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Perfil
sicológico cubanoamericano
Dora Amador
La última vez que conversé con Carlos Álvarez fue
durante un receso del retiro espiritual Fe y Razón, que
dirigió el padre jesuita Ricardo Antoncich en el
Instituto Pastoral del Sureste, en Miami, el domingo 4
de diciembre de 2005. Con su expresión amable, Carlos
mostraba siempre un interés genuino por saber de mí,
cómo me iba, en qué andaba. Me caía bien, inspiraba
confianza este hombre inteligente y su apariencia de
buena gente metido en cosas que a mí también me
interesaban mucho. Cuando lo conocí hace seis años se
presentó a sí mismo dándome la mano y diciéndome que
había leído un artículo mío donde citaba a Carl Gustav
Jung y que quería invitarme a un Congreso que iba a
celebrarse aquí en la Florida sobre el psiquiatra suizo.
Después de ese día me llamó varias veces por teléfono
para recordarme el evento, y recuerdo que me agradó su
insistencia y su intención transparente de establecer
una amistad. Yo no fui al congreso no por falta de
interés, sino de tiempo. Me llamó algunas veces más
hasta que dejó de hacerlo.
Es que de acuerdo con el análisis junguiano de la
personalidad Myers-Briggs yo soy INFP (Introverted
Intuitive Feeling Perceiving). Me cuesta trabajo
establecer una relación cercana así porque sí. Dos
amigas fascinadas con el Myers-Briggs me indujeron hace
años a tomar el examen, y lo hice divertida. Ojo, parece
que este test es certero. Hoy le presto más atención no
sólo a los exámenes sicológicos, sino a los sicólogos,
porque los hay buenos y malos, en sentido teológico.
¿Carlos? ¿Agente castrista? No salgo de mi asombro, bajo
esos cargos han sido arrestados y encausados él y su
esposa Elsa Prieto por orden del fiscal federal de la
Florida. Hasta ahora se ha indagado en su supuesto
trabajo a favor del régimen castrista en el Departamento
de la Policía y la Universidad Internacional de la
Florida. Pero si las acusaciones resultan ser ciertas, ¿cómo
conciliar eso con su entrega y su compromiso laical con
la Iglesia y sus estrechas relaciones con destacados
cubanoamericanos católicos de Miami?
Tan pronto supe la noticia recordé el más importante de
nuestros encuentros.
Año 2001, otro retiro de todo un día, esta vez en la
Universidad Barry por invitación de la doctora Alicia
Marill, profesora de teología, directora del Programa de
Ministerios de esa prestigiosa universidad católica,
presidenta del Consejo Católico Nacional para el
Ministerio Hispano y ex presidenta de ACHTUS (Academy of
Catholic Hispanic Theologians of the United States).
Marill invitó a unos 20 ó 25 cubanoamericanos de su
plena confianza para compartir nuestras experiencias,
reflexiones y sentimientos ante el caso del niño Elián,
que recién había dejado a esta comunidad en un estado
emocional muy perturbado.
El retiro fue dirigido por el padre Robert Schreiter,
C.PP.S., catedrático de teología en la Catholic
Theological Union de Chicago y catedrático de teología y
cultura en la Universidad de Nimega (Países Bajos).
También es asesor de Caritas Internacional para la Paz y
la Reconciliación; su experiencia y su reflexión sobre
los conflictos en Suráfrica, los Balcanes y otros países
en conflicto le han inspirado a escribir obras
traducidas a varios idiomas, entre ellos el español, que
se consideran fundamentales sobre el tema. El retiro
tenía como objetivo conocernos y reconocernos hablando
de nuestro amor, miedos, frustraciones, anhelos, sueños,
identidad, heridas y todo eso que es Cuba para nosotros.
Y abrimos el corazón en aquel espacio sagrado: hubo
lágrimas calladas y sollozos, estallidos de ira y otras
pasiones, momentos de alegría sana por sabernos todos,
profesionales de muy distintas ramas, navegando en el
mismo bote. Estábamos dando los primeros pasos de un
verdadero proceso de curación interior individual y
colectiva.
Allí un agente castrista, Ph.D en psicología clínica, se
habría dado banquete dibujando perfiles sicológicos de
cubanoamericanos al desnudo.
Pero es que Carlos Álvarez y su esposa son católicos de
compromiso fuerte con su parroquia, St. Thomas. Son
miembros de la CVX (Comunidades de Vida Cristiana). En
Navidades se dedicaban con entusiasmo a montar
nacimientos vivos, con camellos y ovejitas de verdad. Lo
hicieron en el Colegio Belén y en el SEPI.
Me resulta muy difícil creer que en la privacidad
fraterna que se logró en el retiro de la Universidad
Barry hubiera un agente de Castro. Que en el reciente
Retiro sobre Fe y Razón, celebrado cinco años después,
estuviera ese mismo agente buscando apoyo para la
creación de un Instituto de Reconciliación entre cubanos.
Que los cubanos que de buena fe -y somos muchos allá y
acá- buscamos la reconciliación y el diálogo nacional
-un fundamento cristiano- no caigamos en la trampa
tendida probablemente por Castro para que se nos acuse
de castristas y así dividir y enemistar más al exilio.
Es muy triste y muy trágica esta situación. O los
Álvarez son inocentes o son esquizofrénicos o, lo peor:
son de una maldad monstruosa. Cualquiera que sea el caso
hay que pedirle a Dios misericordia por este matrimonio
caído en desgracia. Pedirle a Dios que los exonere de
toda culpa o los perdone porque, si son culpables, ¿sabrán
la magnitud del mal que hacían?
Febrero 2, 2006 |