“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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Entre la paranoia y el paroxismo

Dora Amador

La última vez que detuvieron a Enrique Patterson en La Habana fue al salir de una conferencia de Leonardo Boff en Casa de las Américas. Había ido allí con René del Pozo para entregarle al conocido teólogo de la liberación un sobre con denuncias de violaciones de derechos humanos y un documento de la Corriente Socialista Democrática, acabada de fundar por ellos y otros disidentes en esos días de 1992. A la salida de la conferencia fueron atacados por agentes de la Seguridad del Estado. Montados en varios carros se les atravesaban en la calle, se los lanzaban arriba, se bajaban y les gritaban. A cada insulto de los agentes, Del Pozo repetía: "Perdónalos, Virgen de la Caridad, ellos son mis hermanos, y no saben lo que hacen... "Patterson, estupefacto ante los perdones de Del Pozo, y constatando la furia que en ellos producían estas invocaciones, dice haber sentido mucho miedo; no pensó que saldría con vida de todo aquello. "Fue una de las peores noches que he pasado en mi vida", confiesa Patterson. "Pero René habría de pasar muchas otras peores". Después supieron que había sido el mismo Boff quien los había delatado.

Esta anécdota y un importante debate los escuché el otro día en la Peña del Pensamiento Cubano, a la que asistí precisamente para conocer a René del Pozo, testigo y víctima del espanto, promulgador del perdón, recién llegado al exilio, voz que nos sacude y nos advierte de nuevo: La muerte se cierne.

Excremento, orina, golpizas

René del Pozo, vocero de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional en Cuba, ha sufrido prisión varias veces; la última fue hace poco en la estación de policía de L y Malecón, convertida en centro de tortura para disidentes y situada al lado de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana. Allí estuvo en una celda hacinada sin bañarse por 15 días, llena de presos comunes, asesinos muchos; allí los guardias le arrojaron excremento y orina, lo golpearon, lo torturaron con arre helado y muy caliente. Del Pozo está muy afectado física y sicológicarnente por las golpizas que sufrió: una vez fue atacado por agentes encubiertos expertos en karate que lo dejaron tirado en la acera; otra, también en la calle, lo golpearon en el vientre con una manopla plástica hasta quedar inconsciente; tiene los tendones y los nervios de un brazo destrozados por una de esas golpizas.

Las huellas del sufrimiento

Del Pozo justifica plenamente la actitud del cardenal Jaime Ortega Alamino y de monseñor Carlos Manuel de Céspedes de no intervenir de lleno en actividades políticas, pero dice que él y un creciente número de católicos laicos en todo el país lo están haciendo cada vez más activamente. Este hombre profundamente cristiano, de la tercera orden franciscana, con votos de pobreza, humildad y obediencia, en quien el sufrimiento ha dejado huellas visibles, confirma a su llegada los signos ineludibles de la debacle: Los Boinas Negras están preparados para matar, dice. Ya se sobrepasó todo límite imaginable, el Gobierno está en un desfase total, reina lo irracional, la locura, el horror. Los efectivos de la Policía Nacional Revolucionaria, los agentes de Seguridad del Estado, las Brigadas de Respuesta Rápida, las Tropas Especiales y todo lo que conforma el Sistema Único de Vigilancia, tienen en estado de sitio a toda la población. René del Pozo pide a cada momento que lo excusen si su mente divaga o su discurso es algo incoherente mientras trata de explicamos la situación que acaba de dejar en la isla. Yo lo escucho y lo observo: es, como Josefa Serrano, la madre de Enrique Patterson, una herida abierta y dolorosa de la nación cubana.

Tuvimos una larga conversación telefónica Josefa Serrano y yo. Con 80 arios, esta mujer admirable me narra sus andanzas cotidianas por toda La Habana: buscando comida, medicinas, denunciando violaciones de derechos humanos, visitando presos, ayudando a alguna familia o alguna madre que, como ella, se halle sufriendo la ausencia de un hijo o una hija. "Vivo muriendo desde que mi hijo se fue, es lo único que tengo", me dice.

Josefa es miembro del Movimiento de Madres Cubanas por la Solidaridad y del Comité de Ayuda a los Presos, su padecimiento cardíaco y de hipertensión no le

impiden su activismo. En la casa lee mucho, me dice, libros de historia, novelas, biografías. Ahora acabó uno sobre la vida de Antonio Maceo. "Añoro el pasado", me dice por teléfono, cuando era tenedora de libros en una tabaquería, o zapatera, antes de la revolución. "Nunca he sufrido tanto como en esta época, cuando por sólo pensar se es víctima de acoso y represalias, pero hay que ver el clamor del pueblo. Alguien debería ver lo que sucede en las calles de La Habana todos los días. Ya nadie se calla, todos se quejan y hablan. El clamor del pueblo es impresionante".

Entre túneles y búnkers

Los túneles que se han cavado por toda la isla se siguen llenando de armas; los oficiales de los altos mandos de las Fuerzas Armadas de Cuba se congregan para analizar el pensamiento estratégico-militar de Fidel Castro, que el general Ulises Rosales del Toro elogia hasta el paroxismo y cataloga de "revolucionario hasta en su forma de expresión, ajeno a todo anquilosamiento, formalismo o estereotipo ... un elemento de necesidad imperiosa". Más y más oficiales de las Fuerzas Armadas y del Ministerio del Interior son encarcelados. Una fuente allegada a Alexis y Alejandro, dos de los hijos de Fidel Castro, señala el creciente estado de paranoia del Comandante en Jefe, a quien se ve ahora muy aficionado en su búnker de Jaimanitas o cualquiera de sus mansiones-fortalezas, a los libros sobre los extraterrestres, ciencias ocultas y esoterismo. "Cualquier cosa, cualquier cosa en cualquier momento puede pasar en Cuba. Hay mucho, mucho odio acumulado"' advierte René del Pozo.

Un carro de la Seguridad del Estado pasó junto a Josefa Serrano y le gritó: 'Vieja, estás muy vieja para eso.

"Pero yo sigo, porque ya sé lo que es la democracia, la vivo en la calle, y no hay quien me pare", dijo la activista de derechos humanos.

Septiembre 28, 1995

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