“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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Perestroika, USA

Dora Amador

Las calles de Nueva York se parecen cada vez más a las de Calcuta, aunque no se si en la India hay tanto criminal. Washington es quizá más peligrosa, aunque creo que, en asesinatos, Detroit va a la cabeza. ¿O es Los Angeles? Cualquiera que sea, que no le agarre la noche por los alrededores del Capitolio o de cualquiera de los monumentos que simbolizaban en Washington la grandeza de esta nación. Le podría costar fácilmente la vida. La violencia es tal en esa ciudad, que un columnista local pidió en 1989 que las Fuerzas Armadas ocuparan el lugar de la policía para controlar la violencia y los crímenes en Washington, D.C. En otras palabras, ley marcial en la capital. No se llevó a cabo, claro, aunque las cosas han empeorado en estos tres años.

Este país se desmorona, se nos viene abajo. La gran corporación sacó la garra, se quitó el disfraz. Y no es ya el descalabro --y el descaro repugnante de los altos empresarios para con miles de empleados-- de Pan American, General Motors, Eastern. O los probables despidos masivos causados por provechosas fusiones de empresas como Xerox, IBM, Chase Manhattan, Chemical Bank, Manufacturer's Hanover, Citicorp y otras. No es tampoco el desastre económico nacional --ni la falta de sensibilidad absoluta para con los miles de ancianos que tenían ahí todos sus ahorros-- causado por el fraude de las instituciones de ahorro y préstamos. Es que hay que cambiarlo todo. El país está sumido en una peligrosa recesión y como remedio, se bajan las tasas de interés para impulsar a los ciudadanos a comprar, es decir, a endeudarlos más.

Más que la indigencia creciente de la clase pobre (32 millones de personas, cifra conservadora dada por el gobierno), es la indigencia moral de los poderosos y los ricos, para quienes únicamente ha trabajado en realidad George Bush. Como ya supimos hace poco, el salario de los altos ejecutivos japoneses es menos de 20 veces mayor que el de sus empleados, pero los altos ejecutivos norteamericanos ganan 160 veces más que sus empleados. Por supuesto, cuando la empresa "se va a la quiebra", los ejecutivos se retiran con millones de dólares, mientras cientos de miles de trabajadores se quedan en la calle sin un centavo y sin seguro médico.

El servicio médico que la "potencia" del mundo --donde 40 millones de personas carecen de seguro médico-- le ofrece a su población no se puede comparar con el de Francia, Canadá, España, Gran Bretaña, Alemania y Suiza, para mencionar sólo algunos de los países desarrollados. Aunque en realidad ya no se sabe qué será peor, pues si tiene un buen seguro y debe ir al médico o lo hospitalizan, Dios lo proteja, no por la enfermedad, sino por la marabunta de doctores, técnicos y especialistas que hacen su agosto con su cuerpo. Usted sabe, además de infinidad de placas y análisis, puede que, entre otras cosas, lo operen sin necesidad.

La generación de la posguerra (baby boom generation , nacidos entre 1946 y 1964), unos 80 millones de personas, es la única en la historia del país que casi está convencida de que no recibirá el retiro del Seguro Social, porque estará en bancarrota, ni los beneficios médicos del Medicare, porque los médicos y los hospitales lo habrán exprimido hasta la última gota.

Desde la Segunda Guerra Mundial hasta el presente, Estados Unidos ha gastado más de $10 billones en la industria militar, cerca de $2 billones más que el valor estimado de todos los activos o bienes tangibles del país, excepto la tierra misma. Según un estudio llevado a cabo por el ingeniero John C. Ullman, titulado Correcting the Trillion Dollar Mistake (Corrigiendo el error del billón de dólares) , publicado en Los Angeles Daily News , más de un tercio de los ingenieros y científicos de Estados Unidos trabajan para la industria militar. Mientras aquí se producían, como en la desmembrada Unión Soviética, bombas nucleares y equipo de guerra de la más alta tecnología, Japón producía bienes de consumo, campo en el que ya está a la cabeza en el mundo, y Alemania maquinarias industriales y otros bienes de capital, donde ya ocupa el primer lugar en el mundo.

Pero no habría tanto que lamentar si a pesar de esto el invaluable material humano no estuviera amenazado. Este no es el caso.

Tomemos un solo ejemplo: la educación. La Universidad de Michigan acaba de hacer pública una evaluación escolar internacional que llevó a cabo hace poco. Uno de los resultados es que, en matemáticas, las escuelas elementales mejor calificadas de Estados Unidos quedaron por debajo de las peor calificadas de Japón, Corea y China. En otra evaluación sobre matemáticas y ciencia realizada en estudiantes de 13 años de seis países, los estudiantes de Estados Unidos quedaron en último lugar. Le precedían Irlanda, Corea, España, Reino Unido y Canadá. Súmele a eso que los resultados de aprovechamiento académico de los alumnos norteamericanos han estado disminuyendo alarmantemente en los últimos 20 años. En 1991, se llegó al nivel más bajo en la historia. Entre las causas del desastre educativo nacional se menciona que los maestros les piden menos tareas a los estudiantes que antes, los libros de texto contienen un vocabulario más fácil, y las notas son infladas por los maestros.

Poco importa si es el rap o el heavy metal lo que se oye en los guetos y suburbios de las ciudades. Lo cierto es que el futuro de este país está en las manos y los cerebros de esos millones de jóvenes que suben con furor el volumen de cantos que glorifican la violencia, la violación, el cinismo, la desconfianza, la avaricia. Aunque hay intentos de corregirlas, las canciones rap y heavy metal aterran.

Estados Unidos necesita una reestructuración radical en sus instituciones. Algunas de ellas, podridas sin remedio. Urge un nuevo pensamiento, se requieren nuevos valores para que se salve, no como imperio, pues su hora pasó, sino como nación admirable y poderosa. Ojalá no sea demasiado tarde.

Enero 2, 1992

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