Páginas bíblicas que nos hablan del Profeta Elías:
1 Reyes, cap. 17-19, 21, y 2
Reyes, cap. 1-2.
Capítulo 17
El anuncio de la gran sequía
1 Elías el tisbita, de Tisbé en Galaad, dijo a Ajab:
«¡Por la vida del Señor, el Dios de Israel, a quien yo
sirvo, no habrá estos años rocío ni lluvia, a menos que
yo lo diga!».
2 La palabra del Señor le llegó en estos términos:
3 «Vete de aquí; encamínate hacia el Oriente y escóndete
junto al torrente Querit, que está al este del Jordán.
4 Beberás del torrente, y yo he mandado a los cuervos
que te provean allí de alimento».
5 El partió y obró según la palabra del Señor: fue a
establecerse junto al torrente Querit, que está al este
del Jordán.
6 Los cuervos le traían pan por la mañana y carne por la
tarde, y él bebía del torrente.
Elías y la viuda de Sarepta
7 Pero, al cabo de un tiempo, el torrente se secó porque
no había llovido en la región.
8 Entonces la palabra del Señor llegó a Elías en estos
términos:
9 «Ve a Sarepta, que pertenece a Sidón, y establécete
allí; ahí yo he ordenado a una viuda que te provea de
alimento».
10 El partió y se fue a Sarepta. Al llegar a la entrada
de la ciudad, vio a una viuda que estaba juntando leña.
La llamó y le dijo: «Por favor, tráeme en un jarro un
poco de agua para beber».
11 Mientras ella lo iba a buscar, la llamó y le dijo:
«Tráeme también en la mano un pedazo de pan».
12 Pero ella respondió: «¡Por la vida del Señor, tu
Dios! No tengo pan cocido, sino sólo un puñado de harina
en el tarro y un poco de aceite en el frasco. Apenas
recoja un manojo de leña, entraré a preparar un pan para
mí y para mi hijo; lo comeremos, y luego moriremos».
13 Elías le dijo: «No temas. Ve a hacer lo que has
dicho, pero antes prepárame con eso una pequeña galleta
y tráemela; para ti y para tu hijo lo harás después.
14 Porque así habla el Señor, el Dios de Israel: El
tarro de harina no se agotará ni el frasco de aceite se
vaciará, hasta el día en que el Señor haga llover sobre
la superficie del suelo».
15 Ella se fue e hizo lo que le había dicho Elías, y
comieron ella, él y su hijo, durante un tiempo.
16 El tarro de harina no se agotó ni se vació el frasco
de aceite, conforme a la palabra que había pronunciado
el Señor por medio de Elías.
La resurrección del hijo de la viuda
17 Después que sucedió esto, el hijo de la dueña de casa
cayó enfermo, y su enfermedad se agravó tanto que no
quedó en él aliento de vida.
18 Entonces la mujer dijo a Elías: «¿Qué tengo que ver
yo contigo, hombre de Dios? ¡Has venido a mi casa para
recordar mi culpa y hacer morir a mi hijo!».
19 «Dame a tu hijo», respondió Elías. Luego lo tomó del
regazo de su madre, lo subió a la habitación alta donde
se alojaba y lo acostó sobre su lecho.
20 El invocó al Señor, diciendo: «Señor, Dios mío,
¿también a esta viuda que me ha dado albergue la vas a
afligir, haciendo morir a su hijo?».
21 Después se tendió tres veces sobre el niño, invocó al
Señor y dijo: «¡Señor, Dios mío, que vuelve la vida a
este niño!».
22 El Señor escuchó el clamor de Elías: el aliento vital
volvió al niño, y éste revivió.
23 Elías tomó al niño, lo bajó de la habitación alta de
la casa y se lo entregó a su madre, Luego dijo: «Mira,
tu hijo vive».
24 La mujer dijo entonces a Elías: «Ahora sí reconozco
que tú eres un hombre de Dios y que la palabra del Señor
está verdaderamente en tu boca».
Capítulo 18
El encuentro de Elías con Abdías
1 Mucho tiempo después, al tercer año, la palabra del
Señor llegó a Elías, en estos términos: «Ve a
presentarte a Ajab, y yo enviaré lluvia a la superficie
del suelo».
2 Entonces Elías partió para presentarse ante Ajab. Como
apretaba el hambre en Samaría,
3 Ajab llamó a Abdías, el mayordomo de palacio. –Abdías
era muy temeroso del Señor,
4 y cuando Jezabel perseguía a muerte a los profetas del
Señor, él había recogido a cien de ellos, los había
ocultado en dos cuevas, cincuenta en cada una, y los
había provisto de pan y agua–.
