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Gracias por la solidaridad
Dora Amador
Tengo a mano bellas frases sobre la democracia y los
derechos humanos emitidas durante 15 años por la Cumbre
Iberoamericana, las últimas plasmadas en su Declaración
de Salamanca, firmada por todos los jefes de gobierno o
sus representantes de la región. También de la Unión
Europea, que en su última sesión sobre Cuba celebrada
hace unas semanas decidió seguir su actual política de
mantener en suspenso las sanciones diplomáticas, pero
acordó ``reflexionar'' otra vez hasta el año que viene
sobre cuál debe ser su ``estrategia a medio y largo
plazo para con la isla''.
¿Y la OEA? Acaba de sesionar con la misma silla vacía
-de Cuba- que desde hace décadas miran de reojo los
señores ministros sin osar intervenir en los asuntos ``internos''
de la abominable dictadura castrista, que ha desguazado
al continente latinoamericano y asesinado a decenas de
miles de seres humanos con su intervención comunista en
los asuntos internos de los países que integran la OEA.
(Acabo de saber que la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos de la OEA le ha exigido al régimen
castrista que levante las restricciones de acceso a la
internet y toma conocimiento del crítico estado del
periodista Gillermo Fariñas, en huelga de hambre desde
el 31 de enero en protesta por esa férrea censura.
Gracias al nuevo secretario general de la OEA José
Miguel Insulza por empezar a hacer algo por la libertad
de Cuba.) ¿Y para qué mencionar el nuevo Consejo de
Derechos Humanos de Naciones Unidas?
Pero la solidaridad existe, que conste, para siempre en
nuestra memoria. A pesar de la intrascendencia, la falta
de ética y de valor de estos organismos ante la trágica
situación cubana vale la pena seguir luchando con los
medios que tengamos: manifestaciones frente a sesiones
de organismos internacionales en las que se muestran
carteles de presos políticos; con cartas de protesta
ante la injusticia y de apoyo a la disidencia; con
informes documentados sobre las torturas, los asesinatos,
los actos de repudio, las crecientes actividades
contestatarias de la sociedad civil; con artículos, con
libros, con programas de televisión y de radio, con la
madurez que da el sufrimiento de los cubanos que han
dicho basta a la barbarie y han acogido la no violencia
como única vía de lograr la libertad interior de cada
uno y de toda la nación cubana.
La esperanza ha sido lo único que no nos ha abandonado a
nosotros, los cubanos, y hoy sabemos que ya no estamos
solos, que la solidaridad internacional con nuestra
lucha es una realidad.
Porque además de la valiosísima ayuda que la Sección de
Intereses de Estados Unidos en Cuba le ha brindado a la
oposición interna y al exilio; además de la gestión
sostenida y muy efectiva del Comité Internacional para
la Democracia en Cuba y la importantísima Cumbre de
Praga, impulsados por Vaclav Havel, ahora se acaba de
crear la Asociación de Naciones Amigas de Cuba
Democrática, integrada por la República Checa, Hungría,
Polonia, Eslovenia, Eslovaquia y Lituania.
Esta asociación se hizo pública el 24 de mayo en el
Centro para una Cuba Libre, en Washington. En la reunión
participaron los embajadores Petr Kola, de la República
Checa; András Simonyi, de Hungría; Janusz Reiter, de
Polonia; Rastislav Kacer, de la República Eslovaca;
Vygaudas Usackas, de Lituania; Samuel Ibogar de
Eslovenia; Frank Calzón, director del centro; Orlando
Gutiérrez-Boronat, del Directorio Democrático Cubano;
Sylvia Iriondo, de MAR por Cuba; Angel de Fana, de
Plantados hasta la Libertad y la Democracia en Cuba;
Mauricio Claver-Carone, de Cuba Democracy Advocates; los
congresistas Lincoln y Mario Díaz-Balart; Caleb McCarry,
coordinador para la Transición en Cuba del gobierno
estadounidense y Joaquín Ferrao, consejero del
Departamento de Estado. Dos líderes de la oposición
interna cubana, Marta Beatriz Roque y Néstor Rodríguez
Lobaina, estuvieron presentes en la reunión por vía
telefónica directa desde Cuba, respaldando y
agradeciendo la constitución de esta coalición.
La Asociación de Naciones Amigas de Cuba Democrática
acordó los siguientes seis puntos: reclamar la
liberación de todos los prisioneros políticos cubanos;
denunciar y exigir el fin de los actos represivos contra
la disidencia y proveer acceso a internet y a otras
informaciones a través de las embajadas de las naciones
integrantes en la isla, establecer contacto entre los
estudiantes de las universidades de esos países y
estudiantes cubanos y estrechar los vínculos entre las
Organizaciones No Gubernamentales de las naciones
integrantes de la coalición y las de la oposición
democrática en la isla y el exilio.
Esta solidaridad verdadera nos llega de naciones que han
vivido en su propia carne y espíritu el horror del
comunismo. Y por ella estaremos siempre agradecidos los
cubanos.
En su discurso de estos días, Raúl Castro mencionó el
peligro que representa la penetración ``mediática'' en
Cuba. Bien sabemos el temor que tiene la cúpula
gobernante a que la población tenga acceso a información
libre, a la comunicación con el exterior, a la internet.
¿Qué país del mundo crea una Universidad de Ciencias
Informáticas (UCI) para formar y graduar censores de la
información? ¿Qué universidad del mundo suspende a
estudiantes de informática que se han atrevido a navegar
por la internet libremente?
Bien, pues ahora no sólo la oposición interna, los
alumnos suspendidos --y los que permanecen en la UCI
silenciosos, pero ávidos de información y de quebrar la
censura-- pueden ir a las embajadas de estos países
hermanos, que sus puertas estarán abiertas. Y no sólo
para que tengan acceso a la internet, también para que
conversen con estos europeos que un día sufrieron el
totalitarismo que hoy sufren los cubanos. Que aprendan
también a prepararse para la transición a la democracia
que se acerca. Ellos tienen experiencia, por eso nos
abren sus puertas, por eso saben el valor inmenso de la
solidaridad.
Junio 23, 2006 |