“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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El próximo paso de la acción no violenta

Dora Amador

Temprano en la mañana del sábado 21 de mayo llamé a Oswaldo Payá a su casa para pedirle que fuera a la Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba, que comenzaría a las 10 a.m., como el día anterior. Le expuse detalladamente las razones por las que consideraba que era necesario que fuera. Escuché su detallada explicación de por qué no iba. ¿Cómo no se daba cuenta de la importancia de su presencia en esa reunión? ¿Cómo no consideraba que las imágenes y las voces que recogían las cámaras estaban recorriendo el mundo, que era un momento culminante de la disidencia cubana, que su pensamiento y su voz allí junto a los otros eran imprescindibles?

El día antes, 20 de mayo, habíamos escuchado gritos de ``Libertad'', ``Abajo Castro'', ``Democracia'', aplausos para los presos políticos, cientos de manos elevadas que hacían con sus dedos la V de la victoria. Mi mayor deseo era que hubiera unidad, dentro de su pluralidad de ideas y estrategias, que estuvieran allí juntos.

Como Oswaldo me había dicho al final de nuestra conversación que meditaría sobre lo que le había dicho -cierto que insistí más de la cuenta-, acogí la esperanza de que cambiaría de idea e iría a donde estaban reunidos Martha Beatriz Roque, Félix Bonne Carcassés, René Gómez Manzano, Vladimiro Roca y unos 100 delegados de organizaciones disidentes. Pero pasó el día y Oswaldo Payá no fue.

El impulsor del magnífico Proyecto Varela y promotor del Diálogo Nacional, Oswaldo Payá, tiene razones poderosas para sentirse herido y desconfiar. Antes de entrar en este tema, recomiendo una lectura, imprescindible en estos momentos, del breve documento donde se recogen por primera vez las tendencias registradas hasta ahora de este diálogo entre cubanos de allá y de acá. Es importante en este debate que se está llevando a cabo. Se llama el “Diálogo Nacional, el camino del cambio” y está firmado por todos los del Comité Coordinador y fechado 16 de mayo de 2006.

Como en el exilio, en Cuba algunos de los que luchan por la libertad de la patria tienen grandes diferencias, grandes necesidades de ejercer el liderazgo y grandes desconfianzas que llegan a una enemistad que tiene que acabar. Hablo de los cubanos de buena fe en los que habita una fundamental conciencia ética, que quieren que Cuba alcance la democracia sin derramamiento de sangre y sacar del poder a los que con nuestro consentimiento y nuestro miedo ejercen ese poder sobre nosotros.

Digo nuestro, nosotros, aunque esté fuera, porque me siento una con mis hermanos de allá. Intenté regresar a mi país como corresponde de acuerdo con la Declaración Universal de Derechos Humanos. Por tres años estuve esperando el permiso de entrada que nunca me fue otorgado. Digo esto para que no se diga que porque estoy fuera pido que los que están dentro no tengan miedo.

Decenas de miles de cubanos firmaron y siguen firmando el Proyecto Varela, miles se reúnen en diálogo ideando el programa de transición propuesto por el Movimiento Cristiano Liberación; cientos de organizaciones disidentes que congregan a muchos otros opositores en todo el país están afiliadas a la Asamblea para Promover la Sociedad Civil. Esto es un pueblo en marcha que ha perdido el miedo.

Pero falta algo: la unidad de la oposición. Necesitamos cultivar el respeto a la opinión ajena, al debate serio civilizado, el consenso elemental que construye las bases institucionales de la democracia que nos conduzca a una nación libre y feliz, porque tenemos ese derecho. Y ese deber. Es deber de cada uno de nosotros ser una piedra angular de ese edificio de democracia.

Le pido a mis hermanos Martha Beatriz Roque, Félix Bonne Carcassés, René Gómez Manzano y Oswaldo Payá Sardiñas que acaben su enemistad. Deben sentarse en una mesa de diálogo. Eso se logra perdonándose mutuamente y ejerciendo la voluntad de amar y reconciliarse. Eso no significa, repito, uniformidad de pensamiento ni abandonar los proyectos y estrategias propios, es dar un paso imprescindible de civismo, de cristianismo. Pienso en los presos políticos de conciencia, Oscar Elías Biscet, Jorge Luis García Pérez -Antúnez-, Regis Iglesias y tantos otros que sufren día a día el horror de las cárceles cubanas.

Las prioridades de ambos grupos disidentes son las mismas. El Proyecto Varela y la Asamblea para Promover la Sociedad Civil exigen la libertad inmediata de todos los presos políticos y la democracia para Cuba. ¿Por qué no concentrarse en lo que los une en lugar de lo que los divide? Así podrán realizar con afectividad y efectividad los próximos pasos de esta política de la no violencia, cuyo método de lucha se divide en tres etapas: 1. Protesta y persuasión. 2. No cooperación social, económica ni política. 3. La acción no violenta.

Las obras de Gene Sharp, El poder y la lucha y Los métodos de la no violencia surgieron de su estudio de Gandhi y de Martin Luther King. Es decisivo que se dé el próximo paso: que se una la oposición y surjan las demostraciones de protesta en las calles para exigir libertad. El gobierno comienza a caerse a partir de ese momento.

Junio 6, 2005

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