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Voz de
alerta a Concilio
Dora Amador
Decía Mario Vargas Llosa que hay personajes literarios
más influyentes y definitorios en nuestra vida que un
buen puñado de seres de carne y hueso que nos rodean.
Tanto nos identificamos con sus sufrimientos, sus luchas,
sus dichas o caídas. Algo parecido me ha pasado a mí con
los disidentes en Cuba. Pero estos hombres y mujeres que
comparten mi misma nacionalidad y por ende mi misma
desgracia, no son héroes o heroínas de una narrativa:
son seres reales que arriesgan su seguridad y la de su
familia, su propia vida, por la esperanza de salvar la
nación cubana. Han sido, junto al presidio político y el
exilio, los protagonistas de nuestra épica libertaria.
Los disidentes cubanos han ocupado una parte primordial
de mi labor periodística desde 1989, cuando apoyarlos,
defenderlos, mencionarlos en cada palestra posible no
era políticamente correcto en Miami, era más bien
peligroso. Pero las cosas han cambiado, en estos siete
años nuestra ciudad se ha transformado, y aunque quedan
vestigios de canibalismo, la intransigencia ha cedido
bastante al debate civilizado.
Dicho esto paso a contestarle a Rodolfo González,
director general del Grupo de Apoyo a Concilio Cubano,
Inc., su artículo “Para opinar con las manos llenas”,
publicada ayer en estas páginas.
La trayectoria pública de Rodolfo González me es
conocida. Desde que se incorporó a la disidencia en el
Comité Cubano Pro Derechos Humanos comencé a escribir
sobre él, difundiendo sus denuncias, que enviaba o leía
por teléfono desde La Habana. Son numerosos los
artículos donde lo menciono, incluyendo, por supuesto,
cuando cayó preso, también cuando llegó a España en
marzo del año pasado. Lo llamé y lo entrevisté a él y
otros cubanos que acababan de salir de la cárcel. De
nuevo consideré urgente hacer un llamado sobre estos
cubanos que se hallaban en una situación precaria en el
Centro de Acogida de Refugiados Vallecas y Alcobendas de
Madrid.
Yo no desacredito a todos los disidentes --él lo debería
saber-- que no pertenecen al llamado Grupo de los Siete.
La comisión de jóvenes de Concilio conocida como los
Pinos Nuevos llamó algo despectivamente "Grupo de los
Siete" a los disidentes más viejos y reconocidos
internacionalmente, quejándose de que a ellos no los
entrevistaban, eran desconocidos. Estas diferencias, que
también han sido de estrategia, motivaron un conflicto
que Gustavo Arcos achacó a "ímpetus generacionales", y
aclaró que la crisis había sido pasajera. Pero sucede
algo que debemos analizar. Los Pinos Nuevos desempeñan
un papel vital en Concilio Cubano. Leonel Morejón
Almagro, delegado de Concilio, y Lázaro González Valdés,
vicedelegado, son Pinos Nuevos y están presos. Pero hay
otros en la calle que se quieren ir del país; el
gobierno lo sabe y los alienta. Algunos cayeron presos
cuando la redada de febrero y marzo, y están siendo
intimidados para que abandonen el país. Mucho me temo
que las palabras y los actos de los miembros de Concilio
que quieren venir para Estados Unidos estén
influenciados, en un momento dado, por el permiso de
salida. De ahí parte mi desconfianza ante la reciente
reunión, donde dos de las asistentes, sin duda mujeres
valientes que se han destacado en la oposición, esperan
visa para su salida. El que vaya a irse de Cuba no debe
pertenecer al Secretariado de Concilio Cubano.
El gobierno le teme a esta nueva generación de
disidentes, sin duda de un gran arrojo, que pueden
ejercer una influencia decisiva en la juventud; por eso
deja en la cárcel a dos de los Pinos Nuevos --que abogan
por las protestas callejeras y una desobediencia civil
mancomunada--, y no "toca" a la "vieja disidencia",
aunque tampoco le permite mucho movimiento: los deja en
los sillones de sus casas como una especie de pantalla
permanente para la prensa extranjera, que contraste con
los rostros y el atuendo "juvenil" de Roberto Robaina,
Carlos Fernández Cossío y otros. (Para un análisis sobre
los Pinos Nuevos, su papel en Concilio, y cómo el
gobierno trata de manipularlos, recomiendo el artículo
“Cuba's Tough Line on Dissent: Don't Trust Anyone Under
30”, de Howard LaFranchi, de la revista Christian
Science Monitor; se puede obtener a través de
CubaNet, en Internet).
La semana pasada lancé una voz de alerta a Concilio
Cubano; esa voz de alerta Rodolfo González la catalogó
de "sembrar intrigas", "crear nuevas barreras" y
convertir "el triunfo en derrota". Pregunto: ¿para que
se reunió "Concilio" el 17 de abril? ¿Para anunciar que
se iba a volver a reunir en el ultimo trimestre del año?
Las reuniones de Concilio Cubano --no de unos cuantos
miembros del Secretariado-- y los documentos que se
emitan, son de una importancia incalculable para su
credibilidad ante el pueblo cubano y la comunidad
internacional. Concilio logró aglutinar ya a más de 130
organizaciones opositoras y cuenta con un fuerte
respaldo en el exilio, la Unión Europea y Estados Unidos.
¿Cómo entonces tomar en serio una reunión del
Secretariado a la cual uno de sus miembros no pudo
asistir "por motivos de trabajo", otras dos están por
salir del país y dos más están presos?
Es cierto que en febrero se llevaron a cabo dos
reuniones en secreto en un apartamento, pero fueron del
Consejo Nacional Coordinador de Concilio Cubano,
compuesto por 28 miembros elegidos entre las
organizaciones de la coalición. A la primera pudieron
asistir 21, y fue para ratificar la convocatoria para la
reunión nacional a celebrarse del 24 al 27 de febrero.
La segunda, a la que sólo pudieron asistir 12 porque ya
el resto estaba preso, fue para anunciar que se posponía
la reunión del 24 de febrero.
Cito las palabras de Ariel Hidalgo, autor de
Disidencia, y activista incansable al frente, junto
a su mujer Teté Machado, del Buró de Información del
Movimiento de Derechos Humanos: "Concilio se encuentra
en una encrucijada que no es sólo producto del acoso del
gobierno, es más bien un problema de definición: o
responde a las realidades legitimas del pueblo cubano,
de los sectores sociales emergentes que buscan un cambio:
los aperturistas dentro del gobierno; los intelectuales
y artistas, y los cuentapropistas de la economía
informal, o se dedica a repetir las consignas del exilio".
Para finalizar, quiero aclarar que yo nunca prometí
llamar por teléfono a Rodolfo González, como dice él en
su articulo, para que me diera más información sobre su
corporación. Con lo que me dijo me basta. En estos
momentos, que yo sepa, hay dos foros de apoyo a Concilio
en Miami integrados por numerosas organizaciones del
exilio que desde el principio han ayudado mucho a esa
alianza opositora interna.
Lamento mucho que mis críticas disgusten. Creo que mi
trabajo como periodista es señalar peligros más que
cantar alabanzas.
Mayo 2, 1996 |