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Discurso de aceptación pronunciado por Oswaldo
Payá Sardiñas al recibir el premio Sajárov a la
Libertad de Pensamiento
Estrasburgo, 17 de diciembre de 2002
Gracias al Sr. Presidente, Pat Cox y a este
Parlamento en el que están representados muchos
pueblos de Europa.
Ustedes han concedido el premio Andrei Sajárov
al pueblo de Cuba; digo al pueblo cubano porque
es el gran merecedor de este reconocimiento.
Lo digo sin excluir a ninguno de mis
compatriotas, sea cual sea suposición política,
porque los derechos no tiene color político, ni
de raza, ni cultural.
Tampoco las dictaduras tienen control político:
no son de derecha ni de izquierda, son sólo
dictaduras. En mi país hay miles de hombres y
mujeres que luchan por los derechos de todos los
cubanos en medio de la persecución. Cientos de
ellos están presos sólo por proclamar y defender
estos derechos, por lo que yo recibo este
reconocimiento en su nombre.
Digo que este premio es para todos los cubanos
porque entiendo que con este premio Europa
quiere decirles: "Ustedes también tienen derecho
a los derechos". De esto siempre estuvimos
convencidos, pero hubo etapas en las que parecía
que esa verdad no era tan evidente para muchos
en el mundo.
No vengo aquí a pedir apoyo para la oposición al
gobierno cubano, ni a condenar a los que nos
persiguen. No es una ayuda para Cuba que algunos
en el mundo tomen partido por el gobierno cubano
o por los que se le oponen, a partir de
posiciones ideológicas. Nosotros queremos que se
tome posición a favor del pueblo cubano, con
todos los cubanos. Y eso significa apoyar el
respeto a todos sus derechos, apoyar la apertura,
apoyar la demanda de que se consulte a nuestro
pueblo en las urnas sobre los cambios que
estamos demandando. Pedimos la solidaridad para
que se le dé la voz a nuestro pueblo en las
urnas, como lo propone el Proyecto Varela.
Muchos han relacionado este premio con el
Proyecto Varela, y tienen razón, porque los
miles de cubanos que en medio de la represión
han firmado esa petición de referendo están
haciendo una contribución decisiva a los cambios
que Cuba necesita. Estos cambios significarían
participación en la vida económica y cultural,
significarían derechos políticos y civiles y
reconciliación nacional. Ese sería el verdadero
ejercicio de la libre determinación de nuestro
pueblo. Debe terminar el mito de que los cubanos
tenemos que vivir sin derechos para sostener la
independencia y soberanía de nuestro país.
El padre Félix Varela nos enseñó que la
independencia y la soberanía nacional son
inseparables del ejercicio de los derechos
fundamentales. Los cubanos que viven en Cuba y
en la diáspora, como un solo pueblo tenemos la
voluntad y las capacidades para construir una
sociedad democrática, justa y libre, sin odios
ni revanchas y como lo soñó José Martí: "Con
todos y para el bien de todos".
No hemos escogido el camino pacífico como una
táctica sino porque es inseparable de la meta de
nuestro pueblo. La experiencia nos dice que la
violencia genera más violencia y que cuando los
cambios políticos se realizan por esa vía se
llega a nuevas formas de opresión e injusticia.
Queremos que nunca más la violencia y la fuerza
sean vías para superar crisis y gobiernos
injustos. Esta vez realizaremos los cambios
mediante este movimiento cívico que ya está
abriendo una nueva etapa en la historia de Cuba,
en la que prevalezca el diálogo, la
participación democrática y la solidaridad. Así
construiremos una paz verdadera.
Los héroes luchadores cívicos cubanos, los
ciudadanos que firman el Proyecto Varela, no
tienen armas en las manos. No tenemos un brazo
armado. Tenemos los dos brazos extendidos,
ofreciéndoles las manos a todos los cubanos,
como hermanos, y a todos los pueblos del mundo.
La primera victoria que podemos proclamar es que
no tenemos odio en el corazón. Por eso decimos a
quien nos persigue y a los que tratan de
dominarnos: tú eres mi hermano, yo no te odio,
pero ya no me vas a dominar por el miedo. No
quiero imponer mi verdad ni que me impongas la
tuya; vamos juntos a buscar la verdad. Esa es la
liberación que estamos proclamando.
