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La
victoria de los no violentos
Dora Amador
El Nuevo Herald
Abril 21, 2005
Con paciencia y perseverancia, enormes sufrimientos y
torturas, la lucha cívica no violenta en Cuba ha ido
ganando fuerza y prestigio hasta llegar a ser lo que es
hoy: la resistencia que dentro de poco derribará del
poder a la dictadura castrista.
He visto muchas fotos, y en los noticieros locales
imágenes por lo general muy rápidas, de apenas segundos,
que nos muestran a nosotros y al mundo la valiente
naturaleza de esa resistencia: hombres y mujeres con una
bandera cubana a sus espaldas en huelga de hambre en
algún apartamento de La Habana; grupos de disidentes
mirando firmemente al lente de la cámara con fotos de
presos políticos pegados a la pared; un hombre recién
salido de la cárcel, bajándose de un carro de la
Seguridad del Estado, haciendo con su dedos la V de la
victoria ante una multitud de admiradores que lo
esperaban en la calle, a la puerta de su casa (por
supuesto, en poco tiempo volvió al presidio, porque no
tenía miedo y con el valor moral y espiritual que lo
caracteriza, continuó haciendo públicas sus denuncias);
dos hombres contentos caminando por una calle habanera
cargando cada uno una caja llena de peticiones de
amnistía para los presos de conciencia, elecciones y
democracia para la patria, firmadas por decenas de miles
de cubanos -donde habían estampado sin miedo alguno sus
señas de identidad- para entregarlas en la Asamblea
Nacional del Poder Popular; varios jóvenes repartiendo
por las calles la Declaración de los Derechos Humanos,
cuya lectura está prohibida en Cuba; laicos, sacerdotes
y religiosos que les han ido enseñando a los cubanos en
retiros, círculos de estudio, en pequeñas comunidades,
en misiones campesinas y urbanas, en parroquias, en
revistas diocesanas sobre sociedad civil, ética,
derechos y responsabilidades del ciudadano en un estado
de derecho; el llamado católico a luchar por la paz y la
justicia; qué es la verdadera solidaridad;
espiritualidad y oración, historia de una Cuba que tiene
raíces y alma cristianas y la importancia trascendental
del amor y la misericordia. En actos de caridad tan
básicos como alimentar a ancianos solos y desnutridos, a
niños raquíticos, enfermos, dispensar medicinas gratis,
escuchar y fortalecer a innumerables seres humanos
hundidos en la desesperanza y la opresión totalitaria,
formándolos y fortaleciéndolos en la fe, haciéndolos
conscientes de la dignidad y la libertad con que han
sido dotados al nacer por ser hijos de Dios, la
exigencia cristiana del perdón y la reconciliación,
única respuesta al odio y la violencia inculcados por la
dictadura.
Todas estas imágenes que nos han estado llegando a los
cubanos de la diáspora --pero que los cubanos que viven
en Cuba no ven, porque jamás se publican en la prensa ni
se transmiten en la televisión-- son señales de los
profundos cambios morales y cívicos que se han realizado.
El 20 de marzo, Domingo de Ramos, vimos en las
telenoticias a las Damas de Blanco saliendo de la
parroquia Santa Rita con palmas benditas en una mano y
flores en la otra. Caminaban en silencio como gesto y
gesta de protesta pacífica por sus esposos, hijos,
hermanos o padres condenados a un largo presidio
político por expresarse en contra del gobierno, por
apoyar la democracia para su país. De pronto apareció
una jauría de mujeres caminando hacia ellas, gritándoles
y provocándolas a la violencia verbal o física.
Cuando pasaron por su lado, las empujaron y rodearon en
una encerrona intimidatoria. Las Damas de Blanco
elevaron los guanos benditos y las flores, algunas con
los ojos cerrados, otras mirando al frente, entonando
todas una canción cristiana sin responder un solo
insulto, un solo empujón. Vi miedo, y vi la fe vencer el
miedo.
Les agradezco mucho a Janisset Rivero y Orlando
Gutiérrez, del Directorio Democrático Cubano, el vídeo
que me permitió ver varias veces las imágenes de esos
minutos en toda su dimensión histórica.
La última escena pertenece ya a uno de los grandes
acontecimientos en la historia reciente de Cuba: en un
parque que está frente a la parroquia, las cerca de 200
comunistas, portando pancartas del Che Guevara y de
``Viva Fidel'', gritaban: ``¡Pin, pon fuera, abajo la
gusanera!'' Las Damas de Blanco, sentadas en las
escaleras de la iglesia, rezaban un Avemaría.
No pude ver cuando la turba chusma y amenazante
organizada por el gobierno se fue del parque. Sí pude
ver que estas heroicas cubanas habían vencido y que una
nueva Cuba ha nacido. Que la gran obra que tenemos
enfrente es combatir el mal sin contaminarnos con él,
dejarnos guiar únicamente por la acción no violenta y
abrirnos confiados a lo que Dios nos está preparando.
Está muy cerca la libertad, hay que evitar una guerra
civil.
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