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El llamado de Tampa
Dora Amador
La presencia y la palabra viva de José Martí me llegaban
como un eco doloroso en la helada mañana de Tampa:
"Yo abrazo a todos los que saben amar. Yo traigo la
estrella, y traigo la paloma, en mi corazón… ¡Porque eso
es esta ciudad; eso es la emigración cubana entera; eso
es lo que venimos haciendo en estos años de trabajo sin
ahorro, de familia sin gusto, de vida sin sabor, de
muerte disimulada! ¡A la patria que allí se cae a
pedazos y se ha quedado ciega, hay que
llevar la patria piadosa y previsora que aquí se
levanta! ¡A lo que queda de patria allí… ! De las
entrañas desgarradas levantemos un amor inextinguible
por la patria sin la que ningún hombre vive feliz, ni el
bueno ni el malo. Allí está, de allí nos llama, se la
oye gemir, nos la violan y nos la befan y nos la
gangrenan a nuestros ojos, nos corrompen y nos
despedazan a la madre de nuestro corazón".
Más de 100 años después de este discurso, Con todos y
para el bien de todos, pronunciado por Martí en el Liceo
Cubano de Tampa, llega a la ciudad-cuna de la
independencia cubana Jaime Ortega Alamino y nos llama de
nuevo. De nuevo la emoción que estalla en himnos a la
patria, en banderas cubanas que se elevan a lo alto, en
lágrimas y risas, empujones para abrirse paso, decirle
algo, darle la mano. "Es el líder espiritual de nuestra
patria", dijo el presidente del Centro Histórico
Cultural de Tampa, Orlando Rodríguez. "Estoy tan feliz
de que haya dirigido una oración en memoria de los
muertos que aparecen en el manto", dijo a su vez Rolando
Pérez Pedrero, bisnieto de uno de los primeros
tabaqueros de Ybor City, y presidente del Círculo Cubano
de Tampa. Se refería al impresionante manto que un grupo
de hombres y mujeres de la Fundación Nacional Cubano
Americana tenía desplegado en las afueras del templo
mostrando los nombres de los cubanos asesinados por el
régimen de Fidel Castro. "Tuvo un significado político
muy importante, que haya orado por ellos y por los
mártires de la Acción Católica, de Bahía de Cochinos,
los muertos en el avión de Barbados", decía Pérez
Pedrero. Unas 1,400 personas llenábamos la iglesia San
Pablo para compartir la Eucaristía presidida por el
cardenal cubano. Fue la culminación de un día para mí
inolvidable, de visitar lugares de honda significación:
el Círculo Cubano de Tampa, el Parque José Martí, la
Unión Martí-Maceo.
El cometido riesgoso
Como todas las suyas, fue ésta una homilía que
estremecía. Se podía sentir en el aire, en el silencio
de todos atentos a su palabra, palabra que era llama y
semilla, torrente de amor cristiano, llamándonos a la
acción urgente de la solidaridad:
"¿Cómo cumplir con el programa de Jesús de ser sal y luz
aquí en Tampa, en Estados Unidos? ¿Cómo cumplirlo en
Cuba, en mi Arquidiócesis de La Habana?
“Comprometedor y riesgoso este cometido: porque según el
profeta Isaías, `tu luz romperá como la aurora' si
practicas de veras el amor y la justicia. 'Si partes tu
pan con el hambriento, si hospedas a los pobres sin
techo, si vistes al que va desnudo, y no te cierras a
tus semejantes'… Serás así sal y luz, no por lo que
expliquen tus labios, sino por las obras concretas que
realices, impulsado por el amor. Ser luz no es brillar,
es aportar claridad y color a la vida, y no hay luz sin
desgaste de energía, no se puede alumbrar sin consumirse
en cierto modo. Por eso les hablaba de sacrificio y de
Cruz.
"El amor no puede consistir sólo en buenas palabras… El
amor tiene que concretarse en obras, y ¿cómo hacerlo
cuando las necesidades son tantas? ¿Cómo cumplir con esa
misión tan propia de la Iglesia, cuando se dificulta el
establecer y hacer funcionar las estructuras mínimas
necesarias para ejercer con criterios actualizados una
auténtica solidaridad?"
Vi, o me empeñé en ver en la ovación y los aplausos, en
el llanto de algunos, en las expresiones de los rostros,
que esta vez no seria un profeta clamando en el
desierto.
Y por primera vez me pregunté allí cómo hubiera obrado
Martí si en vez de combatir a españoles, hubiera sido a
cubanos. El amor inmenso que sintió siempre por Cuba,
plasmado a través de toda su obra, me dice que no
hubiera optado por una cruenta guerra civil entre
hermanos.
Porque, ¿qué llanto es más desgarrador, el de la madre
del joven miliciano que murió en Girón, o el de la
exiliada que nunca más vio a su hijo cuando salió en la
Brigada 2506 rumbo a Bahía de Cochinos?
Escándalo y locura
A veces no puedo evitar recordar, al mirar a los cubanos
del exilio, aquel pasaje del Evangelio: "Como ovejas sin
pastor… "Así hemos estado por muchos, muchos años de
sufrimiento y desolación. Ahora nos llega de nuevo una
voz que nos predica el amor y la Cruz, "que es escándalo
para unos y locura para otros, pero que, para los que
creemos en Cristo, es vida y salvación".
Acudamos al llamado urgente de solidaridad con los de
allá. Basta de retóricas y de odios, de tibiezas, de
tanto hablar y esperar en la inercia cómoda de la
abundancia. Basta también, los de allá, de abandonar la
patria.
De eso se trata, intentar ser luz, luz que rompa como la
aurora, para que al fin la Cuba nueva, que ya germina en
los corazones, nazca de una vez, con todos y para el
bien de todos.
Febrero 8, 1996 |