5 Ajab dijo a Abdías: «Vamos a recorrer todos los
manantiales y torrentes del país. Tal vez encontremos
pasto para conservar con vida los caballos y las mulas,
y así no tendremos que sacrificar ganado».
6 Se repartieron el país para recorrerlo: Ajab partió
solo por un camino y Abdías, también solo, se fue por
otro.
7 Mientras Abdías iba por el camino, le salió al
encuentro Elías. Apenas lo reconoció, cayó con el rostro
en tierra y dijo: «¿Eres tú, Elías, mi señor?».
8 «Soy yo, le respondió él. Ve a decirle a tu señor que
Elías está aquí».
9 Pero él replicó: «¿Qué pecado he cometido para que
pongas a tu servidor en manos de Ajab y él me haga
morir?
10 ¡Por la vida del Señor, tu Dios!, no hay nación ni
reino adonde mi señor Ajab no te haga mandado buscar. Y
cuando decían: No está aquí, él hacía jurar a ese reino
y a esa nación que no te habían encontrado.
11 Y ahora tú dices: «Ve a decirle a tu señor que aquí
está Elías».
12 Pero en cuanto yo me aparte de ti, el espíritu del
Señor te llevará quién sabe adónde, y cuando vaya a
avisarle a Ajab, él no te encontrará y me matará. Sin
embargo, tu servidor teme al Señor desde su juventud.
13 ¿Acaso no te han contado lo que hice cuando Jezabel
mataba a los profetas del Señor, cómo oculté a cien de
ellos en dos cuevas, cincuenta en cada una, y los proveí
de pan y agua?
14 Y ahora tú me dices: «Ve a decirle a tu señor que
aquí está Elías». ¡Seguro que me matará!».
15 Pero Elías replicó: «¡Por la vida del Señor de los
ejércitos, a quien yo sirvo! Hoy mismo me presentaré a
él».
El encuentro de Elías con Ajab
16 Abdías fue al encuentro de Ajab; le comunicó el
mensaje, y Ajab fue a encontrarse con Elías.
17 Apenas vio a Elías, Ajab le dijo: «¿Así que eres tú,
el que trae la desgracia a Israel?».
18 Elías respondió: «No soy yo el que traigo la
desgracia a Israel, sino tú y la casa de tu padre,
porque han abandonado al Señor y te has ido detrás de
los Baales.
19 Y ahora, manda que todo Israel se reúna junto a mí en
el monte Carmelo, con los cuatrocientos profetas de Baal
y los cuatrocientos profetas de Aserá que comen a la
mesa de Jezabel».
El juicio de Dios en el monte Carmelo
20 Ajab mandó buscar a todos los israelitas y reunió a
los profetas sobre el monte Carmelo.
21 Elías se acercó a todo el pueblo y dijo: «¿Hasta
cuándo van a andar rengueando de las dos piernas? Si el
Señor es Dios, síganlo; si es Baal, síganlo a él. Pero
el pueblo no le respondió ni una palabra.
22 Luego Elías dijo al pueblo: «Como profeta del Señor,
he quedado yo solo, mientras que los profetas de Baal
son cuatrocientos cincuenta.
23 Traigamos dos novillos; que ellos se elijan uno, que
lo despedacen y lo pongan sobre la leña, pero sin
prender fuego. Yo haré lo mismo con el otro novillo: lo
pondré sobre la leña y tampoco prenderé fuego.
24 Ustedes invocarán el nombre de su dios y yo invocaré
el nombre del Señor: el dios que responda enviándome
fuego, ese es Dios». Todo el pueblo respondió diciendo:
«¡Está bien!».
25 Elías dijo a los profetas de Baal: «Elíjanse un
novillo y prepárenlo ustedes primero, ya que son los más
numerosos; luego invoquen el nombre de su dios, pero no
prendan fuego».
26 Ellos tomaron el novillo que se les había dado, lo
prepararon e invocaron el nombre de Baal desde la mañana
hasta el mediodía, diciendo: «¡Respóndenos, Baal!». Pero
no se oyó ninguna voz ni nadie que respondiera. Mientras
tanto, danzaban junto al altar que habían hecho.
27 Al mediodía, Elías empezó a burlarse de ellos,
diciendo: «¡Griten bien fuerte, porque es un dios! Pero
estará ocupado, o ausente, o se habrá ido de viaje. A lo
mejor está dormido y se despierta».
