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Hora de orar
Dora Amador
Ante el momento trascendental que se avecina, cubanos de
la isla y de la diáspora, y muchos católicos del
continente, se unen en una misma oración y un mismo
espíritu por los frutos de la visita de Juan Pablo II a
Cuba.
"Sólo el perdón ofrecido v recibido puede ir conduciendo
a un diálogo fecundo que selle una reconciliación
plenamente cristiana".
Juan Pablo II, en París, 1997
En mi pecho llevo un símbolo, me lo pondré todos los
días hasta que el Papa llegue a Cuba. Es una cinta verde
con una perla. El verde significa la esperanza, la
perla, la verdad. Me la dio un católico mexicano muy
comprometido con la visita de Juan Pablo II a mi país,
José Luis García Chagoyán, director de la Oficina
Mensajera de la Verdad y la Esperanza, creada por la
Comisión Episcopal de Pastoral Social de México a
petición de los obispos cubanos. La idea de este
proyecto es difundir el inmenso significado que tiene la
visita de Juan Pablo II a Cuba.
En Miami, donde estuvo José Luis de visita para conocer
un poco al exilio e informarnos sobre lo que está
haciendo su oficina, se sabe ya que el viaje del Papa es
importante y todos, o casi todos, lo quieren; muchos lo
fueron comprendiendo lentamente, a medida que las
sospechas de "componendas" entre Juan Pablo II y Fidel
Castro fueron cediendo ante el sentido común, que a
veces nos visita. Lo que una gran masa del exilio ignora
todavía es el significado profundo, eminentemente
evangélico, del mensaje y el mensajero, de la verdad y
la esperanza.
Enfermos hasta el tuétano de política, estrategias,
suspicacias y torpezas, los llamados "líderes" del
exilio —ésos que firman su nombre al lado del de su
empresa, para que se sepa que tienen dinero y poder, y
son influyentes— convocan a una conferencia de prensa
para emitir un documento —otro más, hubo uno que
enviaron al Papa para que destituyera al cardenal
Ortega— en contra del barco de peregrinos que irá Cuba
para la misa del 25 de enero en La Habana, pobres miopes
obsesos. O convocan a una marcha patética en la que el
lamentable orador termina gritando "¡Viva Cristo Rey!"
inmediatamente después de condenar todo intento de
perdón, reconciliación y diálogo entre cubanos. ¿A qué
Cristo estarían invocando? Allá son las Marchas del
Pueblo Combatiente. Aquí las Marchas de Reafirmación
Patriótica.
La otra Cuba
Pero ésa no es toda Cuba, mi amigo José Luis García
Chagoyán pudo ver otra, es la Cuba profunda, de una
mística que se enraiza. Aquí compartimos una Eucaristía
privada muy hermosa. En efecto, hay otros cubanos,
muchos, que oran en silencio, a solas, en pequeñas
comunidades o en parroquias, todos con una misma
plegaria: que el Papa pueda ir a Cuba. Muchos, como yo,
aguardan el permiso de entrada a mi país como peregrina,
para estar junto a mis hermanos en esos hermosos días
del 21 al 25 de enero. Otros se quedarán orando aquí.
Todos, los que van, los que se quedan, los que viven
allá, tenemos puesta en esta peregrinación de Su
Santidad, una esperanza grande y nieva, la fe la
sustenta.
Junto con el símbolo a usar en la solapa todos estos
días, José Luis me hizo entrega de una oración muy
hermosa; ambas cosas, la oración y el símbolo, surgieron
de un gupo de mujeres cubanas que residen en México. La
Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) acogió esta
campaña de oración iniciada por ellas y ahora, en la
plenitud del Adviento, invita a todos los católicos
mexicanos a unirse a ella. Me uno, "como una semilla que
esparce el viento", portando el símbolo en mi pecho e
incorporando esta oración, que invoca a la Virgen de
Guadalupe, a la que al rayar el alba día tras día
realizo„ como miles de cubanos de la isla y de la
diáspora, por los frutos de la visita del Santo Padre en
Cuba.
Algún día se hará la historia de lo vital que ha sido y
es para la Iglesia cubana la solidaridad de la Iglesia
latinoamericana, tanto en recursos materiales como
humanos. Estuve en Colombia, y vi que esa solidaridad se
concretiza en el envío de misioneras y sacerdotes a la
isla a vivir por años en precarísimas condiciones en
campos y ciudades; en el envío de material de todo tipo
para parroquias y catequesis, en la acogida de laicos
cubanos que van a Bogotá a tomar cursos de formación
religiosa.
México también desempeña un papel esencial de apoyo a la
Iglesia cubana. Según la revista mexicana Proceso,
que en agosto le dedicó un excelente reportaje a este
tema (El Episcopado Mexicano, presente en Cuba en
apoyo a la "teología de la reconciliación", Rodrigo
Vera), la CEM está destinando para la visita papal a
Cuba la mitad de lo que recibe en las 58 diócesis y 14
arquidiócesis mexicanas; ha enviado miles de copias del
Evangelio de Marcos —que ya se han estado repartiendo
casa por casa—, y una editorial de la Compañía de Jesús
acaba de editar para repartir allá 300,000 ejemplares
del Evangelio de San Lucas. La campaña de oración 'Por
la Verdad y la Esperanza en Cuba', incluirá a partir del
4 de enero y hasta el 1ro. de febrero, oraciones
insertas en las hojas parroquiales dominicales; y se
está instando a familias mexicanas para que envíen un
ejemplar de la Biblia Latinoamericana —a un precio de 50
pesos (4 dólares cada una)— a familias cubanas.
Gracias a los hermanos mexicanos y a mis compatriotas
cubanas residentes allá. A ellos estoy unida, e insto a
que todos los cubanos de la diáspora —en Puerto Rico, en
Venezuela, en España, en Estados Unidos, donde quiera
que nos hallemos dispersos— nos unamos en un solo
espíritu orante por Cuba en esta hora trascendental. La
imagen de la Caridad del Cobre que está en peregrinación
por las parroquias de Miami, está ahora en Santa Ágata.
En la Ermita se reza diariamente el Angelus y un rosario
por Cuba.
En cada instancia de los evangelios en que Jesús hace
milagros, adjudica a la fe del enfermo su sanación. Los
cubanos necesitamos sanación, pero más que nada
necesitamos fe. Fe en ese Jesús que está por nacer y
que, por primera vez en muchos, muchos años, podremos
concelebrar con nuestros hermanos de allá. La Navidad ha
vuelto a Cuba. ¿No es eso ya un signo —otro más—, un
fruto de la visita de ese Papa peregrino que está por
llegar? Acaso es también un milagro porque renació la fe
en Dios en el pueblo cubano.
1997/12/08 |