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Entre la paranoia y el paroxismo
Dora Amador
La última vez que detuvieron a Enrique Patterson en La
Habana fue al salir de una conferencia de Leonardo Boff
en Casa de las Américas. Había ido allí con René del
Pozo para entregarle al conocido teólogo de la
liberación un sobre con denuncias de violaciones de
derechos humanos y un documento de la Corriente
Socialista Democrática, acabada de fundar por ellos y
otros disidentes en esos días de 1992. A la salida de la
conferencia fueron atacados por agentes de la Seguridad
del Estado. Montados en varios carros se les atravesaban
en la calle, se los lanzaban arriba, se bajaban y les
gritaban. A cada insulto de los agentes, Del Pozo
repetía: "Perdónalos, Virgen de la Caridad, ellos son
mis hermanos, y no saben lo que hacen... "Patterson,
estupefacto ante los perdones de Del Pozo, y constatando
la furia que en ellos producían estas invocaciones, dice
haber sentido mucho miedo; no pensó que saldría con vida
de todo aquello. "Fue una de las peores noches que he
pasado en mi vida", confiesa Patterson. "Pero René
habría de pasar muchas otras peores". Después supieron
que había sido el mismo Boff quien los había delatado.
Esta anécdota y un importante debate los escuché el otro
día en la Peña del Pensamiento Cubano, a la que asistí
precisamente para conocer a René del Pozo, testigo y
víctima del espanto, promulgador del perdón, recién
llegado al exilio, voz que nos sacude y nos advierte de
nuevo: La muerte se cierne.
Excremento, orina, golpizas
René del Pozo, vocero de la Comisión Nacional de
Derechos Humanos y Reconciliación Nacional en Cuba, ha
sufrido prisión varias veces; la última fue hace poco en
la estación de policía de L y Malecón, convertida en
centro de tortura para disidentes y situada al lado de
la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana.
Allí estuvo en una celda hacinada sin bañarse por 15
días, llena de presos comunes, asesinos muchos; allí los
guardias le arrojaron excremento y orina, lo golpearon,
lo torturaron con arre helado y muy caliente. Del Pozo
está muy afectado física y sicológicarnente por las
golpizas que sufrió: una vez fue atacado por agentes
encubiertos expertos en karate que lo dejaron tirado en
la acera; otra, también en la calle, lo golpearon en el
vientre con una manopla plástica hasta quedar
inconsciente; tiene los tendones y los nervios de un
brazo destrozados por una de esas golpizas.
Las huellas del sufrimiento
Del Pozo justifica plenamente la actitud del cardenal
Jaime Ortega Alamino y de monseñor Carlos Manuel de
Céspedes de no intervenir de lleno en actividades
políticas, pero dice que él y un creciente número de
católicos laicos en todo el país lo están haciendo cada
vez más activamente. Este hombre profundamente
cristiano, de la tercera orden franciscana, con votos de
pobreza, humildad y obediencia, en quien el sufrimiento
ha dejado huellas visibles, confirma a su llegada los
signos ineludibles de la debacle: Los Boinas Negras
están preparados para matar, dice. Ya se sobrepasó todo
límite imaginable, el Gobierno está en un desfase total,
reina lo irracional, la locura, el horror. Los efectivos
de la Policía Nacional Revolucionaria, los agentes de
Seguridad del Estado, las Brigadas de Respuesta Rápida,
las Tropas Especiales y todo lo que conforma el Sistema
Único de Vigilancia, tienen en estado de sitio a toda la
población. René del Pozo pide a cada momento que lo
excusen si su mente divaga o su discurso es algo
incoherente mientras trata de explicamos la situación
que acaba de dejar en la isla. Yo lo escucho y lo
observo: es, como Josefa Serrano, la madre de Enrique
Patterson, una herida abierta y dolorosa de la nación
cubana.
Tuvimos una larga conversación telefónica Josefa Serrano
y yo. Con 80 arios, esta mujer admirable me narra sus
andanzas cotidianas por toda La Habana: buscando comida,
medicinas, denunciando violaciones de derechos humanos,
visitando presos, ayudando a alguna familia o alguna
madre que, como ella, se halle sufriendo la ausencia de
un hijo o una hija. "Vivo muriendo desde que mi hijo se
fue, es lo único que tengo", me dice.
Josefa es miembro del Movimiento de Madres Cubanas por
la Solidaridad y del Comité de Ayuda a los Presos, su
padecimiento cardíaco y de hipertensión no le
impiden su activismo. En la casa lee mucho, me dice,
libros de historia, novelas, biografías. Ahora acabó uno
sobre la vida de Antonio Maceo. "Añoro el pasado", me
dice por teléfono, cuando era tenedora de libros en una
tabaquería, o zapatera, antes de la revolución. "Nunca
he sufrido tanto como en esta época, cuando por sólo
pensar se es víctima de acoso y represalias, pero hay
que ver el clamor del pueblo. Alguien debería ver lo que
sucede en las calles de La Habana todos los días. Ya
nadie se calla, todos se quejan y hablan. El clamor del
pueblo es impresionante".
Entre túneles y búnkers
Los túneles que se han cavado por toda la isla se siguen
llenando de armas; los oficiales de los altos mandos de
las Fuerzas Armadas de Cuba se congregan para analizar
el pensamiento estratégico-militar de Fidel Castro, que
el general Ulises Rosales del Toro elogia hasta el
paroxismo y cataloga de "revolucionario hasta en su
forma de expresión, ajeno a todo anquilosamiento,
formalismo o estereotipo ... un elemento de necesidad
imperiosa". Más y más oficiales de las Fuerzas Armadas y
del Ministerio del Interior son encarcelados. Una fuente
allegada a Alexis y Alejandro, dos de los hijos de Fidel
Castro, señala el creciente estado de paranoia del
Comandante en Jefe, a quien se ve ahora muy aficionado
en su búnker de Jaimanitas o cualquiera de sus
mansiones-fortalezas, a los libros sobre los
extraterrestres, ciencias ocultas y esoterismo.
"Cualquier cosa, cualquier cosa en cualquier momento
puede pasar en Cuba. Hay mucho, mucho odio acumulado"'
advierte René del Pozo.
Un carro de la Seguridad del Estado pasó junto a Josefa
Serrano y le gritó: 'Vieja, estás muy vieja para eso.
"Pero yo sigo, porque ya sé lo que es la democracia, la
vivo en la calle, y no hay quien me pare", dijo la
activista de derechos humanos.
Septiembre 28, 1995 |