28 Ellos gritaron a voz en cuello y, según su costumbre,
se hacían incisiones con cuchillos y punzones, hasta
chorrear sangre.
29 Y una vez pasado el mediodía, se entregaron al
delirio profético hasta la hora en que se ofrece la
oblación. Pero no se oyó ninguna voz, ni hubo nadie que
respondiera o prestara atención.
30 Entonces Elías dijo a todo el pueblo: «¡Acérquense a
mí!». Todo el pueblo se acercó a él, y él restauró el
altar del Señor que había sido demolido:
31 tomó doce piedras, conforme al número de los hijos de
Jacob, a quien el Señor había dirigido su palabra,
diciéndole: «Te llamarás Israel»,
32 y con esas piedras erigió un altar al nombre del
Señor. Alrededor del altar hizo una zanja, como un surco
para dos medidas de semilla.
33 Luego dispuso la leña, despedazó el novillo y lo
colocó sobre la leña.
34 Después dijo: «Llenen de agua cuatro cántaros y
derrámenla sobre el holocausto y sobre la leña». Así lo
hicieron. El añadió: «Otra vez». Lo hicieron por segunda
vez, y él insistió: «Una vez más». Lo hicieron por
tercera vez.
35 El agua corrió alrededor del altar, y hasta la zanja
se llenó de agua.
36 A la hora en que se ofrece la oblación, el profeta
Elías se adelantó y dijo: «¡Señor, Dios de Abraham, de
Isaac y de Israel! Que hoy se sepa que tú eres Dios en
Israel, que yo soy tu servidor y que por orden tuya hice
todas estas cosas.
37 Respóndeme, Señor, respóndeme, para que este pueblo
reconozca que tú, Señor, eres Dios, y que eres tú el que
les ha cambiado el corazón».
38 Entonces cayó el fuego del Señor: Abrazó el
holocausto, la leña, las piedras y la tierra, y secó el
agua de la zanja.
39 Al ver esto, todo el pueblo cayó con el rostro en
tierra y dijo: «¡El Señor es Dios! ¡El Señor es Dios!».
40 Elías les dijo: «¡Agarren a los profetas de Baal!
¡Que no escape ninguno!». Ellos los agarraron: Elías los
hizo bajar al torrente Quisón y allí los degolló.
El fin de la sequía
41 Elías dijo a Ajab: «Sube a comer y a beber, porque ya
se percibe el ruido de la lluvia».
42 Ajab subió a comer y a beber, mientras Elías subía a
la cumbre del Carmelo. Allí se postró en tierra, con el
rostro entre las rodillas.
43 Y dijo a su servidor: «Sube y mira hacia el mar». El
subió, miró y dijo: «No hay nada». Elías añadió: «Vuelve
a hacerlo siete veces».
44 La séptima vez, el servidor dijo: «Se eleva del mar
una nube, pequeña como la palma de una mano». Elías
dijo: «Ve a decir a Ajab: Engancha el carro y baja, para
que la lluvia no te lo impida».
45 El cielo se oscureció cada vez más por las nubes y el
viento, y empezó a llover copiosamente. Ajab subió a su
carro y partió para Izreel.
46 La mano del Señor se posó sobre Elías; él se ató el
cinturón y corrió delante de Ajab hasta la entrada de
Izreel.
Capítulo 19
El viaje de Elías al monte Horeb
1 Ajab contó a Jezabel todo lo que había hecho Elías y
cómo había pasado a todos los profetas al filo de la
espada.
2 Jezabel envió entonces un mensajero a Elías para
decirle: «Que los dioses me castiguen si mañana, a la
misma hora, yo no hago con tu vida lo que tú hiciste con
la de ellos».
3 El tuvo miedo, y partió en seguida para salvar su
vida. Llegó a Berseba de Judá y dejó allí a su
sirviente.
4 Luego caminó un día entero por el desierto, y al final
se sentó bajo una retama. Entonces se deseó la muerte y
exclamó: «¡Basta ya, Señor! ¡Quítame la vida, porque yo
no valgo más que mis padres!».
5 Se acostó y se quedó dormido bajo la retama. Pero un
ángel lo tocó y le dijo: «¡Levántate, come!».
6 El miró y vio que había a su cabecera una galleta
cocida sobre piedras calientes y un jarro de agua.
Comió, bebió y se acostó de nuevo.
