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Con Ignacio
de Loyola
Dora Amador
En el décimo aniversario de la casa de retiros jesuita
Manresa
Este sábado 6 de diciembre, la Casa Manresa de Miami
celebra sus 10 años. Más de 11 conferencistas hablarán
sobre la vida, obra y espiritualidad de San Ignacio ce
Loyola, fundador de los jesuitas y de los 'Ejercicios
Espirituales', hoy estudiados y recomendados no sólo por
religiosos, también por sicólogos y siquiatras.
A Iñigo López de Ricalde le dieron por loco, y a decir
verdad, a "los cuerdos" no les faltaba razón (nunca les
falta, dichosos los cuerdos): el vanidoso cortesano de
familia ilustre, nacido en un castillo de la vasca
Guipúzcoa, de pronto le dio por dejarlo todo, fortuna,
amores, prestigio, y vestirse de saco como un
pordiosero, no cortarse las uñas ni el pelo e irse a
vivir a una cueva. Dormía poco, comía de lo que le daba
la gente, iba constantemente a misa y se pasaba el día y
gran parte de la noche rezando. ¿Qué le pasó a Iñigo, el
hidalgo enamorado? Fueron 10 meses lo que duró este
período de transición convulsa, llamada conversión, en
la vida de quien conocemos hoy como San Ignacio de
Loyola, fundador de la Compañía de Jesús.
Varios fracasos precedieron la transformación: primero
como paje al servicio del contador mayor del reino de
Castilla, y después como militar y diplomático al
servicio del virrey de Navarra. Defendiendo el castillo
de Pamplona, un cañonazo le hirió las piernas y cayó
bañado en sangre. El castillo cayó en manos de los
enemigos franceses, él en la más absoluta invalidez y
depresión. Convaleciente por meses, Iñigo pidió libros
para leer, le dieron los dos únicos que se encontraron
en el castillo de Loyola: la vida de Cristo y una vida
de los santos. Las obras tuvieron un impacto tan
profundo en él que a partir ese momento decidió
renunciar a todo y entregarse a Cristo. Una vez en pie,
fue al santuario de la Virgen de Montserrat, en
Barcelona, se pasó tres días confesando sus pecados, y
entregó sus armas, de ahora en adelante sería sólo
soldado de Cristo, "para mayor gloria de Dios".
De aquellos días extraños que después pasó en la cueva
de Manresa, en Barcelona, le nació una obra que sería,
como la orden que fundó, trascendental para la Iglesia
Católica: los Ejercicios Espirituales, que él define
como "todo modo de examinar la conciencia, de meditar,
de contemplar, de orar vocal y mental, y de otras
espirituales operaciones… todo modo de preparar y
disponer el ánima para quitar de sí todas las afecciones
desordenadas y, después de quitadas, para buscar y
hallar la voluntad divina en la desposición de su vida".
Siete veces procesó la Inquisición a Ignacio de Loyola
por sus ejercicios. (La Inquisición, el capítulo más
terrible de la Iglesia Católica, enjuició y puso en
peligro la vida de varios de los más grandes santos, que
surgieron precisamente para sacudirla y renovarla, entre
ellos San Ignacio de Loyola, San Juan de la Cruz y Santa
Teresa de Jesús).
Hoy, en los umbrales del tercer milenio, los Ejercicios
Espirituales se siguen practicando con igual amor y
persistencia que en los umbrales del Renacimiento. En
estos 500 años, los jesuitas han fundado miles de
centros de retiros por todo el mundo, muchos llamados
Casa Manresa, para los ejercicios, clases y
conferencias.
