“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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Ciencia y conciencia del tercer milenio

Dora Amador

Toda duda ha quedado disipada: la Tierra se está calentando peligrosamente y de no hacerse algo con urgencia inmensas muchedumbres podrían perecer en el próximo siglo (el próximo siglo, recordemos, empieza dentro de cuatro años). En un evento sin precedentes celebrado hace unos días en Roma, el Panel Intergubernamental del Cambio Climático, una institución integrada por científicos y representantes gubernamentales de 120 países, hicieron público un comunicado conjunto en el que se afirma que "el balance de la evidencia… indica una influencia humana discernible en el clima global".

Para sintetizar, ésta es la realidad inminente que producirá el efecto invernadero: unos 100 millones de personas desaparecerán por el aumento del nivel del mar y las inundaciones, que barrerían poblaciones completas. Además, el panel confirmó que, efectivamente, ha aumentado el número y la variedad de enfermedades tropicales que amenazan a la humanidad. La decisión de detener la fabricación y uso de agentes químicos y toda actividad que contribuya a este letal calentamiento global está en manos de los gobernantes del mundo. ¿Actuarán a tiempo de evitar la catástrofe o seguirán evadiendo la evidencia?

El lunes 1ro. de enero entró en efecto el tratado internacional que prohíbe la producción de clorofluorocarbonos, carbono tetraclorídico y cloroformo methyl, tres de los químicos que fabrica la raza humana y que están destruyendo la capa de ozono que protege su planeta. En realidad, no se tiene la certeza absoluta de que los gobiernos y los vendedores de dichos productos cumplan el tratado y, por ende, que estemos a tiempo de impedir el caos, que es éste: a principios de octubre de 1995, el hueco en la capa de ozono sobre la Antártica alcanzó los 8.1 millones de millas cuadradas —más de dos veces el tamaño de Canadá— y se expandió a un nivel nunca antes visto, según el informe de la Organización Meteorológica Mundial de Naciones Unidas (ver Nucleus, la revista del Union of Concerned Scientists, edición de Invierno, 1995-1996).

Una cumbre antropológica

La radiación ultravioleta que penetra por el enorme hueco en la capa de ozono va a causar serios problemas de salud en la humanidad, y acabará con muchas plantas y muchos animales si los países no cumplen con el tratado. De hecho, los químicos ya lanzados a la atmósfera se quedarán ahí por décadas, continuando así la destrucción de la capa de ozono antes de que ésta comience a recuperarse. Y a pesar del enorme peso de la evidencia científica, corroborada por miles de expertos de todo el mundo, los poderosos están siendo cada vez más influenciados por los incrédulos y los grupos de intereses económicos que, si duda, les favorecen el bolsillo. El efecto más inquietante lo vemos en Estados Unidos, uno de los principales emisores de químicos destructores, donde el clan congresional actual está eliminando con rapidez asombrosa las leyes de protección ambiental. ¿No resulta más asombrosa todavía la indiferencia de estos hombres por el futuro de la humanidad? ¿No resulta tan preocupante como el hueco en la capa de ozono el vacío en el corazón y la conciencia de un número cada vez mayor de políticos y empresarios? ¿No requiere acaso este vacío también urgentes cumbres internacionales de antropólogos, sociólogos, sicólogos?

El presidente de Francia, Jacques Chirac, está recibiendo su merecido por el admirable pueblo francés. En materia de política interior no se saldrá con la suya: el pueblo tomó las calles en una demostración maravillosa de responsabilidad civil que debería inspirar a los trabajadores y estudiantes norteamericanos, actualmente gobernados por una tribu interesada sólo en enriquecer más a los ricos y, de paso, enriquecerse ella mientras gobierne. El presidente francés también está recibiendo su merecido por parte de algunos países y mucha prensa que le ha salido al paso por su decisión de reanudar las pruebas nucleares. El boicot internacional a los productos franceses —vinos, alimentos, ropa, perfumes, carros, etc.— ya está teniendo su efecto y hay posibilidades de detener a Chirac y compañía. Esto apunta hacia una esperanza en relación con Francia. Pero, ¿y China, que continúa sus pruebas nucleares? ¿E Iraq, obsesa en su fabricación de armas bacteriológicas y químicas?

