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Dios y
la Unión Europea
Dora Amador
Como poderoso símbolo de lo que son, las 25 naciones que
integran la Unión Europea despliegan al viento su
bandera azul de 12 estrellas. Reveladora sin duda de una
identidad cristiana que se niega a ser negada. Más que
indignarse porque Francia y otros países de la UE se
nieguen a mencionar a Dios y las raíces cristianas de
Europa en la nueva constitución, los cristianos deberían
sonreír, ya que la bandera de la Unión Europea está
inspirada en el libro del Apocalipsis: ``Apareció una
gran señal en el cielo; una mujer vestida de sol, con la
luna bajo sus pies, coronada de doce estrellas'' (Apocalipsis
12,1). Fue meditando sobre este versículo y observando
una imagen de la Virgen María coronada con 12 estrellas,
que Arsene Heitz, un artista católico belga, se inspiró
para diseñar la actual bandera de la UE en la década del
50.
Pero los eurodiputados, si responden a esto, se limitan
a repetir lo que dijo entonces Paul Lévy, primer
director del Servicio de Prensa del Consejo de Europa,
que ``el número 12 significa plenitud'', y por eso la
insignia tendrá siempre ese número de estrellas
independientemente de la cantidad de miembros que se
sumen a la UE. Aclaremos que no se puede creer que 12 es
un número ``de plenitud'' si no se tiene un cultura
judeocristiana (las 12 tribus de Israel, los 12
apóstoles, etc.). Lévy, gran amigo de Heitz, quiso
explicar el sentido del diseño sin entrar en más
detalles ``políticamente incorrectos''.
Pero para los cristianos nada es casual e interpretamos
esto como un poderoso símbolo mariano, confirmado por el
significativo hecho de que los delegados de los
ministros europeos -inconscientes de la trascendencia de
la fecha- eligieron oficialmente la actual bandera un 8
de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción. El año
de la elección fue 1955, cuando no eran 12 los miembros
de dicho Consejo, ni los de la Comunidad Europea. No
debemos olvidar tampoco que los padres fundadores de la
nueva unidad europea fueron todos católicos: Jean Monnet,
Robert Schuman, Alcide De Gasperi y Konrad Adenauer.
Hoy, Francia lidera el grupo de países que se niegan a
mencionar a Dios y la herencia cristiana de Europa en la
constitución. A esos países se sumó ahora España con el
nuevo gobierno de Rodríguez Zapatero (el ex presidente
Aznar afirma que sin Dios no existiría Europa y exigía
su inclusión en la Carta Magna). Italia, Polonia, e
Irlanda, entre otros, insisten en que sí se mencione, y
los nuevos diputados de los 10 países que se
incorporaron a la UE el 1 de mayo pidieron en su primera
sesión en el Parlamento la explícita referencia a Dios y
al cristianismo en la constitución.
El preámbulo al borrador redactado por una comisión
dirigida por el ex presidente Valery Giscard d'Estaing,
se refiere a ``la herencia cultural, religiosa y
humanista'' de Europa, pero sin mencionar el
cristianismo. ``Sin referencia al cristianismo, será una
Europa de cerebro, sin corazón'', dijo Jozsef Szajer,
parlamentario por Hungría. ``No se puede prescindir de
la referencia a Dios, si no será la muerte lenta de la
civilización europea'', afirmó el diputado polaco
Alexander Szczyglo.
Y muchos años antes el poeta T. S. Elliot lo dijo
también: ``La fuerza dominante en la creación de una
cultura común es la religión. Un europeo puede no creer
en la verdad de la fe cristiana, pero buena parte de lo
que dice, cree y hace surge de su herencia cultural
cristiana y adquiere significado con relación a esa
herencia''. Juan Pablo II insiste en que es ``imperativo''
que la nueva constitución europea ``reconozca las raíces
cristianas'' que han contribuido al ``patrimonio
espiritual del continente''. El Santo Padre ha expuesto
una y otra vez que una visión de Europa separada de Dios
sólo puede llevar a fragmentaciones sociales, confusión
moral y separación política.
``Europa necesita una dimensión religiosa. Para ser `nueva',
análogamente a lo que se dice de la `ciudad nueva' del
Apocalipsis (21, 2), tiene que dejarse tocar por la mano
de Dios la esperanza de construir un mundo más justo y
más digno del hombre, no puede prescindir de la
convicción de que nada valdrían los esfuerzos humanos si
no fueran acompañados por la ayuda divina, porque `si el
Señor no construye la casa, en vano se afanan los
albañiles' (Sal 127 [126], 1). Para que Europa pueda
edificarse sobre bases sólidas, necesita apuntalarse
sobre los valores auténticos, que tienen su fundamento
en la ley moral universal, inscrita en el corazón de
todo hombre''. La anterior es una cita de Ecclesia in
Europa, la exhortación apostólica publicada en junio del
año pasado por el Papa y que, curiosamente, se inspira
de principio a fin en el Apocalipsis:
``Al anunciar a Europa el evangelio de la esperanza,
sigo como guía el libro del Apocalipsis, `revelación
profética' que desvela a la comunidad creyente el
sentido escondido y profundo de los acontecimientos (Ap
1, 1). Mirando a Cristo, los pueblos europeos podrán
hallar la única esperanza que puede dar plenitud de
sentido a la vida''.
La decisión final acerca de la inclusión o no de Dios y
el cristianismo en la constitución está en la agenda que
llevan los 25 jefes de estado a la cumbre de Bruselas
mañana y el viernes, 17 y 18 de junio. Europeos son ya
15 millones de musulmanes. La mayor parte vive en
Francia, con 5 millones; le sigue Alemania con 3.5
millones y después Gran Bretaña con 2 millones. Lo
preocupante de esta situación no es que estos
inmigrantes o hijos de inmigrantes practiquen el islam,
su religión, porque para los católicos es cuestión de fe
y compromiso seguir el llamado que nos hace el Santo
Padre a respetar todas las religiones y promover el
diálogo interreligioso. Pero sería muy trágico que por
el ateísmo creciente y -curiosamente- las presiones de
los musulmanes, Europa renegara de sus raíces cristianas.
Al final de Ecclesia in Europa, Juan Pablo II consagra
Europa a María y cita el mismo versículo que inspiró al
creador de la bandera de la Unión Europea: ``Una gran
señal apareció en el cielo; una mujer, vestida de sol
con la luna bajo sus pies, coronada de doce estrellas''
(Apocalipsis 12,1).
Junio 16, 2004 |