“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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A la intemperie, sin seguro médico

Dora Amador

Soy una de esas 14,000 personas que se quedan sin seguro médico todos los días. Lo supe en febrero, cuando fui a recoger unas medicinas y me dijeron en la farmacia que tenía que pagar el precio completo porque ya no tenía seguro. Asustada más que asombrada, llegué a casa y llamé a Blue Cross & Blue Shield (BC&BS). Me informaron que, en efecto, mi seguro había sido suspendido por mi ex empleador en noviembre del 2008.

Le dije a la empleada de BC&GS con quien hablaba que yo lo pagaría. Después de una conversación larga en la que llenó mi solicitud, me informó que, si lo aprobaban, pagaría alrededor de $750 mensuales. Acepté, aunque me tuviera que privar de otras cosas necesarias, ya que mi salario no da para el lujo de tener cobertura médica pagada sólo por mí. La amable empleada me dijo que en pocos días me llamaría una enfermera.

No padezco, gracias a Dios, de ninguna enfermedad, nada de ``condición preexistente'' y ellos lo sabían: BC&BS había sido mi aseguradora por siete años. Ellos conocen mi historial médico: los exámenes médicos que me había hecho en ese tiempo, que nunca estuve hospitalizada, qué medicinas tomaba, qué médicos visitaba, etc. No tuve la menor duda de que volvería a tener seguro en cuestión de días.

Cuando me llamó la enfermera de BC&BS, ya mi solicitud había pasado por las perversas manos del médico encargado de revisarla de acuerdo a los estatutos que usan las aseguradoras para aprobar o eliminar una solicitud. Mi seguro médico había sido negado.

Resulta que en el 2005 --oigan esto, como dice Pánfilo-- mi doctora me había mandado a hacer un EKG de rutina y salió algo raro, que nos sorprendió a ambas pues jamás me había quejado de nada del corazón. Me dijo que para estar seguras fuera a un especialista para que se me hicieran exámenes profundos. De inmediato hice cita con un excelente cardiólogo que trabaja en el Jim Moran Heart and Vascular Center, del hospital Holy Cross, en Fort Lauderdale. Uno de los mejores del país.

Era el primer estrés test que me hacían, el primer ecocardiograma, y toda una cantidad de exámenes carísimos con lo último en medicina nuclear. Resultado: no padecía de enfermedad cardíaca, mi corazón y mi circulación estaban bien, nada de qué preocuparse. Por cierto, quedé fascinada con las imágenes en colores que el equipo nuclear había tomado de mi corazón, me recordaron las preciosas nebulosas que se ven del espacio a través del telescopio Hubble.

Todos los resultados de los exámenes hechos por el cardiólogo llegaron a BC&BS, por tanto, el EKG había estado mal. Pero ellos ignoraron al cardiólogo y todos los demás tests. Se empecinaron en el EKG.

Otro ``problema'' que arguyeron era que padecía de apnea del sueño. A finales de 2008 me había quejado con la doctora de insomnio y ella me envió a hacerme un estudio del sueño. Cuando dormí una noche en el Holy Cross Hospital con la cabeza llena de cables se confirmó: pacedía de apnea leve, repito esta palabra: leve. Adquirí la máquina que me ordenaron con la mascarita CPAP. Ojo: no es oxígeno lo que entra por la máscara, no lo necesito, es el mismo aire que me rodea, el problema es que la persona con apnea puede dejar de respirar en el sueño, la máquina te impulsa aire y respiras siempre. No la he dejado de usar ni una sola noche.

Antes padecía de ansiedad, ya no tanto, por lo que he suspendido unas pastillas --Celexa-- que tomé por un tiempo. Ahora mis dos medicinas son: Simvastatin para el colesterol y Prilosec para el reflujo estomacal. ¿Por qué me negaron el seguro médico? ¿Por mis 61 años aunque gozo de salud?

Me di cuenta de que no iba a poder comprar ningún seguro bueno, ya que todas las aseguradoras se dejan llevar por el mismo código de estatutos que le niega cobertura, por lo que veo, a quien no sea joven y esté en perfecto estado.

Esta semana escuché con atención al presidente Obama en su conferencia de prensa sobre el urgente cambio que quiere llevar a cabo en el sistema de salud del país. A esperas estoy, para acogerme al seguro público el año que viene. Nada, que como en Wall Street, la banca, las aseguradoras, etc., la putrefacción ha hecho metástasis en el alma y la conciencia de los CEO de las compañías de seguros de salud; en los miles de médicos que reciben dinero por recetar las nuevas y carísimas medicinas que les piden promover las compañías farmacéuticas y por mandar a hacer procedimientos carísimos --que los hospitales agradecen y también recompensan-- muchas veces innecesarios.

Julio 31, 2009

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