“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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Con Ignacio de Loyola

Dora Amador

En el décimo aniversario de la casa de retiros jesuita Manresa

Este sábado 6 de diciembre, la Casa Manresa de Miami celebra sus 10 años. Más de 11 conferencistas hablarán sobre la vida, obra y espiritualidad de San Ignacio ce Loyola, fundador de los jesuitas y de los 'Ejercicios Espirituales', hoy estudiados y recomendados no sólo por religiosos, también por sicólogos y siquiatras.

A Iñigo López de Ricalde le dieron por loco, y a decir verdad, a "los cuerdos" no les faltaba razón (nunca les falta, dichosos los cuerdos): el vanidoso cortesano de familia ilustre, nacido en un castillo de la vasca Guipúzcoa, de pronto le dio por dejarlo todo, fortuna, amores, prestigio, y vestirse de saco como un pordiosero, no cortarse las uñas ni el pelo e irse a vivir a una cueva. Dormía poco, comía de lo que le daba la gente, iba constantemente a misa y se pasaba el día y gran parte de la noche rezando. ¿Qué le pasó a Iñigo, el hidalgo enamorado? Fueron 10 meses lo que duró este período de transición convulsa, llamada conversión, en la vida de quien conocemos hoy como San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús.

Varios fracasos precedieron la transformación: primero como paje al servicio del contador mayor del reino de Castilla, y después como militar y diplomático al servicio del virrey de Navarra. Defendiendo el castillo de Pamplona, un cañonazo le hirió las piernas y cayó bañado en sangre. El castillo cayó en manos de los enemigos franceses, él en la más absoluta invalidez y depresión. Convaleciente por meses, Iñigo pidió libros para leer, le dieron los dos únicos que se encontraron en el castillo de Loyola: la vida de Cristo y una vida de los santos. Las obras tuvieron un impacto tan profundo en él que a partir ese momento decidió renunciar a todo y entregarse a Cristo. Una vez en pie, fue al santuario de la Virgen de Montserrat, en Barcelona, se pasó tres días confesando sus pecados, y entregó sus armas, de ahora en adelante sería sólo soldado de Cristo, "para mayor gloria de Dios".

De aquellos días extraños que después pasó en la cueva de Manresa, en Barcelona, le nació una obra que sería, como la orden que fundó, trascendental para la Iglesia Católica: los Ejercicios Espirituales, que él define como "todo modo de examinar la conciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y mental, y de otras espirituales operaciones… todo modo de preparar y disponer el ánima para quitar de sí todas las afecciones desordenadas y, después de quitadas, para buscar y hallar la voluntad divina en la desposición de su vida".

Siete veces procesó la Inquisición a Ignacio de Loyola por sus ejercicios. (La Inquisición, el capítulo más terrible de la Iglesia Católica, enjuició y puso en peligro la vida de varios de los más grandes santos, que surgieron precisamente para sacudirla y renovarla, entre ellos San Ignacio de Loyola, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús).

Hoy, en los umbrales del tercer milenio, los Ejercicios Espirituales se siguen practicando con igual amor y persistencia que en los umbrales del Renacimiento. En estos 500 años, los jesuitas han fundado miles de centros de retiros por todo el mundo, muchos llamados Casa Manresa, para los ejercicios, clases y conferencias.

Y es precisamente para la celebración del décimo aniversario de la Casa Manresa de Miami, que se invita este sábado 6 de diciembre, de 8:30 a.m. a 5 de la tarde, a un día extraordinario de espiritualidad ignaciana, en el que 11 conferencistas expondrán su pensamiento sobre la vigencia de la vida y obra de Ignacio de Loyola. "Queremos darle gracias a Dios por esta Casa Manresa, y como el Papa quiso que el 97 fuera dedicado a Jesucristo, vamos a reflexionar y a conocer a fondo, todo el día, el modelo que nos dio Ignacio, que vivía sólo para Jesucristo, por eso le llamó a su orden la Compañía de Jesús", dice la figura cimera de esta casa, un jesuita cubano muy querido, Florentino Azcoitia, fundador de la Casa Manresa y director espiritual de los ejercicios que allí se llevan a cabo durante todo el año.

Ente los conferencistas invitados se halla monseñor Francisco José Arnáiz, arzobispo auxiliar de Santo Domingo, quien dará una conferencia titulada San Ignacio de Loyola, su conocimiento y amor a Jesucirsto en los Ejercicios Espirituales hacia el Milenio; el abogado Renaldy Gutiérrez hablará sobre San Ignacio y su tiempo, estableciendo una comparación entre la época del santo y la nuestra. "Ambas son épocas de cambios profundos", explica Gutiérrez. "El Renacimiento exaltó al hombre y desplazó a Dios. Al humanismo del Renacimiento Ignacio respondió con sus ejercicios, cristianizando el humanismo de Erasmo". ¿Y cuál es la diferencia entre humanismo y cristianismo?, le pregunto. "El humanismo pone al hombre en el centro del universo, el cristiano pone el hombre en el centro de la creación. El cristiano entiende que viene de Dios y está hecho para Dios, para el fin que nos ha creado". Las palabras de Gutiérrez me recuerdan aquellas del maravilloso jesuita alemán Karl Rahner: "Acontece que el hombre no redimido se absolutice a sí mismo. Se toma tan en serio como persona, en un falso sentido, que ni cree ni quiere el perdón de la culpa, incurriendo así en el pecado más grave... Es patente que, en el individuo concreto, el pecado excluye el reconocimiento y la admisión de la propia pecaminosidad..." (Recomiendo a los humanistas ateos o paganos amantes de la buena lectura, el libro Meditaciones sobre los ejercicios de San Ignacio, de Karl Rahner, se puede comprar en la librería de la Casa Manresa).

Otro de los ponentes, el sicólogo clínico Juan Romagosa, disertará sobre un tema fascinante: San Ignacio y su intuición sicológica, donde hará un análisis comparativo entre el impacto espiritual de los ejercicios y la cura terapéutica, sicológica del individuo. ¿Qué ha hecho que la sicología y la siquiatría tomen hoy en serio las cuestiones del espíritu en sus pacientes? "Ha habido un cambio muy grande en los últimos 10 o 15 años", me explica.. "Antes, el sicólogo pensaba que si hablaba de esto lo catalogarían de no científico, todo eso se ha superado. Ahora los sicólogos, antes de un escepticismo tremendo, de un no querer creer en la importancia de la dimensión espiritual del hombre, se han dado cuenta de que es imposible desconocer esto, y que lo espiritual pertenece de lleno al funcionamiento sicológico del individuo, a su necesidad de lo trascendente, de Dios".

Los ejercicios fueron creados para darse durante un retiro de 30 intensos días de reflexión y recogimiento interior, guiado por un director espiritual, que observa los 'movimientos del alma' que se van dando en el individuo. Pero dada la carencia de tiempo actual, se ha ideado la forma de darlos en una semana o un fin de semana. El factor determinante de los ejercicios ignacianos es la elección personal. A ellos se va con la intención de descubrir lo que cada uno de nosotros debe preguntar a Dios acerca de sí mismo, ya que Dios quiere algo específico de cada persona. ¿Qué? ¿Cuál ese 'hágase en mí tu voluntad', para cumplirla? Dios responde siempre. De nosotros depende la elección.

1997/12/04

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