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En las manos de Dios
Dora Amador
Enero de 2008
En el 2008 se cumplen 10 años que lo dejé todo para
unirme a las Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús y
regresar a Cuba. La aventura fue un fracaso, a los tres
años de vida religiosa estaba de regreso a Miami. Llegué
nada más que a terminar el primer año de noviciado,
precedido por año y medio de postulante, período en el
cual la comunidad religiosa y la aspirante deciden de
mutuo acuerdo, que se puede proseguir al noviciado, la
fuerte prueba en la que se discierne si en verdad ser
“monja” es la vocación de la novicia. No era la mía.
Mi decisión de salir fue devastadora, pero también una
gracia de Dios, que me hizo experimentar la desolación
más honda. Fue cuando más cerca estuve de Jesucristo en
el Huerto de los Olivos y en la cruz. Mi deseo eran tan
sencillo: ser el Corazón de Dios en el corazón de Cuba,
pobre entre los pobres de mi país, sufrir lo que allí se
sufre, todo por dar a conocer el amor de Cristo unida a
las hermanas, a quienes admiraba mucho, porque son de
las pocas religiosas que salieron al principio de la
revolución, como todas, pero regresaron poco a poco a
partir de finales de los años 70 para refundar la
congregación allá a pesar de las carencias, el arduo
trabajo que les esperaba y evangelizar en un país regido
por el ateísmo de Estado, donde se reprimía, por no
decir se perseguía los cristianos.
Hago mía esta vivencia vital de Dag Hammarskjold,
secretario general de Naciones Unidas, que poco antes de
morir en la frontera del Congo, donde llevaba a cabo una
misión de paz, escribió estas palabras, que he citado ya
en otra ocasión: “No sé Quién –o Qué– planteó la
pregunta; no sé cuándo fue planteada. Ni siquiera
recuerdo haber contestado. Pero en algún momento le
respondí Sí a Alguien -o a Algo-, y a partir de ese
instante estuve convencido de que la existencia tiene un
sentido y de que, por tanto, mi vida, como entrega,
tenía una meta.
“Desde ese momento he sabido lo que significa ‘no mirar
atrás’ y ‘no pensar en el mañana’. Conducido por el hilo
de Ariadna de mi respuesta en el laberinto de la Vida,
llegué a un tiempo y a un lugar donde comprendí que el
Camino lleva al triunfo, que es una catástrofe, y a una
catástrofe que es un triunfo; pero que el precio de
comprometer la vida sería el reproche, y que la única
elevación posible al hombre radica en las profundidades
de la humillación. Después de eso, la palabra ‘valor’
perdió su significado, porque nada me podían quitar”.
A mí nadie me podrá quitar la gran enseñanza que me dio
Jesús cuando me vi fuera de la congregación que tanto
amaba y que tan profundamente había marcado mi vida: qué
es verdaderamente abandonarse en las manos de Dios y
confiar. La humildad y el arrojo de este acto de fe es
la prueba de amor y confianza mayores que le podemos dar
a Dios. Él siempre responde, tomándonos amorosamente en
sus brazos y dándonos la fuerza que necesitamos para
sobrevivir. Nos demuestra su amor, su misericordia
divina que nos colma. Se consuma su voluntad sobre la
nuestra. Se completa la entrega.
Han pasado siete años que regresé a Miami. Lo menos que
pude imaginar era que un día, en diciembre del 2000,
esas religiosas cubanas, atemorizadas por el régimen, me
dirían que “mi compromiso político previo tendría
repercusiones para la Sociedad del Sagrado Corazón y la
Iglesia en Cuba”. Entiéndase por compromiso político
previo haber escrito en El Nuevo Herald por años en
contra de la dictadura castrista.
Ratifico la buena voluntad de las religiosas, que
siempre me escribieron desde Cuba cartas llenas de
cariño y ánimo e hicieron todo lo posible por conseguir
el permiso de entrada. Ante mi súbita decisión de irme
de la congregación las seis hermanas con las que vivía
en Santiago trataron de que no me fuera, recuerdo la
reunión comunitaria que tuvimos, y las frases de ellas:
“nosotros somos también voz de Dios, no te vayas”; me
conmovió enormemente. La superiora provincial de Cuba en
aquel momento juzgó apresurada mi decisión. Pero yo sólo
quería ir a servir en Cuba, y a una orden religiosa,
como me dijo, no se puede entrar con condiciones. Debía
purificar mi deseo, eliminar ese afecto desordenado por
Cuba.
Qué insondables los caminos de Dios. Las religiosas,
Caridad Diego, encargada de Asuntos Religiosos del
Partido Comunista cubano, y yo, fuimos solo instrumentos
en las manos de Dios para que se cumpliera su proyecto,
que no era el mío. Bendito sea el Señor.
Los signos están claros. Estoy convencida de que Dios,
en sus planes y caminos muy superiores a los nuestros,
lo planeó maravillosamente: mi despojo de todo, mis tres
años de vida comunitaria, de formación religiosa, de
ardua misión e intensa vida de oración.
Hoy soy una mujer laica feliz. Vivo en un comunidad
franciscana desde hace seis años. Me considero misionera
del amor, anunciando el Evangelio a toda Cuba a través
del programa radial Palabra, que transmite dos veces a
la semana Radio República, la voz del Directorio
Democrático Cubano.
Todo mi trabajo editorial está dedicado a la búsqueda de
la democracia en Cuba, guiado por la ética cristiana de
lucha cívica no violenta, buscando siempre la
reconciliación y el amor entre todos los cubanos. Y
dirijo esta revista digital, a la que le dedico tiempo y
mucho empeño con la esperanza de que llegue a miles de
lectores y lograr que les interese, les guste y lean
cada nueva edición mensual.
¿Cuba? La amo y siempre volvería a vivir allá, o acaso
no. Ahora todo es distinto, en mi altar sólo está Dios,
que es celoso, y me arrancó del corazón todo deseo que
no fuera seguir fielmente a su Hijo aquí, en el exilio,
de donde me quise ir y me trajo de vuelta con la cabeza
baja, sin trabajo, sin casa, sin nada. Me esperaba San
Francisco, que me tomó de la mano y me llevó al corazón
de Cristo.
12 de enero de 2012
Han pasado cuatro años, todo sigue igual, excepto que ya hace dos dejé de trabajar para el Directorio. Varias razones me llevaron a ello. Primero tenía una enorme necesidad de sentirme libre totalmente, de poder contar con todas las horas del día, algo que por primera vez haría. ¡Dios mío, cómo se trabaja en este país! No, no podía más, principalmente con el estrés inherente a la posición que ocupé por cinco años en el Directorio.
Desde el 2010 vivo de mi retiro, muy limitada en cuestión de dinero, pero muy feliz con la abundancia de tiempo. De nuevo le doy gracias a Dios por todo, principalmente por mi comunidad franciscana, donde ya vivo hace 11 años. Adel se enfermó desde hace un tiempo. En el diario que llevo en esta página web cuento todo lo referente a esta enfermedad y cómo la vamos encarando, con mucha oración fundamentalmente. Todas estamos más frágiles, con más años, más limitaciones, y sin embargo, siento una alegría interior, una paz muy poderosa que me guía día a día.
Qué bueno es desprenderse de todo, estar disponible, arriesgarse a desinstalarse, y saber que Dios nunca abandona, y que es siempre él el que guía el camino.
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