Todavía hay quienes sostienen el mito de la
disyuntiva entre los derechos políticos y
civiles, por una parte, y la capacidad de una
sociedad para construir la justicia social y
lograr el desarrollo, por la otra. No son
excluyentes. La ausencia de derechos civiles y
políticos en Cuba ha tenido graves
consecuencias, como la desigualdad, la pobreza
de la mayoría, los privilegios de una minoría,
el deterioro de algunos servicios, aun cuando
estos están concebidos como sistemas humanos y
positivos.
De esta manera, aunque muchos cubanos han
trabajado durante años con amor y buena fe, hoy
existe una grave situación en materia de
derechos civiles y políticos, además de una
creciente desigualdad y deterioro de la calidad
de vida para las mayorías. Inclusive se les atan
las manos a los ciudadanos, neutralizando las
inmensas potencialidades de creatividad y
laboriosidad de los cubanos. Esa es la principal
causa de nuestra pobreza.
No se puede justificar esta realidad afirmando
que el pueblo cubano escogió libremente ese
sistema. Ustedes saben que ningún pueblo de los
representados en este Parlamento, ni ningún otro
pueblo del mundo, renunciaría jamás al ejercicio
de sus derechos fundamentales. Cada vez queda
más demostrado que el bienestar y el progreso en
materia económica y social son frutos del
ejercicio de los derechos. De igual manera, una
democracia no es verdadera o no es completa si
no es capaz de iniciar y sostener un proceso de
elevación de la calidad de vida de todas las
personas. Porque tampoco ningún pueblo ejerce su
voto libremente para optar por la pobreza y la
desigualdad que reduzcan a las multitudes a una
situación de desventaja y marginación.
Nuestros pueblos latinoamericanos están
reclamando la democracia real, que es aquella en
la que se puede construir la justicia. Es
escandaloso que en nombre de la eficacia se
apliquen métodos que pretenden superar crisis y
acabar con la pobreza, pero que, en la práctica,
amenazan con aniquilar a los pobres.
No pretendo anunciar nuevas posiciones o
modelos, pero nuestro pueblo ha vivido y sufrido
diversos sistemas políticos y económicos. Hoy
sabemos que cualquier método o modelo que, en
una supuesta búsqueda de la justicia, el
desarrollo o la eficacia, se sitúe por encima de
la persona o anule cualquiera de los derechos
fundamentales, conduce inevitablemente a alguna
forma de opresión, a la exclusión, y sumerge a
los pueblos en la calamidad.
Queremos expresar desde aquí nuestra solidaridad
con todos los que sufren cualquier forma de
opresión y de injusticia, con los que están
silenciados y marginados en el mundo. La causa
de los derechos humanos es una sola, como una
sola es la humanidad. Si hoy se habla de
globalización, anunciamos y denunciamos que si
no se globaliza la solidaridad no sólo peligran
los derechos humanos, sino el derecho aseguir
siendo humanos. Sin solidaridad humana tampoco
conservaremos un mundo limpio donde siga siendo
posible la vida para los seres humanos.
Por eso, humildemente, creo que más que nuevos
modelos, tanto en las sociedades como en las
relaciones entre los países, lo que se necesita
es un nuevo espíritu. Este nuevo espíritu debe
expresarse en la solidaridad, la cooperación y
la justicia en las relaciones entre los países,
y no será un freno al desarrollo. Porque si se
subordinan las políticas y los modelos a la
realización de la persona, a la construcción de
la justicia y la democracia, si se humanizan las
políticas, entonces se superarán los abismos que
separan a los pueblos y seremos una verdadera
familia humana.
Llegue desde Cuba nuestro mensaje de paz y
solidaridad a todos los pueblos. Todos los
cubanos reciben este premio con dignidad y
proclamando nuestra esperanza de reconstruir
nuestra sociedad con el amor de todos, como
hermanos, como hijos de Dios. Los cubanos somos
sencillos y sólo queremos vivir en paz y
progresar con nuestro trabajo, pero no podemos,
no sabemos y no queremos vivir sin libertad.
Ante el Señor de la historia, que fue acostado
en un humilde pesebre, depositamos este homenaje
y nuestras esperanzas.
Gracias y feliz Navidad. |