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Los
derechos humanos de la mujer
Dora Amador
“Los derechos humanos de las mujeres y las niñas son
parte inalienable, integrante e indivisible de los
derechos universales". Esta declaración hecha en la
Conferencia Mundial de Derechos Humanos de Naciones
Unidas celebrada en Viena en 1993 tiene que calar la
conciencia de los activistas de derechos humanos. A la
larga tendrán también ,que cambiar las leyes de gran
parte del mundo, que considera a la mujer un ser humano
inferior. Pero si esa declaración„ obtenida después de
largos años de lucha feminista, no sacude la conciencia
masculina universal, no logra cambios, las mujeres del
mundo, tarde o temprano, los lograrán, porque en todos
los continentes su voz reclamando justicia e igualdad se
hace cada día más fuerte, más constante, más
inclaudicable.
Todos los días mueren más mujeres y niñas a consecuencia
de diversas formas de violencia y discriminación basadas
en su sexo que por ningún otro tipo de abuso contra los
derechos humanos. Más de un millón de niñas mueren sólo
por el hecho de haber nacido mujer todos los años, y
todos los años, millones de mujeres son mutiladas,
golpeadas hasta morir, quemadas vivas, despojadas de sus
derechos legales y compradas o vendidas en el comercio
sexual.
La mutilación genital
Hoy existen en el mundo unos 110 millones de mujeres que
viven con sus genitales mutilados, que sufren y sufrirán
toda su vida dolores atroces, infecciones y enfermedades
producidas por una salvaje ablación que se practica en
unos 20 países de África, partes de Asia y Cercano
Oriente. Hay varias formas de llevar a cabo esta
operación; una de ellas consiste en arrancarle con una
uña la piel del clítoris a bebitas de una semana de
nacidas. Las que más se realizan son la extirpación
completa del clítoris, o del clítoris y la labia
minora, o la extirpación de ambos y además
coser las paredes de la vulva, dejando sólo un pequeño
orificio para el orine y la menstruación. Se calcula que
dos millones de niñas son sometidas a esta práctica
anualmente.
La revolución china eliminó la costumbre de amarrarle
los pies a las mujeres, algo que se practicó por siglos
para marcar su fragilidad. El dolor que causaba en las
piernas, los pies y la espalda caminar dando saltos con
los pies amarrados, fue documentado por la escritora
Jung Chang en la biografía que escribió sobre su.
abuela. Chang quiso reivindicar así a las mujeres de su
país. La abuela de Chang no tenía nombre; en China la
mujer es considerada tan insignificante que todavía hoy
a muchas no se les pone nombre al nacer.
Las mujeres chinas ya no caminan atadas, pero desde que
se estableció la ley que obliga a las parejas a tener un
solo hijo, el número de niñas que son asesinadas es casi
imposible de calcular. Millones de niñas son arrojadas
en un cubo lleno de agua cuando nacen para que se
ahoguen, o son abortadas tan pronto la madre sabe por
medio del sonograma el sexo de la criatura. Otra
práctica generalizada es dejarlas abandonadas para que
mueran de sed y hambre o entregarlas a orfelinatos. Pero
el horror que son los orfelinatos chinos salió a la luz
hace poco cuando el Canal 4 de Inglaterra transmitió el
documental The Dying Rooms, filmado por un equipo
de trabajo de ese canal que se hizo pasar por empleados
de orfelinatos norteamericanos. Las imágenes y los
testimonios captados por las cámaras que lograron entrar
al país escondidas son espeluznantes: a las niñas —no a
los niños— se las deja amarradas a sillas y encerradas
en unos cuartos hasta que se mueren.
Estos y muchos otros temas se discutirán en la Cuarta
Conferencia Mundial sobre la Mujer que se celebrará en
Pekín del 4 al 15 de septiembre: el infanticidio
femenino en India, donde todavía se quema a las viudas,
y a miles de mujeres se les asesina por disputas sobre
la dote; los castigos por medio de latigazos o
lapidación que deben sufrir las mujeres musulmanas si no
se ajustan al código indumentario de su país; la
violación como arma de guerra —los ejemplos más
recientes los tenemos en Bosnia-Herzegovina y en
Ruanda—; la trata de mujeres y adolescentes con fines
sexuales que se practica, muchas veces con la
aquiescencia de los gobiernos, a nivel internacional; la
creciente violencia contra la mujer en los países
desarrollados, donde ésta se manifiesta más
descarnadamente en la violencia doméstica, pero se
ejerce de forma más sutil, pero no menos devaluante y
marginante en el mundo laboral y social, y de la cual se
hace cómplice la prensa por medio de la ridiculización,
banalización u omisión de asuntos relacionados con la
lucha por la igualdad de la mujer.
Pero en Pekín habrá también mucha mentira. La dirán
los y las representantes de regímenes
despóticos e inhumanos como los de Cuba y China.
Las mujeres cubanas
La delegación de Cuba estará presidida por Vilma Espín.
La presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas y
esposa de Raúl Castro, ministro de las Fuerzas Armadas
de Cuba, irá a China a contar los "logros" de la
revolución. "La burguesa”, "la mujer mejor vestida de
Cuba", “la Primera Dama", como le llama el pueblo cubano
despectivamente, no hablará de las golpizas y torturas
que sufren las presas políticas en Cuba, ni de la
desesperación que lleva cada vez a más mujeres a
convertirse en prostitutas, ni de la trata de mujeres
que ha implantado el gobierno castrista para conseguir
divisas. Cuba no es el país con más bajo índice de
mortalidad infantil en el hemisferio, como repite la
maquinaria propagandística de Fidel Castro, es el más
alto, porque es el que tiene la tasa más elevada de
abortos. Estos son alentados por el Estado para obtener
altas sumas de dinero utilizando el trasplante de tejido
cerebral de fetos vivos que se venden a extranjeros por
miles de dólares.
Es por eso tan importante el Foro de las Organizaciones
No Gubernamentales (ONG) que se inició ayer y se
extenderá hasta el 8 de septiembre en Huairou, a 55
millas de Pekín. Ya que además de los grandes temas que
centrarán el trabajo de la mayor reunión de mujeres en
la historia, de las plenarias y debates que se
celebrarán para definir planeamientos estratégicos
tendientes a fortalecer el movimiento de mujeres y
ejercer presión sobre los gobiernos, habrá muchas voces
que se alzarán para denunciar y desmentir a gobiernos
como el de China y Cuba, y a. mujeres que, como Vilma
Espín, son cómplices de la infamia.
Fuente: 'Index on Censorship', edición de julio y agosto
de 1995 y 'Recomendaciones de Amnistía Internacional a
la Plataforma de Acción de la Cuarta Conferencia Mundial
sobre la Mujer”
1995/08/20 |