El Señor te bendiga
y te guarde;
te muestre su rostro
y tenga misericordia
de ti.
Vuelva a ti su mirada
y te conceda la paz.
El Señor te bendiga.

 

El padre Olallo: Hijo predilecto de Camagüey

Osvaldo Gallardo González
Secretario para la Cultura. Arquidiócesis de Camagüey

Varios sacerdotes cargan los restos mortales del fraile hospitalario José Olallo Valdés durante la procesión realizada luego de la ceremonia de beatificación del padre, en Camagüey. Olallo (1820-1889) fue declarado beato por el cardenal José Saraiva, enviado del papa Benedicto XVI y prefecto de la congregación para las Causas de los Santos. EFE/Alejandro Ernesto

Nació en la Habana José Olallo Valdés, el 12 de febrero de 1820. Fue abandonado en el torno de la Real Casa Cuna de San José, el 15 de marzo del propio año; junto a él se halló una nota con la fecha de nacimiento y la aclaración de que no estaba bautizado, recibió el sacramento cristiano ese mismo día y el apellido Valdés, atribuido a todos los niños depositados en este lugar. Quién tuviera tan oscuro origen se convertiría andando el tiempo en un proveedor del amor para los más necesitados.

Muy temprano ingresó como principiante en la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, tanto que ya en abril de 1835, con escasos quince años, llega a Camagüey con el fin de incorporarse a la comunidad radicada en esta villa como hermano juanino. El Hospital de San Juan de Dios —hoy Centro Provincial de Patrimonio— y la iglesia adjunta al mismo serían, desde entonces y por 54 años de manera ininterrumpida, el hogar del Padre Olallo. Aquí merecería el calificativo de santo, que ha hecho tradición durante más de 100 años el pueblo camagüeyano, por su conducta intachable y su entrega a los más desvalidos.

n este hospital para hombres pobres se consagró a la labor de enfermero, con la cual ganó fama por su destreza y afabilidad al ejercerla. La necesidad hizo que sus conocimientos médicos se ampliaran, muchas veces no había un clínico disponible y Olallo era el único consuelo para quienes acudían con alguna urgencia; su oficio lo hizo convertirse en Enfermero Mayor y ejerció también la cirugía —el instrumental que utilizó en esta actividad se atesora actualmente en el Museo Provincial—. Pero no solo a eso se limitó su faena, muchos testimonios de la época refieren su dedicación en el sostenimiento del hospital, ya fuera en la administración del mismo, barriendo sus amplios corredores, bañando a los ancianos o lavando las ropas y vendajes sucios en el río Hatibonico. Son proverbiales sus conocimientos de medicina verde y su preocupación por proporcionar medicamentos y alimentos a los pobres. Siempre le alcanzó el tiempo para la educación religiosa de los más pequeños y para fomentar su espiritualidad cristiana. Era un hombre de oración, sino cómo explicar la intensidad de su entrega al ideal hospitalario.

Olallo se mantuvo imperturbable en su tarea, a pesar de los vaivenes políticos y económicos de una época convulsa donde las epidemias de cólera, viruela y fiebre amarilla se ensañaban en la población, dañando fundamentalmente a los más necesitados; junto a prohibiciones de la Corona para la práctica de la hospitalidad por la orden religiosa e intervenciones del hospital por parte de las autoridades civiles. Al estallar la Guerra de los Diez Años, siguiendo instrucciones de la Capitanía General , el mando militar de Camagüey ordena la ocupación del hospital, convirtiéndolo en una plaza militar, y prohibiendo la atención en él de los enfermos civiles. Medida a la que Olallo se opone valientemente, y logra que solo fueran dados de alta los enfermos que pudieran seguir el tratamiento fuera y que permanecieran en el recinto los más delicados.

Durante la guerra atendió a los heridos de ambos bandos con impecable caridad cristiana. Fue Olallo quien, con gran arrojo, recogió el cadáver del Mayor General Ignacio Agramonte, mancillado por las tropas españolas, al llegar a la Plaza de San Juan de Dios; fue Olallo quien ordena una camilla y lo traslada al interior del hospital, fue él quien limpia el rostro ensangrentado y llama al Padre Manuel Martínez Saltage para rezar juntos por el alma del patriota. Este hecho protagonizado por el Padre Olallo es guardado celosamente en la memoria histórica del Camagüey.

