“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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Hora de orar

Dora Amador

Ante el momento trascendental que se avecina, cubanos de la isla y de la diáspora, y muchos católicos del continente, se unen en una misma oración y un mismo espíritu por los frutos de la visita de Juan Pablo II a Cuba.

"Sólo el perdón ofrecido v recibido puede ir conduciendo a un diálogo fecundo que selle una reconciliación plenamente cristiana".
Juan Pablo II, en París, 1997

En mi pecho llevo un símbolo, me lo pondré todos los días hasta que el Papa llegue a Cuba. Es una cinta verde con una perla. El verde significa la esperanza, la perla, la verdad. Me la dio un católico mexicano muy comprometido con la visita de Juan Pablo II a mi país, José Luis García Chagoyán, director de la Oficina Mensajera de la Verdad y la Esperanza, creada por la Comisión Episcopal de Pastoral Social de México a petición de los obispos cubanos. La idea de este proyecto es difundir el inmenso significado que tiene la visita de Juan Pablo II a Cuba.

En Miami, donde estuvo José Luis de visita para conocer un poco al exilio e informarnos sobre lo que está haciendo su oficina, se sabe ya que el viaje del Papa es importante y todos, o casi todos, lo quieren; muchos lo fueron comprendiendo lentamente, a medida que las sospechas de "componendas" entre Juan Pablo II y Fidel Castro fueron cediendo ante el sentido común, que a veces nos visita. Lo que una gran masa del exilio ignora todavía es el significado profundo, eminentemente evangélico, del mensaje y el mensajero, de la verdad y la esperanza.

Enfermos hasta el tuétano de política, estrategias, suspicacias y torpezas, los llamados "líderes" del exilio —ésos que firman su nombre al lado del de su empresa, para que se sepa que tienen dinero y poder, y son influyentes— convocan a una conferencia de prensa para emitir un documento —otro más, hubo uno que enviaron al Papa para que destituyera al cardenal Ortega— en contra del barco de peregrinos que irá Cuba para la misa del 25 de enero en La Habana, pobres miopes obsesos. O convocan a una marcha patética en la que el lamentable orador termina gritando "¡Viva Cristo Rey!" inmediatamente después de condenar todo intento de perdón, reconciliación y diálogo entre cubanos. ¿A qué Cristo estarían invocando? Allá son las Marchas del Pueblo Combatiente. Aquí las Marchas de Reafirmación Patriótica.

La otra Cuba

Pero ésa no es toda Cuba, mi amigo José Luis García Chagoyán pudo ver otra, es la Cuba profunda, de una mística que se enraiza. Aquí compartimos una Eucaristía privada muy hermosa. En efecto, hay otros cubanos, muchos, que oran en silencio, a solas, en pequeñas comunidades o en parroquias, todos con una misma plegaria: que el Papa pueda ir a Cuba. Muchos, como yo, aguardan el permiso de entrada a mi país como peregrina, para estar junto a mis hermanos en esos hermosos días del 21 al 25 de enero. Otros se quedarán orando aquí. Todos, los que van, los que se quedan, los que viven allá, tenemos puesta en esta peregrinación de Su Santidad, una esperanza grande y nieva, la fe la sustenta.

Junto con el símbolo a usar en la solapa todos estos días, José Luis me hizo entrega de una oración muy hermosa; ambas cosas, la oración y el símbolo, surgieron de un gupo de mujeres cubanas que residen en México. La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) acogió esta campaña de oración iniciada por ellas y ahora, en la plenitud del Adviento, invita a todos los católicos mexicanos a unirse a ella. Me uno, "como una semilla que esparce el viento", portando el símbolo en mi pecho e incorporando esta oración, que invoca a la Virgen de Guadalupe, a la que al rayar el alba día tras día realizo„ como miles de cubanos de la isla y de la diáspora, por los frutos de la visita del Santo Padre en Cuba.

Algún día se hará la historia de lo vital que ha sido y es para la Iglesia cubana la solidaridad de la Iglesia latinoamericana, tanto en recursos materiales como humanos. Estuve en Colombia, y vi que esa solidaridad se concretiza en el envío de misioneras y sacerdotes a la isla a vivir por años en precarísimas condiciones en campos y ciudades; en el envío de material de todo tipo para parroquias y catequesis, en la acogida de laicos cubanos que van a Bogotá a tomar cursos de formación religiosa.

México también desempeña un papel esencial de apoyo a la Iglesia cubana. Según la revista mexicana Proceso, que en agosto le dedicó un excelente reportaje a este tema (El Episcopado Mexicano, presente en Cuba en apoyo a la "teología de la reconciliación", Rodrigo Vera), la CEM está destinando para la visita papal a Cuba la mitad de lo que recibe en las 58 diócesis y 14 arquidiócesis mexicanas; ha enviado miles de copias del Evangelio de Marcos —que ya se han estado repartiendo casa por casa—, y una editorial de la Compañía de Jesús acaba de editar para repartir allá 300,000 ejemplares del Evangelio de San Lucas. La campaña de oración 'Por la Verdad y la Esperanza en Cuba', incluirá a partir del 4 de enero y hasta el 1ro. de febrero, oraciones insertas en las hojas parroquiales dominicales; y se está instando a familias mexicanas para que envíen un ejemplar de la Biblia Latinoamericana —a un precio de 50 pesos (4 dólares cada una)— a familias cubanas.

Gracias a los hermanos mexicanos y a mis compatriotas cubanas residentes allá. A ellos estoy unida, e insto a que todos los cubanos de la diáspora —en Puerto Rico, en Venezuela, en España, en Estados Unidos, donde quiera que nos hallemos dispersos— nos unamos en un solo espíritu orante por Cuba en esta hora trascendental. La imagen de la Caridad del Cobre que está en peregrinación por las parroquias de Miami, está ahora en Santa Ágata. En la Ermita se reza diariamente el Angelus y un rosario por Cuba.

En cada instancia de los evangelios en que Jesús hace milagros, adjudica a la fe del enfermo su sanación. Los cubanos necesitamos sanación, pero más que nada necesitamos fe. Fe en ese Jesús que está por nacer y que, por primera vez en muchos, muchos años, podremos concelebrar con nuestros hermanos de allá. La Navidad ha vuelto a Cuba. ¿No es eso ya un signo —otro más—, un fruto de la visita de ese Papa peregrino que está por llegar? Acaso es también un milagro porque renació la fe en Dios en el pueblo cubano.

1997/12/08

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