Las armas del terror

Hace unos meses se descubrieron 30 cuartos llenos de cultivos de cólera, tuberculosis y las bacterias causantes de la plaga medieval, almacenados en subterráneos en el Instituto Sepp de Iraq. La compañía suiza Chernak y la italiana Olsa vendieron a Saddam Hussein los equipos fermentadores y los tanques esterilizados que permiten mezclar antrax, botulismo, y pasteurella, los agentes causantes de la plaga. Nadie duda que Hussein utilizaría sus ojivas cargadas de virus y bacterias en un ataque contra cualquier enemigo, principalmente Estados Unidos; ya mató a 5,000 kurdos con gas nervioso.

Aunque oficialmente son Gran Bretaña, Francia, China, Rusia y Estados Unidos los poseedores de armas nucleares, se sabe que Israel, India y Paquistán también las tienen. También se sabe que el tráfico y venta de uranio y otros componentes para la fabricación de estas armas prolifera por el mundo y que poco se hace para controlarlo. De acuerdo con Robert Wright, (Be Afraid, Be Very Afraid, The New Republic, 1ro. de mayo de 1995) "la política actual del planeta sobre armas de exterminación masiva puede sintetizarse de la siguiente manera: mientras más terrible y amenazadora el arma, menos hacemos al respecto".

Pero ha sucedido lo hasta hace poco impensable: en los umbrales del tercer milenio algunos físicos han comenzado a encontrar a Dios.

Frank J. Tipler, profesor de la Universidad de Tulane, es uno de los cada vez más numerosos científicos que se suman a finales del siglo XX a la creencia de que, efectivamente, como cuenta el Génesis, la creación del mundo tuvo lugar súbitamente en una especie de explosión luminosa, que una inteligencia mayor lo rige y que hay vida después de la muerte. "Cuando comencé mi carrera como cosmólogo hace 20 arios era ateo. Nunca pude imaginar que un día escribiría un libro afirmando lo que plantea la teología judeocristiana", dice Tipler en su reciente obra Física de la inmortalidad. La cosmología moderna, Dios y la resurrección de los muertos, donde intenta probar con certeza matemática la promesa de que la redención de las almas se va a cumplir. (Ver Físico ofrece evidencia intrigante sobre la vida eterna, Glenn McNatt, The Baltimore Sun).

El diálogo entre teólogos y científicos

III Un día, Matthew Fox, teólogo, y Rupert Sheldrake, científico, decidieron discutir a fondo los escritos de Tomás de Aquino y, entre otros, Einstein. Sus investigaciones y reflexiones posteriores los llevaron a aunar esfuerzos para meditar sobre esa nueva cosmología en desarrolló que reconoce el misterio de la Creación y la presencia de Dios en él. "Tomás de Aquino dice que hay dos resurrecciones.. La primera es cuando se despierta en esta vida a esa realidad, la gloria y la maravilla del descubrimiento y la gratitud por ello, que llena el corazón", dice Fox. El libro de ambos, La gracia natural: Dialogas: sobre ciencia y espiritualidad, será publicado a mediados de año.

III James E. Huchingson, profesor asociado de estudios religiosos en la Universidad Internacional de la Florida (centro docente que merece nuestra felicitación por la creación reciente del Departamento de Estudios Religiosos), es uno de los estudiosos del creciente diálogo entre teólogos y científicos que está dando a luz a la nueva cosmología. Remito a los lectores a su extraordinario ensayo Ciencia y religión: Dos antagonistas históricos encuentran terreno común, publicado en la sección: Viewpoint de The Miami Herald el 25 de diciembre de 1994. Huchingson nos dice aquí que tiene que haber un poder ordenador, una inteligencia universal que hizo y hace posible la vida en la Tierra. Según él las posibilidades de que alguien se gane la, lotería de la Florida 20 veces consecutivas son más reales, mucho más probables, que las que favorecen nuestra existencia en la Tierra, dado el caos a que apuntaba el universo después del Big Bang, si no fuera por esa fuerza misteriosa universal que lo preparó todo e hizo posible nuestro ser.

Yo creo en esa inconmensurable conciencia mayor, la llamo Dios, que todo lo observa, todo lo sabe y respeta infinitamente la libertad humana.

1996

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