7 Pero el Angel del Señor volvió otra vez, lo tocó y le
dijo: «¡Levántate, come, porque todavía te queda mucho
por caminar!».
8 Elías se levantó, comió y bebió, y fortalecido por ese
alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta la
montaña de Dios, el Horeb.
El encuentro de Elías con Dios
9 Allí, entró en la gruta y pasó la noche. Entonces le
fue dirigida la palabra del Señor.
10 El Señor le dijo: «¿Qué haces aquí, Elías?». El
respondió: «Me consumo de celo por el Señor, el Dios de
los ejércitos, porque los israelitas abandonaron tu
alianza, derribaron tus altares y mataron a tus profetas
con la espada. He quedado yo solo y tratan de quitarme
la vida».
11 El Señor le dijo: «Sal y quédate de pie en la
montaña, delante del Señor». Y en ese momento el Señor
pasaba. Sopló un viento huracanado que partía las
montañas y resquebrajaba las rocas delante del Señor.
Pero el Señor no estaba en el viento. Después del
viento, hubo un terremoto. Pero el Señor no estaba en el
terremoto.
12 Después del terremoto, se encendió un fuego. Pero el
Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó
el rumor de una brisa suave.
13 Al oírla, Elías se cubrió el rostro con su manto,
salió y se quedó de pie a la entrada de la gruta.
Entonces le llegó una voz, que decía: «¿Qué haces aquí,
Elías?».
14 El respondió: «Me consumo de celo por el Señor, el
Dios de los ejércitos, porque los israelitas abandonaron
tu alianza, derribaron tus altares y mataron a tus
profetas con la espada. He quedado yo solo y tratan de
quitarme la vida».
15 El Señor le dijo: «Vuelve por el mismo camino, hacia
el desierto de Damasco. Cuando llegues, ungirás a Jazael
como rey de Aram.
16 A Jehú, hijo de Nimsí, lo ungirás rey de Israel, y a
Eliseo, hijo de Safat, de Abel Mejolá, lo ungirás
profeta en lugar de ti.
17 Al que escape de la espada de Jazael, lo hará morir
Jehú; al que escape de la espada de Jehú, lo hará morir
Eliseo.
18 Pero yo preservaré en Israel un resto de siete mil
hombres: todas las rodillas que no se doblaron ante Baal
y todas las bocas que no lo besaron».
La vocación de Eliseo
19 Elías partió de allí y encontró a Eliseo, hijo de
Safat, que estaba arando. Delante de él había doce
yuntas de bueyes, y él iba con la última. Elías pasó
cerca de él y le echó encima su manto.
20 Eliseo dejó sus bueyes, corrió detrás de Elías y
dijo: «Déjame besar a mi padre y a mi madre; luego te
seguiré». Elías le respondió: «Sí, puedes ir. ¿Qué hice
yo para impedírtelo?»
21 Eliseo dio media vuelta, tomó la yunta de bueyes y
los inmoló. Luego, con los arneses de los bueyes, asó la
carne y se la dio a su gente para que comieran. Después
partió, fue detrás de Elías y se puso a su servicio.
apítulo 21
La viña de Nabot
1 Después de esto, sucedió lo siguiente: Nabot, el
izreelita, tenía una viña en Izreel, al lado del palacio
de Ajab, rey de Samaría.
2 Ajab dijo a Nabot: «Dame tu viña para hacerme una
huerta, ya que está justo al lado de mi casa. Yo te daré
a cambio una viña mejor o, si prefieres, te pagaré su
valor en dinero».
3 Pero Nabot respondió a Ajab: «¡El Señor me libre de
cederte la herencia de mis padres!».
4 Ajab se fue a su casa malhumorado y muy irritado por
lo que le había dicho Nabot, el izreelita: «No te daré
la herencia de mis padres». Se tiró en su lecho, dio
vuelta la cara y no quiso probar bocado.
5 Entonces fue a verlo su esposa Jezabel y le preguntó:
«¿Por qué estás tan malhumorado y no comes nada?».
6 El le dijo: «Porque le hablé a Nabot, el izreelita, y
le propuse: «Véndeme tu viña o, si quieres, te daré otra
a cambio». Pero él respondió: «No te daré mi viña».
7 Su esposa Jezabel le dijo: «¿Así ejerces tú la realeza
sobre Israel? ¡Levántate, come y alégrate! ¡Yo te daré
la viña de Nabot, el izreelita!».
