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Los
católicos cubanos de allá y de acá
Dora Amador
El buen Germán Miret, subdirector de la revista cubana
católica Ideal, me ha invitado a su casa para una
noche de coloquio con monseñor Dionisio García, el nuevo
arzobispo de Santiago de Cuba. Me siento muy honrada con
esta invitación hecha a un selecto grupo de cubanos del
exilio. Selecto, porque se trata de periodistas
católicos. Nos une la fe, la visión de todas las cosas y
sobre todo el corazón. Estoy muy deseosa de escucharlo y
de hacerle algunas preguntas que brotarán no de mi
vocación de periodista, sino de mi fidelidad al
seguimiento de Jesús.
Misteriosamente Jesús conduce a los cubanos de allá y de
acá por una oscura vía dolorosa que sólo se ilumina con
la fe, la esperanza y el amor. Amor hasta el extremo,
como nos enseñó Jesús. Como cristianos tenemos que
perdonar, vivir como hermanos que somos de un mismo
Padre y como tan sabiamente nos recuerda Dagoberto
Valdés, ex director de la revista Vitral y del
Centro de Formación Cívica y Religiosa de la Diócesis de
Pinar del Río: ser incluyente y por encima de todo,
fieles a la Iglesia, madre y maestra. Mucho sufrió Santa
Teresa de Jesús por las injustas estructuras eclesiales
de su tiempo, pero al final de su vida escribió con el
alma colmada de dicha: ``Muero en la Iglesia''.
Este viaje de monseñor Dionisio forma parte de la visita
anual que hace años vienen realizando a Miami un grupo
de sacerdotes, religiosas y laicos para reunirse con sus
pares del exilio. Los participantes de esos secretos
encuentros --tanto los de allá como los de acá-- son
elegidos muy cuidadosamente. Tan cuidadosamente que
siempre es el mismo grupito, y es por eso que estas
reuniones han sido infecundas.
Pero los pastores dirigen al rebaño y yo, oveja perdida
que Jesús rescató del precipicio, le pido a mis
pastores: ámennos, inclúyannos, seamos lámparas que se
elevan para iluminar, no que se escondan debajo de algo
para dejar todo en tinieblas. Sigamos el llamado de la
doctrina social de la Iglesia, de Juan Pablo II, de
Benedicto XVI, de la histórica V Conferencia General del
Episcopado de América Latina y del Caribe celebrada en
Aparecida, Brasil, en mayo de este año, y de la
escandalosa asamblea del CELAM realizada en La Habana en
julio (escandalosa por las denuncias contra el régimen
de Hugo Chávez que en la capital cubana hicieron los
obispos venezolanos, y que por eso tuvieron que
adelantar su salida de Cuba). No sé quién --si alguien
del gobierno o algún monseñor cubano, o ambos-- les
pidió que se fueran. Esto suele suceder a menudo con
curas cubanos o extranjeros que son críticos del
régimen, los sacan del país rápidamente. Pero esta
asamblea parece que ha dejado huella en Cuba.
Monseñor Dionisio es desde hace años quien dirige la
pastoral de movilidad humana y la relación con los
cubanos en el exterior. Es un buen pastor, creo que su
obra en la Archidiócesis de Santiago será tan profética
y profunda como la de su predecesor, monseñor Pedro
Meurice.
Me adelanto al encuentro con el Arzobispo el 2 de
octubre en casa de Germán Miret --de quien es la
iniciativa en su sana intención de vivencia cubana
cristiana-- y le pido: haga algo para que estas
reuniones entre los católicos de allá y de acá sean más
incluyentes. Que se escuchen voces nuevas, que haya
intercambio de ideas, que respetuosamente se rete, se
aporte, se crezca, siempre a la luz del Evangelio.
Los signos de los tiempos y la necesidad de la Iglesia
en Cuba y en la diáspora exigen pasos ''audaces,
espíritu misionero, compromiso, laicos que sean
protagonistas de su propia historia, formados en
política para que participen en ella''. (Son palabras
textuales de la intervención que hizo monseñor Juan
García Rodríguez, arzobispo de Camagüey, en la
Conferencia de Aparecida frente al episcopado
latinoamericano en su calidad de presidente de la
Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, COCC).
Perdone el Arzobispo si vuelvo a mencionar la política,
pero es necesario. Conozco la inmensa obra
evangelizadora que lleva a cabo la Iglesia cubana. Pero
hay que ser fieles también a otra enseñanza de la
Iglesia que se ha hecho cada vez más urgente, y a la que
se nos ha urgido una y otra vez en las instancias que ya
arriba mencioné y, además, en la Exhortación Apostólica
Chistifideles Laici, de Su Santidad Juan Pablo
II, que trata sobre la vocación y la misión de los
laicos; en la Nota doctrinal sobre algunas cuestiones
relativas al compromiso y la conducta de los católicos
en la vida política, emitida por la Congregación para la
Doctrina de la Fe en 2002. La Nota se dirige a los
obispos de la Iglesia Católica y, de especial modo, a
todos los fieles laicos llamados a la participación en
la vida pública y política.
¿Por qué entonces es anatema entre los católicos cubanos
de allá y de acá?
Hablemos de verdad, sin herir, con amor, como hermanos
cristianos deseosos de cumplir la voluntad de Dios. Se
trata de vivir en la verdad, ésa a la que se refirió
Jesús, la única que nos hará libres.
Septiembre 28, 2007 |