para mí de gran consuelo
espiritual la visita del representante de Su
Santidad. Gracias por este consuelo espiritual y
también por los regalos con que se digno
obsequiarme.
En segundo lugar quiero manifestarle mi actitud
ante la sentencia a que he sido condenado pago
de $100,000 de indemnización o 30 años de
trabajo físico obligatorio. Tratando de seguir
el ejemplo de Cristo como El recibió el cáliz de
su pasión como dado por el Padre, así recibo
esta condena por el Gobierno Revolucionario como
venida de la mano de Dios. El ha querido que así
sea; hágase su voluntad. Con su gracia confío
poder sobrellevar la prisión cuanto sea
necesario.
Sé que tanto la Santa Sede como la orden a que
pertenezco, la Compañía de Jesús, carecen de
medio para abonar semejante suma de dinero. Por
tanto no se afane en querer recogerlo. Más aun,
mi voluntad, pensada ante Dios en la oración, es
no abandonar mi puesto, si no permanecer preso
mientras la Brigada 2506 permanezca en prisión.
Creo que ese es mi deber. Todo el mundo sabe lo
que es un Capellán militar en un ejército. El
Capellán no es un combatiente, sino un sacerdote
que presta sus auxilios espirituales a los
católicos en él que lo necesiten. Esa ayuda
espiritual sigue siendo necesaria. Ahora me toca
el apostolado de la presencia y del irradiar la
luz y el consuelo que brota del evangelio.
Porque no hay dinero, y aunque lo hubiera porque
no lo aceptaría separadamente, mi puesto esta
aquí. Ruégole haga conocer a mis superiores esta
mi decisión para su tranquilidad.
Quisiera también rogarle que haga valer su
condición de Decano del Cuerpo Diplomático y de
Nuncio Apostólico ante el Gobierno
Revolucionario a fin de que me permitan, y a los
otros dos compañeros, celebrar la Santa Misa
aunque no fuera más que en privado y en domingo.
Fui tomado prisionero en la Cienaga de Zapata el
día 25 de Abril. Hasta ese día celebre la Santa
Misa. En el Palacio de los Deportes me fueron
requisados más tarde el cáliz y la patena. Desde
entonces no he tenido el consuelo de asistir ni
celebrar el Santo Sacrificio. Entiendo que en
circunstancias similares los Capellanes han sido
autorizados a celebrar, aun en los campos de
concentración.
Empezamos la Semana Santa. Espero esta carta
llegue a sus manos hacia el Domingo de
Resurrección. La Resurrección de Cristo es un
hecho histórico y un símbolo para los que en El
creemos. Permítame, siguiendo la costumbre
cristiana, desearle unas felices Pascuas de
Resurrección, en este primer día del calendario
católico.
Ofrezco a Dios Nuestro Señor mi prisión y
oraciones por la Santa Iglesia Católica, en
particular por Su Santidad Juan XXIII y por el
próximo Concilio Ecumenico. Termino besando su
anillo e implorando su bendición,
Permítame despedirme de Vuecencia en la forma
paulina “vinctus in Domino” , filialmente.
Tomas Macho, S.J.
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