“No tenía brillo ni belleza para que nos fijáramos en él, y su apariencia no era como para cautivarnos. [3] Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. [4] Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban. Nosotros lo creíamos azotado por Dios, castigado y humillado, [5] y eran nuestras faltas por las que era destruido nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados.  Isaías 53. 2-5
 

Revista digital Palabra
XXX - Feb. 2009

Canal de la Santa Sede
en YouTube


La fuente de tus noticias: H2onews
El mejor servicio de información católica.

Cuba

Diáspora

Tierra Santa

Espiritualidad

Ética cristiana

Ecumenismo y
diálogo interreligioso

Enlaces

 

 

La paloma enamorada

Dora Amador

Más de una lectura ofrece la pintura El Cristo de espaldas, de Tomás Fundora, cuya reproducción en forma de afiche, o en miniaturas con oraciones escritas por detrás, se está haciendo popular en La Habana. Fundora vive en Cayo Largo, en el sur de la Florida, y después de tener por más de 20 años el cuadro escondido por temor a más represalias (varias fracturas sufrió en las manos cuando algunos fundamentalistas se molestaron con la obra y lo golpearon), ahora lo tiene colgado en su galería.

Fundamentalistas hay en todas las religiones, en todas partes, pero obras de arte con la figura de Jesucristo como centro, que nos inviten a la reflexión, no abundan. Un amigo que está de visita aquí y regresa mañana a Cuba, me comentó que allá alguien le había dicho que, para él, Cristo estaba mirando al mar, interpretación nada peregrina si surgió en la isla. Otros me han comentado que mira al cielo o a un horizonte lejano e impreciso. El artista me dice que él no pintó el mar, ni el cielo, pero que se presta a esa interpretación, y a otras.

Metáfora del seguimiento

El Cristo de espaldas fue pintado en los temibles días de la Crisis de Octubre --1962--, cuando además, Fundora acababa de salir de Cuba, y se sentía, como la mayoría de los cubanos allá y acá, desesperado. (Así, de hecho, empieza una oración escrita por él en el dorso de una reproducción del cuadro: “Cristo de los desesperados”). Fue quizá por eso que le dio ese título a la obra, porque se sintió abandonado por Dios, Dios le daba la espalda. Pero Fundora dice también que lo había pintado así porque la perspectiva del seguidor es sencilla: ``Nadie que está siguiendo a Cristo lo ve de frente''. Por supuesto, ésta es una interpretación superficial, casi nula, de la metáfora del ``seguimiento de Jesús'', clave de la espiritualidad cristiana, eje sobre el cual gira la relación raigal de todo creyente con Jesucristo.

``El que quiera venir conmigo, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz, y sígame''. Esta es la frase evangélica fundamental que nos muestra lo que es el seguimiento de Jesús y las consecuencias que conlleva hacerlo. En esta frase están también prefiguradas todas las que el Hijo de Dios le dirige no sólo a sus discípulos, sino a las multitudes. Pero como seguir a Jesús es --escuchar el llamado y obedecerle-- estar dispuesto a asumir su destino, son muchos los llamados, pocos los elegidos. Sólo es obediente el creyente, sólo es creyente el obediente.

Los niveles de comprensión de la metáfora son múltiples y riquísimos. Recomiendo dos excelentes libros sobre el tema: El seguimiento de Jesús, de José María Castillo, y El precio de la gracia. El seguimiento, de Dietrich Bonhoeffer, ambos de Ediciones Sígueme. (Se pueden conseguir en cualquier librería católica, y si no los tienen, se pueden ordenar). ¿En qué consiste, pues, ese seguimiento? Es la adhesión total, no de palabra sólo, sino de conducta y de vida a la persona y la obra de Cristo. Es vínculo de amor, mística --pasión, entrega absoluta a Dios--, pero también compromiso social y ética cristiana. Quien sigue a Jesús está dispuesto a romper con todo y lanzarse a la total desinstalación, el riesgo, el fracaso y la muerte, porque el lazo entre seguimiento verdadero y cruz es estrecho. Usando esa preciosa metáfora de la poeta cubana Silvia Rodríguez Rivero en su canto a la Virgen de la Caridad, Misteriosa Transparencia, el seguimiento de Jesús es volar como una paloma enamorada, rumbo a él. Porque en esa opción libre y radical es donde único se encuentra la vida plena, vida que es, además, eterna.

Con razón la pintura de Fundora ha despertado interés. Pero suele suceder que los artistas no son los mejores intérpretes de su obra, obra que muchas veces trasciende toda intención o resultado. Y no deja de ser curioso que, pintada en Nueva York hace más de 30 años, reaparezca ahora en Cuba, donde se viven procesos sin precedentes de conversión.

Mi primera lectura de la obra fue la del cubano de la isla: Jesús está allá, frente al mar. Pero curiosamente, a mí, que estoy en Miami, no me da la espalda --Jesús nunca la da--, me llama de frente a que lo siga, yendo hacia donde está.

Agosto 27, 1998.

Webmaster: Alexandria Library Incorporated

 

Portada

 

 

Artículos publicados en La Voz Católica
 


Artículos publicados en Palabra Cubana