“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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Escalofrío de reptiles

Dora Amador

En su reportaje Plan para Cuba sin Castro, el periodista del Miami Herald Christopher Marquis tuvo un lapsus cálami, equivocación cometida al correr de la pluma, cuando incluyó entre las condiciones principales para el cumplimiento del plan de Apoyo para una Transición Democrática en Cuba, "la salida del poder de Fidel Castro y su hermano Raúl". Esa condición no aparece en el documento, lo que dice es: "Una vez que Cuba tenga un gobierno de transición (es decir, un gobierno comprometido con el establecimiento de una sociedad pluralista y plenamente democrática), los Estados Unidos estará listo para comenzar a normalizar las relaciones..." etcétera. Pero el lapsus de Marquis, que repitió incluso la prensa internacional, dejó de serlo. Ayer, la Casa Blanca aclaró que, efectivamente, el plan se llevaría a cabo sin los hermanos Castro.

La difusión

El plan anunciado el martes por el presidente Bill Clinton será difundido dentro de la isla por la Sección de Intereses estadounidense en La Habana. "Esto podría darle un gran susto al régimen de Castro si llega a manos de mucha gente en Cuba", afirmó una asesora legislativa, que pidió no ser identificada. Pero suponiendo que en la Sección de Intereses el régimen ponga postas las 24 horas al día y se vigile todo papel que de allí salga, Radio Martí la va a divulgar ampliamente, y a la isla va a entrar por cientos de canales, eso se sabe. "La transición será menos temible de lo que creen", le dijo por otro lado un alto funcionario del gobierno norteamericano a The Washington Post, y no creo que insinuara sólo que el "menos temible" se refería únicamente al cambio económico, aquí va un mensaje directo a las fuerzas armadas y a altos funcionarios del régimen. A ellos Estados Unidos les está tendiendo la mano con una sola condición: salgan de ellos. Lo intentarán disimular bien, pero un incomodísimo escalofrío ha de estar recorriendo en estos momentos la espina dorsal de Fidel y Raúl Castro.

Exceptuando a Vilma Espín, Juan Almeida, José Machado Ventura, Osmani Cienfuegos y muy pocos más, ¿quiénes serán los que ya se sienten tentados con semejante respaldo a deshacerse de los nefastos hermanos? ¿Serán Carlos Lage, Roberto Robaina, Ricardo Alarcón, Ulises Rosales del Toro los que —cada uno por su cuenta o en tinglado bien armado, nunca se sabe— comiencen a "mover fichas", para utilizar la frase que José María Aznar utilizó en Santiago de Chile, que tanto molestó al comandante?

Dirigido a la cúpula

"Esto es bravo", me comenta Jorge Sanguinetty, brillante analista de la economía cubana, que siempre leo con sumo interés. "Está dirigido a la cúpula del gobierno cubano que está en contra de Fidel, los que yo llamo los disidentes silenciosos', ésos que no pueden decir nada y que se hallan en los niveles más altos del gobierno". ¿Qué efecto tendrá esto? "El plan va a tener un gran impacto allá, y el efecto va a ser inmediato, porque acerca el futuro a la mente de los cubanos, que tienen que pensar cómo va a ser la reconstrucción de Cuba. Ahora bien, aunque esto es un gran aporte, no es suficiente; la reconstrucción de la nación cubana va a depender de inyecciones masivas de capital extranjero".

El plan de ayuda elaborado por la Agencia Internacional de Desarrollo (USAID) —y con el impulso de algunos cubanos exiliados, entre ellos el congresista Bob Menéndez— hasta de $8,000 millones para el periodo de transición hacia la democracia y la economía de mercado, con los inmediatos préstamos del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional y el asesoramiento para la suscripción de futuros acuerdos internacionales sobre comercio y financiación, se pondría en efecto tan pronto dejaran de gobernar los hermanos Castro, se establezca un gobierno de transición, se libere a todos los presos políticos y restablezcan los derechos humanos, y se afirme una convocatoria de elecciones, supervisadas por la comunidad internacional.

"Es la primera vez que el gobierno norteamericano ofrece un incentivo para cambiar el sistema político cubano. En lugar de establecer otras sanciones, da un incentivo", dice el economista Carmelo Mesa Lago, a quien le escuché una impresionante ponencia sobre el estado actual de la economía cubana en un congreso auspiciado por el Instituto de Estudios Cubanos el año pasado. Los datos, las cifras, el análisis que Mesa presentó allí me dieron por primera vez una visión real de la magnitud de la debacle económica en la que se halla Cuba.

Llamé a Mesa para saber su opinión sobre este plan y para preguntarle si algún país comunista había recibido una ayuda similar a la que se le acaba de prometer a Cuba. "Rusia recibió mucho más", Me comentó, "pero la diferencia está en que ahora la ayuda se está anunciando antes del posible cambio, las otras ayudas se hicieron después que el sistema había caído". ¿Será esta cifra suficiente para capear la transición sin mucho caos y mayores sufrimientos? "No va a ser un lecho de rosas, pero se ha comprometido una suma para un período de tiempo", explica Mesa, "y eso puede ser la base para que otros gobiernos, otras organizaciones internacionales y del sector privado ayuden. Hay que ver ahora si España, Inglaterra y otros países de Europa y Latinoamérica se unen a la ayuda". Eso es precisamente lo que pidió Bob Menéndez desde Washington: un respaldo económico internacional, como se hizo con Rusia.

Sin preocupación

El plan de Apoyo para una Transición Democrática en Cuba elimina una de las mayores preocupaciones que ha tenido el pueblo que desea el fin de la dictadura, pero se pregunta qué va a pasar después de Castro, temiendo que el cambio sea peor.

Al conocer sobre el plan de Bill Clinton, Fidel Castro, siempre fiel a sus metáforas cristianas, se comparó a sí mismo con un cordero. Curioso, esta vez fue honesto: su sangre está envenenada. Pero erró al creer que en el banquete donde se despedazará su cuerpo —nadie se repartirá sus vestiduras— se hallará un dragón sediento. Son los buitres y los perros salvajes que lo rodean los que comienzan a olfatear su carne moribunda, su sangre, para ellos, reptantemente redentora.

Enero 30, 1997

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