Olallo nunca abandonó a sus enfermos, aun cuando se quedó solo y tuvo que dejar sus hábitos para vestir una sencilla guayabera blanca, siguió siendo fiel a los votos religiosos hechos en su juventud y a la enseñanza de Jesús, a quien tuvo como paradigma del bien y la virtud. Llamaba a los más pobres y enfermos “mis hermanos predilectos”. Por ellos renunció a todo, incluso a la condición de sacerdote que le propuso en una ocasión el arzobispo de Santiago de Cuba. Fue el padre de toda “la comunidad doliente del Camagüey”.

Murió pobre, como había vivido, a los 69 años de edad, el 7 de marzo de 1889; en su testamento dejó todo al hospital y a los menesterosos, “incluyendo unos dos mil pesos que se le adeudan por sueldos como enfermero mayor, al mismo hospicio de San Juan de Dios, para ayuda de los pobres que se asilan y en lo sucesivo se asilen en el…”. Es valorado su entierro por cronistas de la época como una verdadera manifestación de duelo popular, cuatro pobres cargaron su ataúd y una multitud lo acompañó desde la Parroquial Mayor al Cementerio General. Años más tarde se construiría por sufragio popular un monumento para alojar sus restos mortales. Este panteón resulta uno de los más representativos de todo el conjunto funerario camagüeyano, puede leerse en una de sus inscripciones: “Este monumento llegaría al cielo, si lo formaran los corazones de los pobres agradecidos a quienes asistió el Padre Olallo durante 53 años en el Hospital de San Juan de Dios de Puerto Príncipe”. Ya en las primeras décadas del siglo XX, como continuación de su impronta en la ciudad, se decidió rebautizar la conocida Calle de los Pobres, tan estrechamente unida al hacer del hermano juanino, como Calle Padre Olallo, razón por la que todavía hoy se le nombra de ambos modos. En el año 2004, los restos del Siervo de Dios fueron exhumados y trasladados a la iglesia de San Juan de Dios donde descansan actualmente y son visitados por los fieles camagüeyanos.

La fama de santidad de Olallo ha sido mantenida por el pueblo camagüeyano, asistir a la Plaza de San Juan de Dios y a todo el conjunto arquitectónico conservado hasta el presente nos une a la historia de este fraile. La Iglesia Católica de Camagüey, como parte de este pueblo, y a través del obispo diocesano, el querido y recordado, monseñor Adolfo Rodríguez Herrera, solicitó en marzo de 1989 al Superior General de la Orden de los Hermanos de San Juan de Dios, que fuera llevado a cabo el proceso de santidad del Padre Olallo. Muchos son los pasos efectuados hasta el día de hoy para que el Venerable Padre Olallo sea reconocido como beato, que significa que es un hombre admirable en el ejercicio heroico y virtuoso del amor cristiano. Los católicos de Camagüey reconocen en Olallo a alguien que está vivo y sirve de modelo y de inspiración. El pueblo no creyente lo recuerda como alguien unido indisolublemente a nuestras mejores tradiciones y como testimonio imperecedero de que el amor es la única fuerza que hace posible lo imposible.

La misa de beatificación tendrá lugar el próximo 29 de noviembre de 2008, a las ocho de la mañana, en la Plaza de la Caridad de esta ciudad. En esta misa se declarará canónicamente que el Padre Olallo es un beato, cuyas virtudes han sido certificadas previamente, y podrá ser venerado por el culto en nuestra Iglesia local. La misa estará presidida por el cardenal José Saraiva Martín, prefecto emérito de la Congregación para las Causas de los Santos; monseñor Juan de la Caridad García Rodríguez, arzobispo de Camagüey y presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, junto a todos los prelados cubanos.

El rito de beatificación se realizará con la presencia de los restos mortales del Padre Olallo, que al finalizar serán trasladados en peregrinación hasta la iglesia de San Juan de Dios donde descansarán eternamente y podrán ser visitados por el pueblo.

La Iglesia Católica en Camagüey tiene en gusto de invitar a sus fieles y a todo el pueblo para que participen con devoción en esta ceremonia. Es el pueblo de Camagüey quien ha mantenido de modo arraigado la tradición de santidad del Padre Olallo por más de un siglo. Con esta celebración nuestra Iglesia tendrá un nuevo beato, un seguro intercesor en el cielo, y Camagüey reconocerá a uno de sus mejores hijos.

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