“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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XXX - Feb. 2009

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Morir fue su razón de vivir

Dora Amador

Cuando vi la película y después a Mel Gibson en persona, tímido y nervioso, intentando explicar su ``urgente necesidad'' de filmar La pasión y responder a las muchas preguntas que tenía el público, tuve ganas de abrazarlo y repetirle la frase que escuchaban los profetas y que Juan Pablo II ha hecho piedra angular de su pontificado: ``No tengas miedo''.

Por supuesto, el gesto hubiera sido sólo un impulso solidario y de agradecimiento, porque Gibson no le teme a nada, pero sé lo mucho que necesita el apoyo de los cristianos. En cuanto a sus vacilantes intentos de dar razón a su fervor se entiende: la creación artística -y ésta es una gran obra de arte y de fe- no se puede ``explicar'', se crea y se ofrece. La pasión del Cristo es una ofrenda de amor mayor, y su autor un artista apasionadamente enamorado de Dios. Pienso que en el teatro Venevisión, en Miami, donde se exhibió la película el sábado 6 de diciembre, se confirmó con creces la frase que dijo en Roma hace unos días Andrea Piersanti: ``Hablar de Cristo en el cine es un poco como hablar de la madre de todos los escándalos''.

Piersanti es el presidente del Ente del Espectáculo, que recién inauguró en Roma el Primer Festival de Cine Espiritual Tertio Millenio. Días después de que Gibson se negara a incluir su film en el festival porque la versión final no estaba lista, le envió una copia al Papa e invitó los días 4 y 6 de diciembre a representantes del Vaticano a una proyección privada. Entre los invitados estaban el presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, arzobispo John P. Foley; el fraile dominico Agustine di Noia, subsecretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe y el mismo Piersanti. Todos concluyeron que la película ``es absolutamente fiel al Nuevo Testamento. Incorpora elementos de la pasión de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, manteniéndose fiel a la estructura fundamental común a los cuatro relatos''. ¿Se acallarán con estas declaraciones los supuestos católicos que cita la prensa para decir que Gibson no sigue las enseñanzas de la Iglesia?

Acerca de las acusaciones de que la obra puede provocar antisemitismo en los espectadores, aseguro que no es antisemita. La película muestra a las autoridades judías y al proceso que condujo a la condena de Jesús tal y como aparecen en los Evangelios, no se exagera ni minimiza la responsabilidad que tuvieron en la crucifixión del Mesías.

El rabino ortodoxo Daniel Lapin, director de un grupo que promueve el diálogo interreligioso y uno de los líderes judíos más respetados de Estados Unidos, advirtió de no dejarse manipular por judíos que ``carecen de legitimidad moral'' para condenar la película. Lapin se refirió también a recientes episodios de anticatolicismo protagonizados por judíos. Cita a The New York Times y Universal Pictures, ambas empresas judías (que ahora impulsan fuertemente El código Da Vinci), que tienen esa norma. Ante ``casos de flagrante anticatolicismo, las organizaciones judías callaron'', dijo el rabino y se refirió también a la Liga Antidifamatoria, liderada por Abraham Foxman, cuyo único fin, advirtió, es el ``intento cínico de promover su agenda que no es la fe judía, sino el fundamentalismo secular''.

De todas las culpas que se le quieren imputar a La pasión hay una que no carece de fundamento: es violenta, muy violenta, como fue la muerte de Cristo, lo único que esta vez es más fiel a la verdad que todas las películas anteriores. La intuición artística de Gibson logra penetrar la realidad que vivió Jesús en las últimas 12 horas de su vida, y la interpreta a la luz de su fe y su amor; por eso la obra estremece tan profundamente.

Lo que los evangelios y el arte nos han transmitido acerca de la relación entre María y su Hijo aquí cobra vida con una fuerza y una belleza incomparables. El misterioso significado del camino de la cruz se nos va revelando en magistrales flashbacks, como por ejemplo, cuando Juan, el discípulo amado que, confuso ante el horror incomprensible del que es testigo, de pronto se ve sentado en la última cena que tuvo con el Señor y escucha de nuevo su voz: ``Tomen, esto es mi cuerpo, que es entregado por ustedes.... esto es mi sangre, sangre de la nueva Alianza que será derramada.... Hagan esto en memoria mía''.

Ciertamente lo hacemos todos los días en todas partes del mundo desde hace 2,000 años. Y la experiencia de ser Iglesia -cuerpo místico de Cristo- siempre se renueva. Como ahora, cuando nos llega este gran evangelizador del siglo XXI, que ha sabido utilizar su poderoso medio creador para recrear la narrativa cristológica de forma sin precedentes en el cine.

Alguien le preguntó a Mel Gibson esa noche qué quería de los espectadores cuando vieran el film y dijo ``que después de ver la película vayan al libro''. Yo quiero lo mismo, que al verla tengan un encuentro con Cristo, el que nos amó hasta el fin. Que al escuchar las palabras que preceden a la comunión en la misa -``el cuerpo de Cristo'', ``la sangre de Cristo''- puedan entender mejor la magnitud y la hondura de ese sacramento de amor.

La pasión se estrenará el 25 de febrero de 2004, Miércoles de Ceniza.

19 de diciembre de 2003.

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