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Sacramentos del momento presente
Dora Amador
Me acerqué a su obra buscando la sabiduría de un hombre
santo de nuestros días terribles. La hallé y renovó mi
convicción del carácter redentor del sufrimiento y de
que la santidad se conquista sólo con el amor y
confiando plenamente en Dios, aun -o sobre todo- en el
escalofriante presente de la humanidad.
Testigos de esperanza,
el libro del cardenal Francois-Xavier Nguyen van Thuan,
son 22 meditaciones sobre la esperanza en el mundo de
hoy. Están basadas en los ejercicios espirituales que el
sabio sacerdote vietnamita le dio a la curia romana en
presencia de Su Santidad Juan Pablo II en la cuaresma
del año 2000.
Monseñor Nguyen van Thuan era arzobispo de Saigón -hoy
ciudad Ho Chi Minh- en 1975, cuando fue encarcelado por
los comunistas al colapso de Vietnam del Sur. Las
iglesias fueron destruidas, las librerías católicas
confiscadas y los colegios cerrados, las monjas y
religiosos de la enseñanza dispersados, la práctica de
la religión prohibida. Pasó 13 años en prisión, nueve de
ellos en aislamiento. Fue liberado en 1988 y expulsado
de su país en 1991. El Papa lo acogió en Roma, lo nombró
cardenal y posteriormente presidente del Pontificio
Consejo de Justicia y Paz hasta su muerte el pasado 17
de septiembre. Sus escritos son testimonios del dolor,
la violencia global y la quiebra moral de nuestra época,
pero también de la paz inquebrantable del cristiano, la
que sólo da Jesús, no el mundo.
Una de las meditaciones de Testigos de esperanza
que más me ha enseñado es muy sencilla, y tiene que ver
con el carácter sagrado del momento presente. Fue en
medio de una noche, después de largos días de angustia
intentando adaptarse a su nueva vida en una celda
solitaria, que el sacerdote se da cuenta de que
únicamente en el presente se puede vivir ``la aventura
de la esperanza''. El pasado y el futuro no existen. Van
Thuan decide entonces emprender el camino a la santidad
viviendo cada instante ordinario del día de forma
extraordinaria, es decir, amando y dando lo mejor de sí
en cada acto que realiza. ``Cada minuto -dice- es una
ocasión única de vivir de verdad e introducir desde
ahora nuestra vida terrena en el curso de la vida eterna''.
Ésta es la plegaria que le brota del alma esa noche,
plegaria que se hace hermoso y alcanzable proyecto de
vida para todos: ``Jesús, no esperaré; vivo el momento
presente colmándolo de amor. La línea recta está
compuesta por millones de puntitos unidos entre sí. Mi
vida también está integrada por millones de segundos y
de minutos unidos entre sí. Dispongo perfectamente cada
punto, y la línea será recta. Vivo con perfección cada
minuto, y la vida será santa. El camino de la esperanza
está enlosado de pequeños pasos de esperanza. La vida de
esperanza está hecha de breves minutos de esperanza.
Como Tú, Jesús, que has hecho siempre lo que le agrada a
tu Padre. Cada minuto quiero decirte: Jesús, te amo; mi
vida es siempre una `nueva y eterna alianza' contigo.
Cada minuto quiero cantar con toda la Iglesia: gloria al
Padre y al Hijo y al Espíritu Santo''.
El cardenal vietnamita cita entonces el Evangelio, donde
Jesús hace énfasis en la importancia suprema del
presente: en el padrenuestro el Señor nos insta a que
pidamos el pan ``de cada día''; y nos recuerda siempre
que ``a cada día'' le basta su propio afán. En la cruz,
cuando el ladrón le pide: ``Acuérdate de mí cuando
vengas con tu reino'', le responde: ``Hoy estarás
conmigo en el paraíso''.
Dice monseñor van Thuan: ``En la palabra `hoy' está
contenido todo el perdón, el amor de Jesús''. Amar y
confiar, ésas son las claves del cristiano, porque si
creemos en el amor de Dios podemos cumplir
tranquilamente la que creemos es su voluntad con la
confianza de que, si no lo es, Él nos pondrá en la vía
correcta. ``Sabemos que en todas las cosas interviene
Dios para bien de los que le aman; de aquéllos que han
sido llamados según su designio'', dice San Pablo (Rm 8,
28).
En este libro necesario, el cardenal cita a mujeres y
hombres santos -canonizados o no- que han percibido la
sacralidad del momento presente. Dice Raissa Maritain:
``Bajo sus oscuras apariencias, los deberes de cada
instante esconden la verdad de la voluntad divina; son
como los sacramentos del momento presente''.
Estados Unidos, octubre de 2002: el terror paraliza a
los ciudadanos que residen en Washington y sus suburbios.
La humanidad se halla en el umbral de la que
probablemente sea la más devastadora guerra mundial.
Jerusalén, la ciudad santa, está siendo destrozada por
la violencia. Pero las fuerzas del mal se propagan a
nivel global. Muchos le dan el nombre de dios. Mi Dios
es el Dios del cardenal Nguyen Van Thuan: Cristo,
revelación del amor del Padre, que nos dejó su Espíritu.
Por eso los cristianos somos hermanos y herederos del
amor y de la paz, en relación amorosa con la Trinidad.
Nos lo dejó dicho Cristo cuando le habló a su Padre -nuestro
Padre- de nosotros: ``Yo les he dado la gloria que Tú me
diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en
ellos y Tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el
mundo conozca que Tú me has enviado y que los has amado
a ellos como me has amado a mí'' (Jn 17, 23-23).
Ser ``perfectamente uno'', vivir minuto a minuto con
esperanza, en el eterno momento presente, amando y
confiando en el amor de Dios.
Octubre 25, 2002 |