8 En seguida escribió una carta en nombre de Ajab, la
selló con el sello del rey y la envió a los ancianos y a
los notables de la ciudad, conciudadanos de Nabot.
9 En esa carta escribió: «Proclamen un ayuno y en la
asamblea del pueblo hagan sentar a Nabot en primera
fila.
10 Hagan sentar enfrente a dos malvados, que atestigüen
contra él, diciendo: «Tú has maldecido a Dios y al rey».
Luego sáquenlo afuera y mátenlo a pedradas».
11 Los hombres de la ciudad, los ancianos y notables,
conciudadanos de Nabot, obraron de acuerdo con lo que
les había mandado Jezabel, según lo que estaba escrito
en la carta que les había enviado.
12 Proclamaron un ayuno e hicieron sentar a Nabot en
primera fila.
13 En seguida llegaron dos malvados que se le sentaron
enfrente y atestiguaron contra él diciendo: «Nabot ha
maldecido a Dios y al rey». Entonces lo sacaron fuera de
la ciudad y lo mataron a pedradas.
14 Y mandaron decir a Jezabel: «Nabot fue apedreado y
murió».
15 Cuando Jezabel se enteró de que Nabot había sido
matado a pedradas, dijo a Ajab: «Ya puedes tomar
posesión de la viña de Nabot, esa que él se negaba a
venderte, porque Nabot ya no vive: está muerto».
16 Apenas oyó Ajab que Nabot estaba muerto, bajó a la
viña de Nabot, el izreelita, para tomar posesión de
ella.
La intervención profética de Elías
17 Entonces la palabra del Señor llegó a Elías, el
tisbita, en estos términos:
18 «Baja al encuentro de Ajab, rey de Israel en Samaría.
Ahora está en la viña de Nabot: ha bajado allí para
tomar posesión de ella.
19 Tú le dirás: Así habla el Señor: ¡Has cometido un
homicidio, y encima te apropias de lo ajeno! Por eso,
así habla el Señor: En el mismo sitio donde los perros
lamieron la sangre de Nabot, allí lamerán tu sangre».
20 Ajab respondió a Elías: «¡Me has sorprendido, enemigo
mío!». «Sí, repuso Elías, te he sorprendido, porque te
has prestado a hacer lo que es malo a los ojos de Señor.
21 Yo voy a atraer la desgracia sobre ti: barreré hasta
tus últimos restos y extirparé a todos los varones de la
familia de Ajab, esclavos o libres en Israel.
22 Dejaré tu casa como la de Jeroboam, hijo de Nebat, y
como la de Basá, hijo de Ajías, porque has provocado mi
indignación y has hecho pecar a Israel.
23 Y el Señor también ha hablado contra Jezabel,
diciendo: Los perros devorarán la carne de Jezabel en la
parcela de Izreel.
24 Al de la familia de Ajab que muera en la ciudad, se
lo comerán los perros, y al que muera en despoblado, se
lo comerán los pájaros del cielo».
25 No hubo realmente nadie que se haya prestado como
Ajab para hacer lo que es malo a los ojos del Señor,
instigado por su esposa Jezabel.
26 El cometió las peores abominaciones, yendo detrás de
los ídolos, como lo habían hecho los amorreos que el
Señor había desposeído delante de los israelitas.
27 Cuando Ajab oyó aquellas palabras, rasgó sus
vestiduras, se puso un sayal sobre su carne, y ayunó. Se
acostaba con el sayal y andaba taciturno.
28 Entonces la palabra del Señor llegó a Elías, el
tisbita, en estos términos:
29 «¿Has visto cómo Ajab se ha humillado delante de mí,
no atraeré la desgracia mientras él viva, sino que la
haré venir sobre su casa en tiempos de su hijo».
Capítulo 21
La viña de Nabot
1 Después de esto, sucedió lo siguiente: Nabot, el
izreelita, tenía una viña en Izreel, al lado del palacio
de Ajab, rey de Samaría.
2 Ajab dijo a Nabot: «Dame tu viña para hacerme una
huerta, ya que está justo al lado de mi casa. Yo te daré
a cambio una viña mejor o, si prefieres, te pagaré su
valor en dinero».
3 Pero Nabot respondió a Ajab: «¡El Señor me libre de
cederte la herencia de mis padres!».
4 Ajab se fue a su casa malhumorado y muy irritado por
lo que le había dicho Nabot, el izreelita: «No te daré
la herencia de mis padres». Se tiró en su lecho, dio
vuelta la cara y no quiso probar bocado.