Y es precisamente para la celebración del décimo
aniversario de la Casa Manresa de Miami, que se invita
este sábado 6 de diciembre, de 8:30 a.m. a 5 de la
tarde, a un día extraordinario de espiritualidad
ignaciana, en el que 11 conferencistas expondrán su
pensamiento sobre la vigencia de la vida y obra de
Ignacio de Loyola. "Queremos darle gracias a Dios por
esta Casa Manresa, y como el Papa quiso que el 97 fuera
dedicado a Jesucristo, vamos a reflexionar y a conocer a
fondo, todo el día, el modelo que nos dio Ignacio, que
vivía sólo para Jesucristo, por eso le llamó a su orden
la Compañía de Jesús", dice la figura cimera de esta
casa, un jesuita cubano muy querido, Florentino Azcoitia,
fundador de la Casa Manresa y director espiritual de los
ejercicios que allí se llevan a cabo durante todo el
año.
Ente los conferencistas invitados se halla monseñor
Francisco José Arnáiz, arzobispo auxiliar de Santo
Domingo, quien dará una conferencia titulada San Ignacio
de Loyola, su conocimiento y amor a Jesucirsto en los
Ejercicios Espirituales hacia el Milenio; el abogado
Renaldy Gutiérrez hablará sobre San Ignacio y su tiempo,
estableciendo una comparación entre la época del santo y
la nuestra. "Ambas son épocas de cambios profundos",
explica Gutiérrez. "El Renacimiento exaltó al hombre y
desplazó a Dios. Al humanismo del Renacimiento Ignacio
respondió con sus ejercicios, cristianizando el
humanismo de Erasmo". ¿Y cuál es la diferencia entre
humanismo y cristianismo?, le pregunto. "El humanismo
pone al hombre en el centro del universo, el cristiano
pone el hombre en el centro de la creación. El cristiano
entiende que viene de Dios y está hecho para Dios, para
el fin que nos ha creado". Las palabras de Gutiérrez me
recuerdan aquellas del maravilloso jesuita alemán Karl
Rahner: "Acontece que el hombre no redimido se
absolutice a sí mismo. Se toma tan en serio como
persona, en un falso sentido, que ni cree ni quiere el
perdón de la culpa, incurriendo así en el pecado más
grave... Es patente que, en el individuo concreto, el
pecado excluye el reconocimiento y la admisión de la
propia pecaminosidad..." (Recomiendo a los humanistas
ateos o paganos amantes de la buena lectura, el libro
Meditaciones sobre los ejercicios de San Ignacio, de
Karl Rahner, se puede comprar en la librería de la Casa
Manresa).
Otro de los ponentes, el sicólogo clínico Juan Romagosa,
disertará sobre un tema fascinante: San Ignacio y su
intuición sicológica, donde hará un análisis comparativo
entre el impacto espiritual de los ejercicios y la cura
terapéutica, sicológica del individuo. ¿Qué ha hecho que
la sicología y la siquiatría tomen hoy en serio las
cuestiones del espíritu en sus pacientes? "Ha habido un
cambio muy grande en los últimos 10 o 15 años", me
explica.. "Antes, el sicólogo pensaba que si hablaba de
esto lo catalogarían de no científico, todo eso se ha
superado. Ahora los sicólogos, antes de un escepticismo
tremendo, de un no querer creer en la importancia de la
dimensión espiritual del hombre, se han dado cuenta de
que es imposible desconocer esto, y que lo espiritual
pertenece de lleno al funcionamiento sicológico del
individuo, a su necesidad de lo trascendente, de Dios".
Los ejercicios fueron creados para darse durante un
retiro de 30 intensos días de reflexión y recogimiento
interior, guiado por un director espiritual, que observa
los 'movimientos del alma' que se van dando en el
individuo. Pero dada la carencia de tiempo actual, se ha
ideado la forma de darlos en una semana o un fin de
semana. El factor determinante de los ejercicios
ignacianos es la elección personal. A ellos se va con la
intención de descubrir lo que cada uno de nosotros debe
preguntar a Dios acerca de sí mismo, ya que Dios quiere
algo específico de cada persona. ¿Qué? ¿Cuál ese 'hágase
en mí tu voluntad', para cumplirla? Dios responde
siempre. De nosotros depende la elección.
1997/12/04 |