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El
cierre de Vitral
Dora Amador
“Por falta de recursos, el consejo de redacción de
Vitral informa a sus lectores que no podrá garantizar
más la salida de la revista”. Con esta nota, recibida
desde Cuba el 9 de abril, se confirma lo que muchos
esperábamos y temíamos desde hace tiempo: el cierre de
la mejor revista católica de todas las que se han
publicado en Cuba. Es una inmensa pérdida para los
católicos y cubanos todos de buena voluntad, y un gran
triunfo para la dictadura atea que siempre ha querido
silenciar la voz profética, heroica y lúcida de
Dagoberto Valdés, su director.
Leamos detenidamente cómo se define a sí misma esta
revista que hoy cierra la Iglesia y el gobierno cubanos:
“Vitral es una revista sociocultural católica cubana.
Espacio para la transparencia, la reflexión pluralista
y la luz multicolor desde Cuba. El Centro de Formación
Cívica y Religiosa de la Diócesis de Pinar del Río tiene
como fin la promoción del hombre y la mujer, como
persona libre, responsable y participativa, y así
contribuir a la reconstrucción y el fortalecimiento de
la sociedad civil cubana con vistas a un futuro más
democrático. Sus referentes de inspiración son la
filosofía personalista de Enmanuel Mounier, la educación
liberadora de Paulo Freire, y la escuela de pensamiento
de Félix Varela, el Padre de la Cultura Cubana”.
Esa gran misión la cumplió a la perfección Vitral. En el
momento en que escribo esto recibo la noticia que acaba
de ser desarticulado también el Centro de Formación
Cívica y Religiosa de la Diócesis de Pinar del Río. Y
seguidamente nos piden: oren por nosotros.
Me he preguntado muchas veces, pero esta es la primera
vez que lo manifiesto públicamente:¿está siendo
coherente la jerarquía de la Iglesia en Cuba con el
mandato de Juan Pablo II en su viaje a Cuba, con el
Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia y con el
reciente mensaje del papa Benedicto XVI a
la V
Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del
Caribe, que ha convocado en Aparecida, Brasil, a
celebrarse del
13
al
31
de mayo? He aquí lo que dice el Papa:
“El
verdadero discípulo crece y madura en la familia, en la
comunidad parroquial y diocesana; se convierte en
misionero cuando anuncia la persona de Cristo y su
Evangelio en todos los ambientes: la escuela, la
economía, la cultura, la política y los medios de
comunicación social. De modo especial, los frecuentes
fenómenos de explotación e injusticia, de corrupción y
violencia, son una llamada apremiante para que los
cristianos vivan con coherencia su fe y se esfuercen por
recibir una sólida formación doctrinal y espiritual,
contribuyendo así a la construcción de una sociedad más
justa, más humana y cristiana”.
¿Cómo responderá la Conferencia de Obispos Católicos de
Cuba a “algunas cuestiones importantes que tienen que
ser tratadas en el encuentro episcopal de Aparecida”,
como es denunciar la injusticia y luchar hasta el
martirio si fuera necesario por el establecimiento de la
verdad y el compromiso de todo misionero con la dignidad
del ser humano? ¿Es digno callar ante el atropello, el
totalitarismo que impera en Cuba?
Sé de buena fuente que sobre Dagoberto Valdés muy pronto
se descargarán “todo género de mentiras, calumnias y
falsos cargos”, y la cita es del Vía Crucis
elaborado por el Centro de
Formación Cívica y Religiosa de Pinar del Río para ser
leído en las catorce estaciones del Viernes Santo de
2007. Desde 2003 –año de la Primavera Negra– el centro
redacta un Vía Crucis y nos lo envían también a los
cubanos de la diáspora para que nos unamos a ellos en
oración el Viernes Santo. Este año, Mons. Jorge
Enrique Serpa Pérez, actual obispo de Pinar del Río,
ordenó que no se rezara ese Vía Crucis.
Creo que todo cristiano y sobre todo cubano debe leerlo
y rezarlo, el texto completo lo hallará en Palabra (www.palabracubana.org),
a la que “coincidentemente” hace unos meses en su
edición impresa se le cerró la vía de entrada a Cuba,
que era a través de la Nunciatura Apostólica de
Washington, desde donde se enviaba a la Nunciatura de La
Habana para su distribución en las distintas diócesis.
Mons. José Siro González Bacallao, el obispo bueno,
amoroso, un hombre en verdad santo, que sirvió en la
diócesis de Pinar del Río hasta su renuncia este año, es
el padre de Vitral, el defensor contra todas las fuerzas
del mal que sobre su diócesis y Dagoberto Valdés se
ceñían desde hace tiempo, y no sólo por parte de la
dictadura, eso creo que todos lo sabemos.
Mons. Siro se ha ido a vivir a Mantua, “para estar
tranquilo”. Él, incansable evangelizador, en perfecto
estado de salud a pesar de sus 75 años. Pero
comprendemos que quiera estar fuera del epicentro de ese
obispado pinareño, sede ya de zarpazos y divisiones.
Pero el mal no tiene nunca la última palabra, bien
sabemos en quién nos hemos confiado, citando a Pablo.
A nuestro queridísimo y admirado Dagoberto Valdés y a
todos los que valientemente han trabajado con tanta fe,
esfuerzo y creatividad, con tanto rigor en dar a conocer
la verdad de la historia y la cultura cubanas, falseadas
por un régimen que ha hecho de la mentira y el terror su
razón de ser, les decimos: estamos con ustedes, nuestra
solidaridad, nuestro apoyo no son negociables. Porque
somos católicos en plena turbulencia y oscuridad les
deseamos Felices Pascuas, el Señor ha resucitado, y así
resucitará pronto nuestra patria y Vitral, la libertad
de la luz, nos seguirá iluminando de nuevo.
14 de abril, 2007 |