5 Entonces fue a verlo su esposa Jezabel y le preguntó:
«¿Por qué estás tan malhumorado y no comes nada?».
6 El le dijo: «Porque le hablé a Nabot, el izreelita, y
le propuse: «Véndeme tu viña o, si quieres, te daré otra
a cambio». Pero él respondió: «No te daré mi viña».
7 Su esposa Jezabel le dijo: «¿Así ejerces tú la realeza
sobre Israel? ¡Levántate, come y alégrate! ¡Yo te daré
la viña de Nabot, el izreelita!».
8 En seguida escribió una carta en nombre de Ajab, la
selló con el sello del rey y la envió a los ancianos y a
los notables de la ciudad, conciudadanos de Nabot.
9 En esa carta escribió: «Proclamen un ayuno y en la
asamblea del pueblo hagan sentar a Nabot en primera
fila.
10 Hagan sentar enfrente a dos malvados, que atestigüen
contra él, diciendo: «Tú has maldecido a Dios y al rey».
Luego sáquenlo afuera y mátenlo a pedradas».
11 Los hombres de la ciudad, los ancianos y notables,
conciudadanos de Nabot, obraron de acuerdo con lo que
les había mandado Jezabel, según lo que estaba escrito
en la carta que les había enviado.
12 Proclamaron un ayuno e hicieron sentar a Nabot en
primera fila.
13 En seguida llegaron dos malvados que se le sentaron
enfrente y atestiguaron contra él diciendo: «Nabot ha
maldecido a Dios y al rey». Entonces lo sacaron fuera de
la ciudad y lo mataron a pedradas.
14 Y mandaron decir a Jezabel: «Nabot fue apedreado y
murió».
15 Cuando Jezabel se enteró de que Nabot había sido
matado a pedradas, dijo a Ajab: «Ya puedes tomar
posesión de la viña de Nabot, esa que él se negaba a
venderte, porque Nabot ya no vive: está muerto».
16 Apenas oyó Ajab que Nabot estaba muerto, bajó a la
viña de Nabot, el izreelita, para tomar posesión de
ella.
La intervención profética de Elías
17 Entonces la palabra del Señor llegó a Elías, el
tisbita, en estos términos:
18 «Baja al encuentro de Ajab, rey de Israel en Samaría.
Ahora está en la viña de Nabot: ha bajado allí para
tomar posesión de ella.
19 Tú le dirás: Así habla el Señor: ¡Has cometido un
homicidio, y encima te apropias de lo ajeno! Por eso,
así habla el Señor: En el mismo sitio donde los perros
lamieron la sangre de Nabot, allí lamerán tu sangre».
20 Ajab respondió a Elías: «¡Me has sorprendido, enemigo
mío!». «Sí, repuso Elías, te he sorprendido, porque te
has prestado a hacer lo que es malo a los ojos de Señor.
21 Yo voy a atraer la desgracia sobre ti: barreré hasta
tus últimos restos y extirparé a todos los varones de la
familia de Ajab, esclavos o libres en Israel.
22 Dejaré tu casa como la de Jeroboam, hijo de Nebat, y
como la de Basá, hijo de Ajías, porque has provocado mi
indignación y has hecho pecar a Israel.
23 Y el Señor también ha hablado contra Jezabel,
diciendo: Los perros devorarán la carne de Jezabel en la
parcela de Izreel.
24 Al de la familia de Ajab que muera en la ciudad, se
lo comerán los perros, y al que muera en despoblado, se
lo comerán los pájaros del cielo».
25 No hubo realmente nadie que se haya prestado como
Ajab para hacer lo que es malo a los ojos del Señor,
instigado por su esposa Jezabel.
26 El cometió las peores abominaciones, yendo detrás de
los ídolos, como lo habían hecho los amorreos que el
Señor había desposeído delante de los israelitas.
27 Cuando Ajab oyó aquellas palabras, rasgó sus
vestiduras, se puso un sayal sobre su carne, y ayunó. Se
acostaba con el sayal y andaba taciturno.
28 Entonces la palabra del Señor llegó a Elías, el
tisbita, en estos términos:
29 «¿Has visto cómo Ajab se ha humillado delante de mí,
no atraeré la desgracia mientras él viva, sino que la
haré venir sobre su casa en tiempos de su hijo».
SEGUNDO LIBRO DE LOS REYES
Capítulo 1
El profeta Elías y la muerte de Ocozías
1 Después de la muerte de Ajab, Moab se sublevó contra
Israel.
