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Las
reflexiones de Lucifer
Dora
Amador
De todas las reflexiones que ha escrito Fidel Castro a
las únicas que les he prestado atención, que he leído,
son a las que contradicen algo dicho o hecho por el
gobierno de su hermano Raúl, que no es el buen Abel,
pero que tiene en su hermano un consumado Caín.
Leí las dirigidas a Michelle Bachelet y a los chilenos,
magníficamente contestadas por editoriales y columnas de
opinión internacionales --entre ellas las dos de Roberto
Ampuero en El Mercurio. Y de pronto, no sé cómo, me topé
con Rahm Emanuel, fechada el 8 de febrero de 2009. No
debí leerla, porque me siento obligada a escribir sobre
ese engendro que es Fidel Castro y no es fácil ni
recomendable adentrarse en la mente de un ser tan malo.
La reflexión se puede leer en clave política, económica,
siquiátrica o religiosa. Como el que se va enredando en
una telaraña, yo quedé atrapada por el contenido
diabólico que percibí de inmediato en las cuatro
primeras oraciones. Lo religioso es el elemento
principal, con el único fin de usurpar --como lo ha
querido hacer siempre-- los evangelios y los símbolos
cristianos para atribuírselos a la revolución cubana. He
aquí que en este escrito Fidel Castro se revela como
Dios Padre cuando ha llegado la culminación de los
tiempos, es decir, la llegada del Mesías esperado,
Emmanuel, el hijo de Clara Rojas concebido y nacido en
la selva colombiana, hijo de un guerrillero desconocido
seguidor de los ideales "redentores" de Castro. La
revolución cubana, como el cristianismo en Roma, había
logrado extenderse, al fin, por toda América Latina a
través de su fiel discípulo, Hugo Chávez, quien proclama
a Castro "Padre nuestro". La Navidad de 2007 iba a ser
el momento "sagrado" de demostrarlo con la llegada del
niño esperado por todo el mundo, como culminación --en
el laberinto psíquico del tirano-- de un proceso
revolucionario de justicia y paz iniciado por él a los
21 años con su participación en el Bogotazo que siguió
al asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Colombia tendría
paz y el socialismo se instauraría en todo el continente
latinoamericano, gracias al maestro (Castro) y su alumno,
Hugo Chávez, en colaboración con las FARC, también
inspiradas y entrenadas en Cuba.
Dada la cultura hipertextual de la que ya somos parte,
considero indispensable que se lean las palabras que
pronunció Germán Sánchez Otero, embajador cubano en
Venezuela, en la presentación de su libro La
transparencia de Emmanuel en el VII Congreso de la UNEAC,
el 3 de abril de 2008. Pueden leerla en
www.cubadebate.cu. También la reflexión sobre Rahm
Emanuel, en Granma o Juventud Rebelde, que empieza así:
"¡Qué apellido tan extraño! Parece español, fácil de
pronunciar y no lo es. Nunca en mi vida conocí o leí el
nombre de alumno o compatriota entre decenas de miles
que llevara ese nombre... ''De dónde proviene', pensé. A
mi mente acudía una y otra vez el del más brillante
pensador alemán, Inmanuel Kant, que junto con
Aristóteles y Platón constituían el trío de filósofos
que más han influido en el pensamiento humano. No estaba
sin duda muy lejos, según supe después, de la filosofía
del hombre más cercano al actual presidente de Estados
Unidos, Barack Obama... Otra posibilidad reciente me
llevaba a reflexionar sobre el extraño apelativo, el
libro de Germán Sánchez, el embajador cubano en la
Venezuela bolivariana: La transparencia de Emmanuel.
Enmanuel es el nombre del niño engendrado y nacido en la
tupida selva guerrillera donde cayó prisionera el 23 de
febrero de 2002 su dignísima madre Clara Rojas González."
Todo es mentira. Castro sabe de dónde proviene el nombre
Emmanuel, del Antiguo y el Nuevo Testamento, significa
lo mismo para judíos y cristianos: "Dios con nosotros".
Pero para los cristianos la profecía de Isaías se cumple
con el nacimiento de Jesús, la esperada llegada del
Mesías, Emmanuel. Además, mucho antes de su rescate
Clara Rojas dijo que leyendo la Biblia había elegido ese
nombre de su hijo. Y Fidel Castro le ordenó el día de
Nochebuena que participara en la operación de rescate de
Clara Rojas, su hijo y Consuelo González. Y que
escribiera un libro titulado La transparencia de
Emmanuel, le dijo que destacara su experiencia, incluso
que describiera los animales que veía. Aseguro que el
autor intelectual del fallido plan quería que se
hallaran ovejas, alguna vaca o buey cerca del "pesebre"
campestre de Emmanuel, rodeado de pastores guerrilleros.
Recordemos que el rescate no se produjo cuando Alvaro
Uribe dio a conocer que el niño enfermo, maltratado por
la guerrilla, no estaba con su madre, sino en un
orfanato de Colombia. Clara Rojas había accedido, para
salvarlo, a que lo llevaran a un hospital. Fue así que
el plan de Castro seguido por Chávez, que desconocían
esto, se frustró. Qué sincronía divina. Pero aunque no
pudo lograrse una narrativa "evangélica" del rescate,
Germán Sánchez escribió el libro de todas formas como un
homenaje a Castro, Chávez y Gaitán, no sin eludir la
trama de la esperada llegada de un niño providencial.
Qué transparente y significativo resulta que un hombre
diabólico a quien tantos admiran por profeta y sabio no
haya sido capaz de prever el poder del nombre Emmanuel,
Dios con nosotros. Vade retro, Satán. Amén.
Febrero 26, 2009 |