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El
próximo paso de la acción no violenta
Dora Amador
Temprano en la mañana del sábado 21 de mayo llamé a
Oswaldo Payá a su casa para pedirle que fuera a la
Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba, que
comenzaría a las 10 a.m., como el día anterior. Le
expuse detalladamente las razones por las que
consideraba que era necesario que fuera. Escuché su
detallada explicación de por qué no iba. ¿Cómo no se
daba cuenta de la importancia de su presencia en esa
reunión? ¿Cómo no consideraba que las imágenes y las
voces que recogían las cámaras estaban recorriendo el
mundo, que era un momento culminante de la disidencia
cubana, que su pensamiento y su voz allí junto a los
otros eran imprescindibles?
El día antes, 20 de mayo, habíamos escuchado gritos de
``Libertad'', ``Abajo Castro'', ``Democracia'', aplausos
para los presos políticos, cientos de manos elevadas que
hacían con sus dedos la V de la victoria. Mi mayor deseo
era que hubiera unidad, dentro de su pluralidad de ideas
y estrategias, que estuvieran allí juntos.
Como Oswaldo me había dicho al final de nuestra
conversación que meditaría sobre lo que le había dicho -cierto
que insistí más de la cuenta-, acogí la esperanza de que
cambiaría de idea e iría a donde estaban reunidos Martha
Beatriz Roque, Félix Bonne Carcassés, René Gómez Manzano,
Vladimiro Roca y unos 100 delegados de organizaciones
disidentes. Pero pasó el día y Oswaldo Payá no fue.
El impulsor del magnífico Proyecto Varela y promotor del
Diálogo Nacional, Oswaldo Payá, tiene razones poderosas
para sentirse herido y desconfiar. Antes de entrar en
este tema, recomiendo una lectura, imprescindible en
estos momentos, del breve documento donde se recogen por
primera vez las tendencias registradas hasta ahora de
este diálogo entre cubanos de allá y de acá. Es
importante en este debate que se está llevando a cabo.
Se llama el “Diálogo Nacional, el camino del cambio” y
está firmado por todos los del Comité Coordinador y
fechado 16 de mayo de 2006.
Como en el exilio, en Cuba algunos de los que luchan por
la libertad de la patria tienen grandes diferencias,
grandes necesidades de ejercer el liderazgo y grandes
desconfianzas que llegan a una enemistad que tiene que
acabar. Hablo de los cubanos de buena fe en los que
habita una fundamental conciencia ética, que quieren que
Cuba alcance la democracia sin derramamiento de sangre y
sacar del poder a los que con nuestro consentimiento y
nuestro miedo ejercen ese poder sobre nosotros.
Digo nuestro, nosotros, aunque esté fuera, porque me
siento una con mis hermanos de allá. Intenté regresar a
mi país como corresponde de acuerdo con la Declaración
Universal de Derechos Humanos. Por tres años estuve
esperando el permiso de entrada que nunca me fue
otorgado. Digo esto para que no se diga que porque estoy
fuera pido que los que están dentro no tengan miedo.
Decenas de miles de cubanos firmaron y siguen firmando
el Proyecto Varela, miles se reúnen en diálogo ideando
el programa de transición propuesto por el Movimiento
Cristiano Liberación; cientos de organizaciones
disidentes que congregan a muchos otros opositores en
todo el país están afiliadas a la Asamblea para Promover
la Sociedad Civil. Esto es un pueblo en marcha que ha
perdido el miedo.
Pero falta algo: la unidad de la oposición. Necesitamos
cultivar el respeto a la opinión ajena, al debate serio
civilizado, el consenso elemental que construye las
bases institucionales de la democracia que nos conduzca
a una nación libre y feliz, porque tenemos ese derecho.
Y ese deber. Es deber de cada uno de nosotros ser una
piedra angular de ese edificio de democracia.
Le pido a mis hermanos Martha Beatriz Roque, Félix Bonne
Carcassés, René Gómez Manzano y Oswaldo Payá Sardiñas
que acaben su enemistad. Deben sentarse en una mesa de
diálogo. Eso se logra perdonándose mutuamente y
ejerciendo la voluntad de amar y reconciliarse. Eso no
significa, repito, uniformidad de pensamiento ni
abandonar los proyectos y estrategias propios, es dar un
paso imprescindible de civismo, de cristianismo. Pienso
en los presos políticos de conciencia, Oscar Elías
Biscet, Jorge Luis García Pérez -Antúnez-, Regis
Iglesias y tantos otros que sufren día a día el horror
de las cárceles cubanas.
Las prioridades de ambos grupos disidentes son las
mismas. El Proyecto Varela y la Asamblea para Promover
la Sociedad Civil exigen la libertad inmediata de todos
los presos políticos y la democracia para Cuba. ¿Por qué
no concentrarse en lo que los une en lugar de lo que los
divide? Así podrán realizar con afectividad y
efectividad los próximos pasos de esta política de la no
violencia, cuyo método de lucha se divide en tres etapas:
1. Protesta y persuasión. 2. No cooperación social,
económica ni política. 3. La acción no violenta.
Las obras de Gene Sharp, El poder y la lucha y
Los métodos de la no violencia surgieron de su
estudio de Gandhi y de Martin Luther King. Es decisivo
que se dé el próximo paso: que se una la oposición y
surjan las demostraciones de protesta en las calles para
exigir libertad. El gobierno comienza a caerse a partir
de ese momento.
Junio 6, 2005 |