“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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La mirada de Jeffrey

Dora Amador

Al fin Alejandro Ríos nos presentará otra cara de esa ''Cuba profunda'' a que hace referencia al presentar las películas en su programa La mirada indiscreta, que transmite el Canal 41 todos los domingos a las 8 de la noche. O las que lleva a A mano limpia, de Oscar Haza, de las que se ponen fragmentos para luego, en aparente estado de shock, Haza les pregunte a los panelistas que están allí qué les parece lo que acaban de ver, después que los pobres llevan más de 30 minutos devanándose los sesos tratando de explicarle a la audiencia lo que pasa en Cuba. La realidad que acaban de ver, cuando se aparece allí Ríos con sus documentales, los enmudece, los avergüenza: es la miseria humana y la ruina física de la ciudad que muchos jóvenes cineastas filman obsesionados: jineteras/os y chulos, drogas, hombres y mujeres con ''el santo subido'' dando estertores y rociando ron por la boca hacia todos lados, invocando a sus dioses para calmar o curar a alguien, niños pidiendo limosna, viejos que son cadáveres vivientes, recogiendo en los basureros o rogando un plato de comida. Pobre gente. No niego esa realidad, todo lo contrario y comprendo la obsesión citadina, habanera principalmente, elevada a la más alta forma de arte cinematográfico en La Habana: el arte nuevo de hacer ruinas.

¿Y el campo? No menos terrible. Tuve que llorar ante el excelente filme sobre el perdido pueblo de Hershey. Pero hay otras realidades de esa ''Cuba profunda'' que no se filman. Por ejemplo, ¿cómo vive un católico en Cuba? Eso a nadie le interesa. Sí, hay otra ''Cuba profunda'', y quiero agradecerle a Alejandro Ríos que haya elegido uno de los mejores documentales que he visto, 25 kilómetros, de Jeffrey Puente, para exhibirlo la noche del Domingo de Ramos, este 5 de abril, en La mirada indiscreta.

Veré de nuevo el documental sabiendo que lo comparto con una gran audiencia ese día en que todos los católicos recogimos guano bendito en las iglesias como parte de nuestra recreación bíblica de Jesús subiendo a Jerusalén. Se inicia la Semana Santa para la cual nos hemos estado preparando durante toda la Cuaresma. Ver el filme será --lo fue la primera vez a solas, emocionada ante semejante belleza-- como una oración del y por el pueblo cubano, oración que se elevará como incienso en la presencia de Dios, que ve en lo oculto, y su mirada amorosa penetra el corazón de cada cubano, queriendo transformarlo y purificar su memoria. Por ese pueblo --los de allá y los de acá-- rezamos, y tenemos la certeza de que, como Cristo, resucitará, resucitaremos.

¿De qué trata 25 kilómetros? De la fe de tres mujeres que viven en lo más intrincado --y hermoso-- del monte pinareño, en un lugar llamado El Brujo, en el municipio de Bahía Honda a unos 15 kilómetros al interior de Soroa, en la Cordillera de Los Organos. Trata de su vida llena de obstáculos cotidianos por la pobreza en que viven, pero sobre todo de una riqueza espiritual que le da sentido a todo. Cierto, el espectador será testigo de amaneceres y atardeceres sobrecogedores, de paisajes y cielos asombrosamente estrellados, de claros de luna entre las palmas, de los ruidos de la noche en el monte. Pero no radica ahí la grandeza del filme, sino en la vida de las mujeres, de un silencio que nos comunica mucho más que miles de palabras en sus quehaceres ordinarios llenos de algo extraordinario que las inspira, y es el sentido sagrado de la vida. De verdad les digo que quienes más entenderán y se llenarán de gozo la noche del Domingo de Ramos cuando la vean serán los cristianos.

Jeffrey Puente nació y se crió en el pueblo de Candelaria, en Pinar del Río. Dejo que él mismo cuente su vida, sus estudios, las estrategias que tuvo que utilizar para que el gobierno le permitieran filmar su magnífica obra sobre la fe y vida de los católicos en la entrevista que le irá haciendo Alejandro Ríos durante el programa.

La trilogía de Jeffrey Puente: 25 kilómetros (2005), 72 horas (2007) y Para subir al cielo (2008) se exhibirán también el 22 de abril a las 7 de la noche, como parte del ciclo de jóvenes cineastas cubanos titulado ''La isla en peso'' que presentará el Teatro Tower durante esa semana.

Abril 3, 2009

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