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La libertad del blog
Dora Amador
Junio 5 de 2009
Qué oportuna es la columna publicada el 22 de mayo por
Ivette Leyva Martínez: ''Nostalgias del porvenir'',
acerca de Cuba Nostalgia, esa gigantesca industria
comercial de un pasado hermoso, pero muerto. Sin
embargo, es válido, fue parte de la memoria histórica de
un exilio ya ido. Pero digamos otra verdad, también
entretiene y cultiva. Leyva Martínez reclama su lugar en
esa fiesta de la memoria que no es de ella. Ella extraña
otras cosas, como la heladería Coppelia y los artesanos
de La Habana.
¿Quién se acuerda o añora una Cuba de seis provincias?
Yo no, me da lo mismo, mientras le quiten a una el
nombre de Granma, pero a saber los que se nieguen porque
sentirán nostalgia por el nombre de su provincia. ¿Cuántas
calles, ciudades, escuelas, tendrán que cambiar de
nombre? ¿Cuántas fechas ''gloriosas'' actuales se
intentará borrar de la memoria deshecha,
antropológicamente dañada después de 50 años de mentiras
y mitos? ¿Cuántas nuevas fechas se incorporarán a las
nuevas efemérides nacionales? Hay tanto que rehacer,
derribar, construir. Y no hablemos de los que estamos
aquí que regresemos a Cuba. ¿Tendremos nostalgia de
Miami? Hemos sido dos países, hemos vivido en dos
culturas, y tanto tiempo ha pasado.
¿Alguien recuerda cuando apoyar el movimiento disidente
era sospechoso y hasta peligroso en Miami? ¿Cuando
hablar por teléfono con uno de ellos y escribir sobre
esa información era ''estar en componenda con Castro''
porque, cómo puede una periodista exiliada hablar con un
cubano de la isla y no ser éste de la Seguridad del
Estado? ¿Quién recuerda, a ver, cuando escribir sobre la
lucha pacífica y la acción cívica no violenta de Martin
Luther King, Jr., Rosa Parks y Mahatma Gandhi causaban
desdén o risa entre los ''verticales'' y ''beligerantes'',
que afirmaban sin gota de duda que los que abogábamos
por eso éramos o tontos útiles o cómplices del castrismo,
sin mencionar su racismo? Un día escribí sobre la
desobediencia civil ejercida por Henry David Thoreau,
tan exitosa en su época. Y después, en el 91, descubrí a
Havel. Fue mi faro, mucho escribí sobre su obra y él
como hombre profundamente cristiano, además de
intelectual y disidente.
Hoy, al cabo de 20 años de escribir para El Nuevo
Herald, yo también reclamo mi pequeño aporte a la verdad
vivida, a que este exilio sea más plural y democrático.
Muchas cosas que hoy se dan por sentadas y se discuten
sin temor alguno se debe a un camino abierto por otros
--no soy la única-- que vencieron el miedo reinante.
Esto no debe ignorarlo el historiador o la historiadora
de una Cuba futura y libre. Por eso y otras razones --principalmente
la libertad absoluta que da un blog-- es que el lector
interesado podrá leer en Palabra (www.palabracubana.org)
todo lo que he publicado en El Nuevo Herald. Esta
edición renovada de Palabra salió publicada el 20 de
mayo de 2009 y se la dedico a los blogueros y a los
presos políticos cubanos. En la primera página se podrá
leer un reportaje publicado en 1991, La larga noche:
Mujeres en el presidio político cubano. Testimonios de
presas políticas que ningún amante de la libertad debe
desconocer. Es el horror total del presidio castrista
narrado por mujeres torturadas.
Todas las tácticas de lucha política han fallado en
lograr la libertad de Cuba, pero sí han creado la
conciencia nacional de la no violencia. Pero presten
atención a los blogueros, que logran victoria tras
victoria. La segunda ''sentada'' de los ciberactivistas
en un hotel exigiendo que los cubanos tuvieran acceso a
internet, como los turistas, grabada en vídeo y lanzada
a la blogosfera, demuestra que el régimen le tiene pavor
a la generación digital. En menos de dos semanas eliminó
la prohibición y ya los cubanos pueden bloguear de nuevo
en hoteles y cibercafés. Ahora falta que cada ciudadano
pueda hacerlo desde su casa en su propia computadora,
como lo hace el resto del mundo. |