2 Ocozías se cayó por el balcón del piso alto de su
casa, en Samaría, y quedó malherido. Entonces envió unos
mensajeros con este encargo: «Vayan a consultar a Baal
Zebub, el dios de Ecrón, si me repondré de mis heridas».
3 Pero el Angel del Señor dijo a Elías, el tisbita: Sube
al encuentro de los mensajeros del rey de Samaría, y
diles: ¿Acaso no hay Dios en Israel, para que ustedes
vayan a consultar a Baal Zebub, el dios de Ecrón?
4 Por eso, así habla el Señor: No te levantarás del
lecho en el que has acostado, porque morirás
irremediablemente». Y Elías se fue.
5 Los mensajeros regresaron, y el rey les preguntó:
«¿Cómo es que están de vuelta?».
6 Ellos le dijeron: «Un hombre nos salió al encuentro y
nos dijo: Vuelvan a ver al rey que los ha enviado y
díganle: Así habla el Señor: ¿Acaso no hay Dios en
Israel, para que tú mandes a consultar a Baal Zebub, el
dios de Ecrón? Por eso, no te levantarás del lecho en el
que te has acostado, porque morirás irremediablemente».
7 El rey les preguntó: «¿Cómo era el hombre que subió al
encuentro de ustedes y les dijo esas palabras?».
8 Ellos le respondieron: «Era un hombre con un manto de
piel y con un cinturón de cuero ajustado a la cintura.
Entonces el rey exclamó: «¡Es Elías, el tisbita!».
9 El rey envió a un oficial con sus cincuenta hombres
para buscar a Elías. Cuando él subió a buscarlo, lo
encontró sentado en la cumbre la montaña, y le dijo:
«Hombre de Dios, el rey ha dicho que bajes».
10 Elías respondió al oficial: «Si yo soy un hombre de
Dios, que baje fuego del cielo y te devore, a ti y a tus
cincuenta hombres». Y bajó fuego del cielo y lo devoró,
a él y a sus cincuenta hombres.
11 El rey le volvió a enviar otro oficial con sus
cincuenta hombres. Este tomó la palabra y dijo a Elías:
«Hombre de Dios, así habla el rey: Baja en seguida».
12 Elías le respondió: «Si yo soy un hombre de Dios, que
baje fuego del cielo y te devore, a ti y a tus cincuenta
hombres». Y bajo fuego del cielo y lo devoró, a él y a
sus cincuenta hombres.
13 El rey volvió a enviar a un tercer oficial con sus
cincuenta hombres. El tercer oficial subió y, al llegar,
se puso de rodillas frente a Elías y le suplicó,
diciendo: «Hombre de Dios, por favor, que mi vida y la
vida de estos cincuenta servidores tuyos tengan algún
valor a tus ojos.
14 Ya ha bajado fuego del cielo y ha devorado a los dos
oficiales anteriores con sus cincuenta hombres. Pero
ahora, ¡que mi vida tenga algún valor a tus ojos!».
15 El Angel del Señor dijo a Elías: «Baja con él, no le
temas». Elías se levantó, bajó con él a presentarse ante
el rey,
16 y le dijo: «Así habla el Señor: Por haber enviado
mensajeros a consultar a Baal Zebub, el dios de Ecrón,
como si no hubiera Dios en Israel para consultar su
palabra, por eso, no te levantarás del lecho donde te
has acostado: morirás irremediablemente».
17 El rey murió, conforme a la palabra del Señor que
había pronunciado Elías. En lugar de él reinó su hermano
Joram, en el segundo año de Joram, hijo de Josafat, rey
de Judá; porque Ocozías no tenía hijos.
18 El resto de los hechos de Ocozías, lo que él hizo,
¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes
de Israel?
El ciclo de Elseo -
Elías y Eliseo
Capítulo 2
Elías arrebatado al cielo
1 Esto es lo que sucedió cuando el Señor arrebató a
Elías y lo hizo subir al cielo en el torbellino. Elías y
Eliseo partieron de Guilgal,
2 y Elías dijo a Eliseo: «Quédate aquí, porque el señor
me ha enviado hasta Betel». Pero Eliseo respondió: «Juro
por la vida del Señor y por tu propia vida que no te
dejaré». Y bajaron a Betel.
3 La comunidad de profetas que había en Betel salió a
recibir a Eliseo, y le dijeron: «¿Sabes que hoy el Señor
va a arrebatar a tu maestro por encima de tu cabeza?».
