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Rastreo de traiciones sin perder la fe
Dora Amador
Han pasado nueve años de aquel 24 de febrero en que
Armando Alejandre, Jr., Mario de la Peña, Carlos Costa y
Pablo Morales fueron asesinados por MiGs cubanos. Su
vuelo de Hermanos al Rescate hacia la isla era una
muestra de solidaridad con los disidentes cubanos que
ese día tenían preparado su primer gran Concilio Cubano
para empezar a sentar las bases de la transición a la
democracia. Más de cien activistas de esa organización
fueron encarcelados para que la cita no se llevara a
cabo. Al igual que los 75 encarcelados en la primavera
de 2003, Concilio Cubano allá y Hermanos al Rescate acá
estaban penetrados por agentes de Seguridad del Estado.
Si rastreo traiciones, aprendizaje doloroso y repulsivo,
es porque quiero hurgar en el pasado reciente de
nuestras ilusiones, luchas y desastres -que van tejiendo
nuestra historia nacional- para ver si nos enseña algo,
ahora que está próximo a celebrarse otro trascendental
encuentro de disidentes el 20 de mayo de 2005. Este es
convocado por la Asamblea para Promover la Sociedad
Civil en Cuba, presidida por Marta Beatriz Roque. A la
vez se está llevando en Cuba y en la diáspora un lento,
fructífero y asediado Diálogo Nacional Cubano auspiciado
por el Movimiento Cristiano Liberación, que dirige
Oswaldo Payá Sardiñas. Mientras que en las cárceles
permanecen muchos otros destacados disidentes, como
Oscar Elías Biscet, de la Fundación Lawton de Derechos
Humanos; Héctor Palacio Ruiz, del Partido de Solidaridad
Democrática, y más de 40 activistas católicos cuya larga
condena de años en prisión se debe a que recogían en
casas y parroquias firmas para el Proyecto Varela. Regis
Iglesias Ramírez, condenado a 18 años de presidio y uno
de los que entregó con Oswaldo Payá en mayo de 2002 las
firmas a la Asamblea del Poder Popular, acaba de lanzar
una voz de alarma desde la cárcel en un documento, Los
duros, advirtiendo de la enorme infiltración en grupos
disidentes que atacan el Proyecto Varela dentro de Cuba.
Manuel David Orrio comenzó a desacreditar a Concilio
Cubano en artículos que enviaba al exterior. Pero si ésa
era la labor de su ``periodismo independiente'', que hoy
sabemos era a sueldo de la Seguridad del Estado, mucho
más daño causó el ``agente Miguel'' dentro de Cuba.
Fueron Orrio y Néstor Baguer -otro delator ya muerto-
quienes promovieron el Taller Nacional de Ética
Periodística que realizaron 34 reporteros disidentes en
casa de James Cason, jefe de la Sección de Intereses de
Estados Unidos en Cuba, el 14 de marzo de 2003. Fue la
trampa para la redada contra los 75 disidentes.
Y ahora una pregunta a mis hermanos de la diáspora que
se oponen al Proyecto Varela ``porque le hace el juego a
Castro'' y sospechan de Oswaldo Payá: ¿por qué Manuel
David Orrio se empeñó en desacreditarlo dentro y fuera
de Cuba? (``Ahora nos quieren imponer la consigna ¡Proyecto
Varela o Muerte!'', dice Orrio en el artículo ′Proyecto
Varela: ¿encuentros excluyentes?′, del 22 de octubre de
2002. También de Orrio ′¿Varela en punto muerto?′,
publicado el 1 de junio de 2002, y ′¿Adelante el
Proyecto Varela?′ del 26 de febrero, 2002. Todos se
pueden leer en lanuevacuba.com y cubaNet.org. Son
escritos de la admirable astucia de un espía. Mi
sospecha surgió antes de la ola represiva de 2003,
cuando se desenmascaró el traidor, al leer sus artículos
contra Payá en 2002.
¿Quiénes son infiltrados y delatores en la disidencia y
el exilio de hoy? No confiemos en quien divide y acusa,
confiemos en quien une y aboga por un diálogo incluyente,
plural y tolerante. Sólo en ese espíritu cristiano de
fraternidad entre cubanos será posible la transición a
la libertad.
Febrero 24, 2005 |