“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

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Sacramentos del momento presente

Dora Amador

Me acerqué a su obra buscando la sabiduría de un hombre santo de nuestros días terribles. La hallé y renovó mi convicción del carácter redentor del sufrimiento y de que la santidad se conquista sólo con el amor y confiando plenamente en Dios, aun -o sobre todo- en el escalofriante presente de la humanidad.

Testigos de esperanza, el libro del cardenal Francois-Xavier Nguyen van Thuan, son 22 meditaciones sobre la esperanza en el mundo de hoy. Están basadas en los ejercicios espirituales que el sabio sacerdote vietnamita le dio a la curia romana en presencia de Su Santidad Juan Pablo II en la cuaresma del año 2000.

Monseñor Nguyen van Thuan era arzobispo de Saigón -hoy ciudad Ho Chi Minh- en 1975, cuando fue encarcelado por los comunistas al colapso de Vietnam del Sur. Las iglesias fueron destruidas, las librerías católicas confiscadas y los colegios cerrados, las monjas y religiosos de la enseñanza dispersados, la práctica de la religión prohibida. Pasó 13 años en prisión, nueve de ellos en aislamiento. Fue liberado en 1988 y expulsado de su país en 1991. El Papa lo acogió en Roma, lo nombró cardenal y posteriormente presidente del Pontificio Consejo de Justicia y Paz hasta su muerte el pasado 17 de septiembre. Sus escritos son testimonios del dolor, la violencia global y la quiebra moral de nuestra época, pero también de la paz inquebrantable del cristiano, la que sólo da Jesús, no el mundo.

Una de las meditaciones de Testigos de esperanza que más me ha enseñado es muy sencilla, y tiene que ver con el carácter sagrado del momento presente. Fue en medio de una noche, después de largos días de angustia intentando adaptarse a su nueva vida en una celda solitaria, que el sacerdote se da cuenta de que únicamente en el presente se puede vivir ``la aventura de la esperanza''. El pasado y el futuro no existen. Van Thuan decide entonces emprender el camino a la santidad viviendo cada instante ordinario del día de forma extraordinaria, es decir, amando y dando lo mejor de sí en cada acto que realiza. ``Cada minuto -dice- es una ocasión única de vivir de verdad e introducir desde ahora nuestra vida terrena en el curso de la vida eterna''.

Ésta es la plegaria que le brota del alma esa noche, plegaria que se hace hermoso y alcanzable proyecto de vida para todos: ``Jesús, no esperaré; vivo el momento presente colmándolo de amor. La línea recta está compuesta por millones de puntitos unidos entre sí. Mi vida también está integrada por millones de segundos y de minutos unidos entre sí. Dispongo perfectamente cada punto, y la línea será recta. Vivo con perfección cada minuto, y la vida será santa. El camino de la esperanza está enlosado de pequeños pasos de esperanza. La vida de esperanza está hecha de breves minutos de esperanza. Como Tú, Jesús, que has hecho siempre lo que le agrada a tu Padre. Cada minuto quiero decirte: Jesús, te amo; mi vida es siempre una `nueva y eterna alianza' contigo. Cada minuto quiero cantar con toda la Iglesia: gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo''.

El cardenal vietnamita cita entonces el Evangelio, donde Jesús hace énfasis en la importancia suprema del presente: en el padrenuestro el Señor nos insta a que pidamos el pan ``de cada día''; y nos recuerda siempre que ``a cada día'' le basta su propio afán. En la cruz, cuando el ladrón le pide: ``Acuérdate de mí cuando vengas con tu reino'', le responde: ``Hoy estarás conmigo en el paraíso''.

Dice monseñor van Thuan: ``En la palabra `hoy' está contenido todo el perdón, el amor de Jesús''. Amar y confiar, ésas son las claves del cristiano, porque si creemos en el amor de Dios podemos cumplir tranquilamente la que creemos es su voluntad con la confianza de que, si no lo es, Él nos pondrá en la vía correcta. ``Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquéllos que han sido llamados según su designio'', dice San Pablo (Rm 8, 28).

En este libro necesario, el cardenal cita a mujeres y hombres santos -canonizados o no- que han percibido la sacralidad del momento presente. Dice Raissa Maritain: ``Bajo sus oscuras apariencias, los deberes de cada instante esconden la verdad de la voluntad divina; son como los sacramentos del momento presente''.

Estados Unidos, octubre de 2002: el terror paraliza a los ciudadanos que residen en Washington y sus suburbios. La humanidad se halla en el umbral de la que probablemente sea la más devastadora guerra mundial. Jerusalén, la ciudad santa, está siendo destrozada por la violencia. Pero las fuerzas del mal se propagan a nivel global. Muchos le dan el nombre de dios. Mi Dios es el Dios del cardenal Nguyen Van Thuan: Cristo, revelación del amor del Padre, que nos dejó su Espíritu. Por eso los cristianos somos hermanos y herederos del amor y de la paz, en relación amorosa con la Trinidad.

Nos lo dejó dicho Cristo cuando le habló a su Padre -nuestro Padre- de nosotros: ``Yo les he dado la gloria que Tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y Tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que Tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí'' (Jn 17, 23-23).

Ser ``perfectamente uno'', vivir minuto a minuto con esperanza, en el eterno momento presente, amando y confiando en el amor de Dios.

Octubre 25, 2002

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