El respondió: «Claro que lo sé; ¡no digan nada!».
4 Elías le dijo: «Quédate aquí, Eliseo, porque el Señor
me ha enviado a Jericó». Pero él respondió: «Juro por la
vida del Señor y por tu propia vida que no te dejaré». Y
llegaron a Jericó.
5 La comunidad de profetas que había en Jericó se acercó
a Eliseo y le dijeron: «¿Sabes que hoy el Señor va a
arrebatar a tu maestro por encima de tu cabeza?». El
respondió: «Claro que lo sé; ¡no digan nada!».
6 Elías le dijo: «Quédate aquí, porque el Señor me ha
enviado al Jordán». Pero Eliseo respondió: «Juro por la
vida del Señor y por tu propia vida que no te dejaré». Y
se fueron los dos.
7 Cincuenta hombres de la comunidad de profetas fueron y
se pararon enfrente, a una cierta distancia, mientras
los dos estaban de pie a la orilla del Jordán.
8 Elías se quitó el manto, lo enrolló y golpeó las
aguas. Estas se dividieron hacia uno y otro lado, y así
pasaron los dos por el suelo seco.
9 Cuando cruzaban, Elías dijo a Eliseo: «Pide lo que
quieres que haga por antes de que sea separado de tu
lado». Eliseo respondió: «¡Ah, si pudiera recibir las
dos terceras partes de tu espíritu!».
10 «¡No es nada fácil lo que pides!, dijo Elías; si me
ves cuando yo sea separado de tu lado, lo obtendrás; de
lo contrario, no será así».
11 Y mientras iban conversando por el camino, un carro
de fuego, con caballos también de fuego, los separó a
uno del otro, y Elías subió al cielo en el torbellino.
12 Al ver esto, Eliseo gritó: «¡Padre mío! ¡Padre mío!
¡Carro de Israel y su caballería!». Y cuando no lo vio
más, tomó sus vestiduras y las rasgó en dos pedazos.
13 Luego recogió el manto que se le había caído a Elías
de encima, se volvió y se detuvo al borde del Jordán.
Eliseo sucede a Elías
14 Después, con el manto que se le había caído a Elías,
golpeó las aguas, pero estas no se dividieron. Entonces
dijo: «¿Dónde está el Señor, el Dios de Elías?». El
golpeó otra vez las aguas; estas se dividieron hacia uno
y otro lado, y Eliseo cruzó.
15 El grupo de profetas de Jericó, que lo habían visto
de enfrente, dijeron: «¡El espíritu de Elías se ha
posado sobre Eliseo!». En seguida fueron a su encuentro,
se postraron hasta el suelo delante de él,
16 y le dijeron: «Hay aquí, entre tus servidores,
cincuenta hombres valientes. Deja que vayan a buscar a
tu señor; tal vez el espíritu del Señor se lo llevó y lo
arrojó sobre alguna montaña o en algún valle». El
replicó: «No envíen a nadie».
17 Pero ellos lo presionaron tanto, que terminó por
decir: «¡Envíenlos de una vez!». Así enviaron a
cincuenta hombres, que lo buscaron durante tres días,
pero no lo encontraron.
18 Cuando regresaron junto a Eliseo, que se había
quedado en Jericó, él les dijo: «¿No les había dicho que
no fueran?».
Dos milagros de Eliseo
19 La gente de la ciudad dijo a Eliseo: «El sitio donde
está emplazada la ciudad es bueno, como mi señor puede
ver; pero el agua es malsana y la tierra estéril».
20 Eliseo dijo: «Tráiganme un plato nuevo y pongan en él
un poco de sal». Cuando se lo trajeron,
21 Eliseo se dirigió al manantial y echó allí la sal,
diciendo: «Así habla el Señor: Yo saneo estas aguas; ya
no saldrá de aquí muerte ni esterilidad».
22 Y las aguas quedaron saneadas hasta el día de hoy,
conforme a la palabra pronunciada por Eliseo.
23 Desde allí subió a Betel. Mientras iba subiendo por
el camino, unos muchachos salieron de la ciudad y se
burlaban de él, diciendo: «¡Sube, calvo! ¡Sube, calvo!».
24 El se dio vuelta, los vio y los maldijo en nombre del
Señor. Entonces salieron del bosque dos osos, que
despedazaron a cuarenta y dos de esos jóvenes.
25 Desde allí se dirigió al monte Carmelo, y luego
volvió a Samaría.
Julio, 2009 |