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Porque
el amor es más fuerte que la muerte
Dora Amador
La noche del 7 de septiembre fui a la Ermita de la
Caridad para participar en la celebración de la
Eucaristía y la vigilia a nuestra Virgen Mambisa. Noche
preciosa de oración, cantos y comunión. Noche de
encuentro con nuestros hermanos de la isla que a esas
horas estaban también en vigilia. Quería escribir sobre
esta experiencia profunda de Dios y de la Virgen de la
Caridad del Cobre, de arraigo y de plenitud, que viví
esa noche junto a cientos de personas que desde muy
temprano empezaron a llenar nuestro santuario nacional
en la diáspora. Pero lo que sucedió unas horas más tarde
me impide hablar de mi experiencia personal. Necesito
que mi voz sea la de las ocho mujeres que se hallaban en
vigilia en la casa de Caridad Díaz Beltrán, sede del
Partido por la Libertad Pedro Luis Boitel, en Jovellanos,
Matanzas.
Las Damas de Blanco se preparaban para ir juntas a la
iglesia del pueblo donde a las 10:30 de la mañana se
celebraba la misa a la patrona de Cuba. Pero una turba
de mujeres llegó desde temprano y se paró frente a la
vivienda, donde a gritos las amenazaban: que se
atrevieran a salir de la casa para ir a misa. No eran de
esa cuadra, no eran del barrio. Pero encerradas y
acosadas frente al altar de la Virgen con su ofrenda y
su vela encendida, las ocho mujeres pudieron contar lo
que vivían cuando una llamada telefónica desde Miami
hizo universal su ruego y su rezo: los testimonios se
han escuchado ya en toda Cuba y el exilio. He aquí la
voz de una de ellas: Alejandrina García de la Riva.
``Soy esposa del prisionero de conciencia de la causa de
los 75 Diosdado González Marrero. En el día de hoy nos
encontramos reunidas en la avenida 30, vivienda número
1104, entre 11 y 13, en Jovellanos, provincia de
Matanzas, un grupo de mujeres, esposas y familiares de
presos políticos. Tenemos aquí a Obdulia Suárez Ramos,
madre de un prisionero que lleva años en la cárcel, su
nombre es Benito; Graciela Suárez Díaz, la madre de
Humberto Eladio Real Suárez, que se encuentra en el
corredor de la muerte, condenado a pena de muerte;
Josefa López Peña, esposa de Nemesio Iglesia Amaya;
Caridad González González; Faustina Member Carrillo y
Caridad Díaz Beltrán, que es del Partido por la
Democracia Pedro Luis Boitel; también está Blanca Rosa
González, esposa de un prisionero, Rafael Jorrín.
``Estamos reunidas en este día muy especial, 8 de
septiembre, en esta vivienda porque hemos hecho una
vigilia a nuestra patrona de Cuba, la Virgencita de la
Caridad del Cobre, y pretendíamos a las 10:30 de la
mañana participar de la Santa Misa en la iglesia de
Jovellanos. Se nos ha presentado una situación que se ha
hecho muy común en Cuba por orden de la Seguridad del
Estado y del gobierno: tenemos al frente de la vivienda
a un grupo de mujeres, que son trabajadoras de la Casa
de Cultura, de las oficinas de la Federación de Mujeres
Cubanas, y le puedo aclarar que nadie, nadie es vecino
del barrio. Son mujeres que han sacado de los centros de
trabajo y han impedido que nosotras salgamos a
participar en la misa.
``En estos momentos hemos hecho oración, hemos rezado un
rosario, le hemos pedido a la Virgen por todo el pueblo
de Cuba, por nuestros esposos que están en las prisiones,
por nuestros hijos, incluso por los presos comunes. Le
hemos pedido por la patria a esa Virgencita, incluso
hemos pedido por esas mismas mujeres que están ahí
impidiendo que vayamos a misa; esas mujeres que viven la
misma desesperación que nosotras: la miseria, el hambre,
las necesidades, la represión, las injusticias, y
estamos rezando aquí dentro porque ya no pudimos ir, no
nos dejaron salir. No tienen palos en las manos, pero
nos están provocando y nosotras hemos determinado hoy,
un día sagrado, no tener ningún enfrentamiento. Nunca lo
hemos tenido, el gobierno es el que ha tomado ese tipo
de estrategia para decir que tienen tomadas las calles,
y nosotros no queremos echar a perder este día de
oración, este día de la Virgen de la Caridad. Le hemos
puesto todas nuestras intenciones a la Virgen Mambisa,
que ruegue por nosotros, que interceda ante Nuestro
Señor Jesucristo por la patria, por el pueblo de Cuba y
por todos nuestros familiares. No hemos querido
enfrentarnos a ellas, no les hemos contestado,
simplemente hemos rezado también por ellas, por sus
hijos, por sus esposos y sus familiares. Eso es lo que
hemos hecho y lo estamos haciendo. Estamos delante de
una Virgen, tenemos ofrendas, tiene una vela y ella sabe
todo desde su altar, lo que nosotros queremos: queremos
paz, la democracia y la libertad para Cuba''.
Cada una de ellas expresó lo que sentía en ese momento
de terror. Cada una de ellas dejó ver la honda y
transparente huella que Cristo había dejado en ellas. El
amor es más fuerte que la muerte. No tenían miedo,
tenían fe. Antes de colgar el teléfono las Damas de
Blanco cantaron el himno a la Virgen de la Caridad, que
oyeron las pobres mujeres del odio que esperaban
amenazantes afuera: ``Todos tus hijos a ti clamamos,
Virgen Mambisa, que seamos hermanos''.
Septiembre 20, 2005 |