“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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La intervención posible

Dora Amador

Superada la repulsión primaria, dos cosas confirmo al leer el informe que Raúl Castro presentó ante el Comité Central del Partido Comunista cubano el 23 de marzo: cuán similares son los discursos de la caverna castrista y de los extremistas del exilio, y cuán inevitable se hace la intervención americana en la isla. Una tercera cosa constato: cuánto daño han hecho en Miami los que, en su estupidez y ceguera, no vieron lo importante y efectivo que era, y fue, el encuentro y el diálogo entre cubanos, los de allá con los de acá: diálogo de escritores y artistas, de disidentes, de sociólogos e intelectuales, de profesionales, de gente que iba y venía de visita. Ese reconocimiento mutuo, que se intensificó en los últimos años en conferencias, tertulias privadas, encuentros en algunas casas, derribaba andamiajes ideológicos para construir puentes de verdadero debate sobre la crisis cubana y su futuro. Ese debate no era, no es inútil. Esas personas no regresaban a la Universidad de La Habana, al Centro de Estudios de. América, a sus puestos de trabajo —o de desempleo— con la misma mentalidad. La libertad y la democracia se contagian. "Diversos compañeros fueron cayendo en la tela de araña urdida por los cubanólogos extranjeros", dice Raúl Castro, "en verdad servidores de Estados Unidos, en su política de fomentar el quintacolumnismo… Las instituciones tienen que servir… a los intereses de nuestro pueblo. Y ello no lo pueden pasar por alto sus investigadores a la hora de debatir y fijar posiciones en los talleres, en seminarios dentro y fuera de Cuba".

Es significativo que en su discurso el ministro de Defensa llame a estos intelectuales igual que algunos exiliados: "cubanólogos". El vocablo es de cuño miamense; lo ideó alguien y después lo repitieron los periodistas papagayos, a la caza siempre de ideas y palabritas que hagan parecer original su trillado discurso; observo que lo practican para criticar y engañar a quienes imitan. Son los políticamente correctos, siempre tras el plagio y el protagonismo que los haga sentir gente.

Lo mismo ocurre con las visitas de cubanos de allá y de acá. Siempre el aislamiento les fue más ventajoso a los comunistas. "Desde el punto de vista de la penetración ideológica", dice Raúl Castro, "sin duda es perjudicial… la visita de cubanos desde Estados Unidos a sus familiares en Cuba y viceversa". Me pregunto cuántas horas habrán pasado los hermanos al mando ideando un plan por medio del cual pudieran obtener los dólares del exilio, pero no las visitas, para evitar el "contagio ideológico". ¿Cortarán ahora las líneas de teléfono?

Raúl Castro amenaza con un "nuevo Viet Nam en Cuba" y cómo se fortalece "cada día la preparación para la defensa basada en la concepción de la Guerra de Todo el Pueblo". Un bombardeo computarizado tipo Iraq a Cuba es imposible si se pretende evitar inmensas bajas en la población civil, las bases militares están bajo tierra diseminadas por todo el país. Pero Cuba está en estado de alerta para una guerra inminente, la quiere.

Me da la impresión de que Estados Unidos también. Este país debe de temer, y con razón, que los comunistas ganen las elecciones en Rusia en junio y se apoderen de nuevo de Cuba, algo que Castro aguarda ansioso. Debe de temer y de presentir una salida masiva de balseros en cualquier momento, debe de temer que la planta nuclear de Juraguá eche a andar, proyecto que Rusia, si ganan los estalinistas, pondría en marcha de inmediato. Aunque no se ha dado a la publicidad, sospecho que el estado de alerta militar creado en la Florida el mes pasado no se ha descontinuado del todo. La política de confrontación es irreversible.

Verdaderamente, todo recurso parece estar agotado.

Yo también estoy agotada.

Como periodista —esta batalla librada en la prensa ha sido larga y demoledora, que por años he defendido en este espacio la causa de la libertad de Cuba, de la disidencia interna y de la no violencia, veo cuán inútil ha sido todo. ¿Ha sido inútil? ¿Podría alguien por favor hacer algún día la historia de los periodistas independientes de Miami? No sufrimos cárcel, como los periodistas independientes de Cuba, pero ¡ay! cuánta agresión solapada, cuánta presión, cuánto golpe bajo, cuánta canallada.

Hallé en el pensamiento y la acción fecundos de Vaclav Havel, de Henry David Thoreau —creador del concepto de desobediencia civil como arma de lucha en el siglo pasado—, de Gandhi y de Martin Luther King una ética cuyas raíces se encuentran en la figura cumbre de Jesús. ¿A qué cubano no violento recurrir? ¿A Félix Varela? ¿A los disidentes genuinos que sufrieron atropello en su momento en Cuba y en Miami? ¿Es la inercia del pueblo cubano ante el derrumbe del país una resistencia pacífica no concertada, pero efectiva?

Cuando caía en el bache paralizante del desaliento, como aquel 10 de diciembre del 92, Día de los Derechos Humanos, en que hubo las redadas y golpizas a los disidentes; cuando tenía que defenderme o callar ante un ataque radial o escrito por mi defensa al excepcional Programa Transitorio de Oswaldo Payá; el derecho de Tomás Sánchez a exhibir su obra en Miami; del arquitecto Eduardo Luis Rodríguez a hablar ante una audiencia de cubanos exiliados en conferencias auspiciadas por el Instituto de Investigaciones Cubanas, y de Mercedes Arce y otros a debatir en congresos del Instituto de Estudios Cubanos; cuando defendí y defiendo al cardenal Jaime Ortega; cuando en noviembre del año pasado insté a que Concilio Cubano celebrara su reunión en Cuba y que asistiéramos los exiliados —fue la activista Teté Machado la que me informó del plan en embrión , y hubo cinismo y alguna reciclada burla machista, porque no pensaron los estrategas militares del exilio en las consecuencias que semejante "ingenuidad" podría acarrear; cuando me invadía la desesperanza, la decepción, el desamparo total, Dios me daba fuerzas, me daba fe. ¿Fe en qué? En la llama interior que me inspira: Cristo, Cuba.

Porque no se trata de estrategia, ni de intervención extranjera, se trata, se trataba, de un cambio radical de corazón. Pero es pedirle demasiado a los cubanos.

Abril 18, 1996

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