“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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La laptop perdida

Dora Amador

Lo que voy a contar es verídico, aunque parezca absolutamente increíble. Pocos días antes de Semana Santa fui a la tienda Apple, en el mall de Aventura, para corregir un problema técnico que tenía en mi laptop. Resuelto el asunto, volví al valet parking, muy cerca de la tienda, y le pagué al muchacho algo avergonzada, porque me demoraba más de la cuenta, no encontraba el monedero dentro de la cartera, que estaba enredada con un paquete y lo que yo creía era la computadora. Me monté en el carro y llegué a casa.

Me fui a bajar. ¿Dónde estaba mi laptop? Comencé a buscar convencida de que estaba allí, es que no la veía, aunque mi mente la divisaba claramente, preciosa, siempre disponible, compañera de un lado a otro conmigo y mi trabajo. Sin pensarlo volé hasta Aventura. Hablé con el chico del valet parking, que se acordaba de cuando le pagué y me fui, pero de más nada. Hurgué en sus ojos, ¿estaría diciendo la verdad? Todos me parecían sospechosos. Miraba de un lado a otro, esperando verla en algún lugar abandonada. Nada.

Fui a Security y a Lost and Found, nada, perdida para siempre. Regresé a casa devastada. Todo el trabajo que estaba haciendo, los documentos y fotos recientes para un libro en preparación, perdidos.

Pasaron días, como al tercero me di cuenta de que algo mucho más grave me sucedía que la pérdida del dichoso aparato, y era mi apego a él. ¿Me iba a quitar la paz una laptop? Como siempre, a partir del Domingo de Ramos le dediqué más horas diarias a la oración, la lectura bíblica y espiritual y la meditación. Fue como un retiro en silencio, en casa, la culminación de una Cuaresma honda y tranquila, que se interrumpió bruscamente por este suceso.

Ya había empezado a rehacer mi trabajo en mi vieja iMac de 2004, pero seguía extrañando mi laptop. ¡Entonces sucedió! Como una gracia no merecida --nunca es merecida-- me llené de júbilo en algún momento al saber que había olvidado ya aquella máquina, me importaba un bledo, era basura. Supe que no era casual, casi nada lo es. ¡Qué felicidad, el desapego! ¡Qué libertad no depender de nada ni de nadie, excepto de Aquel a quien lo despojaron hasta de su ropa, crucificado desnudo, escupido, sangrante de latigazos, la burla de todos... ¡Qué inconmensurable confirmar, una vez más, que nada te puede apartar del amor de Dios!

Ya era Jueves Santo y fuimos a la misa de las 7 p.m. Regresamos a casa, tenía un mensaje en el teléfono. Era de un joven que quería devolverme una laptop que su esposa había encontrado en el mall de Aventura. Me dio su dirección, y yo y mis amigas, llenas de la poderosa experiencia de la Eucaristía de ese día sagrado, partimos de inmediato para Sunny Isles como a una aventura inesperada, que te desborda. Allá nos estaban esperando a la entrada del edificio Gabriela Hernández, mexicana, y su esposo, Gino Landa, venezolano. Ella, que es estudiante, trabaja en Engraving Sensations, un kiosco que está en el centro del mall frente a la tienda Apple. Gino, su esposo, trabaja como cocinero y estudia para chef en el famoso college Le Cordon bleu. Gabriela me contó que vio la laptop encima de una máquina ATM, que pasaban las horas y nadie la recogía. Entonces decidió recogerla y llevarla para su casa. Sospechaba que, si se la entregaba a alguien, no la devolverían. Gino también fue muy honesto. ¡Una laptop! El no tenía ninguna, y para la universidad le venía tan bien. ¿Se quedaba con ella? ¿De quién era? La pareja pensó y se debatió entre la tentación y la decisión. Según me cuenta Gino le sorprendió ver varias imágenes de Jesús que estaban en iPhoto.

Fueron a Apple y por el número de serie supieron mi nombre y teléfono. Nos lo contaban divertidísimos. Yo los miraba, sus gestos, sus palabras, su juventud, su energía, sus proyectos estudiantiles y de trabajo, su matrimonio, todo estaba lleno de una ilusión maravillosa. Mi agradecimiento por su generosidad es imposible de describir. Y es que en ellos se encarnó la vivencia de lo sucedido en ese Jueves Santo. La generosidad siempre sorprende. Y no debería.

Abrazos, mis mejores deseos para ambos, mi prometida oración por sus estudios y su futuro, por supuesto, una recompensa económica que no esperaban, pero que era mínima para la grandeza de su gesto.

Fui yo la que dejó olvidada la laptop encima de la máquina ATM cuando fui a sacar unos dólares. ¿Fui yo o fue Dios, que quiso darme de nuevo una de sus grandes enseñanzas, recordarme lo único importante?=

30 de abril de 2009

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