“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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Insolidaridad neoliberal

Dora Amador

Entrevista al profesor jesuita de ética Ricardo Antoncich, donde se tratan los peligros del neoliberalismo, la cultura de la muerte y los desmanes de la razón.

De nuevo se encuentra en Miami el profesor peruano Ricardo Antoncich para dictar el curso de Principios Eticos en el Instituto Pastoral del Sureste, (SEPI), centro católico hispano de estudios superiores afiliado a la Universidad Barry.

Antoncich, sacerdote jesuita con quien siempre es un privilegio y un placer conversar, es miembro de la Comisión Justicia y Paz de Perú, teólogo residente de la CLAR (Confederación Latinoamericana de Religiosos) y autor de varias obras.

Como parte final del curso de ética, durante la primera semana de marzo, el padre Antoncich tratará el tema de la Doctrina Social de la Iglesia. El SEPI invita a todos los interesados a asistir a estas clases que se darán gratis.

Dora Amador: Los pronunciamientos del Papa contra el marxismo y el neoliberalismo donde quiera que va lo hacen una figura profética de esta era. Pero para muchos cubanos exiliados que han vivido la experiencia del comunismo, una crítica al capitalismo es incomprensible.

Ricardo Antoncich: Lo interesante es que el Papa le habla a unos y a otros, incluso cuando está bajo sistemas ideológicos diferentes. Juan Pablo II ha formulado hace mucho tiempo, desde su encíclica, Centesimus Annus, su clara posición ante el neoliberalismo, y es mucho más matizada de lo que le han atribuido los que le han atacado. El conoce el valor del mercado y de la empresa libre, siempre y cuando se respete dentro de estos mecanismos económicos la dignidad del hombre y el bienestar de todos. Infelizmente el neoliberalismo no logra el bienestar de todas las personas, hay muchos excluidos.

DA: A veces no queda más remedio que cuestionarse los frutos de la razón, evaluarlos a la luz —o la sombra— del sufrimiento de la inmensa mayoría de la humanidad, regida por una ideología u otra, a fin de cuentas, comunismo y capitalismo son dos caras de la misma moneda materialista.

RA: La razón humana, que ha hecho grandes progresos en la técnica y que quiere resolver los problemas económicos por medio del sistema de mercado libre, ha dado resultados beneficiosos, pero ha provocado también por un avance tecnológico descontrolado funestas consecuencias ecológicas, que estamos palpando actualmente con los fenómenos de El Niño. No son meros problemas metereológicos, sino consecuencias del tipo de producción industrial moderno y de los gases que contaminan el ambiente, largamente advertido por los ticos.

DA: A propósito de la razón, estoy leyendo un libro fascinante, "God: The Evidence", de Patrick Glynn. El autor, un intelectual ateo converso, sintetiza magistralmente el pensamiento de importantes científicos actuales, médicos, cosmólogos, físicos, que demuestran científicamente la existencia de Dios.

RA: En efecto, la razón, que hace dos siglos dijo que Dios había muerto, hoy descubre que está vivo. Ahora bien, el problema no es que exista Dios y que la razón lo pueda demostrar, sino que si existe interpela el corazón del hombre, lo cuestiona, y si Dios es el creador de todos los hombres, no puede estar satisfecho con el estilo de humanidad que hemos construido, donde una cuarta parte de la población del mundo disfruta de las tres cuartas partes de los recursos del mundo.

DA: Pienso en la eutanasia, el trato que se le da a los viejos y los niños y el individualismo feroz inherente al sistema.

RA: La ventaja del sistema de mercado es indudable con los bienes mercantilizables, pero no todos los bienes humanos entran en el mercado. La vida humana en sentido total es más rica y compleja que los valores utilitarios. Por eso cuando el mercado, nos ha invadido toda nuestra conciencia, pensamos que la vida en tanto vale en cuanto es útil, de esa mentalidad el niño no nacido o el anciano, o el enfermo terminal improductivo no tienen valor ninguno, y el hombre se arroga el derecho de dar o quitar la vida a esos seres, derecho que sólo corresponde a Dios.

DA: Sí, pero ahí el argumento es la libertad.

RC: El valor máximo no es la libertad, sino la vida. Cuando la vida no la entendemos como un misterio de gratuidad que nos ha sido dada, y nos creemos los únicos dueños exclusivos de ella para fijar términos a la vida misma, sea la propia como la ajena, entonces la vida se deshumaniza. La defensa de la libertad entendida como sólo libertad de elección supone bienes a elegir y capacidad de escoger. Hay otra libertad más radical, que es la de expresarse como ser humano en una convivencia solidaria, creando valores del espíritu, y de esa libertad no se habla.

DA: ¿Qué proyecto ético nos presenta la Iglesia Católica como opción?

RA: Crecer en mi propia humanidad y recuperar la idea de que Dios es Padre de todos.

1998/02/26

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