“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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Porque el amor es más fuerte que la muerte

Dora Amador

La noche del 7 de septiembre fui a la Ermita de la Caridad para participar en la celebración de la Eucaristía y la vigilia a nuestra Virgen Mambisa. Noche preciosa de oración, cantos y comunión. Noche de encuentro con nuestros hermanos de la isla que a esas horas estaban también en vigilia. Quería escribir sobre esta experiencia profunda de Dios y de la Virgen de la Caridad del Cobre, de arraigo y de plenitud, que viví esa noche junto a cientos de personas que desde muy temprano empezaron a llenar nuestro santuario nacional en la diáspora. Pero lo que sucedió unas horas más tarde me impide hablar de mi experiencia personal. Necesito que mi voz sea la de las ocho mujeres que se hallaban en vigilia en la casa de Caridad Díaz Beltrán, sede del Partido por la Libertad Pedro Luis Boitel, en Jovellanos, Matanzas.

Las Damas de Blanco se preparaban para ir juntas a la iglesia del pueblo donde a las 10:30 de la mañana se celebraba la misa a la patrona de Cuba. Pero una turba de mujeres llegó desde temprano y se paró frente a la vivienda, donde a gritos las amenazaban: que se atrevieran a salir de la casa para ir a misa. No eran de esa cuadra, no eran del barrio. Pero encerradas y acosadas frente al altar de la Virgen con su ofrenda y su vela encendida, las ocho mujeres pudieron contar lo que vivían cuando una llamada telefónica desde Miami hizo universal su ruego y su rezo: los testimonios se han escuchado ya en toda Cuba y el exilio. He aquí la voz de una de ellas: Alejandrina García de la Riva.

``Soy esposa del prisionero de conciencia de la causa de los 75 Diosdado González Marrero. En el día de hoy nos encontramos reunidas en la avenida 30, vivienda número 1104, entre 11 y 13, en Jovellanos, provincia de Matanzas, un grupo de mujeres, esposas y familiares de presos políticos. Tenemos aquí a Obdulia Suárez Ramos, madre de un prisionero que lleva años en la cárcel, su nombre es Benito; Graciela Suárez Díaz, la madre de Humberto Eladio Real Suárez, que se encuentra en el corredor de la muerte, condenado a pena de muerte; Josefa López Peña, esposa de Nemesio Iglesia Amaya; Caridad González González; Faustina Member Carrillo y Caridad Díaz Beltrán, que es del Partido por la Democracia Pedro Luis Boitel; también está Blanca Rosa González, esposa de un prisionero, Rafael Jorrín.

``Estamos reunidas en este día muy especial, 8 de septiembre, en esta vivienda porque hemos hecho una vigilia a nuestra patrona de Cuba, la Virgencita de la Caridad del Cobre, y pretendíamos a las 10:30 de la mañana participar de la Santa Misa en la iglesia de Jovellanos. Se nos ha presentado una situación que se ha hecho muy común en Cuba por orden de la Seguridad del Estado y del gobierno: tenemos al frente de la vivienda a un grupo de mujeres, que son trabajadoras de la Casa de Cultura, de las oficinas de la Federación de Mujeres Cubanas, y le puedo aclarar que nadie, nadie es vecino del barrio. Son mujeres que han sacado de los centros de trabajo y han impedido que nosotras salgamos a participar en la misa.

``En estos momentos hemos hecho oración, hemos rezado un rosario, le hemos pedido a la Virgen por todo el pueblo de Cuba, por nuestros esposos que están en las prisiones, por nuestros hijos, incluso por los presos comunes. Le hemos pedido por la patria a esa Virgencita, incluso hemos pedido por esas mismas mujeres que están ahí impidiendo que vayamos a misa; esas mujeres que viven la misma desesperación que nosotras: la miseria, el hambre, las necesidades, la represión, las injusticias, y estamos rezando aquí dentro porque ya no pudimos ir, no nos dejaron salir. No tienen palos en las manos, pero nos están provocando y nosotras hemos determinado hoy, un día sagrado, no tener ningún enfrentamiento. Nunca lo hemos tenido, el gobierno es el que ha tomado ese tipo de estrategia para decir que tienen tomadas las calles, y nosotros no queremos echar a perder este día de oración, este día de la Virgen de la Caridad. Le hemos puesto todas nuestras intenciones a la Virgen Mambisa, que ruegue por nosotros, que interceda ante Nuestro Señor Jesucristo por la patria, por el pueblo de Cuba y por todos nuestros familiares. No hemos querido enfrentarnos a ellas, no les hemos contestado, simplemente hemos rezado también por ellas, por sus hijos, por sus esposos y sus familiares. Eso es lo que hemos hecho y lo estamos haciendo. Estamos delante de una Virgen, tenemos ofrendas, tiene una vela y ella sabe todo desde su altar, lo que nosotros queremos: queremos paz, la democracia y la libertad para Cuba''.

Cada una de ellas expresó lo que sentía en ese momento de terror. Cada una de ellas dejó ver la honda y transparente huella que Cristo había dejado en ellas. El amor es más fuerte que la muerte. No tenían miedo, tenían fe. Antes de colgar el teléfono las Damas de Blanco cantaron el himno a la Virgen de la Caridad, que oyeron las pobres mujeres del odio que esperaban amenazantes afuera: ``Todos tus hijos a ti clamamos, Virgen Mambisa, que seamos hermanos''.

Septiembre 20, 2005

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