“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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La hora cumbre

Dora Amador

El régimen cubano está amenazando a los que asisten a las misas que se están celebrando en La Habana. También anuncian represalias para los que planeen ir a las que ofrecerá el Papa. Es hora, dice la autora, de recordar aquel pedido constante de Jesús, que más que pedido, es un mandato evangélico: 'No tengan miedo'.

El gobierno cubano hará todo lo posible para que los exiliados no vayan a Cuba durante la visita del Papa. Ya han empezado a enviar mensajes inequívocamente intimidatorios para desalentarlos. Más aún: el informe de Fides acerca de que el régimen está hostigando a las personas que asisten a las misas al aire libre que se celebran en La Habana en preparación para la visita del Papa confirma que, para los católicos, ha llegado una hora cumbre. "No tengáis miedo", nos pide una y otra vez Jesús en los evangelios. "No tengáis miedo", nos pide también una y otra vez Juan Pablo II en Cruzando el umbral de la esperanza.

La agencia noticiosa Fides, que publica el semanario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, la institución misionera de la Iglesia Católica encargada de los asuntos de desarrollo dirigida por el jesuita Bernardo Cervelera, informa en su boletín del 10 de octubre que ha habido amenazas de despido a trabajadores, la presencia de agentes de seguridad del estado en actos religiosos y la filmación por parte de la policía de asistentes a las misas. Gerentes de compañías, miembros oficiales del partido y jefes de seguridad que han formado filas para recibir la comunión, han desaparecido después de las misas y se han ausentado de sus trabajos durante semanas. De acuerdo con las mismas fuentes, estas personas son sometidas a interrogatorios y reciben amenazas.

Que la seguridad del estado está infiltrada en las misas públicas y que lo estará mucho más en las del Santo Padre es algo que todos conocemos; que los medios de transporte de por sí dificilísimos no van a mejorar para que los cubanos acudan a las celebraciones, lo sabemos; que el régimen de La Habana hará lo indecible para que la presencia de Karol Woytila no signifique nada, o casi nada en el curso nacional dictado por el 5to. Congreso del Partido Comunista iniciado ayer, lo sabemos también.

Pero otra cosa sabemos: que el seguimiento de Jesús nos exige ser testimonios del evangelio. Ese evangelio nos pide primero que nada amor, amar incluso a nuestros enemigos. Nos pide que seamos mansos, nunca violentos. Y nos pide valor. La fe da todo esto. Y la visita del Papa es un asunto de fe, ¿de qué otra cosa va a ser? El Papa va a Cuba a celebrar misas para los cubanos. Una misa es una ofrenda a Dios en la que, por medio de la consagración, el pan y el vino se transforman en el cuerpo y la sangre de Cristo que se ofrecen como sacrificio. ¿De dónde, si no es de la fe, surge esa necesidad profunda de acercarse al altar y comulgar? ¿De dónde si no ese inmenso regocijo, esa esperanza grande, que hoy llena los corazones de tantos cubanos de allá y de acá por la llegada de Juan Pablo II?

Entre ruinas y baches, miseria y muchas necesidades sobrevive el pueblo cubano. ¡Ay!, pero qué testimonio tan excepcional el que he podido ver en estos días. Una amiga acaba de llegar de la isla y me ha mostrado los álbumes de fotos más impresionantes que recuerde. Se dedicó a visitar iglesias y a retratarlas, y vi dónde se ha iniciado ya la reconstrucción de Cuba. La vi. Es ahí, en la Iglesia, que se levanta físicamente de los escombros. Muchos templos se están pintando, reconstruyendo, limpiando para la visita del Papa. En la Catedral de La Habana se acaba de abrir una capilla donde está expuesto siempre el Santísimo, preciosa.

No sé, es difícil expresar lo que sentí ante estas fotografías de altares y vitrales, cúpulas, imágenes de la Caridad con escudos y banderas e islas talladas; mis ojos están tan adaptados a ver las ruinas, y allí estaban también, en las calles y los edificios, en los rostros de hombres sentados en aceras, con la mirada perdida, pero por primera vez vi algo milagroso, como si Cuba resucitara lentamente.

En esta hora en que se acerca la llegada del mensajero de la esperanza a la patria, sólo te pido, Dios del amor, que llenes de fe el espíritu de los cubanos, y que nada, ni el más feroz odio anticristiano de allá o de acá, logre apartarnos de ti. Bastante tiempo estuvimos sin asistir a un templo, muchos años te tuvimos olvidado. Es hora de que, desnudos hasta los huesos, hambrientos y sedientos, desterrados, despojados de todo, los más pobres de entre los pobres de América, de rodillas pronunciemos: Sálvanos.

Noviembre 16, 1997

 

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